{"id":1937,"date":"2015-12-01T00:33:01","date_gmt":"2015-12-01T05:33:01","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/vino-nuevo-en-odres-viejos\/"},"modified":"2015-12-01T00:33:01","modified_gmt":"2015-12-01T05:33:01","slug":"vino-nuevo-en-odres-viejos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/vino-nuevo-en-odres-viejos\/","title":{"rendered":"\u00bfVino nuevo en odres viejos?"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Apuntes Pastorales<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">Necesitamos un equilibrio sano entre la aperura al cambio y la conservaci\u00f3n de las tradiciones inamovibles. La instituci\u00f3n que no da apertura al cambio para dar lugar a la renovaci\u00f3n, manteniendo su esencia, muere.<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><b> <\/b> El sentimiento de conocer y aprender del pasado ya no es tan claro hoy, cada vez es mayor la cantidad de personas que lo desestiman y viven anclados en el presente. Esta tendencia al presentismo convive con el resurgimiento de feroces tradicionalismos.<br \/>\nA la vez estamos viviendo una colosal crisis de identidad. Algunos la llaman crisis de la modernidad, otros crisis de la civilizaci&oacute;n occidental, otros, crisis de valores, otros postmodernidad, otros globalizaci&oacute;n. Como se le llame, existe una conciencia generalizada de que los fundamentos mismos de la tradici&oacute;n occidental y cristiana est&aacute;n siendo removidos y que algo esencial de aquello que dej&oacute; definida nuestra identidad, ha empezado a morir irremisiblemente. Y esta crisis alcanza a todo el mundo y a todas las esferas de la vida aunque toma diferentes matices de acuerdo a cada contexto.<br \/>\nEn Am&eacute;rica Latina, vivimos una especie de contrariedad. Para algunas personas es inacep-table y fuera de lugar el preocuparnos por la postmodernidad cuando en realidad no hemos alcanzado todav&iacute;a la modernidad.<br \/>\nComo parte sustancial de todo este proceso de crisis o de transici&oacute;n en lo econ&oacute;mico y lo social, tambi&eacute;n se ha producido un cambio dram&aacute;tico en el panorama religioso en el cual vivimos y hacemos misi&oacute;n. Esto nos afecta no s&oacute;lo porque incluye nuevos desaf&iacute;os para nuestra acci&oacute;n misionera sino porque ha ido modificando paulatinamente nuestro rostro como evang&eacute;licos en nuestras tierras latinoamericanas. El reino del pluralismo religioso se ha acercado y ya habita entre nosotros. Y juntamente con este pluralismo, tenemos tambi&eacute;n el desaf&iacute;o que proviene de la renovaci&oacute;n cat&oacute;lica, de las comunidades ca-rism&aacute;ticas, de las agrupaciones con trasfondo oriental y de los nuevos escepticismos que son resultantes del desinter&eacute;s y del individualismo que sufren amplios sectores de nuestras sociedades latinoamericanas.<br \/>\nPor pluralismo religioso entendemos esta tendencia actual a aceptar toda opci&oacute;n religiosa como v&aacute;lida siempre que lo sea para la comunidad o persona que la asume como suya.<br \/>\nLa renovaci&oacute;n cat&oacute;lica nos est&aacute; cuestionando desde hace mucho tiempo. Ya no podemos definirnos como evang&eacute;licos por distinguirnos en ser hermanos que enarbolamos la Biblia, porque hoy los cat&oacute;licos tienen en alta estima la Biblia y aun m&aacute;s alto muchas veces que los evang&eacute;licos. Y no solamente esto es v&aacute;lido en relaci&oacute;n con la Biblia sino con otros aspectos de la vida cristiana como la evangelizaci&oacute;n entusiasta, la vida congregacional, la oraci&oacute;n y el liderazgo laico.<br \/>\nLos cultos con trasfondo oriental tambi&eacute;n nos desaf&iacute;an, especialmente por su propuesta de cuidado del cuerpo en lo cual son aun m&aacute;s radicales, con el a&ntilde;adido \u0097que nos pone en desventaja de alcance\u0097 que estos cultos orientales no tienen exigencias dogm&aacute;ticas ni &eacute;ticas, de modo que resultan mucho m&aacute;s atractivos, sobre todo para la juventud.<br \/>\nY tenemos tambi&eacute;n el desaf&iacute;o de los nuevos escepticismos. Cantidad de gente de esta generaci&oacute;n no tiene ning&uacute;n trasfondo religioso, el cual era antes un medio para retar a la gente hacia conversi&oacute;n.<br \/>\nTambi&eacute;n se est&aacute; manifestando una tremenda fuerza de las comunidades carism&aacute;ticas las cuales est&aacute;n haciendo cambiar la iglesia evang&eacute;lica, en liturgia, predicaciones, pr&aacute;cticas, se est&aacute;n incorporando una nueva teolog&iacute;a, una nueva manera de entender y vivir la espiritualidad, un nuevo concepto de santidad y una nueva &eacute;tica.<br \/>\nTodo esto es se&ntilde;al de que estamos viviendo como iglesia evang&eacute;lica una crisis de identidad.<br \/>\nY &iquest;c&oacute;mo estamos viviendo esta crisis? Pues hasta aqu&iacute; hemos reaccionado siguiendo los dos extremos: de un rechazo casi visceral hasta una aceptaci&oacute;n ingenua. Y hay divisi&oacute;n en el interior de las denominaciones y a&uacute;n en el interior de las congre-gaciones locales; los liderazgos se est&aacute;n enfrentando entre s&iacute;. Y mientras esto ocurre a nivel del liderazgo, a nivel de las comunidades se vive algo muy diferente: experiencias caris-m&aacute;ticas, conflictos &eacute;ticos, evangelizaci&oacute;n que responde a nuevas pautas muy alejadas de lo tradicional en la congregaci&oacute;n.<br \/>\nQuedan unos pocos reductos de la iglesia evang&eacute;lica tradicional que no han sido modificados (y coincidentemente son las iglesias que se est&aacute;n despoblando especialmente de juventud) porque la mayor&iacute;a han terminado por ceder a la influencia. Pero nos preguntamos, &iquest;de qu&eacute; forma se est&aacute;n dando estos cambios? &iquest;qu&eacute; estamos ganando y qu&eacute; estamos perdiendo? &iquest;de qu&eacute; cambios estamos hablando en reali-dad? &iquest;hasta cuando podremos seguir sin tratar este asunto en forma clara y directa?, &iquest;qu&eacute; va a suceder si es que estos cambios que ya se han dado en la experiencia cotidiana no encuentran un espacio institucional que los cobije? Si revisamos la historia de la iglesia evang&eacute;lica, veremos que cada vez que la instituci&oacute;n formal no tom&oacute; en serio los desaf&iacute;os de aquellos que comenzaron a tener experiencias diferentes a lo normal o aceptable dentro de la tradici&oacute;n, se le fue de las manos el conflicto y, en la mayor&iacute;a de casos, desemboc&oacute; en cisma.<br \/>\nCreemos que estamos viviendo un desaf&iacute;o de grandes proporciones, y cabe que nos hagamos las preguntas y nos revisemos como iglesia evang&eacute;lica, porque por las reacciones que hemos tenido hasta aqu&iacute; pareciera que no hemos aprendido a&uacute;n las lecciones dolorosas que nos deja la historia de la iglesia evang&eacute;lica en el mundo entero y la de nuestro continente en particular.<br \/>\nPara tratar de entender lo que sucede en la iglesia hoy, vamos ha estudiar c&oacute;mo lo realiz&oacute; y reaccion&oacute; la iglesia en el libro de Hechos, ante una situaci&oacute;n similar; especialmente la manera en que iglesia modific&oacute; su agenda misionera y su propio rostro.<br \/>\nY as&iacute; como para nuestros hermanos mayores del primer siglo, la forma c&oacute;mo enfrentaron este desaf&iacute;o, dej&oacute; definido su futuro, as&iacute; tambi&eacute;n para nosotros, hermanos tradicionales, tiene una gran transcendencia el responder al desaf&iacute;o que nos traen los que son diferentes, los que no tienen trasfondo protestante ni estilo protestante de entender y vivir la fe.<br \/>\nQuisiera explicar un poco el sentido que tendr&aacute; para nosotros esta met&aacute;fora del vino y de los odres. Para nuestro caso, el vino se refiere a la parte esencial, a lo profundo de la vida (personal y comunitaria) y el odre es el recipiente, aquello que contiene esa esencia, se refiere a lo externo, a la estructura, al sistema, a la instituci&oacute;n, a aquello que se expresa, a aquello que es imagen y por lo tanto se ve. El vino es aquello que por estar en la intimidad, no se ve, lo que se ven son los odres.<br \/>\nEl vino nuevo en odres viejos nos recuerda que, en el contexto en que originalmente Jes&uacute;s us&oacute; esta met&aacute;fora, se supon&iacute;a que el vino nuevo no puede ir en odre viejo porque lo reventar&aacute;. La propuesta de Jes&uacute;s es poner vino nuevo en odre nuevo. Entonces, la inquietud que nos anima es preguntarnos: en momentos cuando se precisan cam-bios, &iquest;qu&eacute; es lo que debe cambiar? &iquest;el vino o el odre? &iquest;o ambos? Y nos quedan otras inquietudes: &iquest;y qu&eacute; del vino a&ntilde;ejo?, &iquest;no hay lugar para lo a&ntilde;ejo que se resiste a morir y que como los buenos vinos a&ntilde;ejos su riqueza aumenta conforme pasan los a&ntilde;os?, &iquest;cu&aacute;l es el espacio para este vino a&ntilde;ejo?, &iquest;y c&oacute;mo distinguir el vino a&ntilde;ejo del vinagre, que es el vino rancio y que como tal deja de ser un verdadero vino? O ser&aacute; que debemos ponernos a tono con esta &eacute;poca y desechar lo antiguo y aceptar lo nuevo utilizando como lema (en base a una dudosa interpretaci&oacute;n) lo de Hebreos lo que se da por viejo y se envejece, est&aacute; pr&oacute;ximo a desaparecer.<br \/>\nEl problema que estamos viviendo en nuestras iglesias es que muchas veces hemos hecho cambios de odre pero no de vino. Otras veces hemos puesto vino nuevo en odres viejos y el odre ha reventado. Otras veces hemos quedado solo con el vino a&ntilde;ejo mezclado con vinagre y con eso hemos convertido toda la mezcla en vinagre. Y nos sucede tambi&eacute;n que el vino nuevo no encuentra un odre en el cual fermentar en paz por lo cual ya asistimos a la explosi&oacute;n del algunos odres.<br \/>\n<b> <\/b><b>La transformaci&oacute;n en la intimidad: El cambio de vino<\/b><br \/>\n El episodio que encontramos registrado en el cap&iacute;tulo 10 de los Hechos, es un relato sumamente conmovedor. Es la narraci&oacute;n de una lucha que comienza por ser personal pero que tiene dimensiones que trascienden. Cuando Pedro vivi&oacute; la experiencia de la visi&oacute;n y respondi&oacute; a ella, se estaba jugando no s&oacute;lo su espiritualidad personal e &iacute;ntima, sino el futuro del cristianismo.<br \/>\nPara que se produjera la transformaci&oacute;n que se dio cuando se institucionalizaron los cambios en el Concilio de Jerusal&eacute;n, debi&oacute; ocurrir previamente el evento privado de Pedro y Cornelio.<br \/>\nLo que sucedi&oacute; con Pedro fue un cambio de vino. Pedro fue sacudido desde sus cimientos. El fue transformado, fue reconvertido. Su alma fue estremecida. Por eso, podemos hablar no s&oacute;lo de la conversi&oacute;n de Cornelio sino de la conversi&oacute;n de Pedro.<br \/>\nLa envergadura de la crisis<br \/>\n&iquest;En qu&eacute; consisti&oacute; esa crisis? Para entender la crisis de Pedro, hay que entender la fuerza de la tradici&oacute;n jud&iacute;a heredada por los primeros cristianos: su proselitismo muy vinculado a su exclusivismo que degener&oacute; hasta convertirse en un sentido de favoritismo. Debido a este exclusivismo, ellos sent&iacute;an que nadie pod&iacute;a ser un hijo de Abraham en su sentido m&aacute;s pleno a menos que hubiese nacido jud&iacute;o.<br \/>\nPor el proselitismo los anhelos b&aacute;sicos de todo jud&iacute;o eran atraer a los gentiles y ponerlos bajo la protecci&oacute;n del pueblo de Dios, pero su lugar dentro de ese pueblo, era un lugar de segundo orden.<br \/>\nLa actitud general de los cristianos de trasfondo jud&iacute;o, era guardar la Ley. Los judeocristianos no hab&iacute;an cuestionado la circuncisi&oacute;n, el ayuno, los s&aacute;bados y las dem&aacute;s instituciones. Conservaban, por lo tanto, esa sacralizaci&oacute;n de esos ritos jud&iacute;os y el rechazo b&aacute;sico hacia los gentiles con quienes pod&iacute;an tener cierto intercambio social pero guard&aacute;ndose de no exponerse a situaciones de contacto que los volviera cere-monialmente impuros, como por ejemplo entrar a sus casas.<br \/>\nPedro ten&iacute;a ese mismo trasfondo. Y aqu&iacute; lo vemos otra vez con una experiencia triple. Tres veces hab&iacute;a negado a Jes&uacute;s, tres veces tuvo que contestar si lo amaba o no antes de que se le concediera el ministerio de pastorear a la iglesia, y ahora, tres veces tiene que escuchar la insistencia de Dios para revisar aquello que era n&uacute;cleo fundamental de su tradici&oacute;n jud&iacute;a intocable hasta ese momento.<br \/>\nSu conciencia ancestral le dec&iacute;a que no pod&iacute;a comer (literalmente probar) animales puros e impuros ya que aun los puros ten&iacute;an que ser previamente sometidos al rito de la purificaci&oacute;n. La mezcla era lo escandaloso para su tradici&oacute;n jud&iacute;a.<br \/>\nTambi&eacute;n, igual que a Pedro, hoy d&iacute;a nos cuesta romper ciertas tradiciones, aquello que se ha convertido en algo intocable para nosotros. Eso nos sucede, por ejemplo, en nuestra condici&oacute;n de protestantes, nos resister&iacute;amos ferozmente a cambiar aquello que nos distingue como tales. El problema est&aacute; en que llega el momento en que no podemos distinguir entre la esencia y el a&ntilde;adido, entre la verdad y la distorsi&oacute;n, y defendemos con la misma fuerza ambas.<br \/>\nLa Palabra de Dios enuna situaci&oacute;n de crisis<br \/>\nLa historia nos da cuenta de c&oacute;mo Pedro interpreta la experiencia de la visi&oacute;n a trav&eacute;s de la cual Dios le ha-bla. Es una interpretaci&oacute;n progresiva. Su comprensi&oacute;n de la visi&oacute;n sigue un proceso que va desde un primer momento en que no entiende nada, hasta cuando va adquiriendo niveles m&aacute;s profundos de comprensi&oacute;n conforme se van a&ntilde;adiendo las experiencias.<br \/>\nCuando posteriormente refiere su experiencia a Cornelio, su comprensi&oacute;n ha llegado hasta el punto de poder afirmar que el mismo Dios le ha ense&ntilde;ado que a nadie llame impuro. En base a esta nueva comprensi&oacute;n &eacute;l pudo aceptar la invitaci&oacute;n a ir a casa de un gentil sin poner ninguna objeci&oacute;n. Para este entendimiento hab&iacute;an jugado un papel tanto Dios mismo, porque primero el Esp&iacute;ritu le hab&iacute;a dicho que no dude y m&aacute;s propiamente que no haga distinciones (Hch10.20), co-mo el propio Pedro que finalmente no puso ninguna objeci&oacute;n (Hch10.29) porque hab&iacute;a entendido el mensaje que Dios le hab&iacute;a dado. Y les comunica a Cornelio y sus acompa&ntilde;antes que lo que le ha sucedido es la ruptura de aquello que es una costumbre antigua. Y concluye que Dios no tiene una actitud de parcialidad en funci&oacute;n de raza, cultura o nacionalidad. &iexcl;Ese es su gran descubrimiento! Y esta comprensi&oacute;n lo impulsa a actuar de modo diferente en una situaci&oacute;n muy concreta. Llama la atenci&oacute;n el tono de misericordia que usa para negarse a aceptar que Cornelio se postre ante &eacute;l, no se escandaliza sino que con la serenidad de alguien que comprende el trasfondo m&aacute;gico religioso de Cornelio, le aclara que es un hombre igual que &eacute;l.<br \/>\nTampoco posteriormente rechaza toda la experiencia de este centuri&oacute;n devoto sino que llega a reconocer como v&aacute;lido aquello que Dios mismo acepta como v&aacute;lido y agradable: una vida de justicia independientemente de la naci&oacute;n de la cual seamos o la raza que tengamos.<br \/>\nEn este proceso de comprensi&oacute;n de la Palabra de Dios jug&oacute; un papel clave la manifestaci&oacute;n de aquello que podemos llamar el pentecost&eacute;s gentil. Cuando Pedro refiere, diez a&ntilde;os despu&eacute;s, esta experiencia, el argumento contundente que esgrime para probar que Dios no hace distinci&oacute;n de personas es precisamente que el Esp&iacute;ritu hab&iacute;a sido derramado entre los gentiles de la misma forma que entre ellos. Este mismo argumento us&oacute; el propio Dios para convencer a los judeocristianos que lo acompa&ntilde;aron a la casa de Cornelio y que no hab&iacute;an sido sorprendidos sino hasta cuando vieron las mismas manifestaciones que en pentecost&eacute;s, ahora entre los gentiles.<br \/>\nAqu&iacute; hay un proceso de interpretaci&oacute;n y de actualizaci&oacute;n de la Palabra de Dios para un momento crucial. El entendimiento y la obediencia de la Palabra de Dios se produce con crisis: nos cuestiona, nos interpela, nos discierne, nos interpreta, nos deja perplejos, saca a flote nuestros tab&uacute;es y finalmente rompe esquemas y transforma el modo de pensar, de sentir y de actuar.<br \/>\nComo expresi&oacute;n de este cambio, Pedro fue capaz de asimilar otro golpe a la tradici&oacute;n. Lo normal era que luego se daba la conversi&oacute;n, luego el bautismo y entonces se recib&iacute;a el don del Esp&iacute;ritu Santo. Pero en esta vez, Dios altera el orden de modo que en medio de la predicaci&oacute;n evangelizadora cuyo n&uacute;cleo central fue una sencilla narraci&oacute;n de la vida, muerte y resurrecci&oacute;n de Jes&uacute;s, Cornelio y su familia reciben el bautismo del Esp&iacute;ritu Santo con las mismas evidencias externas que hasta aqu&iacute; se hab&iacute;an tenido por lo que ni Pedro ni sus acompa&ntilde;antes judeocristianos pueden tener ninguna duda. A Pedro no le queda m&aacute;s salida que admitirlos formalmente a la comunidad cristiana a trav&eacute;s del bautismo en agua.<br \/>\nLa necesidad de que las experiencias personales se traduzcan en experiencias institucionales<br \/>\n&iquest;Qu&eacute; sucede cuando nos ocupamos en cambios a nivel institucional sin que se hayan dado cambios en las esencias de las personas (y especialmente de los l&iacute;deres) de la comunidad? Y, &iquest;qu&eacute; sucede cuando los cambios que ya se dan a nivel de experiencia no son asimilados por la instituci&oacute;n eclesi&aacute;stica? Lo que puede suceder es un estancamiento. Estos progresos se conquistan primero en el coraz&oacute;n del hombre y luego deben plasmarse en sus instituciones.<br \/>\nNo hubiera podido realizarse el Concilio de Jerusal&eacute;n sin la experiencia de Pedro con la visi&oacute;n. Y tambi&eacute;n tuvo que existir un Cornelio: un centuri&oacute;n, temeroso de Dios y gentil.<br \/>\nLo de Cornelio fue para Pedro un anticipo de lo que vino despu&eacute;s en Antioqu&iacute;a. Todav&iacute;a deb&iacute;a ser probado el cambio de mente de Pedro, pero lamentablemente fall&oacute; al verse presionado por los judaizantes. Tuvo que intervenir Pablo para exhortarlo por su hipocres&iacute;a. Luego de esta confrontaci&oacute;n, Pedro pudo retomar su experiencia con Cornelio y volver a leerla a la luz de sus experiencias y a la luz de la amonestaci&oacute;n de Pablo.<br \/>\n<b> <\/b><b>La institucionalizaci&oacute;n de los cambios: El cambio de Odre<\/b><br \/>\n Si la primera condici&oacute;n para crecer es que el alma del hombre sea transformada, la segunda condici&oacute;n es la de seguir a siervos-l&iacute;deres .<br \/>\nLa iglesia primitiva tambi&eacute;n se enfrent&oacute; con este desaf&iacute;o: seguir a siervos-l&iacute;deres. Un momento cumbre que expresa v&iacute;vidamente este esfuerzo es el Concilio de Jerusal&eacute;n (a&ntilde;o 49) en el que se formaliza a nivel de acuerdo aquello que ya las comunidades de fe ven&iacute;an viviendo como resultado de la acci&oacute;n poderosa del Esp&iacute;ritu Santo a trav&eacute;s de los misioneros de entonces. El conflicto surgi&oacute; como resultado del celo evangelizador.<br \/>\nLa historia que ocurre entre el evento de Pedro con Cornelio y este concilio es el recorrido intenso de la predicaci&oacute;n a los gentiles, durante un lapso probable de diez a&ntilde;os. Fue un periodo largo en el que se profundiz&oacute; la grieta que divid&iacute;a a los judaizantes y a los que propon&iacute;an la ruptura radical con el juda&iacute;smo. Y contribuyeron a radicalizar esta crisis tanto motivos propiamente misionol&oacute;gicos y teol&oacute;gicos, como tambi&eacute;n la situaci&oacute;n pol&iacute;tica y econ&oacute;mica por la que atravezaba la comunidad de Jerusal&eacute;n. La iglesia de Antioqu&iacute;a lleg&oacute; a ser mucho m&aacute;s num&eacute;rica e influyente que la de Jerusal&eacute;n que sufr&iacute;a por problemas econ&oacute;micos que la hac&iacute;an depender de la ayuda exterior, as&iacute; como de inestabilidad pol&iacute;tica debido a la persecuci&oacute;n de Agripa.<br \/>\nLos procedimientos para enfrentar una crisis<br \/>\nEste cambio a nivel del sistema en la incipiente organizaci&oacute;n de la iglesia primitiva, tuvo algunos rasgos que son muy inspiradores:<br \/>\nEste Concilio se desarroll&oacute; por iniciativa de las partes en conflicto y busc&oacute; una resoluci&oacute;n de parte de los l&iacute;deres autorizados de entonces. Nos habla de un espacio abierto para exponer los desacuerdos adem&aacute;s de un respeto por la autoridad apost&oacute;lica. El concilio en s&iacute; mismo dio lugar a una discusi&oacute;n amplia escuch&aacute;ndose las diferentes posiciones, se otorg&oacute; espacio para escuchar las experiencias, hubo lugar para la interpretaci&oacute;n de las experiencias vividas y finalmente un l&iacute;der que asume el riesgo de dirigir una salida.<br \/>\nEsta salida contiene medidas que incluyen dos elementos fundamen-tales: un primer elemento que significa una transformaci&oacute;n radical siendo que fue la primera vez que se admit&iacute;a en forma oficial que los gentiles no ser&iacute;an obligados a cumplir con la circuncisi&oacute;n. Y esto no fue s&oacute;lo una decisi&oacute;n pr&aacute;ctica sino que implic&oacute; la definici&oacute;n formal y oficial de un nuevo concepto de la salvaci&oacute;n, del lugar tanto de jud&iacute;os como de gentiles en el pueblo de Dios, as&iacute; como del lugar de los jud&iacute;os en la salvaci&oacute;n del mundo. Un segundo elemento es el esfuerzo pastoral para garantizar una convivencia sana entre jud&iacute;os y gentiles.<br \/>\nEl elemento cr&iacute;tico en la decisi&oacute;n fue que esta descans&oacute; en fundamentos s&oacute;lidos. Los argumentos que los convencieron, que esgrimi&oacute; Pedro y que fueron ratificados por Jacobo fueron: que los gentiles tambi&eacute;n eran escogidos y no s&oacute;lo los jud&iacute;os, que dejar&iacute;an de ponerle trabas porque eso era lo que finalmente estaban haciendo al poner un yugo que ni los propios jud&iacute;os pod&iacute;an sobrellevar, y finalmente la convicci&oacute;n de que Dios mismo se hab&iacute;a encargado de purificar a los gentiles con lo cual se reafirmaban en su sed de pureza pero replanteaban el modo de conseguirla y expresarla.<br \/>\nLos argumentos son fundamentales: son cuestiones de principios que sostienen los cambios y no simples medidas estrat&eacute;gicas e improvisadas para quitarse un problema de encima. Por el contrario, fue una apertura que les traer&iacute;a problemas y que implicaba muchos riesgos. La solidez de estos argumentos nos se&ntilde;alan lo insustanciales que pueden ser nuestras medidas que lo que buscan es sacarnos de un problema, o no perder a la juventud, o que no se nos vac&iacute;e el templo, o que otros no nos roben las ovejas.<br \/>\nY no s&oacute;lo argumentos te&oacute;ricos, convincentes, sino argumentos que llevan a una honesta autocr&iacute;tica. No es posible transformar nuestras instituciones a menos que estemos dis-puestos a ser evaluados y no s&oacute;lo a ser evaluadores. Y esto nos lleva a pensar en la actitud que asumimos ante los nuevos desaf&iacute;os expresados por el pluralismo religioso. Hemos condena-do su sentimentalismo, su superficialidad, su falta de trasfondo protestante, su concentraci&oacute;n en la experiencia, su manipulaci&oacute;n, su liderazgo autoritario . Nuestro vere-dicto es: es un evangelio f&aacute;cil, pero a&uacute;n nos falta evaluarnos a nosotros mismos para detectar nuestro exclusivismo y sentidos falsos de favoritismos. A&uacute;n no hemos reco-nocido que pedimos a los otros que lleven un yugo que nosotros no somos ni hemos sido capaces de llevar en todos nuestros a&ntilde;os de existencia. Y finalmente no somos capaces de mirar cuan ritualistas nos hemos vuelto en nuestras formas de concebir la pureza.<br \/>\nPorque tambi&eacute;n es un ritual nuestro moralismo. Tenemos convencionalismos que con una dudosa interpretaci&oacute;n b&iacute;blica mantienen a la mujer evan-g&eacute;lica como ciudadanas de segunda categor&iacute;a en nuestras congregaciones, que tendr&iacute;an que ser los primeros espacios en no s&oacute;lo proclamar sino vivir la verdadera libertad en Jesucristo. Nuestro sistema de disciplina es deficiente, y nos hace ser, como iglesia, el &uacute;nico ej&eacute;rcito que mata a sus heridos en combate. Tambi&eacute;n son deficientes algunos de nuestros sistemas de gobierno.<br \/>\nEl acto m&aacute;s did&aacute;ctico de nuestros hermanos en su concilio del a&ntilde;o cuarentinueve, necesario de rescatar, es que ese acuerdo que tomaron implic&oacute; una profunda autocr&iacute;tica, en extremo humillante, era reconocer p&uacute;blicamente que ni ellos eran capaces de hacer aquello que pretend&iacute;an obligar a hacer a los diferentes.<br \/>\nLos costos y riesgos de cambiar<br \/>\nLos resultados del Concilio no fueron una soluci&oacute;n m&aacute;gica al problema. Continuaron las discrepancias. Los l&iacute;deres asumieron diferentes actitudes. Pedro, recomend&oacute; a las iglesias que siguieran los acuerdos del Concilio. Pablo no fue exigente en cuestiones religiosas y &eacute;ticamente neutrales aunque fue intransigente en ordenar a sus convertidos que evitaran la idolatr&iacute;a y la fornicaci&oacute;n. Tampoco signific&oacute; que los acuerdos fueran canalizados en forma perfecta e idealizada.<br \/>\nPor otro lado, tambi&eacute;n tenemos que reconocer que este tipo de acuerdos concedieron a los gentiles un poder que en el futuro no supieron administrar y que se fue distorsionando hasta llegar a convertirse, en algunos sectores, en odio al juda&iacute;smo.<br \/>\nEl riesgo de admitir a los gentiles fue real. El peligro mayor fue el sincretismo tanto a nivel teol&oacute;gico: por ejemplo su comprensi&oacute;n de Cristo como Mes&iacute;as o del Reino de Dios, tambi&eacute;n en cuanto a su pr&aacute;ctica c&uacute;ltica que ten&iacute;a reminiscencias m&aacute;gicas y mucho m&aacute;s en lo &eacute;tico con un relajamiento moral propio de su vida sin par&aacute;metros &eacute;ticos. Los temores de admitirlos no eran infundados y a&uacute;n Pablo lo pudo comprobar en las comunidades gentiles a las que tuvo que pastorear en las que surgieron distorsiones del cristianismo debido en buena medida a su trasfondo gentil, como lo fue claramente el caso de los Corintios.<br \/>\nY un costo que muy pocas veces percibimos cuando revisamos esta historia: el sacrificio de los judeocristianos. Los judeocristianos que se atrevieron a asumir con coraje esta posici&oacute;n de cuestionamiento a su tradici&oacute;n ganaron mucho en t&eacute;rminos de misi&oacute;n a los gentiles, pero perdieron mucho en t&eacute;rminos de su conexi&oacute;n con el mundo jud&iacute;o. Y esto los llev&oacute; a una situaci&oacute;n dram&aacute;tica con el paso de los a&ntilde;os: terminaron siendo rechazados tanto por la iglesia gentil como por el sector jud&iacute;o del cual proven&iacute;an. Pedro hab&iacute;a arriesgado su reputaci&oacute;n y con eso se expuso a ser cuestionado por los sectores jud&iacute;os y judaizantes. Pero a su vez, debido a su debilidad o temor de los excesos, tambi&eacute;n tuvo discrepancias con Pablo. La situaci&oacute;n no fue nada f&aacute;cil, la crisis continu&oacute; para ellos.<br \/>\nEl distanciamiento paulatino con los jud&iacute;os les quit&oacute; la cobertura jud&iacute;a que en esos tiempos del primer siglo fue fundamental. La persecusi&oacute;n de Herodes hacia los judeocristianos aument&oacute; porque se distanciaron de los jud&iacute;os con quienes el gobierno romano era tolerante. De este modo con la oficializaci&oacute;n de este acuerdo en el concilio de Jerusal&eacute;n, los judeocristianos estaban optando por un camino que les permit&iacute;a ser fieles a su conciencia pero a su vez los pon&iacute;a social y econ&oacute;micamente fr&aacute;giles, sin protecci&oacute;n legal para cumplir con sus deberes religiosos, sin ning&uacute;n permiso para ser respetados en sus ritos religiosos, sin acceso a la protecci&oacute;n de las autoridades o cortes de justicia, lo cual, a la larga, les ocasion&oacute; el martirio y finalmente la desaparici&oacute;n.<br \/>\nEl l&iacute;der que se necesita para momentos de crisis<br \/>\nEmergi&oacute; un paradigma especial de l&iacute;der: Jacobo, conocido tambi&eacute;n como Santiago, el menor, hermano del Se&ntilde;or. No era de los doce, sin embargo ten&iacute;a una gran autoridad debido a su santidad, reconocida incluso por los jud&iacute;os. Hombre celoso en el cumplimiento de la ley mosaica por lo que era clave para limar asperezas entre el movimiento ju-deocristiano y el resto de sus compatriotas.<br \/>\nEs sumamente importante descubrir el potencial de este tipo de l&iacute;der representado por Jacobo. Es el elemento cohesionador por su capacidad para escuchar, para crear consenso, para dirigir, para tomar decisiones en medio de conflictos, para sopesar las evidencias. Un l&iacute;der que se resisti&oacute; a ser simplemente el reflejo de lo que los dem&aacute;s esperaban de &eacute;l atrevi&eacute;ndose a tener sus propias posiciones y convirti&eacute;ndose en un canal para la expresi&oacute;n de un acuerdo grupal.<br \/>\nOtro rasgo importante es la credibilidad de la que Jacobo gozaba en ambos sectores en conflicto y que le permit&iacute;a ser un puente. Y finalmente, su capacidad no s&oacute;lo para proponer un acuerdo conciliador sino para dar pasos concretos con la prudencia necesaria pero asumiendo los riesgos para el acompa&ntilde;amiento pastoral a los afectados por el problema.<br \/>\nLo que se transforma y lo que permanece<br \/>\nHay vino nuevo: una nueva comprensi&oacute;n de la salvaci&oacute;n, una nueva comprensi&oacute;n de lo que es ser pueblo de Dios, una nueva comprensi&oacute;n de s&iacute; mismos, una nueva comprensi&oacute;n de los fundamentos para ser considerados puros, una nueva forma de convivencia con los que tienen trasfondo diferente. Pero tambi&eacute;n hay vino a&ntilde;ejo: la sed de pureza, el criterio de juzgar los acontecimientos bajo la autoridad de las manifestaciones de Dios que son vistas como el cumplimiento de Su Palabra, que permaneci&oacute; a pesar de toda la apertura que signific&oacute; institucionalizar los cambios.<br \/>\n<b> <\/b><b>Las lecciones de esta historia:<\/b><br \/>\n<b>Vino nuevo y vino viejo en odres nuevos<\/b><br \/>\n 1. La primera tiene que ver con el asunto de tradici&oacute;n versus renovaci&oacute;n. Lo que nuestros her-manos mayores nos ense&ntilde;an a partir de su propio peregrinaje es que necesitamos un equilibrio sano entre la apertura al cambio y la conservaci&oacute;n de las tradiciones inamovibles.<br \/>\n2. El segundo asunto importante es la necesidad de la ruptura profunda de esquemas: primero a nivel &iacute;ntimo y luego a nivel institucional. Los cambios tienen que tener cabida en instituciones renovadas: el vino nuevo y a&uacute;n el vino viejo tienen que estar en odres nuevos que permitan responder a la situaci&oacute;n cambiante que se vive. La instituci&oacute;n que no da apertura al cambio para dar lugar a la renovaci&oacute;n manteniendo su esencia, muere.<br \/>\n3. El concepto de igualdad: no es posible este tipo de apertura a menos que se tenga la convicci&oacute;n de que Dios no hace distinci&oacute;n de personas.<br \/>\n4. El otro tema que surge ineludible es el de la libertad: hasta qu&eacute; punto nuestras decisiones nos permiten no poner trabas, o por el contrario, nuestras instituciones a trav&eacute;s de su organizaci&oacute;n se han especializado en ponerlas.<br \/>\n5. El otro desaf&iacute;o es en cuanto al modelo de l&iacute;der que necesitamos para la iglesia en estos momentos de crisis. Nos conviene redescubrir y formar a los Jacobos en estos momentos en que socialmente tenemos dos modelos polarizados de liderazgo: el autoritario y el l&iacute;der informal.<br \/>\n6. El proceso de interpretaci&oacute;n de la Palabra tambi&eacute;n es otro gran tema que se levanta. No podemos reducir el conflicto a : Palabra de Dios versus experiencia, sino que a la luz de esta experiencia alumbradora de los cristianos del siglo I, tendr&iacute;amos que hablar m&aacute;s bien de c&oacute;mo la Palabra de Dios alumbra la experiencia, de modo que tendr&iacute;amos que estimularnos para aprender a vivir, interpretar y contar nuestras experie-ncias a la luz de la revelaci&oacute;n.<br \/>\n7. Y &iquest;qu&eacute; papel juega el Esp&iacute;ritu Santo en la crisis? &iquest;Hasta qu&eacute; punto su presencia es garant&iacute;a de que los nuevos o diferentes han sido acogidos, y por lo tanto, podemos verlos como hermanos conciudadanos del mismo pueblo de Dios? En la historia que hemos desentra&ntilde;ado, las manifestacio-nes del Esp&iacute;ritu Santo son se&ntilde;ales que permiten distinguir e identificar a los que son verdaderos hermanos. En nuestro caso, las manifestaciones del Esp&iacute;ritu, m&aacute;s bien se constituyen en la manzana de la discordia y en criterio para determinar a los falsos a los que no son de los nuestros.<br \/>\n8. El cambio de vino precede al cambio de odre. Y esto es un desaf&iacute;o para nuestra cultura de la imagen. La invitaci&oacute;n de la Palabra de Dios es a un cambio a nivel de nuestra esencia para luego poder formalizar este cambio &iacute;ntimo a nivel externo e institucional. Esta es una contracultura en momentos en los que la apariencia cuenta m&aacute;s que la verdadera esencia.<br \/>\nVino nuevo y vino viejo en odres nuevos es una ruta que nos puede permitir anclarnos firmes en aquello inamovible de nuestra fe, y a la vez abrirnos a los nuevos desaf&iacute;os en un tiempo en que lo ef&iacute;mero y la moda son las notas caracter&iacute;sticas. Esta posici&oacute;n por supuesto implica riesgos. Ninguna renovaci&oacute;n ha dejado de tenerlos ni aun la del siglo I.<\/p>\n<\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">La expositora: Angelit Guzm\u00e1n es psic\u00f3loga y forma parte del equipo regional de IFES para Am\u00e9rica Latina. Tambi\u00e9n es coordinadora del Equipo de Hermen\u00e9utica de IFES.<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Apuntes Pastorales Necesitamos un equilibrio sano entre la aperura al cambio y la conservaci\u00f3n de las tradiciones inamovibles. 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