{"id":18125,"date":"2016-03-30T13:54:43","date_gmt":"2016-03-30T18:54:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/reflexiones-nunca-pudiste-perdonarme\/"},"modified":"2016-03-30T13:54:43","modified_gmt":"2016-03-30T18:54:43","slug":"reflexiones-nunca-pudiste-perdonarme","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/reflexiones-nunca-pudiste-perdonarme\/","title":{"rendered":"REFLEXIONES &#8211; NUNCA PUDISTE PERDONARME"},"content":{"rendered":"<p align=\"justify\" >            REFLEXIONES CRISTIANAS &#8211; \u00abNUNCA PUDISTE PERDONARME\u00bb<\/p>\n<p align=\"justify\">por Carlos Rey<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>\u00abTengo que confesar que, cuando me enter\u00e9 hace unos momentos de la muerte de la hija menor de do\u00f1a Clementina, hac\u00eda muchos a\u00f1os que no pensaba en ella. [En] la noticia&#8230; del peri\u00f3dico&#8230; invita a la ceremonia f\u00fanebre su hermano, porque ella nunca lleg\u00f3 a casarse.<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">\u00bb&#8230; \u00a1Florinda, Florindita, Florinda! La quise con ese primer amor que nos deja una nostalgia especial en el alma&#8230;. \u00a1Por cu\u00e1nto tiempo all\u00e1 en mi juventud acarici\u00e9 su nombre a solas, entre suspiros! A\u00fan me parece verla, el talle erguido y la mirada brillante, rozando las teclas del piano, arrancando melod\u00edas que me llenaban de una emoci\u00f3n que amenaz\u00f3 con romperme el pecho a fuerza de latidos. Y ahora, Florinda est\u00e1 muerta&#8230;.<\/p>\n<p align=\"justify\">\u00bbDo\u00f1a Clementina&#8230; organiz\u00f3 una fiestecita en su casa a la cual estaba invitada toda la juventud. Felipe lleg\u00f3 tarde&#8230; y nos fue saludando uno a uno hasta llegar a Florinda, que se le qued\u00f3 mirando con tal angustia que todos nos dimos cuenta de que algo hab\u00eda pasado entre esos dos que no estaba resuelto a\u00fan&#8230;. [Por los] celos que me ahogaban&#8230; tuve que salir de la casa [para] no dar un espect\u00e1culo&#8230;.<\/p>\n<p align=\"justify\">\u00bbFuimos todos a la finca al d\u00eda siguiente&#8230;. Llegamos all\u00e1 al r\u00edo, todos los muchachos dispuestos a ba\u00f1arnos&#8230;.<\/p>\n<p align=\"justify\">\u00bb&#8230; S\u00f3lo quer\u00eda que vieras a Felipe tan rid\u00edculo como lo ve\u00eda yo, un montuno ignorante incapaz de nadar, porque le ten\u00eda miedo al agua. \u00a1Te lo juro, Florinda! Yo no lo empuj\u00e9 al charco como t\u00fa cre\u00edste. \u00c9l se cay\u00f3 solito de las piedras, y qui\u00e9n sabe c\u00f3mo se golpe\u00f3. \u00bfNo te diste cuenta de que fui el primero en tirarme, cuando not\u00e9 que no sal\u00eda? Sent\u00ed all\u00e1 abajo, cerca del fondo, su cuerpo desesperado buscando apoyo, y trat\u00e9 de sacarlo; pero se prens\u00f3 de mis piernas hal\u00e1ndome al abismo cenagoso, y tuve que empujarlo porque yo tambi\u00e9n me ahogaba. Todos se dieron cuenta de que yo hice un gran esfuerzo por salvarlo, menos t\u00fa; escuch\u00e9 tus gritos de espanto cuando logramos sacar el cuerpo fr\u00edo y sin vida del agua, y vi tus ojos de acusaci\u00f3n antes de que te desmayaras&#8230;.<\/p>\n<p align=\"justify\">\u00bbNunca me contestaste las cartas. Te encerraste en una soledad que nadie pudo llenar, y todos en el pueblo pensaron que te escondiste as\u00ed por la muerte de tu padre y se olvidaron de aquel verano cuando nos volvimos viejos de repente.<\/p>\n<p align=\"justify\">\u00bbY ahora est\u00e1s muerta, Florinda, y s\u00e9 que nunca pudiste perdonarme&#8230;.<\/p>\n<p align=\"justify\">\u00bbEspero que alguno de mis nietos pueda llevarme al entierro de Florinda. Tengo que cumplir con ella aunque sea por \u00faltima vez.\u00bb1<\/p>\n<p align=\"justify\">As\u00ed termina el cuento de la doctora Rosa Mar\u00eda Britton, ginec\u00f3loga, onc\u00f3loga y prol\u00edfica escritora paname\u00f1a, al que le puso por t\u00edtulo \u00abEl primer amor\u00bb. Se trata de un amor rom\u00e1ntico que nunca lleg\u00f3 a ser correspondido, debido a que la mujer amada juzg\u00f3 con severidad y conden\u00f3 sin misericordia al hombre que ansiaba manifest\u00e1rselo. Gracias a Dios, en lo tocante a su amor divino no tenemos que preocuparnos por que \u00c9l nos juzgue con severidad por nuestros errores y desatinos, ni mucho menos por nuestros pecados si se los confesamos. Porque \u00c9l no envi\u00f3 a su Hijo Jesucristo al mundo a condenarnos sino a salvarnos.2 Tanto es as\u00ed que, en la hora misma de su muerte por nuestros pecados, Jes\u00fas le dijo al Padre que lo hab\u00eda enviado: \u00abPadre, perd\u00f3nalos, porque no saben lo que hacen.\u00bb3<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>1\tRosa Mar\u00eda Britton, La muerte tiene dos caras, 3a. ed. (Panam\u00e1: Editora Sibauste, 2003), pp. 47?60. 2\tJn 3:16-17; 8:1-11; 1Jn 1:9 3\tLc 23:34<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>REFLEXIONES CRISTIANAS &#8211; \u00abNUNCA PUDISTE PERDONARME\u00bb por Carlos Rey \u00abTengo que confesar que, cuando me enter\u00e9 hace unos momentos de la muerte de la hija menor de do\u00f1a Clementina, hac\u00eda muchos a\u00f1os que no pensaba en ella. [En] la noticia&#8230; del peri\u00f3dico&#8230; invita a la ceremonia f\u00fanebre su hermano, porque ella nunca lleg\u00f3 a casarse. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/reflexiones-nunca-pudiste-perdonarme\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abREFLEXIONES &#8211; NUNCA PUDISTE PERDONARME\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-18125","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18125","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=18125"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18125\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=18125"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=18125"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=18125"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}