{"id":2251,"date":"2015-12-01T00:42:00","date_gmt":"2015-12-01T05:42:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-humildad\/"},"modified":"2015-12-01T00:42:00","modified_gmt":"2015-12-01T05:42:00","slug":"la-humildad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-humildad\/","title":{"rendered":"La Humildad"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Jos\u00e9 Belaunde<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">La vida entera de Jes\u00fas fue una lecci\u00f3n de humildad. \u00c9l la ense\u00f1\u00f3 no s\u00f3lo de palabra sino, sobre todo, con su ejemplo y su conducta, desde su nacimiento hasta la tumba.<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Incluso en su exaltaci&oacute;n al resucitar nos dio ejemplo de humildad, pues no la dio a conocer a todo el mundo sino s&oacute;lo a un peque&ntilde;o grupo de disc&iacute;pulos, que no eran personas destacadas de la sociedad de entonces, sino m&aacute;s bien, lo contrario. Es decir, incluso en su triunfo se mantuvo oculto.<br \/>\n1. Fue humilde desde antes de nacer porque aunque &Eacute;l todo lo llena (Ef 1:23) y ning&uacute;n templo humano lo puede contener, ni aun los cielos de los cielos (1R 8:27), se encerr&oacute; durante nueve meses en el vientre de una doncella, empezando su existencia en la tierra como un embri&oacute;n diminuto que ning&uacute;n ojo pod&iacute;a ver.<br \/>\nAunque &Eacute;l es Se&ntilde;or de se&ntilde;ores, se someti&oacute; al edicto de un soberano humano inferior a &Eacute;l, para ir a nacer a la ciudad de su linaje como estaba predicho (Lc 2:1-3). Aquel a cuya voz de comando se hizo la luz y todo el ej&eacute;rcito de estrellas (Gn 1:3,14), tuvo que pegar un grito angustiado, como cualquier reci&eacute;n nacido, para que el aire hinchara por primera vez sus pulmones (Thigpen).<br \/>\n2. Fue humilde en su nacimiento pues escogi&oacute; como padres a un hombre y a una mujer del pueblo y sin mayores recursos, aunque ambos eran -o al menos Jos&eacute; (1)- del linaje real de David, seg&uacute;n la profec&iacute;a (Jr 23:5;33:15; Lc 1:32).<br \/>\na. No naci&oacute; en un palacio, como correspond&iacute;a a un hijo de rey, sino en una cueva donde se guarec&iacute;a el ganado por la noche. Algunos alegan que sus padres, si no ricos, por lo menos eran acomodados. Pero si lo hubieran sido ni siquiera hubieran tratado de alojarse en el mes&oacute;n, porque hubieran tenido parientes o conocidos entre los notables de la ciudad que de buena gana los hubieran acogido. Sus padres pasaron por la humillaci&oacute;n, que lo alcanzaba a &Eacute;l, de que se les negara lugar en la hoster&iacute;a.<br \/>\nb. Producido el alumbramiento no vino a ver al ni&ntilde;o la gente encopetada del lugar, llev&aacute;ndole finos regalos, sino unos humildes pastorcillos de los alrededores, que no ten&iacute;an nada que ofrecerle, porque ni siquiera sus ovejas les pertenec&iacute;an. En el episodio de la epifan&iacute;a ang&eacute;lica se muestra la preferencia de Dios por los humildes y sencillos, porque no envi&oacute; a sus &aacute;ngeles a iluminar la noche de los potentados sino la de unos pobres zagales (Lc 2:8-14).<br \/>\nc. Es cierto que despu&eacute;s fue visitado por unos magos venidos de Oriente, que hab&iacute;an sido acogidos en la corta de Herodes, y que el ni&ntilde;o recibi&oacute; de ellos costosos regales (Mt 2:11). Pero los magos no pudieron regresar por el mismo camino por donde vinieron sino que tuvieron que emprender el viaje de retorno en secreto, porque Jes&uacute;s desde su nacimiento fue un perseguido (Mt 2:12).<br \/>\nd. No hubo ning&uacute;n brasero que calentara el ambiente fr&iacute;o de la cueva sino que, seg&uacute;n una tradici&oacute;n que transmite un evangelio ap&oacute;crifo -y que tiene cierto sustento en Isa&iacute;as (2)- fue el aliento de un burro y de una vaca lo que dio calor al ni&ntilde;o cuando no estaba en brazos de su madre.<br \/>\ne. No tuvo una cuna recamada de seda y encajes, sino fue acostado en un r&uacute;stico pesebre donde com&iacute;a el ganado, y tuvo por almohada un pu&ntilde;ado de paja.<br \/>\nf. El que estaba por encima de la ley, porque era su autor, se humill&oacute; naciendo bajo la ley, como si fuera esclavo y no heredero, (Gal 4:4,1) y recibi&oacute; la vida de una mujer que a &Eacute;l le deb&iacute;a la vida. El acreedor se hizo pues al nacer, deudor.<br \/>\ng. El HIjo de Dios, que era la pureza misma, y que no pod&iacute;a decir de s&iacute; mismo: &quot;en pecado me concibi&oacute; mi madre&quot;, como el rey David (Sal 51:5b), se dej&oacute; circuncidar al octavo d&iacute;a como cualquier hijo de padres pecadores (Lc 2:21). &Eacute;l, de quien dice la Escritura que es &quot;el primog&eacute;nito de toda la creaci&oacute;n&quot; (Col 1:15) y que vino a rescatar a todo el g&eacute;nero humano, tuvo que ser rescatado por sus padres, como cualquier primog&eacute;nito de mujer, seg&uacute;n lo prescrib&iacute;a la ley del Lev&iacute;tico para los pobres, al precio de dos t&oacute;rtolas o palomos (Lv 12:6-8; Lc 2:24), prueba de que ellos no eran ricos.<br \/>\n3. Aunque hubiera podido tener a su disposici&oacute;n una legi&oacute;n de &aacute;ngeles que lo defendiera, tuvo que huir de noche a Egipto porque, en su debilidad, no pod&iacute;a hacer frente a los que lo buscaban para matarlo. (Mt 2:13,14)<br \/>\n4. El Creador y Se&ntilde;or del universo, estuvo sujeto a sus padres, obedeci&eacute;ndoles como cualquier ni&ntilde;o (Lc 2:51). El que era la sabidur&iacute;a misma (Pr 8:22,23), tuvo que aprender las primeras letras, y a contar y a leer. Aunque no est&aacute; escrito, es probable que, como todo ni&ntilde;o jud&iacute;o de su tiempo, fuera a una escuela para memorizar las Escrituras de las que &Eacute;l era autor y que hablan de &Eacute;l (Jn 5:39). Vivi&oacute; escondido durante 30 a&ntilde;os en una peque&ntilde;a ciudad que no gozaba de buen nombre (Jn 1:46), adoptando como su padre el humilde oficio de carpintero, esto es, el de un artesano que est&aacute; al servicio de los que lo necesitan y que depende de ellos (Mr 6:3). &iquest;Podemos imaginar al divino carpintero discutiendo los detalles del mueble que le encargan unos clientes de Nazaret que le regatean el precio de su trabajo?<br \/>\n5. &Eacute;l, que nunca cometi&oacute; pecado y en quien jam&aacute;s se encontr&oacute; nada digno de reproche (Jn 8:46; Hb 7:26), se hizo bautizar en el Jord&aacute;n junto con pecadores y publicanos, como si fuera uno de ellos, por un hombre que se reconoc&iacute;a y era inferior a &Eacute;l, no siendo digno ni siquiera de desatar sus sandalias, y que, por ese motivo, se neg&oacute; inicialmente a bautizarlo (Mt 3:13-15; Lc 3:16).<br \/>\n6. Se prepar&oacute; para la vida p&uacute;blica ayunando durante 40 d&iacute;as y dej&aacute;ndose tentar por el diablo como un com&uacute;n mortal. Aunque con una sola palabra de su boca hubiera podido apartar al Maligno (Mt 8:16), se dej&oacute; llevar por Lucifer a lo m&aacute;s alto del templo y a la cima de una monta&ntilde;a. Y en ese lugar permiti&oacute; que Satan&aacute;s le dirigiera palabras ir&oacute;nicas inst&aacute;ndole a arrodillarse delante suyo y a adorarlo (Mt 4:1-11), &Eacute;l, delante de quien se arrodillan los &aacute;ngeles y la creaci&oacute;n entera (Flp 2:10).<br \/>\n7. Empez&oacute; su predicaci&oacute;n yendo a Nazaret, la ciudad donde hab&iacute;a crecido, para ser rechazado por sus compatriotas, al punto que tuvo que abrirse camino a trav&eacute;s de ellos porque quer&iacute;an desbarrancarlo (Lc 4:28-30). No quisieron reconocer al Esp&iacute;ritu que hablaba a trav&eacute;s suyo y se escandalizaron de &Eacute;l diciendo: &quot;&iquest;No es &eacute;ste el hijo del carpintero? &iquest;No se llama su madre Mar&iacute;a?&#8230;y sus hermanas &iquest;no viven todas entre nosotros? (Mt 13:55-57). En esa ocasi&oacute;n, como en tantas otras, se cumpli&oacute; la palabra: &quot;Vino a lo suyo y los suyos no le recibieron&#8230;&quot; (Jn 1:11) &iexcl;Qu&eacute; mayor humillaci&oacute;n que su propia sangre no lo reconozca! &iexcl;Hasta sus hermanos no creyeron en &Eacute;l! (Jn 7:5).<br \/>\n8. Siendo rico se hizo pobre para que nosotros fu&eacute;semos enriquecidos con su pobreza (2Cor 8:9), y no ten&iacute;a d&oacute;nde recostar la cabeza (Lc 9:58). Durante su vida p&uacute;blica pudo alimentarse gracias a que un grupo de mujeres piadosas se ocupaba de que nada le faltara (Lc 8:3).<br \/>\n9. Escogi&oacute; como disc&iacute;pulos no a hombres cultos y sabios, sino a rudos e ignorantes del pueblo, en su mayor&iacute;a pescadores de oficio (Mt 4:18-22). Cuando los demonios proclamaban que &Eacute;l era el Hijo de Dios, &Eacute;l les ordenaba callarse (Mr 1:23-25,34, y ped&iacute;a a los enfermos que sanaba que no divulgaran el hecho (Mt 8:4;9:30).<br \/>\n10. Predic&oacute; preferentemente a los pobres y a los enfermos y le gustaba rodearse de ni&ntilde;os, a quienes, por lo general, los mayores no dejaban a acercarse a los adultos (Mr 10:13,14). Se sentaba a comer con publicanos y pecadores, odiados por el pueblo y despreciados por la gente piadosa (Mt 9:10,11).<br \/>\n11. Se someti&oacute; a las flaquezas de nuestra carne, experimentando hambre, sed y cansancio (Jn 4:6-8), El, cuyo poder sostiene la creaci&oacute;n (Hb 1:3) y que es fortaleza de los desfallecidos (Flp 4:13).<br \/>\na. Siendo &Eacute;l la encarnaci&oacute;n de la verdad (Jn 14:6), se someti&oacute; a la humillaci&oacute;n de que los jud&iacute;os pusieran en duda su palabra (Jn 5:43; 8:45) y la discutieran, llegando incluso algunos a sugerir que estaba endemoniado (Jn 8:48). Inclusive algunos de sus disc&iacute;pulos, desconfiando de &Eacute;l, lo abandonaron (Jn 6:66),<br \/>\nb. No se exalt&oacute; a s&iacute; mismo sino que remiti&oacute; todo juicio al Padre (Jn 8:16), cuya gloria buscaba, no buscando la propia (Jn 8:49,50). Al Padre atribu&iacute;a su doctrina, no a su propia ciencia (Jn 7:16; 8:28) e, incluso tambi&eacute;n, los milagros que obraba (Jn 14:10).<br \/>\nc. &Eacute;l, a quien sirven los &aacute;ngeles (Mt 4:11) dijo de s&iacute; mismo que no hab&iacute;a venido para ser servido sino para servir. (Mt 20:28).<br \/>\n12. Tuvo su momento de gloria cuando fue aclamado por la multitud a su entrada a Jerusal&eacute;n, pero lo hizo no llevado por un carruaje sino montado sobre un pollino, para que se cumpliera lo anunciado por el profeta Zacar&iacute;as (Jn 12:14,15; Zc 9:9) y no trat&oacute; de explotar ese &eacute;xito moment&aacute;neo para aumentar su popularidad, como habr&iacute;a hecho un pol&iacute;tico, sino que se retir&oacute; enseguida a Betania (Mr 11:11).<br \/>\na. Cuando la gente quiso coronarlo rey se ocult&oacute; de ellos (Jn 6:15), pero cuando lo cubrieron de reproches se mostr&oacute; a la vista de todos, humillado, sangrante y digno de l&aacute;stima (Jn 19:4,5). El que corona de gloria a sus siervos fieles fue coronado de espinas por enemigos crueles.<br \/>\nb. Pas&oacute; por la afrenta de que el populacho prefiriera salvar la vida de un delincuente antes que la suya, a pesar de que &Eacute;l hab&iacute;a sanado a tantos y nunca hab&iacute;a hecho mal a ninguno (Lc 23:17-23; Hc 3:14). El m&aacute;s admirable de todos los hombres acept&oacute; ser tratado como el m&aacute;s despreciable.<br \/>\n13. Pero el ejemplo de humildad m&aacute;s alto lo dio Jes&uacute;s en la Ultima Cena, cuando se inclin&oacute; a lavar los pies de sus disc&iacute;pulos: &quot;&iquest;C&oacute;mo -protest&oacute; Pedro- t&uacute; me vas a lavar los pies a m&iacute;? De ninguna manera&quot;.<br \/>\na. Era una protesta justificada. En la antig&uuml;edad la tarea de lavar los pies a los que entraban a una casa con las sandalias cubiertas de polvo correspond&iacute;a a los esclavos. Nunca el due&ntilde;o de casa, o el anfitri&oacute;n, se hubieran rebajado a hacerlo personalmente. Habr&iacute;a sido una humillaci&oacute;n abyecta.<br \/>\nb. Pero Jes&uacute;s quiso lavarle los pies a cada uno de sus disc&iacute;pulos: &quot;Si yo no te lavo los pies ahora, no tendr&aacute;s parte conmigo.&quot; &iquest;C&oacute;mo, Jes&uacute;s? &iquest;t&uacute; quieres lavarme los pies, a m&iacute; que soy un pecador? &quot;Lo que yo hago no lo comprendes ahora, pero alg&uacute;n d&iacute;a lo comprender&aacute;s&quot; (Jn 13 6-9).Que el inferior se incline ante el superior, y el menor ante el mayor, no es propiamente humildad sino realismo; es reconocer la realidad de los hechos, situarse en la verdad. Pero que el superior se incline ante el inferior, el que es m&aacute;s ante el que es menos, la divinidad ante la humanidad, &eacute;sa es verdadera humildad, una humildad sublime; que el mayor reconozca el valor del menor y se incline ante &eacute;l, eso es algo que s&oacute;lo Dios puede hacer (Guardini). Pero &Eacute;l lo hizo, entre otras razones, para darnos ejemplo: Para que el mayor entre nosotros se incline ante el menor; para que el patr&oacute;n se incline ante el sirviente; el maestro ante el disc&iacute;pulo; el que de su abundancia ofrece, ante el que en su pobreza recibe.<br \/>\n14. Para poder humillarse de esa manera es necesario vaciarse de s&iacute; mismo. Y eso fue lo que hizo Jes&uacute;s, &quot;en quien habita corporalmente la plenitud de la deidad&quot; (Col 2:9), &quot;el cual, siendo en forma de Dios, no estim&oacute; el ser igual a Dios como algo a lo que necesitaba aferrarse, sino que se despoj&oacute; a s&iacute; mismo&quot; de todo signo exterior y atributo de la divinidad. Precisamente porque era Dios pod&iacute;a desprenderse de los signos distintivos de su grandeza, y aparecer como un ser cualquiera, &quot;tomando forma de siervo,&quot; &#8211;como lo somos nosotros realmente comparados con Dios&#8211; &quot;hecho semejante a los hombres&quot; (Flp 2:6,7).<br \/>\nEl que es poca cosa teme desprenderse de ese poco, porque sabe que en aferrarse a ese poco radica su &uacute;nico valor. Pero el que lo es todo, puede desprenderse de su grandeza visible, porque aun desnudo de ella, sabe cu&aacute;l es su valor. El fuerte no necesita mostrar su fuerza, le basta saber que la tiene. Pero el d&eacute;bil hace alarde de su m&iacute;nima fortaleza, porque es todo con lo que cuenta.<br \/>\na. &quot;&#8230;Y estando en la condici&oacute;n de hombre se humill&oacute; a s&iacute; mismo, haci&eacute;ndose obediente hasta la muerte&#8230;&quot; (Flp 2:8).<br \/>\nb. &iquest;A qui&eacute;n obedeci&oacute; Jes&uacute;s cuando se puso en manos de sus enemigos? &quot;Como oveja fue conducido al matadero&quot; (Is 53:7). Obedeci&oacute; a sus trasquiladores sin pronunciar palabra de protesta. Obedeci&oacute; sin quejarse a los que lo iban a crucificar.<br \/>\nc. &quot;Se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz.&quot; Las muerte m&aacute;s horrible de la antig&uuml;edad, la m&aacute;s humillante, la m&aacute;s dolorosa.<br \/>\nd. &quot;Maldito todo el que cuelga de un madero&#8230;&quot;. &Eacute;l, que es origen de todas las bendiciones que fluyen a la humanidad, se hizo &quot;maldici&oacute;n por nosotros&#8230;&quot; (Gal 3:13; Dt 21:23).<br \/>\ne. Al que nunca cometi&oacute; pecado, Dios lo hizo pecado por nosotros (2Cor 5:21) cargando en su cuerpo todos los pecados de la humanidad sobre el madero (1P 2:24).<br \/>\nf. El que era el autor de la vida gust&oacute; de la muerte por todos (Hb 2:9), y el que expulsaba demonios &quot;por el dedo de Dios&quot; (Lc 11:20), pas&oacute; por la humillaci&oacute;n de ser vencido por el &quot;que ten&iacute;a el imperio de la muerte, esto es, el diablo&quot; (Hb 2:14), pero para triunfar finalmente sobre &eacute;l, anulando su poder.<br \/>\n15. &iquest;Puede Dios morir? Esa idea tan absurda escandalizaba a los paganos, cuyos dioses no pod&iacute;an morir porque los supon&iacute;an inmortales. &iquest;Qu&eacute; clase de Dios es &eacute;ste a quien adoran los cristianos, que puede morir, y todav&iacute;a, en manos de sus torturadores? Ese no es Dios, es una caricatura de Dios.<br \/>\nPor eso dijo Pablo que para los gentiles &quot;el mensaje de la cruz es locura&quot; (1Cor 1:18). Pero quienes inventaron esa locura no fuimos nosotros, fue el propio Dios, que quiso pasar por loco por amor a nosotros. Y por nosotros se someti&oacute; a las torturas m&aacute;s terribles.<br \/>\n&iexcl;Qu&eacute; humildad la del que tiene todo el poder como para borrar con un solo soplo de la faz de la tierra a los que lo crucificaban y, no obstante, se someti&oacute; a sus maltratos, a sus insultos, a sus burlas, a sus azotes, a sus escupitajos, sin pronunciar una sola palabra de queja!<br \/>\nJes&uacute;s en la cruz se humill&oacute; hasta mendigar de sus verdugos una gota para calmar su sed; se humill&oacute; hasta pedir al Padre que perdonara a los que lo clavaban; se humill&oacute; hasta parecer, no, hasta sentir, que el Padre lo hab&iacute;a abandonado (Jn 19:28,29; Lc 23:34; Mt 27:46).<br \/>\n16. Teniendo tal ejemplo &iquest;c&oacute;mo podemos sus disc&iacute;pulos pretender que se nos honre y se nos alabe? Si el Rey de la gloria, a quien los &aacute;ngeles alaban sin cesar, y la creaci&oacute;n entera rinde tributo, acept&oacute; ser desechado y despreciado entre los hombres &iquest;c&oacute;mo nosotros, que somos polvo y ceniza, pretendemos que se nos aplauda? &iquest;No es rid&iacute;culo que el gusano se infle de orgullo queriendo ser apreciado, cuando Aquel que con su solo pensamiento puede aplastarlo, acept&oacute; ser humillado?<br \/>\nSi para Jes&uacute;s haber sido humillado por nuestra causa es uno de sus mayores t&iacute;tulos de gloria &iquest;no lo ser&aacute; para ti tambi&eacute;n ser humillado por su causa? Si &Eacute;l no rehuy&oacute; el oprobio por el gozo puesto delante de &Eacute;l (Hb 12:2), &iquest;no aceptar&aacute;s t&uacute; lo mismo por el gozo de seguir sus pasos?<br \/>\nReconozcamos que nada somos delante de Dios, inclin&eacute;monos ante su Majestad. Pero inclin&eacute;monos tambi&eacute;n, cuando sea necesario, siguiendo su ejemplo, delante de nuestros semejantes, incluso delante de nuestros enemigos y de los que son en el mundo menos que nosotros. (12.01.02)<br \/>\nNotas:<br \/>\n(1) Algunos autores piensan que Mar&iacute;a, dado su parentesco con Isabel, era de la tribu de Lev&iacute;, de la casa de Aar&oacute;n. Otros creen que la genealog&iacute;a que trae Lucas (3:23-38) en realidad es la del linaje dav&iacute;dico de Mar&iacute;a que se remonta hasta Ad&aacute;n..<br \/>\n(2) &quot;El buey conoce a su due&ntilde;o y el asno el pesebre de su se&ntilde;or&quot; (Is 1:3)). Esa es la raz&oacute;n por la que esos dos animales aparecen en los nacimientos de Navidad.<\/p>\n<\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">Acerca del autor:<br \/>\nJos\u00e9 Belaunde naci\u00f3 en los Estados Unidos pero creci\u00f3 y se educ\u00f3 en el Per\u00fa donde ha vivido pr\u00e1cticamente toda su vida. Participa activamente en programas evangel\u00edsticos radiales, es maestro de cursos b\u00edblicos es su iglesia en Per\u00fa y escribe en un semanario local abordando temas societarios desde un punto de vista cristiano. Desde 1999 publica el bolet\u00edn semanal \u00abLa Vida y la Palabra\u00bb, el cual es distribuido a miles de personas de forma gratuita en las iglesias de su pa\u00eds. Si desea recibir estos art\u00edculos por correo electr\u00f3nico solic\u00edtelos a: jbelaun@lavidaylapalabra.com. P\u00e1gina web: www.lavidaylapalabra.com<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Jos\u00e9 Belaunde La vida entera de Jes\u00fas fue una lecci\u00f3n de humildad. \u00c9l la ense\u00f1\u00f3 no s\u00f3lo de palabra sino, sobre todo, con su ejemplo y su conducta, desde su nacimiento hasta la tumba. 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