Soluciones humanas
por Christopher Shaw
Debemos tomar el compromiso de ser instrumentos para la restauración de los necesitados.
Versículo: Marcos 5:1-20
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5:1 Cruzaron el lago hasta llegar a la región de los gerasenos. 5:2 Tan pronto como desembarcó Jesús, un hombre poseído por un *espíritu maligno le salió al encuentro de entre los sepulcros. 5:3 Este hombre vivía en los sepulcros, y ya nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas. 5:4 Muchas veces lo habían atado con cadenas y grilletes, pero él los destrozaba, y nadie tenía fuerza para dominarlo. 5:5 Noche y día andaba por los sepulcros y por las colinas, gritando y golpeándose con piedras.5:6 Cuando vio a Jesús desde lejos, corrió y se postró delante de él.5:7 ¿Por qué te entrometes, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? gritó con fuerza . ¡Te ruego por Dios que no me atormentes!5:8 Es que Jesús le había dicho: «¡Sal de este hombre, espíritu maligno!»5:9 ¿Cómo te llamas? le preguntó Jesús. __Me llamo Legión respondió , porque somos muchos.5:10 Y con insistencia le suplicaba a Jesús que no los expulsara de aquella región.5:11 Como en una colina estaba paciendo una manada de muchos cerdos, los demonios le rogaron a Jesús:5:12 Mándanos a los cerdos; déjanos entrar en ellos.5:13 Así que él les dio permiso. Cuando los espíritus malignos salieron del hombre, entraron en los cerdos, que eran unos dos mil, y la manada se precipitó al lago por el despeñadero y allí se ahogó.5:14 Los que cuidaban los cerdos salieron huyendo y dieron la noticia en el pueblo y por los campos, y la gente fue a ver lo que había pasado. 5:15 Llegaron adonde estaba Jesús, y cuando vieron al que había estado poseído por la legión de demonios, sentado, vestido y en su sano juicio, tuvieron miedo. 5:16 Los que habían presenciado estos hechos le contaron a la gente lo que había sucedido con el endemoniado y con los cerdos. 5:17 Entonces la gente comenzó a suplicarle a Jesús que se fuera de la región.5:18 Mientras subía Jesús a la barca, el que había estado endemoniado le rogaba que le permitiera acompañarlo. 5:19 Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: __Vete a tu casa, a los de tu familia, y diles todo lo que el Señor ha hecho por ti y cómo te ha tenido compasión.5:20 Así que el hombre se fue y se puso a proclamar en *Decápolis lo mucho que Jesús había hecho por él. Y toda la gente se quedó asombrada.
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¿Leyó la descripción del endemoniado que nos ofrece el Evangelio de Marcos? «Vino a su encuentro, de los sepulcros, un hombre con un espíritu impuro que habitaba en los sepulcros y nadie podía atarlo, ni aun con cadenas. Muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, pero las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y desmenuzados los grillos. Nadie lo podía dominar. Y siempre, de día y de noche, andaba gritando en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose con piedras.» No lea estos versículos como si estuviera leyendo el periódico. Detrás de estas palabras hay un ser humano atormentado, que vive en las más deplorables condiciones. Lucas añade un detalle a este cuadro patético: «no vestía ropa» (Lc 8.27). ¿Imagina usted lo que debe haber sido encontrarse con este hombre? ¿Se ha cruzado alguna vez con personas que tienen estas características?Podemos ser instrumentos para su restauración, las manos visibles de un Dios profundamente compasivo. Tome nota del trato que había recibido esta persona por parte de los pobladores de la zona.Vivía entre los muertos, un elocuente símbolo de su propia condición espiritual. No cabe duda, sin embargo, que vivía en este lugar porque no encontraba entre los pobladores el afecto y la compasión que son una parte esencial de una vida saludable. En lugar de la caridad había experimentado las más violentas expresiones de represión: lo habían atado con grillos y cadenas; pero él, dotado de fuerzas demoníacas, las rompía en pedazos y escapaba. Día y noche se lo podía ver o escuchar, corriendo por las colinas, pegando terribles gritos. Intentaba librarse del tormento cortándose con piedras. Su comportamiento confirma las palabras de Jesús con respecto al enemigo: Ha venido para robar, matar y destruir (Jn 10.10). El diablo podrá traer algún beneficio temporal en la vida de las personas que se abren a su influencia, pero su meta final es siempre la misma: destruir todo vestigio del origen divino que tiene el ser humano. Más allá de la obra demoníaca, medite por un momento en las medidas que tomaron los pobladores. La frase «nadie lo podía dominar» resume el objetivo de la estrategia utilizada. La gente de la zona quería resolver las dificultades del endemoniado por la fuerza, mediante la agresión. Este es el camino normal que toma el hombre frente a los necesitados. Los podemos «agredir» con una cultivada actitud de indiferencia, prohibiéndoles el ingreso a nuestro mundo para que no desacomoden nuestra propia existencia. Cuando la indiferencia no resulta, existen medidas más radicales: Recluir a estas personas en instituciones especializadas donde serán correctamente «atendidas». El hecho es que el hombre no tiene una solución para los problemas más profundos del ser humano. Entre nosotros, sin embargo, debe existir otro compromiso. Estos son los necesitados que tanto angustian el corazón de nuestro Padre celestial. Ellos se nos presentan con la mejor oportunidad de ejercer un amor profundo y genuino, la clase de amor que impacta y transforma. Podemos ser instrumentos para su restauración, las manos visibles de un Dios profundamente compasivo.
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