{"id":2278,"date":"2015-12-01T00:42:40","date_gmt":"2015-12-01T05:42:40","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-amor-de-dios-parte-i\/"},"modified":"2015-12-01T00:42:40","modified_gmt":"2015-12-01T05:42:40","slug":"el-amor-de-dios-parte-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-amor-de-dios-parte-i\/","title":{"rendered":"El Amor de Dios, Parte I"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Jos\u00e9 Belaunde<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">Hoy iniciamos esta serie de cinco partes en la cual el autor nos invita a reflexionar acerca del amor de Dios. El amor de Dios por nosotros no es de hoy ni de ayer. Nos ha amado desde antes que vini\u00e9ramos al mundo. Si Dios nos ama hoy, nos ha amado desde siempre, pues \u00c9l no cambia.<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p align=\"justify\">Todos los seres humanos tienen necesidad de ser amados. Desde el comienzo de su vida la peque&ntilde;a criatura reci&eacute;n nacida tiene sed de amor y necesita de amor para desarrollarse. Privado de amor, aunque est&eacute; bien alimentado, el bebe aumenta lentamente de peso, est&aacute; triste y se enferma con facilidad. Privado de amor el ni&ntilde;o crece triste, es como una planta marchita. Para el ser humano, sea ni&ntilde;o o adulto, amar y ser amado es casi tan necesario como respirar. Todo ser humano aspira a amar y a ser amado, tr&aacute;tese del amor filial, o maternal, o conyugal, o de enamorados, o de la intimidad entre amigos, todos deseamos amar porque sin amor no hay felicidad.<\/p>\n<p>Esto es as&iacute; porque el hombre est&aacute; hecho a la imagen y semejanza de Dios, que es amor. La necesidad de amar y ser amado le viene al hombre de la imagen de Dios que lleva dentro. De ah&iacute; que el ser humano responda al amor con amor, porque el amor toca la fibra m&aacute;s &iacute;ntima de su ser. Si alguien nos dice una palabra amable le respondemos de igual manera. Y si nos dice que le caemos simp&aacute;tico, encontraremos en esa persona cualidades que antes no hab&iacute;amos visto en ella. <\/p>\n<p>El amor embellece al objeto amado. Amar y sentirse amado, apreciado, embellece a las personas. Ese es uno de los efectos m&aacute;s curiosos y sorprendentes del amor. No hay producto cosm&eacute;tico que se le iguale. As&iacute; est&aacute; hecha la naturaleza humana porque Dios es amor y puso su capacidad de amar en nosotros. Nuestra capacidad de amar y de responder al amor es un reflejo del amor de Dios que hay en el alma de todo ser humano. Por eso es que hasta los criminales m&aacute;s endurecidos aman.<\/p>\n<p>En t&eacute;rminos generales podemos decir que, hasta cierta edad, pasadas las etapas de la infancia, de la adolescencia y los primeros a&ntilde;os de la juventud, los seres humanos adultos viven sobre todo del amor conyugal o del amor de pareja. Pero suele llegar un momento en la vida en que se ven privados de ese amor, sea por fallecimiento de uno de ambos, o porque se enfri&oacute; ese amor, o por otras causas. En esas circunstancias el amor por los hijos y de los hijos puede reemplazar en parte al amor conyugal. Pero si los hijos son ingratos, o indiferentes, o est&aacute;n ausentes, es decir, si tambi&eacute;n ese amor falla, los seres humanos sufren, se repliegan en s&iacute; mismos y se vuelven amargados.<\/p>\n<p>Pero tambi&eacute;n es cierto que ambos amores, el amor conyugal y el de los hijos, pueden ser reemplazados por el amor sacrificial por el pr&oacute;jimo: el darse a otro por amor a Dios, sin recibir nada a cambio. Ah&iacute; el amor de Dios suple con creces al amor humano. Es el caso, por ejemplo, de las hermanas de la caridad, que sin sueldo cuidan de los enfermos, o de las hermanitas de la Madre Teresa, que abandonan todo para dedicarse a atender a los m&aacute;s necesitados. Es el caso, tambi&eacute;n, de tantas personas que, sin retirarse del mundo, dedican su vida a ayudar a sus semejantes por amor a Dios. A ellos Dios les devuelve con abundancia el amor que derraman en otros. <\/p>\n<p>No obstante, hay muchas personas que caminan en la vida hu&eacute;rfanos de amor y convencidos de que no hay nadie que los ame, aunque no vivan solos. Eso ocurre con m&aacute;s frecuencia de los estar&iacute;amos inclinados a creer. Aunque vivan con parientes y no est&eacute;n completamente solos, las relaciones que mantienen con ellos son fr&iacute;as y distantes, cuando no conflictivas. La necesidad los obliga a vivir juntos. La vida de esas personas es muy triste, porque les falta un elemento esencial. Su expresi&oacute;n suele ser taciturna, deprimida. Pero si por azar descubren que alguien les ama, o alguien les dice una palabra cari&ntilde;osa, su estado de &aacute;nimo y su expresi&oacute;n cambian. Una sonrisa ilumina de pronto su rostro, como si de repente el sol brillara a trav&eacute;s de la bruma, o como cuando el sol asoma despu&eacute;s de una tempestad.<\/p>\n<p>Si t&uacute; eres uno de esos que carecen de amor, piensa que hay un ser que te ama con un amor inconmensurable, infinito; que te cre&oacute; por amor, te cuida por amor y te alimenta y sigue tus pasos amorosamente. Que si te portas mal, te corrige, porque te ama. Y que si lo dejas y le das la espalda, te sigue amando y har&aacute; todo lo posible para que regreses a &Eacute;l. Ese ser es Dios, que por boca del profeta Jerem&iacute;as te dice: &quot;Con amor eterno te he amado&#8230;&quot; (Jr 31:3).<\/p>\n<p align=\"justify\">El amor de Dios por nosotros no es de hoy ni de ayer. Nos ha amado desde antes que vini&eacute;ramos al mundo. Si Dios nos ama hoy, nos ha amado desde siempre, pues &Eacute;l no cambia. As&iacute; como la madre ama al hijo que est&aacute; en su seno y espera amorosamente su nacimiento, de manera semejante Dios nos ha llevado en su mente, como si estuviera en cinta, desde toda la eternidad. Cuando lleg&oacute; el momento de nuestra concepci&oacute;n, que &Eacute;l presidi&oacute; de una forma para nosotros misteriosa, dio forma a nuestro cuerpo y a nuestra alma en el vientre de nuestra madre. Y luego nos recibi&oacute; en sus brazos con m&aacute;s amor que el amor con que nos acogi&oacute; nuestra propia madre. Y est&aacute; deseando acogernos un d&iacute;a en su reino para derramar sobre nosotros -ya sin las trabas de la carne- todas las bendiciones que su amor nos ha preparado. <\/p>\n<p>No hay amor humano que pueda compararse con el amor de Dios. El hombre es un ser limitado, finito, y todo lo que &eacute;l siente o hace, lleva esa marca, mientras que Dios es infinito, inconmensurable, eterno. Y as&iacute; es su amor. Todo lo que &Eacute;l siente lo es tambi&eacute;n.<br \/>\nEl amor humano es condicional. Eso lo sabemos muy bien todos. Amamos a los que nos aman o se portan bien con nosotros. El nuestro es un amor de toma y daca. Tanto me amas, tanto te amo. Cuando nos defraudan, dejamos de amar, y si nos enga&ntilde;an nuestro amor se torna en odio.<\/p>\n<p>En cambio, el amor de Dios es incondicional. Nos ama no porque seamos &quot;amables&quot;, esto es, dignos de ser amados, sino porque nos ha creado, porque somos hechura suya. Nos ama porque est&aacute; en su naturaleza amar. No puede dejar de amarnos porque &quot;Dios es amor&quot;, seg&uacute;n dice el ap&oacute;stol Juan (1Jn 4:7,8). <\/p>\n<p>Hablando en t&eacute;rminos figurados podr&iacute;amos decir que la materia prima de la que Dios est&aacute; hecho es amor. As&iacute; como una olla est&aacute; hecha de barro y una silla de madera, Dios est&aacute; hecho de amor. Podemos decir pues en cierta manera que Dios est&aacute; condenado a amarnos, as&iacute; como el agua est&aacute; condenada a mojar todo lo que toca y el fuego est&aacute; condenado a quemar, porque ello est&aacute; en su naturaleza. Por eso es que el hombre no puede hacer nada para que Dios deje de amarlo. El profeta Isa&iacute;as lo expresa muy bien cuando dice: &quot;He aqu&iacute; que en las palmas de las manos te tengo esculpido.&quot; (49:16). Aunque quiera no puede sacudirte de sus manos. Pablo lo expresa tambi&eacute;n en bellos t&eacute;rminos: &quot;Por lo cual estoy seguro que ni la muerte ni la vida, ni &aacute;ngeles, ni principados ni potestades, ni lo presente ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podr&aacute; separar del amor de Dios que es en Cristo Jes&uacute;s.&quot; (Rm 8:38,39. Nota).<\/p>\n<p align=\"justify\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\">Nada nos puede separar del amor de Dios, ning&uacute;n acto, ninguna persona, ninguna ofensa, ni aun nuestros m&aacute;s grandes pecados. Ni nuestro olvido, ni nuestra ingratitud. Nada podemos hacer para que deje de amarnos. Dios ama incluso a los que se condenan. De hecho, no es Dios el que los condena, sino ellos que se condenan a s&iacute; mismos a despecho de todo lo que Dios hizo para salvarlos. Y aun en el infierno los sigue amando, de tal modo que podr&iacute;amos decir que ellos arden en las llamas del amor de Dios que rechazaron. El amor de Dios que los atrae con todas las fuerzas de su ser, pero del que ahora est&aacute;n separados para siempre porque en su ceguera no lo quisieron aceptar cuando pudieron, ese amor es el que ahora atiza las llamas del fuego que los devora. Y en su desesperaci&oacute;n ahora odian aquello que desear&iacute;an amar y detestan la dicha que pudo haber sido suya.<\/p>\n<p align=\"justify\">Tanto lo odian como quisieran amarlo, y aunque el odio los tortura, no quieren ni pueden dejar de odiar. Cuanto m&aacute;s odian al que debieron amar, m&aacute;s sufren; y cuanto m&aacute;s sufren odiando, m&aacute;s odian. El odio se ha convertido en la cadena que los ata al cepo.&iexcl;Oh, qu&eacute; terrible destino de los que se condenan: no poder amar cuando se ha nacido para eso! &iexcl;Oh que terrible destino odiar y s&oacute;lo odiar, cuando se quisiera amar y ser amado.<\/p>\n<\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">Jos\u00e9 Belaunde N. naci\u00f3 en los Estados Unidos pero creci\u00f3 y se educ\u00f3 en el Per\u00fa donde ha vivido pr\u00e1cticamente toda su vida. Participa activamente en programas evangel\u00edsticos radiales, es maestro de cursos b\u00edblicos es su iglesia en Per\u00fa y escribe en un semanario local abordando temas societarios desde un punto de vista cristiano. Desde 1999 publica el bolet\u00edn semanal \u00abLa Vida y la Palabra\u00bb, el cual es distribuido a miles de personas de forma gratuita en las iglesias de su pa\u00eds. Para m\u00e1s informaci\u00f3n puede escribir al hno. Jos\u00e9 a jbelaun@terra.com.pe<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Jos\u00e9 Belaunde Hoy iniciamos esta serie de cinco partes en la cual el autor nos invita a reflexionar acerca del amor de Dios. El amor de Dios por nosotros no es de hoy ni de ayer. Nos ha amado desde antes que vini\u00e9ramos al mundo. 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