Las heridas de la intolerancia
Este es un buen momento para sacar a la luz cualquier actitud intolerante que halle en su vida y entregarla al Señor. El libro de Proverbios ofrece una razón convincente para hacerlo mostrándonos la ilustración de alguien que no queremos llegar a ser.
Hay generación que maldice a su padre y no bendice a su madre. Hay generación limpia en su propia opinión, a pesar de que no ha sido lavada de su inmundicia. Hay generación cuyos ojos son altivos y cuya vista es altanera. Hay generación cuyos dientes son espadas y cuyas mandíbulas son cuchillos, para devorar a los pobres de la tierra y a los necesitados de entre los hombres (30:11-14).
Nota cómo el autor describió a las personas que se consideran “limpios en su propia opinión”. Él dice que tienen “ojos altivos” pero de todas maneras “no han sido lavados de su inmundicia”.
El hipócrita utiliza la máscara de la superioridad para excusar su propio pecado. El intolerante con frecuencia cree sus propios engaños, pensando que moralmente es superior a pesar de la proliferación de su pecado. El texto dice que sus dientes filosos son como espadas y, al igual que un animal depredador, se alimenta de las criaturas más débiles.
¿A quién devora? “A los pobres… y necesitados” (v.14).
Lo hace porque, al igual que los depredadores en la selva, una persona intolerante elige devorar a alguien más débil, al desvalido, al joven, a la persona herida o vulnerable. Ese tipo de personas se enfoca en aquellos a quienes considera inferiores.
Reflexión
Describa la forma en que opera la intolerancia. ¿Cuáles son las tácticas que los intolerantes emplean para esconder sus propios defectos? ¿Por qué cree que buscan dañar a los demás? ¿Qué puede hacer para apoyar a las víctimas? ¿Es culpable de intolerancia?
Adaptado del libro, Viviendo los Proverbios (Editorial Mundo Hispano, 2014). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmundohispano.org). Copyright © 2015 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.