{"id":2265,"date":"2015-12-01T00:42:22","date_gmt":"2015-12-01T05:42:22","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/actitudes-que-marcan\/"},"modified":"2015-12-01T00:42:22","modified_gmt":"2015-12-01T05:42:22","slug":"actitudes-que-marcan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/actitudes-que-marcan\/","title":{"rendered":"Actitudes que Marcan"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Linda Finkenbinder<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">Linda Finkenbinder comparte una experiencia de su matrimonio. Con ella ejemplifica c\u00f3mo se formaron en ella y su esposo muchas heridas causadas por las crueles palabras, cargadas de quejas y demandas, que se lanzaban uno al otro. Tambi\u00e9n comparte c\u00f3mo lograron sanar.\n<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p>                    <B><br \/>\n<P align=left>\u00bfHerir o sanar?<\/B> <\/P><br \/>\n<P align=justify>Cuando me cas\u00e9 con Pablo, pens\u00e9 que nuestra vida juntos ser\u00eda tal y como hab\u00eda sido nuestro noviazgo: yo tendr\u00eda los mismos sentimientos hacia Pablo y \u00e9l iba a ser amoroso y comprensivo conmigo. Pero olvid\u00e9 considerar que, as\u00ed como yo ten\u00eda d\u00edas en que no deseaba actuar de cierta forma o realizar ciertas actividades, deb\u00eda entender que Pablo tambi\u00e9n se sentir\u00eda igual. Al casarnos y convivir habitualmente, el problema no era tanto experimentar esos sentimientos o deseos, sino que en ocasiones los dos los ten\u00edamos al mismo tiempo.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Adem\u00e1s, tambi\u00e9n deb\u00ed considerar que nuestro trasfondo y personalidad eran distintos. Pablo era hijo de unos misioneros en Puerto Rico, hablaba dos idiomas, ten\u00eda buenos modales y sus padres eran muy amorosos con sus cinco hijos. Sus hermanos Frank y George nacieron ciegos y sus padres demostraron gran sabidur\u00eda al educarlos adecuadamente. Adem\u00e1s, Dios hab\u00eda llamado a mi esposo cuando ten\u00eda 17 a\u00f1os y por eso ten\u00eda plena confianza en s\u00ed. Igualmente, Pablo es muy transparente, perfeccionista, risue\u00f1o, amable y alegre. En ocasiones, yo sent\u00eda celos porque Dios le hab\u00eda dado mucho, y hasta en ciertos momentos me preguntaba qu\u00e9 pod\u00eda haber visto \u00e9l en m\u00ed.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Mi situaci\u00f3n era un tanto diferente. Mi familia era campesina en una peque\u00f1a comunidad agr\u00edcola del sur de Michigan, Estados Unidos, donde los cambios se daban lentamente. Yo era la cuarta de ocho hijos, mi padre ten\u00eda un car\u00e1cter muy r\u00edgido y mi madre era dulce, paciente y con una fe incre\u00edble en el Se\u00f1or. Asist\u00edamos a una iglesia evang\u00e9lica los domingos en la ciudad, le\u00edamos la Biblia con alguna frecuencia y siempre d\u00e1bamos gracias a Dios por los alimentos y or\u00e1bamos de noche antes de acostarnos. Dios me hab\u00eda llamado cuando ten\u00eda ocho a\u00f1os y m\u00ed \u00fanico deseo era servirle como \u00c9l quisiera.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Mi personalidad no era como la de Pablo. Yo soy m\u00e1s seria y hablo con franqueza. Aunque ten\u00eda ambiciones, carec\u00eda de confianza en m\u00ed misma, pues no ten\u00eda una buena y florida expresi\u00f3n oral en espa\u00f1ol. Tanto era as\u00ed que Pablo me criticaba y me dec\u00eda que yo hablaba enojada, y eso me her\u00eda mucho, pues a m\u00ed no me parec\u00eda cierto. Tal vez estaba un tanto molesta, pero en definitiva, no enojada.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Nuestro primer hogar fue en Nuevo M\u00e9xico y ah\u00ed ministramos en una peque\u00f1a misi\u00f3n hispana. Los cultos se celebraban en espa\u00f1ol y yo no entend\u00eda ni una sola palabra. Recuerdo la primera vez que Pablo y yo tuvimos una desavenencia. \u00c9l hall\u00f3 un peque\u00f1o texto escolar de espa\u00f1ol y me dijo: \u00abEsto es lo que necesitas para aprender espa\u00f1ol.\u00bb Esa noche, despu\u00e9s de la cena, me sent\u00e9 ansiosamente al lado de Pablo para mi primera lecci\u00f3n. \u00c9l pronunci\u00f3 las cinco vocales unas cuatro o cinco veces y yo las repet\u00ed. \u00c9l entonces quiso que yo leyera la p\u00e1gina (\u00a1Todav\u00eda hoy, despu\u00e9s de sesenta a\u00f1os, me confundo con la \u00aba\u00bb y la \u00abe\u00bb!). Como no tuve el valor para tratar de hacerlo, le ped\u00ed que \u00e9l leyera la p\u00e1gina primero, pero \u00e9l no quiso. Yo le rogu\u00e9, pero \u00e9l me dijo que esta era la \u00fanica forma de que yo lograra aprender. En silencio esperamos el uno al otro mientras pasaba el tiempo. Los minutos se alargaron y pas\u00f3 una hora entera. Por fin, Pablo cerr\u00f3 el libro sin decir nada y nos acostamos sin cruzarnos palabra alguna.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>La siguiente noche Pablo me ofreci\u00f3 otra lecci\u00f3n. El resultado fue igual, excepto que esta vez el intenso silencio se extendi\u00f3 por una hora y media. Pablo se dio por vencido y yo, por mi parte, me qued\u00e9 decepcionada con su modo de ense\u00f1ar.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Desde aquella noche he tenido muchas ocasiones para recordar el consejo de mi madre. Ella me dijo: \u00abHija, cuando est\u00e9s enojada con Pablo, evita palabras crueles, porque las palabras son como las plumas: una vez dichas, salen volando y nunca podemos recobrarlas. Las palabras tambi\u00e9n son como cuchillas que causan heridas: ma\u00f1ana, cuando el enojo ha pasado, esas palabras \u00e1speras permanecer\u00e1n.\u00bb<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Los dos nos dimos cuenta de que nuestro compa\u00f1ero de vida ten\u00eda un car\u00e1cter fuerte. Deb\u00edamos aprender a congeniar sin ofendernos. Ahora lamento que en ocasiones olvid\u00e1ramos ser corteses, pues, las palabras s\u00ed son como cuchillas que hieren. En mi opini\u00f3n, en nuestro hogar, tanto Pablo como yo, tenemos muchas cicatrices causadas por las crueles palabras cargadas de quejas o demandas. La falta de aprecio, las miradas fulminantes y aun las guerras fr\u00edas de silencio causaron lesiones a quien m\u00e1s am\u00e1bamos.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Y tal como me advirti\u00f3 mi madre, fue dif\u00edcil recoger las palabras \u00e1speras y crueles. Empero, cuando los dos aceptamos que siempre recibimos aquello que damos, comenzamos a ofrecernos palabras cari\u00f1osas, y esas nuevas \u00abplumas\u00bb que salieron volando mostraron el cambio necesario para transformar nuestro matrimonio.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Para concluir quiero compartirle cuatro verdades que me han ayudado:<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>\u00b7 El roce de nuestras distintas personalidades es para ense\u00f1arnos c\u00f3mo dejar producir el fruto del Esp\u00edritu.<\/P><br \/>\n<P align=justify>\u00b7 Silencio o una palabra en voz tierna puede evadir un altercado.<\/P><br \/>\n<P align=justify>\u00b7 \u00abLas plumas\u00bb me bendicen a m\u00ed cuando hablo bien de mi c\u00f3nyuge.<\/P><br \/>\n<P align=justify>\u00b7 Una mirada fulminante causa lesiones que dif\u00edcilmente sana.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Gracias al amor de Dios, el cual siempre nos ayuda, nuestras heridas han sanado y las cicatrices poco se notan. Ahora las \u00abplumas\u00bb que nos rodean irradian completa paz y felicidad.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Do\u00f1a Linda es una efectiva comunicadora y es autora del libro Mi vida secreta con el Hermano Pablo, publicado por Desarrollo Cristiano Internacional, 2002. Su propia vocaci\u00f3n ministerial comenz\u00f3, junto con la de su esposo, el Hermano Pablo, en 1942 en una misi\u00f3n en Nuevo M\u00e9xico, EE.UU. En 1943, tomaron residencia en el pa\u00eds de El Salvador donde vivieron por veinti\u00fan a\u00f1os. Ella inspir\u00f3 cambios en el ministerio de las mujeres y fue la presidenta nacional de ellas por cinco a\u00f1os. En los \u00faltimos siete a\u00f1os ella ha dado su testimonio ante matrimonios como tambi\u00e9n ante ministros. Los Finkenbinder tienen cinco hijos, once nietos y diez bisnietos. En enero del a\u00f1o 2003, ella y su esposo Pablo, celebraron sesenta y un a\u00f1os de matrimonio y de ministerio.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>\u00a9 Apuntes Mujer L\u00edder, edici\u00f3n de julio \u0096 septiembre de 2003, Volumen I \u0096 N\u00famero 2<\/P>\n                    <\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Linda Finkenbinder Linda Finkenbinder comparte una experiencia de su matrimonio. Con ella ejemplifica c\u00f3mo se formaron en ella y su esposo muchas heridas causadas por las crueles palabras, cargadas de quejas y demandas, que se lanzaban uno al otro. Tambi\u00e9n comparte c\u00f3mo lograron sanar. \u00bfHerir o sanar? 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