{"id":1888,"date":"2015-12-01T00:31:42","date_gmt":"2015-12-01T05:31:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/algun-dia-me-escuchara-predicar\/"},"modified":"2015-12-01T00:31:42","modified_gmt":"2015-12-01T05:31:42","slug":"algun-dia-me-escuchara-predicar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/algun-dia-me-escuchara-predicar\/","title":{"rendered":"Alg\u00fan d\u00eda me escuchar\u00e1 predicar"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Hno. Pablo<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">Serie escrita por el Hno. Pablo. Cartas a Timoteo, n\u00famero 2.<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p>                    <P align=justify>Sucedi\u00f3 en 1945 en San Salvador, El Salvador, tres a\u00f1os despu\u00e9s de que mi familia y yo arrib\u00e1ramos a esas bellas fronteras. Eran como las cinco de la tarde, y yo andaba haciendo algunas compras en el centro de la ciudad. Hab\u00eda muy pocos sem\u00e1foros en ese tiempo, y las calles de m\u00e1s tr\u00e1nsito eran atendidas por polic\u00edas. \u00c9stos indicaban la se\u00f1al de \u00abalto\u00bb dando el pecho o la espalda a los veh\u00edculos. Cuando el polic\u00eda quer\u00eda que el tr\u00e1nsito pasara, \u00e9l se paraba de lado, dando uno u otro hombro como se\u00f1al de pase.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Yo me aproxim\u00e9 a la esquina de la calle con precauci\u00f3n, porque vi que el polic\u00eda me estaba dando el alto. Pero al llegar a la bocacalle \u00e9l comenz\u00f3 a girar otorg\u00e1ndome, seg\u00fan yo cre\u00ed, paso libre. No ven\u00edan veh\u00edculos de ning\u00fan lado y yo continu\u00e9 mi camino.<\/P><br \/>\n<P align=justify>De repente escuch\u00e9 el sonido estremecedor del silbato del polic\u00eda y detuve mi marcha. \u00c9ste vino hacia m\u00ed, y con voz rega\u00f1ona y un esp\u00edritu muy antip\u00e1tico me dijo: \u00abUsted, Se\u00f1or, no obedeci\u00f3 el alto\u00bb.<\/P><br \/>\n<P align=justify>\u0097Perdone \u0097le dije\u0097, s\u00ed me detuve. S\u00f3lo prosegu\u00ed a cruzar la calle cuando usted comenz\u00f3 a dar la vuelta. <\/P><br \/>\n<P align=justify>\u0097Pero usted no esper\u00f3 a que terminara mi vuelta. Yo di la vuelta entera.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Esto me enoj\u00f3, y le dije: \u00abEn ese caso, se\u00f1or, usted intencionadamente me enga\u00f1\u00f3. No ven\u00edan otros veh\u00edculos de ning\u00fan lado y no hubiera habido raz\u00f3n para que usted comenzara a girar, sino para darme paso\u00bb. Entonces me dijo: \u00abVamos al cuartel de polic\u00eda\u00bb. Le abr\u00ed la puerta de mi auto para que \u00e9l entrara (\u00e9l no ten\u00eda veh\u00edculo) y fuimos al cuartel de la polic\u00eda.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Ya en el cuartel, \u00e9l desapareci\u00f3 tras una de las puertas, d\u00e1ndome instrucciones de que esperara. Despu\u00e9s de un buen rato, otro polic\u00eda sali\u00f3 y me entreg\u00f3 dos infracciones dici\u00e9ndome que ya no era hora de arreglar cuentas, que las oficinas estaban cerradas y que regresara al d\u00eda siguiente para cancelar las dos violaciones. Yo le pregunt\u00e9 qu\u00e9 eran esas violaciones, a lo que con una expresi\u00f3n muy fastidiosa me repiti\u00f3 que las oficinas estaban cerradas, que deber\u00eda regresar a la ma\u00f1ana siguiente.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Esa noche no pod\u00eda dormir. No era tanto por las dos infracciones en s\u00ed, aunque yo no sab\u00eda en qu\u00e9 hab\u00eda infringido la ley, sino por el enga\u00f1o del polic\u00eda. Su acci\u00f3n hab\u00eda sido, claramente, una trampa, y eso me disgust\u00f3 much\u00edsimo.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Al d\u00eda siguiente, antes de la hora en que las oficinas de la polic\u00eda abr\u00edan, yo estaba ah\u00ed. Al entrar, lo primero que hice fue preguntar por alg\u00fan jefe de polic\u00eda, o alg\u00fan juez de turno. Me llevaron a la oficina del juez. \u00c9ste result\u00f3 ser un joven muy atento. Me pregunt\u00f3 qu\u00e9 quer\u00eda, a lo cual yo le expliqu\u00e9 todo lo sucedido la tarde anterior. \u00c9l me pidi\u00f3 las boletas de infracci\u00f3n y me dijo que una era por haber desobedecido el alto, y la otra por discutir con la autoridad. Luego me pregunt\u00f3 qui\u00e9n era yo y qu\u00e9 estaba haciendo es su rep\u00fablica.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Le expliqu\u00e9 que yo ten\u00eda dos a\u00f1os de vivir en El Salvador y que era misionero evang\u00e9lico. Yo, por supuesto, no ten\u00eda la m\u00e1s m\u00ednima idea de c\u00f3mo \u00e9l reaccionar\u00eda a esto. En ese tiempo decir que uno era evang\u00e9lico era casi declararse enemigo de todo el pueblo. \u00c9l me escuch\u00f3 con atenci\u00f3n y luego comenz\u00f3 a hacerme preguntas tocantes al evangelio. Demostr\u00f3 mucho inter\u00e9s en el mensaje de Cristo. Hasta pens\u00e9 por un momento que quiz\u00e1 ser\u00eda evang\u00e9lico. No lo era, pero su inquietud demostraba una muy fuerte conciencia de Dios y un aparente deseo de saber m\u00e1s de \u00c9l.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Al platicar un rato me dijo: \u00abSe\u00f1or, yo creo lo que usted me ha dicho\u00bb. Luego tom\u00f3 en sus manos las dos infracciones y las rompi\u00f3, tir\u00e1ndolas al canasto de basura. Adem\u00e1s, me dijo: \u00abLo que pasa, se\u00f1or, es que ya en la tarde algunos de nuestros polic\u00edas est\u00e1n cansados y quieren volver a sus casas. Yo creo lo que usted me dice. Usted no tiene ninguna infracci\u00f3n\u00bb. Me desped\u00ed de \u00e9l y regres\u00e9 a la casa.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Es por dem\u00e1s decir que yo me sent\u00ed victorioso. No tan s\u00f3lo me hab\u00eda librado de un par de infracciones, que alguna cantidad de dinero tendr\u00edan que haberme costado, sino, m\u00e1s a\u00fan, hab\u00eda sido vindicado nada menos que por un juez, jefe del mismo polic\u00eda que me hab\u00eda enga\u00f1ado.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Sin embargo, despu\u00e9s de disfrutar por un tiempo de mi victoria algo comenz\u00f3 a roer mi conciencia: si ese polic\u00eda me escuchaba, alguna vez, presentar el mensaje de Cristo, \u00bfaceptar\u00eda \u00e9l al Se\u00f1or por la invitaci\u00f3n m\u00eda?<\/P><br \/>\n<P align=justify>No hab\u00eda pasado m\u00e1s de una hora de haber salido de las oficinas del juez, cuando de nuevo me encontr\u00e9 en las calles de San Salvador buscando al polic\u00eda que la noche anterior me hab\u00eda enga\u00f1ado. Camin\u00e9 calle por calle busc\u00e1ndolo, hasta que al fin lo encontr\u00e9. Estacion\u00e9 mi veh\u00edculo y me le acerqu\u00e9.<\/P><br \/>\n<P align=justify>\u00abPerd\u00f3n\u00bb \u0097le dije\u0097, \u00ab\u00bfme recuerda usted?\u00bb Me di cuenta en seguida de que s\u00ed me reconoci\u00f3, y volviendo al mismo enojo de la noche anterior me dijo: \u00abSeguro que lo recuerdo. Usted es el se\u00f1or que arguy\u00f3 conmigo anoche\u00bb. \u00abS\u00ed\u00bb \u0097le dije\u0097, \u00aby vengo para pedirle perd\u00f3n. Yo no ten\u00eda ning\u00fan derecho de arg\u00fcir con usted. Usted es la autoridad y no yo. Le ruego que me perdone\u00bb.<\/P><br \/>\n<P align=justify>El polic\u00eda reaccion\u00f3 inmediatamente en forma muy desusada. Me dijo con humildad y hasta con respeto: \u00abYo, se\u00f1or, fui el de la culpa. Estaba muy cansado, era casi hora de terminar mi turno y reaccion\u00e9 malamente\u00bb. Luego me pregunt\u00f3 si yo hab\u00eda arreglado lo de las infracciones. Varios pensamientos se cruzaron por mi mente. Si le dec\u00eda que las infracciones hab\u00edan sido anuladas, \u00e9l pensar\u00eda que s\u00f3lo por eso le ped\u00eda perd\u00f3n. O si le dec\u00eda que yo era evang\u00e9lico, \u00e9l pensar\u00eda que mi pedido de perd\u00f3n se deb\u00eda a la imposici\u00f3n de alguna exigencia religiosa. Igual, o peor, ser\u00eda si le dec\u00eda que yo era un predicador. Entonces, solamente le dije que ya hab\u00eda arreglado lo de las infracciones. Luego nos dijimos adi\u00f3s y nunca m\u00e1s, que yo sepa, lo volv\u00ed a ver. S\u00ed sent\u00ed que si \u00e9l me escuchaba alg\u00fan d\u00eda hablar de Cristo, me recordar\u00eda con mejores sentimientos, y por lo menos mi actitud negativa no ser\u00eda un estorbo para su encuentro con Dios.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Mi querido Timoteo: todo lo que hacemos y lo que decimos tiene su repercusi\u00f3n. Alguien nos ver\u00e1 o nos escuchar\u00e1 y, en un peque\u00f1\u00edsimo instante, un momento desapercibido, una palabra o una acci\u00f3n de nuestra parte puede destruir todo lo que hemos predicado y lo que hemos vivido.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Tal vez pensemos: \u00abMi car\u00e1cter es lo que es y yo no puedo cambiar\u00bb. Mi querido Timoteo: el ministro del Se\u00f1or no tiene el lujo de esconderse tras ninguna excusa. La tarea que el Se\u00f1or nos ha impuesto, la de predicar su Santa Palabra y siempre dar un ejemplo de cortes\u00eda y respeto, es muy grande, muy seria y muy sagrada para ocultarnos tras excusas y racionalizaciones.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Hay otro factor muy importante. Si nosotros no nos esforzamos por controlar nuestras emociones a veces iracundas, nunca llegaremos a la estatura de nuestro l\u00edder, cosa que debe ser el anhelo y, m\u00e1s a\u00fan, la ambici\u00f3n de todo ministro de Dios.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Cuando en total sumisi\u00f3n al se\u00f1or\u00edo de Cristo Jes\u00fas nos doblegamos ante su Divina Autoridad, \u00c9l nos da su poder para ser lo que \u00c9l quiere que seamos y vivir la vida que \u00c9l desea que vivamos. <\/P><br \/>\n<P align=justify>Mi querido Timoteo: nunca pierdas la fe en Dios. T\u00fa eres un hijo de destino. Acepta la posici\u00f3n que Dios te ha dado. \u00c9sa es, por supuesto, una gran d\u00e1diva, pero es, adem\u00e1s, algo que Dios necesita de ti para ser \u00fatil en su servicio. Todo el poder del cielo est\u00e1 a tu favor. T\u00f3malo, Timoteo. Es tuyo.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Apuntes Pastorales, todos los derechos reservados.<\/P>\n                    <\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Hno. Pablo Serie escrita por el Hno. Pablo. Cartas a Timoteo, n\u00famero 2. Sucedi\u00f3 en 1945 en San Salvador, El Salvador, tres a\u00f1os despu\u00e9s de que mi familia y yo arrib\u00e1ramos a esas bellas fronteras. 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