{"id":22300,"date":"2016-04-04T15:44:15","date_gmt":"2016-04-04T20:44:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/un-golpe-propinado-a-la-justicia-propiapor-charles-h-spurgeon\/"},"modified":"2016-04-04T15:44:15","modified_gmt":"2016-04-04T20:44:15","slug":"un-golpe-propinado-a-la-justicia-propiapor-charles-h-spurgeon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/un-golpe-propinado-a-la-justicia-propiapor-charles-h-spurgeon\/","title":{"rendered":"Un Golpe Propinado a la Justicia Propia\nPor Charles H. Spurgeon"},"content":{"rendered":"<p align=\"justify\">\n\n<\/p>\n<p align=\"justify\">\n<i>\u201cSi yo me justificare, me condenar\u00eda mi boca; si me dijere perfecto, esto me har\u00eda inicuo.\u201d Job 9:20.<\/i>\n<\/p>\n<p align=\"justify\"> Desde que el hombre se hizo pecador siempre ha estado convencido de su propia justicia. Cuando de suyo tuvo justicia nunca se glori\u00f3 de ella, pero desde que la perdi\u00f3, ha pretendido perennemente ser su poseedor. Esas palabras altaneras que profiri\u00f3 nuestro padre Ad\u00e1n cuando intent\u00f3 esconderse de la culpa de su traici\u00f3n a su Hacedor, ech\u00e1ndole aparentemente la culpa a Eva pero culpando realmente a Dios, que le dio a la mujer, eran virtualmente un argumento a favor de su inocencia. S\u00f3lo pudo encontrar una hoja de higuera para cubrir su desnudez, pero cu\u00e1n orgulloso estaba Ad\u00e1n de esa excusa ataviada de hojas de higuera, y cu\u00e1n tenazmente se asi\u00f3 a ella.<br \/> Como fue con nuestros primeros padres, as\u00ed sucede ahora con nosotros: la propia justicia nace con nosotros, y tal vez no haya ning\u00fan pecado que contenga tanta vitalidad como el pecado de la justicia propia. Podemos vencer a la propia lujuria, y a la ira, y a las fieras pasiones de la voluntad m\u00e1s de lo que podemos dominar a la jactancia altiva que brota en nuestros corazones y nos induce a pensar que nosotros mismos somos ricos y nos hemos enriquecido, pero Dios sabe que estamos desnudos y que somos pobres y miserables. Decenas de miles de sermones han sido predicados contra la justicia propia y, sin embargo, hoy es tan necesario apuntar contra sus muros los grandes ca\u00f1ones de la ley, como lo ha sido siempre. Mart\u00edn Lutero dec\u00eda que casi nunca predicaba un serm\u00f3n sin lanzar invectivas contra la justicia del hombre y, no obstante, agregaba: \u201cMe doy cuenta de que no logro derribarla con mi predicaci\u00f3n. Los hombres se jactan todav\u00eda de lo que pueden hacer y err\u00f3neamente consideran que la senda al cielo es un camino pavimentado con sus propios m\u00e9ritos, y no un camino rociado con la sangre de la expiaci\u00f3n de Jesucristo.\u201d Mis queridos oyentes: no puedo felicitarlos por imaginar que todos ustedes han sido liberados del gran enga\u00f1o de confiar en ustedes mismos. Los piadosos, los que son justos por medio de la fe en Cristo, tienen que lamentar todav\u00eda que esta debilidad est\u00e1 adherida a ellos; en cambio, en cuanto a los propios inconversos, su pecado acosante es negar su culpabilidad, es argumentar que ellos son tan buenos como otros, entreg\u00e1ndose a la vana y necia esperanza de que entrar\u00e1n en el cielo por algunas acciones, sufrimientos o llantos aportados por ellos.<br \/> No creo que haya algunos que est\u00e9n convencidos de su justicia propia en un sentido tan descarado como el pobre aldeano de quien me he enterado. Su ministro hab\u00eda tratado de explicarle el camino de la salvaci\u00f3n, pero ya fuera que su cabeza era muy torpe o su alma muy hostil hacia la verdad que el ministro quer\u00eda impartirle, lo cierto es que el aldeano entendi\u00f3 tan poco de lo que hab\u00eda escuchado, que cuando se le hizo la pregunta: \u201cAhora, entonces, \u00bfcu\u00e1l es la forma por la cual esperas que puedas ser salvado ante Dios?,\u201d el pobre ingenuo dijo sin ambages: \u201c\u00bfNo cree, se\u00f1or, que si yo durmiera una fr\u00eda noche escarchada bajo un arbusto de espinos, eso me adelantar\u00eda un gran trecho hacia el cielo?,\u201d pues conceb\u00eda que su sufrimiento podr\u00eda, en alg\u00fan grado al menos, ayudarle a entrar al cielo.<br \/> Ustedes no expresar\u00edan su opini\u00f3n de una manera tan osada; la refinar\u00edan, la dorar\u00edan, la disfrazar\u00edan, pero al final vendr\u00eda a ser lo mismo; todav\u00eda creer\u00edan que algunos sufrimientos, algunos arrepentimientos o creencias de su propio peculio, podr\u00edan, posiblemente, ameritar la salvaci\u00f3n. La Iglesia Cat\u00f3lica ciertamente afirma eso tan claramente que no podemos considerarlo menos que una blasfemia. Me han informado que en una de las capillas cat\u00f3licas de Cork hay un monumento que tiene grabadas estas palabras: \u201cJ. H. S. Consagrado a la memoria del benefactor Edward Molloy; un amigo de la humanidad, el padre de los pobres; emple\u00f3 la riqueza de este mundo \u00fanicamente para obtener las riquezas del mundo venidero y, dejando un saldo de m\u00e9rito en el libro de la vida, hizo que el cielo sea deudor de misericordia. Muri\u00f3 el 17 de Octubre de 1818, a la edad de 90 a\u00f1os.\u201d Yo supongo que ninguno de ustedes tendr\u00e1 un epitafio as\u00ed sobre su tumba, o ni siquiera so\u00f1ar\u00e1 con tratarlo como un asunto de cuentas con Dios, para hacer un balance con \u00c9l, poniendo de un lado sus pecados y del otro su justicia propia, esperando que haya un saldo a su favor. Y, sin embargo, esa misma idea, s\u00f3lo que expresada sin tanta honestidad sino de manera m\u00e1s camuflada y refinada, esa misma idea, s\u00f3lo que entrenada para expresarse imitando un dialecto evang\u00e9lico, es inherente a todos nosotros y \u00fanicamente la gracia divina puede echarla fuera de nosotros por completo.<br \/> El serm\u00f3n de esta ma\u00f1ana tiene el prop\u00f3sito de ser otro golpe asestado en contra de nuestra propia justicia. Si no muriera, al menos no dejemos sin disparar ninguna flecha contra ella; saquemos el arco y si la flecha no puede penetrar en su coraz\u00f3n, al menos se puede clavar en su carne y cooperar a debilitarla hasta su tumba.<br \/> <b>I. <\/b>Con la intenci\u00f3n de adherirme a mi texto, voy a comenzar con este primer punto: que EL ARGUMENTO DE JUSTICIA PROPIA SE CONTRADICE A S\u00cd MISMO. \u201cSi yo me justificare, me condenar\u00eda mi boca.\u201d<br \/> Vamos, amigo, t\u00fa que te justificas a ti mismo con tus propias palabras, d\u00e9jame escucharte. T\u00fa dices: \u201cyo afirmo que no tengo necesidad de una salvaci\u00f3n por medio de la sangre y justicia de otro, pues creo que he guardado los mandamientos de Dios desde mi juventud, y no creo ser culpable ante Sus ojos, antes bien espero ser capaz de reclamar un asiento en el para\u00edso con base en mi propio derecho.\u201d<br \/> Ahora, amigo, tu argumentaci\u00f3n y tu declaraci\u00f3n son, en s\u00ed mismas, una condenaci\u00f3n para ti, porque es evidente en la propia superficie <i>que est\u00e1s cometiendo pecado mientras est\u00e1s argumentando que no tienes pecado<\/i>. Pues la misma argumentaci\u00f3n es un elemento de una <i>presunci\u00f3n <\/i>altiva y arrogante. Dios lo ha dicho: tanto el jud\u00edo como el gentil han de callarse la boca, y todo el mundo ha de presentarse culpable delante de Dios. Gracias a la autoridad inspirada sabemos que \u201cNo hay justo, ni aun uno.\u201d \u201cNinguno hay bueno sino uno: Dios.\u201d Hemos sido informados por boca de un profeta enviado de Dios, que \u201cTodos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apart\u00f3 por su camino.\u201d Y t\u00fa, al decir que eres justo, est\u00e1s cometiendo el pecado de llamar a Dios mentiroso. T\u00fa te has atrevido a impugnar Su veracidad y has calumniado Su justicia. \u00c9sta jactancia tuya es en s\u00ed misma un pecado, tan grande, tan atroz, que si s\u00f3lo tuvieras ese pecado que declarar, bastar\u00eda para hundirte en el m\u00e1s profundo infierno. La jactancia, afirmo, es en s\u00ed misma un pecado; en el momento en que un hombre afirma: \u201cyo no tengo pecado,\u201d comete un pecado al decir eso: el pecado de contradecir a su Hacedor y de convertir a Dios en un falso acusador de Sus criaturas.<br \/> Adem\u00e1s, \u00bfacaso no ves, vana e insensata criatura, que eres culpable de <i>orgullo <\/i>en el propio lenguaje que has usado? \u00bfQui\u00e9n, sino un hombre altivo se pondr\u00eda de pie para ensalzarse? \u00bfQui\u00e9n, sino alguien arrogante como Lucifer, se declarar\u00eda justo y santo a la luz de la declaraci\u00f3n de Dios? \u00bfPor ventura hablaron de esta manera los mejores hombres? \u00bfAcaso todos ellos no reconocieron que eran culpables? \u00bfReclam\u00f3 Job ser perfecto, de quien Dios dijo que era un var\u00f3n perfecto y recto? \u00bfAcaso no dijo: \u201cSi yo me justificare, me condenar\u00eda mi boca\u201d? \u00a1Oh, altivo sinverg\u00fcenza, c\u00f3mo te has inflado! \u00a1C\u00f3mo te ha embrujado Satan\u00e1s; c\u00f3mo te ha inducido a alzar tu cuerno en alto y a hablar con dura cerviz! Cu\u00eddate mucho pues, si no has sido culpable nunca antes, este orgullo tuyo ser\u00eda m\u00e1s que suficiente para provocar la extracci\u00f3n de los rayos de Jehov\u00e1 de su aljaba, y provocarlo a herirte de una vez por todas para tu destrucci\u00f3n eterna.<br \/> Pero, prosiguiendo, el argumento de una justicia propia se contradice a s\u00ed mismo sobre otra base pues, todo lo que argumenta un hombre que tiene justicia propia es una justicia <i>comparativa<\/i>. \u201cVamos\u201d\u2014comenta \u00e9l\u2014 \u201cyo no soy peor que mis vecinos; de hecho soy much\u00edsimo mejor que ellos; no bebo, no profiero juramentos; no cometo ni fornicaci\u00f3n ni adulterio; no quebranto los d\u00edas de guardar; no soy un ladr\u00f3n; las leyes de mi pa\u00eds no me acusan y mucho menos me condenan; soy mejor que la mayor\u00eda de los hombres, y si yo no me salvara, que Dios ayude a aquellos que son peores que yo; si yo no entrara al reino del cielo, entonces, \u00bfqui\u00e9n podr\u00eda hacerlo?\u201d Ni m\u00e1s ni menos, pero entonces, todo lo que t\u00fa argumentas es que eres justo en comparaci\u00f3n con otros. \u00bfNo ves que este es un argumento muy vano y fatal, porque admites de hecho que no eres <i>perfectamente <\/i>justo; que hay <i>alg\u00fan <\/i>pecado en ti, aunque argumentas que no hay tanto pecado en ti como alguien m\u00e1s? Admites que est\u00e1s enfermo aunque la mancha de la plaga no sea tan aparente en ti como en tu pr\u00f3jimo. T\u00fa admites que le has robado a Dios y has quebrantado Sus leyes, s\u00f3lo que no lo has hecho con un prop\u00f3sito tan malvado ni con tantos agravantes como otras personas. Ahora, esto es virtualmente una confesi\u00f3n de culpabilidad, no importa como quieras disfrazarla. Admites que has sido culpable, y contra ti se dicta la sentencia: <i>\u201cEl alma que pecare, esa morir\u00e1.\u201d<\/i> Cu\u00eddate de no encontrar ning\u00fan abrigo en este refugio de mentiras, pues ciertamente te fallar\u00e1 cuando Dios venga a juzgar al mundo con justicia y a los pueblos con rectitud.<br \/> Supongan ahora por un momento que se promulgara un mandato a las bestias del bosque y se les dijera que deben volverse ovejas. Ser\u00eda bastante vano que el oso diera un paso al frente y argumentara que no es una criatura tan venenosa como la serpiente; igualmente ser\u00eda absurdo que el lobo dijera que si bien es sigiloso y astuto, y flaco y torvo, con todo no es un gru\u00f1idor tan grande, ni una criatura tan fea, como el oso; y el le\u00f3n podr\u00eda argumentar que no tiene la astucia de la zorra. \u201cEs verdad\u201d\u2014 comenta\u2014\u201cque mojo mi lengua en sangre, pero por otro lado tengo algunas virtudes que pueden recomendarme y que me han convertido en el rey de las bestias.\u201d \u00bfDe qu\u00e9 servir\u00eda ese argumento? La acusaci\u00f3n es que estos animales no son ovejas, y su defensa ante la acusaci\u00f3n es que no son menos semejantes a las ovejas que otras criaturas, y algunos de ellos tienen m\u00e1s mansedumbre que otros de su cala\u00f1a. El argumento no se sostendr\u00eda nunca.<br \/> Pero usemos otro cuadro. Si en los tribunales de justicia, un ladr\u00f3n, al ser citado, argumentara: \u201cpues yo no soy un ladr\u00f3n tan malo como otros; puede encontrarse algunas personas que viven en Whitechapel o en la Calle de St. Giles, que han sido ladrones mucho m\u00e1s tiempo que yo, y si hay alguna condena en contra m\u00eda en el libro, hay otros que tienen doce arrestos en su contra.\u201d Ning\u00fan magistrado absolver\u00eda a un hombre sobre la base de una excusa como esa, porque ser\u00eda equivalente a su admisi\u00f3n de un grado de culpabilidad, aunque tratara de excusarse sobre la base de no haber alcanzado un nivel mayor de culpabilidad.<br \/> Lo mismo sucede contigo, pecador. T\u00fa has pecado. Los pecados de otro hombre no pueden excusarte; debes sostenerte sobre tus propios pies. En el d\u00eda del juicio debes comparecer personalmente, y lo que te condene o te absuelva no ser\u00e1 lo que otro hombre haya hecho, sino tu propia culpa personal. Ten mucho cuidado, entonces, ten mucho cuidado, pecador; aunque hubiera una sola mancha en ti, estar\u00edas perdido; aunque hubiera un solo pecado que no fuera lavado por la sangre de Jes\u00fas, tu porci\u00f3n habr\u00eda de ser con los atormentadores. Un Dios santo no puede contemplar ni siquiera el m\u00ednimo grado de iniquidad.<br \/>Pero, prosiguiendo, el argumento del hombre presuntuoso es que ha hecho lo mejor que ha podido, y puede aducir una justicia <i>parcial<\/i>. Es cierto que si se le toca en un lugar sensible, reconoce que su infancia y su juventud estuvieron manchadas por el pecado. Te comenta que en sus tempranos d\u00edas era un \u201cchico disoluto\u201d; que hizo muchas cosas que ahora lamenta. \u201cPero, por otro lado\u201d\u2014afirma\u2014\u201cestas cosas son s\u00f3lo como manchitas en el sol; s\u00f3lo como un trocito de terreno bald\u00edo en medio de muchos acres de suelo f\u00e9rtil; soy bueno todav\u00eda; todav\u00eda soy justo, porque mis virtudes exceden a mis vicios, y mi buenas acciones cubren con creces todos los errores que he cometido.\u201d<br \/> Bien, amigo, \u00bfno ves que la \u00fanica justicia que argumentas es una justicia <i>parcial<\/i>?, y en ese preciso argumento, de hecho admites que no eres perfecto y que has cometido algunos pecados. Ahora, yo no soy responsable por lo que estoy a punto de declarar, ni tampoco se me ha de culpar de dureza por ello, porque no estoy declarando m\u00e1s ni declarando menos que la mism\u00edsima verdad de Dios. No te sirve de recurso salvador que no hayas cometido diez mil pecados, pues basta que hubieras cometido uno para que seas un alma perdida. La ley debe ser guardada intacta y toda ella, y la menor grieta, o mancha o quebradura, la quebranta. El manto de justicia que te debe cubrir al final debe ser sin mancha ni arruga, y si no hubiera sino una manchita microsc\u00f3pica en \u00e9l, lo cual es suponer algo que nunca es cierto, incluso entonces las puertas del cielo no podr\u00edan admitirte nunca. Debes tener una perfecta justicia pues, de lo contrario, nunca ser\u00e1s admitido al fest\u00edn de bodas. Podr\u00edas decir: \u201che guardado ese mandamiento y nunca lo he quebrantado,\u201d pero si has quebrantado alguno, eres culpable de todos, porque toda la ley es semejante a un jarr\u00f3n precioso y valioso que es \u00fanico en dise\u00f1o y forma. Aunque no rompieras su base ni mancharas su borde, si hubiera alguna falla o da\u00f1o, todo el jarr\u00f3n se echar\u00eda a perder. Y as\u00ed, si has pecado en alg\u00fan punto, en alg\u00fan momento y en alg\u00fan grado, has quebrantado toda la ley; eres culpable de eso ante de Dios, y no puedes ser salvado por las obras de la ley, hagas lo que hagas.<br \/> \u201cEs una dura sentencia\u201d\u2014dice alguien\u2014\u201c\u00a1qui\u00e9n puede soportarla!\u201d En verdad, \u00bfqui\u00e9n <i>puede <\/i>soportarla? \u00bfQui\u00e9n <i>podr\u00eda <\/i>estar al pie del Sina\u00ed y o\u00edr el estruendo de sus truenos? \u201cSi aun una bestia tocare el monte, ser\u00e1 apedreada, o pasada con dardo.\u201d \u00bfQui\u00e9n podr\u00eda sostenerse cuando los rayos centellean y Dios desciende sobre el Monte Par\u00e1n y los collados se derriten como cera bajo Sus pies? \u201cPor las obras de la ley ning\u00fan ser humano ser\u00e1 justificado delante de \u00e9l.\u201d \u201cMaldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.\u201d Maldito es el hombre que s\u00f3lo peca una vez, s\u00ed, desesperadamente maldito en lo que a la ley concierne.<br \/> \u00a1Oh, pecador!, no puedo evitar desviarme del tema por un instante para recordarte que <i>hay <\/i>un camino de salvaci\u00f3n, y un medio por el cual las demandas de la ley pueden ser satisfechas plenamente. <i>Cristo <\/i>soport\u00f3 todo el castigo de todos los creyentes, para que no puedan ser castigados. Cristo guard\u00f3 la ley de Dios por los creyentes, y \u00c9l est\u00e1 dispuesto a cubrir a todo pecador penitente con ese traje de perfecta justicia que \u00e9l mismo elabor\u00f3. Pero <i>t\u00fa <\/i>no puedes guardar la ley, y si quieres aducir tu justicia propia, la ley la condena tanto a ella como a ti; por los dichos de tu boca te condena, ya que no has cumplido todas las cosas y no has guardado toda la ley. Una gran roca obstaculiza tu senda al cielo; una monta\u00f1a insalvable; un golfo intransitable; y por ese camino ning\u00fan hombre entrar\u00e1 jam\u00e1s en la vida eterna.<br \/> El argumento de la justicia propia, entonces, es en s\u00ed contradictorio y basta que sea expuesto objetivamente a un hombre honesto para que comprenda que no se sostendr\u00e1 ni por un instante. \u00bfQu\u00e9 necesidad habr\u00eda de un elaborado argumento para refutar una mentira tan evidente? \u00bfPor qu\u00e9 habr\u00edamos de demorarnos m\u00e1s en esto? \u00bfQui\u00e9n sino un verdadero necio mantendr\u00eda una idea que se desmorona en su propia cara y da testimonio en contra de s\u00ed misma?<br \/> <b>II. <\/b>Pero ahora paso al segundo punto. EL PROPIO HOMBRE QUE USA ESTE ARGUMENTO LO CONDENA.<br \/> No solamente el argumento corta su propio cuello, sino que el hombre mismo est\u00e1 consciente, cuando lo usa, de que se trata s\u00f3lo de un refugio inadecuado, y falso y vano. Ahora, esto es un asunto de conciencia, y por tanto, he de tratar claramente con ustedes; y si no expreso lo que han sentido, entonces pueden afirmar que estoy equivocado; pero si digo aquello que ustedes han de confesar que es verdad, que sea entonces como la propia voz de Dios para ustedes.<br \/> Los hombres <i>saben <\/i>que son culpables. La conciencia del hombre m\u00e1s orgulloso, si se le permite hablar, le dice que merece la ira de Dios. Podr\u00eda alardear en p\u00fablico, pero la misma sonoridad de su alarde demuestra que tiene una conciencia intranquila, y entonces hace un ruido ensordecedor para ahogar su voz. Siempre que oigo a un infiel decir cosas duras sobre Cristo, me recuerda a los hombres de Moloc, que tocan los tambores para no escuchar los gritos de sus propios hijos. Estas ruidosas blasfemias, estas fanfarronas jactancias no son sino una manera ruidosa de ahogar los gritos de la conciencia. No crean que estos hombres sean honestos. Yo nunca altercar\u00eda con un ladr\u00f3n acerca de los principios de honestidad o con un reconocido ad\u00faltero en lo concerniente al deber de la castidad. Con los demonios no se debe razonar sino deben ser echados fuera. Conferenciar con el infierno no es conveniente para nadie excepto para los demonios. \u00bfContendi\u00f3 Pablo con Elimas, o Pedro con Sim\u00f3n el Mago? Yo no cruzar\u00eda espadas con un hombre que diga que no hay Dios; <i>\u00e9l sabe que hay un Dios<\/i>. Cuando un hombre se r\u00ede de la Santa Escritura, no necesitas discutir con \u00e9l; se trata de un necio o de un brib\u00f3n y posiblemente sea ambas cosas. Por muy villano que sea, su conciencia tiene alguna luz; sabe que lo que dice es falso. Yo no puedo creer que la conciencia est\u00e9 tan muerta en cualquier hombre, que le permita creer que est\u00e1 diciendo la verdad cuando niega la Deidad; y estoy mucho m\u00e1s seguro de que la conciencia nunca dio un asentimiento a la declaraci\u00f3n del fanfarr\u00f3n que afirma que merece la vida eterna, o que no tiene pecado de qu\u00e9 arrepentirse, o que mediante el arrepentimiento puede ser limpiado sin la sangre de Cristo; \u00e9l sabe en su interior que est\u00e1 diciendo algo falso. Cuando el Profesor Webster fue encerrado en prisi\u00f3n por asesinato, se quej\u00f3 ante las autoridades penitenciarias porque hab\u00eda sido insultado por sus compa\u00f1eros prisioneros, diciendo que a trav\u00e9s de las paredes de la prisi\u00f3n pod\u00eda o\u00edrlos cuando le gritaban ininterrumpidamente: \u201c\u00a1T\u00fa, hombre sanguinario, t\u00fa, hombre sanguinario!\u201d Puesto que no era permitido por la ley que un prisionero insultara a su compa\u00f1ero, se llev\u00f3 a cabo la m\u00e1s estricta investigaci\u00f3n y se descubri\u00f3 que ning\u00fan prisionero hab\u00eda dicho tal cosa, o si la hubiese dicho, Webster no habr\u00eda podido o\u00edrla. Era su propia conciencia; no era una palabra que atravesaba los muros de la prisi\u00f3n, sino un eco que reverberaba desde la pared de su pervertido coraz\u00f3n, cuando la conciencia le gritaba: \u201c\u00a1T\u00fa eres un hombre sanguinario, t\u00fa eres un hombre sanguinario!\u201d En todos los corazones hay un testigo que no cesar\u00e1 de dar su testimonio; da voces diciendo: \u201c\u00a1T\u00fa eres un hombre pecador, t\u00fa eres un hombre pecador!\u201d S\u00f3lo tienes que escucharlo, y pronto descubrir\u00e1s que toda pretensi\u00f3n de ser salvado por tus buenas obras ha de desplomarse al suelo. \u00a1Oh, \u00f3yelo ahora, y esc\u00fachalo por un momento! Estoy seguro de que <i>mi <\/i>conciencia me dice: \u201c\u00a1T\u00fa eres un hombre pecador, t\u00fa eres un hombre pecador!,\u201d y pienso que la tuya debe de decir lo mismo, a menos que hayas sido dejado por Dios, y abandonado a una conciencia cauterizada para que perezcas en tus pecados.<br \/> Cuando los hombres est\u00e1n solos, si en su soledad les viene a la fuerza el pensamiento de la muerte, no se jactan m\u00e1s de la bondad. No es f\u00e1cil que un hombre yazca en su lecho viendo el rostro desnudo de la muerte, no a cierta distancia, sino sintiendo que su aliento rebota en el esqueleto, y que pronto ha de atravesar por las puertas de hierro de la muerte; no es f\u00e1cil que un hombre argumente entonces su propia justicia. Los dedos huesudos se clavan como dagas en su carne altiva. \u201c\u00a1Ah!\u201d\u2014dice la torva Muerte en tonos que no pueden ser escuchados por el o\u00eddo mortal, pero que son o\u00eddos por el coraz\u00f3n mortal\u2014\u201c\u00bfd\u00f3nde est\u00e1n ahora todas tus glorias?\u201d Contempla al hombre y la corona de laurel que estaba sobre su frente: se marchita y cae a tierra convertida en flores secas. Toca su pecho y la estrella del honor que llev\u00f3 se convierte en polvo y se desvanece en las tinieblas. Lo mira de nuevo: ese peto de justicia propia que resplandec\u00eda sobre \u00e9l como una cota de malla de oro, s\u00fabitamente se deshace en polvo, como se disuelven las manzanas de Sodoma ante el toque del recolector, y el hombre descubre, para su propia sorpresa, que est\u00e1 desnudo, y pobre y miserable, cuando m\u00e1s necesitaba ser rico, cuando m\u00e1s requer\u00eda ser feliz y bendecido.<br \/> Ay, pecador, incluso mientras este serm\u00f3n est\u00e1 siendo predicado, podr\u00edas intentar refutarlo en referencia a ti, y decir: \u201cBien, yo soy tan bueno como otros, y todo este alboroto acerca del nuevo nacimiento, la justicia imputada, y ser lavados en la sangre, todo eso, es innecesario,\u201d pero en la soledad de tu aposento silencioso, especialmente cuando la muerte sea tu compa\u00f1era terrible y sombr\u00eda, no necesitar\u00e1s que yo te lo diga sino que lo ver\u00e1s de manera bastante clara por ti mismo; lo ver\u00e1s con ojos de terror y lo sentir\u00e1s con un coraz\u00f3n que desfallece y desespera, y perecer\u00e1s porque has despreciado la justicia de Cristo.<br \/> Cu\u00e1n abrumadoramente cierto, sin embargo, ser\u00e1 esto en el d\u00eda del juicio. Me parece ver aquel d\u00eda de fuego, aquel d\u00eda de ira. Ustedes estar\u00e1n congregados como una grandiosa multitud delante del eterno trono. Aquellos que est\u00e1n vestidos con el lino fino de Cristo, que es la justicia de los santos, son agrupados a la derecha. Y ahora resuena la trompeta; si hubiese alguien que haya guardado la ley de Dios, si hubiese hombres sin culpa, si hubiese alguien que no hubiere pecado nunca, que d\u00e9 un paso al frente y reclame la recompensa prometida; pero, si no es as\u00ed, que el abismo trague al pecador, que el rayo ardiente sea lanzado contra los ofensores impenitentes.<br \/> \u00a1Ahora, da un paso al frente, amigo, y liquida tus cuentas! Pasa al frente, amigo m\u00edo, y reclama la recompensa que se debe a la iglesia que dotaste o a la hilera de asilos que erigiste. \u00a1C\u00f3mo! \u00a1C\u00f3mo!, \u00bftu lengua permanece muda dentro de tu boca? Pasa al frente, pasa la frente\u2014t\u00fa que dijiste que hab\u00edas sido un buen ciudadano, que hab\u00edas alimentado al hambriento y vestido al desnudo\u2014pasa al frente ahora, y reclama la recompensa. \u00a1C\u00f3mo! \u00a1C\u00f3mo!, \u00bftu cara se ha puesta p\u00e1lida? \u00bfHay una palidez cenicienta en tus mejillas? Pasen al frente, ustedes, todas las multitudes de aquellos que rechazaron a Cristo, y despreciaron Su sangre. Vamos, ahora digan: \u201cTodos los mandamientos he guardado desde mi juventud.\u201d \u00a1C\u00f3mo!, \u00bferes acaso presa del terror? \u00bfHa ahuyentado a las tinieblas de tu justicia propia la mejor luz del juicio? \u00a1Oh!, yo te veo, yo te veo y veo que no est\u00e1s jact\u00e1ndote ahora; pero ustedes, los mejores de ustedes, est\u00e1n dando voces: \u201cRocas, oc\u00faltenme; monta\u00f1as, abran sus entra\u00f1as de piedra; dejen que me esconda del rostro de Aquel que est\u00e1 sentado en el trono.\u201d \u00bfPor qu\u00e9, por qu\u00e9 te volviste cobarde? Vamos, enfrenta a tu Hacedor. Lev\u00e1ntate, infiel, ahora, y dile a Dios que no hay Dios. Vamos, mientras el infierno lanza las llamas en tus narices, vamos, di ahora que no hay un infierno; o dile al Todopoderoso que nunca pudiste soportar o\u00edr que se predicara un serm\u00f3n sobre el fuego del infierno. Vamos, acusa ahora de crueldad al ministro, o di que nos encanta hablar sobre estos temas terribles. No dejen que me burle de su miseria, pero perm\u00edtanme describirles c\u00f3mo se han de burlar de ustedes los demonios. \u201c\u00a1Aj\u00e1!\u201d\u2014dicen ellos\u2014\u201c\u00bfd\u00f3nde est\u00e1 tu valor ahora? \u00bfSon tus costillas de hierro y tus huesos son de bronce? \u00bfRetar\u00e1s al Todopoderoso ahora, y te arrojar\u00e1s sobre los clavos de Su escudo, o te echar\u00e1s contra Su lanza centelleante?\u201d \u00a1V\u00e9anlos, v\u00e9anlos conforme se hunden! El golfo se los ha tragado; la tierra se ha cerrado de nuevo y han desaparecido; un solemne silencio cae sobre el o\u00eddo. Pero escucha, all\u00e1 abajo; si pudieras descender con ellos, oir\u00edas sus gemidos lastimeros y sus lamentos vac\u00edos, cuando sienten ahora que el Dios omnipotente era recto y justo, sabio y tierno, cuando les ped\u00eda que abandonaran su justicia, y huyeran a Cristo y se aferraran a \u00c9l, que puede salvar perpetuamente a los que por \u00c9l se acercan a Dios.<br \/> <b>III.<\/b> EL ARGUMENTO ES EN S\u00cd UNA EVIDENCIA EN CONTRA DEL ARGUMENTADOR.<br \/> Hay aqu\u00ed un hombre no regenerado que hace la pregunta: \u201c\u00bfAcaso soy ciego yo tambi\u00e9n?\u201d Yo le respondo con las palabras de Jes\u00fas: \u201cMas ahora, porque dec\u00eds: Vemos, vuestro pecado permanece.\u201d Ustedes han comprobado, por su argumentaci\u00f3n, que nunca han sido iluminados por el Esp\u00edritu Santo, sino que permanecen en un estado de ignorancia. Un sordo podr\u00eda declarar que no hay tal cosa como la m\u00fasica. Un hombre que no ha visto nunca las estrellas es muy propenso a decir que no hay estrellas. \u00bfPero qu\u00e9 es lo que comprueba? \u00bfPrueba acaso que no hay estrellas? \u00c9l s\u00f3lo demuestra su propia necedad y su propia ignorancia. Aquel hombre que pudiera decir media palabra sobre su propia justicia no ha sido nunca iluminado por Dios el Esp\u00edritu Santo, pues una de las se\u00f1ales de un coraz\u00f3n renovado es que se aborrece a s\u00ed mismo en polvo y cenizas.<br \/> Si t\u00fa sientes hoy que eres culpable, y que est\u00e1s perdido y arruinado, hay para ti la m\u00e1s rica esperanza en el Evangelio; pero si dices: \u201cYo <i>soy bueno<\/i>; yo tengo m\u00e9ritos,\u201d la ley te condena, y el Evangelio no puede consolarte; t\u00fa est\u00e1s en hiel de amargura y en lazos de iniquidad, e ignoras que mientras hablas as\u00ed, la ira de Dios permanece en ti. Un hombre <i>puede <\/i>ser un verdadero cristiano, y <i>puede <\/i>caer en pecado, pero un hombre no puede ser un verdadero cristiano y jactarse por su justicia propia. Un hombre puede ser salvado, aunque la debilidad lo salpique con mucho fango; pero aquel que desconoce que ha estado en la inmundicia, y no est\u00e1 anuente a confesar que es culpable delante de Dios, \u00e9se no puede ser salvo. En un sentido, no hay condiciones de nuestra parte para la salvaci\u00f3n pues cualesquiera que sean las condiciones, Dios las otorga; pero esto s\u00e9: que nunca hubo un hombre todav\u00eda que estuviera en estado de gracia que no supiera, en s\u00ed mismo, que estaba en un estado de ruina, un estado de depravaci\u00f3n y de condenaci\u00f3n. Si t\u00fa no sabes eso, entonces yo te digo que tu argumento de justicia propia te condena por ignorancia. Bien, pero entonces, como t\u00fa dices que no eres culpable, esto demuestra que eres impenitente. Ahora, el impenitente no puede venir nunca donde est\u00e1 Dios. \u201cSi confesamos nuestros pecados, \u00e9l es fiel y justo para perdonar nuestros pecados\u201d; \u201csi decimos que no hemos pecado, le hacemos a \u00e9l mentiroso, y su palabra no est\u00e1 en nosotros.\u201d Dios perdona a todos los hombres que confiesan su iniquidad. Si lloramos y nos lamentamos, y llevamos palabras con nosotros y decimos: \u201cHemos pecado atrozmente, perd\u00f3nanos; hemos herrado grandemente, ten misericordia de nosotros, por medio de Jesucristo,\u201d Dios no rechazar\u00e1 ese clamor; pero si nosotros, a causa de nuestra impenitencia y la dureza de nuestros corazones, nos ubicamos en la justicia de Dios, Dios nos dar\u00e1 justicia, pero no misericordia, y esa justicia ser\u00e1 la repartici\u00f3n de las redomas plenas de Su indignaci\u00f3n, y de Su ira por los siglos de los siglos. El que es justo con justicia propia es impenitente, y, por tanto, no es ni puede ser salvo.<br \/> Prosiguiendo, el hombre con justicia propia, en el momento que dice que ha hecho algo que le encomia delante de Dios, demuestra que no es un creyente. Ahora, la salvaci\u00f3n es para los creyentes y \u00fanicamente para los creyentes. \u201cEl que creyere y fuere bautizado, ser\u00e1 salvo; mas el que no creyere, ser\u00e1 condenado.\u201d Amigo, t\u00fa ser\u00e1s condenado con todo y tu justicia propia, y tu propia justicia ser\u00e1 como la t\u00fanica que Denayira le dio a H\u00e9rcules, y coloc\u00f3 sobre \u00e9l, que, como lo narra la antigua f\u00e1bula, se convirti\u00f3 en una manto de fuego para H\u00e9rcules; cuando trat\u00f3 de despojarse del manto arranc\u00f3 trozos de su propio ser, de su carne tr\u00e9mula a cada momento, y pereci\u00f3 miserablemente. As\u00ed ser\u00e1 su justicia propia para ustedes. Parece una agradable poci\u00f3n que intoxica por un momento, pero es letal e infame como el veneno de \u00e1spides y como el vino de Gomorra. \u00a1Oh alma!, yo quisiera que por sobre todas las cosas huyeras de la justicia propia, pues un hombre con justicia propia no conf\u00eda ni puede confiar en Cristo, y por tanto, no puede ver el rostro de Dios. Nadie ir\u00e1 jam\u00e1s a Cristo para que le cubra, sino el hombre que est\u00e1 desnudo; nadie tomar\u00e1 jam\u00e1s a Cristo para que sea su alimento, sino los hambrientos; nadie se acercar\u00e1 jam\u00e1s a este pozo de Bel\u00e9n para beber, sino las almas sedientas. Los sedientos son bienvenidos, pero aquellos que piensan que son buenos no son bienvenidos ni en Sina\u00ed ni en el Calvario. No tienen ninguna esperanza del cielo ni ninguna paz en este mundo ni en el venidero.<br \/> \u00a1Ah, alma!, yo no s\u00e9 qui\u00e9n seas, pero si cuentas con alguna justicia propia, eres un alma desprovista de gracia. Si t\u00fa has dado todos tus bienes para alimentar a los pobres, si has construido much\u00edsimos santuarios y has andado ambulando con abnegaci\u00f3n entre las casas de la pobreza visitando a los hijos e hijas de la aflicci\u00f3n, si has ayunado tres veces a la semana, si tus oraciones han sido tan largas que tu garganta ha enronquecido por causa de tus clamores, si tus l\u00e1grimas han sido tantas que tus ojos se han quedado ciegos por causa del llanto, si tus lecturas de la Escritura han sido tan largas que el aceite de media noche se ha consumido profusamente, si, afirmo, tu coraz\u00f3n ha sido tan tierno hacia el pobre y el enfermo y el necesitado que habr\u00edas estado dispuesto a su frir con ellos, a soportar todas sus repugnantes enfermedades, es m\u00e1s, si sumado a todo eso entregaras tu cuerpo a las llamas, pero confiaras en cualquiera de estas cosas, tu condenaci\u00f3n ser\u00eda tan segura como si fueras un ladr\u00f3n o un borracho.<br \/> Enti\u00e9ndanme, pues lo que digo lleva toda mi intenci\u00f3n. No quiero que piensen que hablo incautamente ahora. Cristo dijo de los fariseos de tiempos antiguos precisamente lo mismo que acabo de decir de ustedes. Los fariseos eran buenos y hasta excelentes a su manera, pero, el Se\u00f1or dijo: los publicanos y las rameras entran en el reino de Dios delante de ustedes, porque ustedes quieren irse por el camino equivocado, mientras que los pobres publicanos y las rameras fueron conducidos a seguir el camino correcto. Los fariseos que iban por todas partes para hacer una justicia propia, no se sometieron a la justicia de Cristo; el publicano y la ramera, sabiendo que no pose\u00edan nada de lo cual vanagloriarse, ven\u00edan a Cristo y le tomaban como era, y entregaron sus almas para ser salvadas por Su gracia. \u00a1Oh, que podamos hacer lo mismo!, pues hasta que desechemos la justicia propia, estaremos en un estado de condenaci\u00f3n y de agon\u00eda, y la sentencia debe ser ejecutada en nosotros por los siglos de los siglos.<br \/> <b>IV. <\/b>Concluyo ahora con el \u00faltimo punto, es decir, que este argumento, si lo conservamos, no solamente acusa a su argumentador ahora, sino que ARRUINAR\u00c1 AL ARGUMENTADOR PARA SIEMPRE.<br \/> Perm\u00edtanme mostrarles dos suicidios. All\u00e1 vemos a un hombre que ha afilado una daga, y despu\u00e9s de buscar la oportunidad propicia, se acuchilla en el coraz\u00f3n. All\u00ed cae. \u00bfQui\u00e9n culpar\u00eda a alguien por su muerte? \u00c9l solo se mat\u00f3; su sangre caiga sobre su cabeza.<br \/> Por aqu\u00ed vemos a otro hombre: est\u00e1 muy d\u00e9bil y enfermo; a duras penas se arrastra por las calles. Un m\u00e9dico le atiende; le dice al hombre: \u201ccaballero, su enfermedad es mortal; va a morir, pero yo conozco un remedio que ciertamente lo sanar\u00e1. All\u00ed est\u00e1; se lo doy gratuitamente. Todo lo que le pido es que lo tome libremente.\u201d \u201cDoctor\u201d\u2014dice el hombre\u2014 \u201custed me insulta; yo estoy tan bien como nunca lo estuve en mi vida; no estoy enfermo.\u201d \u201cPero\u201d\u2014replica el m\u00e9dico\u2014\u201chay ciertos signos que observo en su semblante que me demuestran que sufrir\u00e1 de una enfermedad mortal, y yo se lo estoy advirtiendo.\u201d El hombre reflexiona por un momento; recuerda que ha habido en \u00e9l ciertos signos de esta misma enfermedad; un monitor interno le dice que as\u00ed es. Obstinadamente le responde por segunda vez al m\u00e9dico: \u201cDoctor, si necesito su medicina enviar\u00e9 a buscarla, y si la requiero, yo la pagar\u00e9.\u201d \u00c9l sabe a ciencia cierta que no tiene ni un centavo en sus bolsillos, y que no puede obtener cr\u00e9dito en ninguna parte, y all\u00ed est\u00e1 ante \u00e9l la copa dadora de vida que aunque el m\u00e9dico obtuvo a un gran costo, se la ofrece gratuitamente y lo invita a que la tome libremente. \u201cNo\u201d\u2014responde el hombre\u2014\u201cno voy a tomarla; podr\u00e9 estar algo enfermo, pero no estoy peor que mis vecinos; no estoy m\u00e1s enfermo que otras personas y no voy a tomarla.\u201d Un d\u00eda acudes a su lecho y descubres que ha dormido su \u00faltimo sue\u00f1o, y all\u00ed est\u00e1 muerto cual una piedra. \u00bfQui\u00e9n mat\u00f3 a este hombre? \u00bfQui\u00e9n lo asesin\u00f3? Su sangre caiga sobre su propia cabeza; en un suicida tan vil como el otro.<br \/> Ahora voy a mostrarles a otros dos suicidas. Hay un hombre aqu\u00ed que dice: \u201cBien, que pase lo que sea en el mundo venidero, pero yo tendr\u00e9 mi hartazgo en este mundo. D\u00edganme d\u00f3nde est\u00e1n los placeres disponibles y yo los obtendr\u00e9. Dejen las cosas de Dios para los viejos necios y gente parecida; yo voy a tener las cosas del presente, y los gozos y deleites del tiempo.\u201d \u00c9l vac\u00eda la copa de la borrachera, frecuenta la guarida de la insensatez, y si se entera de alg\u00fan lugar donde se adquiere un vicio, se apresura en pos de \u00e9l. Es como Byron; es un rayo arrojado por la mano de un archimaligno; destella a lo largo de todo el firmamento del pecado, y all\u00ed destaca, hasta que, podrido en cuerpo y alma, muere. Es un suicida. Desafi\u00f3 a Dios; fue en contra de las leyes de la naturaleza y de la gracia, despreci\u00f3 las advertencias, declar\u00f3 que quer\u00eda ser condenado y ha logrado lo que tan ricamente merec\u00eda.<br \/> Aqu\u00ed est\u00e1 otro. Ese dice: \u201cyo desprecio estos vicios; yo soy el hombre m\u00e1s recto, honesto y encomiable. Siento que no necesito salvaci\u00f3n, y si la necesitara, yo mismo podr\u00eda obtenerla. Yo puedo hacer cualquier cosa que me digas y siento que tengo una fuerza mental y la suficiente dignidad viril que conservo en m\u00ed para lograrlo. Yo te digo, amigo, t\u00fa me insultas cuando me pides que conf\u00ede en Cristo.\u201d \u201cBien\u201d\u2014responde\u2014\u201cyo considero que hay tal dignidad en la naturaleza humana, y tal virtud en m\u00ed, que no necesito un coraz\u00f3n nuevo, y no voy sucumbir ni doblegar mi esp\u00edritu al Evangelio de Cristo sobre los t\u00e9rminos de una gracia inmerecida.\u201d Muy bien, amigo, cuando est\u00e9s en el infierno y alces tus ojos\u2014y <i>har\u00e1s eso<\/i> tan ciertamente como el m\u00e1s profano y promiscuo\u2014tu sangre caer\u00e1 sobre tu cabeza, y ser\u00e1s un suicida tan real como aquel que perversa y desenfrenadamente embisti\u00f3 en contra de las leyes de Dios y del hombre, y se busc\u00f3 un fin s\u00fabito y apresurado por su iniquidad y sus cr\u00edmenes.<br \/> \u201cBien\u201d\u2014dir\u00e1 alguien\u2014\u201ceste es un serm\u00f3n bien adaptado para las personas con justicia propia, pero yo no soy una de ellas.\u201d Entonces, \u00bfqu\u00e9 eres t\u00fa, amigo? \u00bfEres un creyente en Cristo? \u201cNo puedo decir que los sea, caballero.\u201d \u00bfNo lo eres, entonces? \u201cBien, quisiera serlo, pero me temo que no podr\u00eda creer en Cristo.\u201d Eres un justo con justicia propia. Dios te manda que creas en Cristo, y t\u00fa dices que no eres apto para hacerlo. Ahora, qu\u00e9 significa esto sino que est\u00e1s queriendo hacerte apto t\u00fa mismo y, despu\u00e9s de todo, ese es el esp\u00edritu de la justicia propia; eres tan arrogante que no quieres tomar a Cristo a menos que pienses que puedes llevarle algo a \u00c9l; eso es. \u201c\u00a1Ah!, no\u201d\u2014dice una pobre persona de coraz\u00f3n quebrantado\u2014\u201cno creo que eso sea justo para m\u00ed, pues yo en verdad siento como si dar\u00eda cualquier cosa si pudiera esperar ser salvado; pero, \u00a1oh, soy tan desventurado! No puedo creer.\u201d Ahora, eso, despu\u00e9s de todo, es justicia propia. Cristo te ordena que conf\u00edes en \u00c9l. T\u00fa dices: \u201cNo, no confiar\u00e9 en Ti, Cristo, porque yo soy un tal por cual y un tal por cual.\u201d As\u00ed, entonces, est\u00e1s queriendo hacerte alguien, y luego Jesucristo debe hacer el resto. Se trata del mismo esp\u00edritu de justicia propia s\u00f3lo que en otro traje.<br \/> \u201c\u00a1Ah!\u201d\u2014dice alguien\u2014\u201cpero si s\u00f3lo sintiera lo suficiente mi necesidad, como lo acabas de decir ahora, amigo, entonces creo que confiar\u00eda en Cristo.\u201d Eso es de nuevo justicia propia; t\u00fa quieres que tu sentido de necesidad te salve. \u201c\u00a1Oh!, pero, amigo, no puedo creer en Cristo como yo quisiera.\u201d Eso es de nuevo justicia propia. S\u00f3lo d\u00e9jame decir una frase solemne que puedes rumiar a placer. Si conf\u00edas en tu fe y en tu arrepentimiento, estar\u00e1s tan perdido como si confiases en tus buenas obras o confiases en tus pecados. El cimiento de tu salvaci\u00f3n no es <i>la fe<\/i>, sino Cristo; no es el <i>arrepentimiento<\/i>, sino <i>Cristo<\/i>. Si yo conf\u00edo en mi confianza en Cristo, estoy perdido. Mi tarea es confiar en Cristo; apoyarme en \u00c9l; depender, no de lo que el Esp\u00edritu ha hecho en m\u00ed, sino de lo que Cristo hizo por m\u00ed cuando colg\u00f3 realmente en el madero. Ahora, has de saber que cuando Cristo muri\u00f3, carg\u00f3 con los pecados de todo Su pueblo sobre Su cabeza, y all\u00ed y entonces, todos esos pecados cesaron de existir. En el momento en que Cristo muri\u00f3, los pecados de todos Sus redimidos fueron borrados. \u00c9l sufri\u00f3 entonces todo lo que ellos debieron sufrir; \u00c9l pag\u00f3 todas sus deudas; y sus pecados fueron real y positivamente alzados de los hombros <i>de ustedes<\/i> en aquel d\u00eda y puestos sobre Sus hombros, pues \u201cJehov\u00e1 carg\u00f3 en \u00e9l el pecado de todos nosotros.\u201d Y ahora, si t\u00fa crees en Jes\u00fas, no queda ning\u00fan pecado en ti, pues tu pecado fue puesto en Cristo; Cristo fue castigado por tus pecados antes de que fueran cometidos, y como dice Kent\u2014\n<\/p>\n<p align=\"justify\"> <i>\u201cAqu\u00ed hay perd\u00f3n para transgresiones pasadas,<br \/> Sin importar cu\u00e1n negro sea su tinte;<br \/> Y \u00a1oh!, alma m\u00eda, mira con asombro<br \/> Que para pecados futuros hay perd\u00f3n tambi\u00e9n.\u201d<\/i> <\/p>\n<p align=\"justify\"> \u00a1Bendito privilegio del creyente! Pero si ustedes viven y mueren siendo incr\u00e9dulos, sepan esto: que todos sus pecados permanecen sobre sus hombros. Cristo no hizo nunca ninguna expiaci\u00f3n por ustedes; no han sido nunca comprados con sangre; nunca tuvieron un inter\u00e9s en Su sacrificio. Ustedes viven y mueren en ustedes mismos, perdidos; en ustedes mismos, arruinados; en ustedes mismos, completamente destruidos. Pero creyendo, en el instante en que creen, pueden saber que fueron elegidos por Dios desde antes de la fundaci\u00f3n del mundo. Creyendo, pueden saber que la justicia de Cristo es toda de ustedes; que todo lo que \u00c9l hizo, lo hizo por ustedes; que todo lo que sufri\u00f3, lo sufri\u00f3 por ustedes. De hecho, en el momento en que creen, est\u00e1n donde Cristo estuvo como Hijo aceptado de Dios; y Cristo est\u00e1 donde ustedes estaban, como el pecador, y sufre como si \u00c9l hubiera sido el pecador, y muere como si hubiese sido el culpable: muere en su lugar, muere en vez de ustedes. \u00a1Oh, Esp\u00edritu de Dios!, danos fe esta ma\u00f1ana. Resc\u00e1tanos del yo; \u00fanenos a Cristo; oh, que podamos ser salvados ahora por Su gracia inmerecida y ser salvos en la eternidad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cSi yo me justificare, me condenar\u00eda mi boca; si me dijere perfecto, esto me har\u00eda inicuo.\u201d Job 9:20. Desde que el hombre se hizo pecador siempre ha estado convencido de su propia justicia. Cuando de suyo tuvo justicia nunca se glori\u00f3 de ella, pero desde que la perdi\u00f3, ha pretendido perennemente ser su poseedor. 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