{"id":23284,"date":"2016-04-05T14:00:34","date_gmt":"2016-04-05T19:00:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/regalo-del-cielo\/"},"modified":"2016-04-05T14:00:34","modified_gmt":"2016-04-05T19:00:34","slug":"regalo-del-cielo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/regalo-del-cielo\/","title":{"rendered":"Regalo del Cielo"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Christopher Shaw<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">Nuestra alma reposa al saber que nuestro Padre har\u00e1 lo que es mejor para nosotros<\/p>\n<p class=\"versiculo\"><b>Vers\u00edculo:<\/b> Lucas 1:5-25                    <\/p>\n<p class=\"link\" onclick=\"colexp('versiculotexto','expand'); colexp('leerversiculo','colapse'); colexp('ocultarversiculo','expand'); \" id=\"leerversiculo\">Leer vers\u00edculo <\/p>\n<p class=\"link\" onclick=\"colexp('versiculotexto','colapse'); colexp('leerversiculo','expand'); colexp('ocultarversiculo','colapse');\" id=\"ocultarversiculo\" style=\"display:none;\">Ocultar vers\u00edculo <\/p>\n<\/p>\n<p class=\"versiculotexto\" id=\"versiculotexto\" style=\"display:none;\">\n<p>                        <b>1:5<\/b>   En tiempos de Herodes, rey de Judea, hubo un sacerdote llamado Zacar\u00edas, miembro del grupo de Ab\u00edas. Su esposa Elisabet tambi\u00e9n era descendiente de Aar\u00f3n. <b>1:6<\/b>   Ambos eran rectos e intachables delante de Dios; obedec\u00edan todos los mandamientos y preceptos del Se\u00f1or. <b>1:7<\/b>   Pero no ten\u00edan hijos, porque Elisabet era est\u00e9ril; y los dos eran de edad avanzada.<b>1:8<\/b>   Un d\u00eda en que Zacar\u00edas, por haber llegado el turno de su grupo, oficiaba como sacerdote delante de Dios, <b>1:9<\/b>   le toc\u00f3 en suerte, seg\u00fan la costumbre del sacerdocio, entrar en el *santuario del Se\u00f1or para quemar incienso. <b>1:10<\/b>   Cuando lleg\u00f3 la hora de ofrecer el incienso, la multitud reunida afuera estaba orando. <b>1:11<\/b>   En esto un \u00e1ngel del Se\u00f1or se le apareci\u00f3 a Zacar\u00edas a la derecha del altar del incienso. <b>1:12<\/b>   Al verlo, Zacar\u00edas se asust\u00f3, y el temor se apoder\u00f3 de \u00e9l. <b>1:13<\/b>   El \u00e1ngel le dijo: __No tengas miedo, Zacar\u00edas, pues ha sido escuchada tu oraci\u00f3n. Tu esposa Elisabet te dar\u00e1 un hijo, y le pondr\u00e1s por nombre Juan. <b>1:14<\/b>   Tendr\u00e1s gozo y alegr\u00eda, y muchos se regocijar\u00e1n por su nacimiento, <b>1:15<\/b>   porque \u00e9l ser\u00e1 un gran hombre delante del Se\u00f1or. Jam\u00e1s tomar\u00e1 vino ni licor, y ser\u00e1 lleno del Esp\u00edritu Santo aun desde su nacimiento. <b>1:16<\/b>   Har\u00e1 que muchos israelitas se vuelvan al Se\u00f1or su Dios. <b>1:17<\/b>   \u00c9l ir\u00e1 primero, delante del Se\u00f1or, con el esp\u00edritu y el poder de El\u00edas, para reconciliar a los padres con los hijos y guiar a los desobedientes a la sabidur\u00eda de los justos. De este modo preparar\u00e1 un pueblo bien dispuesto para recibir al Se\u00f1or.<b>1:18<\/b>   \u00bfC\u00f3mo podr\u00e9 estar seguro de esto? \u0014 pregunt\u00f3 Zacar\u00edas al \u00e1ngel\u0014 . Ya soy anciano y mi esposa tambi\u00e9n es de edad avanzada.<b>1:19<\/b>   Yo soy Gabriel y estoy a las \u00f3rdenes de Dios \u0014 le contest\u00f3 el \u00e1ngel\u0014 . He sido enviado para hablar contigo y darte estas buenas *noticias. <b>1:20<\/b>   Pero como no cre\u00edste en mis palabras, las cuales se cumplir\u00e1n a su debido tiempo, te vas a quedar mudo. No podr\u00e1s hablar hasta el d\u00eda en que todo esto suceda.<b>1:21<\/b>   Mientras tanto, el pueblo estaba esperando a Zacar\u00edas y les extra\u00f1aba que se demorara tanto en el santuario. <b>1:22<\/b>   Cuando por fin sali\u00f3, no pod\u00eda hablarles, as\u00ed que se dieron cuenta de que all\u00ed hab\u00eda tenido una visi\u00f3n. Se pod\u00eda comunicar s\u00f3lo por se\u00f1as, pues segu\u00eda mudo.<b>1:23<\/b>   Cuando terminaron los d\u00edas de su servicio, regres\u00f3 a su casa. <b>1:24<\/b>   Poco despu\u00e9s, su esposa Elisabet qued\u00f3 encinta y se mantuvo recluida por cinco meses. <b>1:25<\/b>   \u00abEsto \u0014 dec\u00eda ella\u0014  es obra del Se\u00f1or, que ahora ha mostrado su bondad al quitarme la verg\u00bbuenza que yo ten\u00eda ante los dem\u00e1s.\u00bb                         <\/p>\n<p>                        <b>Leer todo el capitulo<\/b><\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p>                    El susto que le produjo a Zacar\u00edas la visita del \u00e1ngel eventualmente pas\u00f3, y seguramente dio lugar al asombro. Al igual que su padre Jacob, el anciano sacerdote exclam\u00f3, asombrado: \u00ab\u00a1He visto a Dios cara a cara, y ha sido preservada mi vida!\u00bb (G\u00e9nesis 32.30). Nadie permanece igual luego de semejante experiencia. Quiz\u00e1s en esta observaci\u00f3n encontramos la m\u00e1s clara evidencia de lo que constituye una genuina experiencia espiritual. En cada reuni\u00f3n experimentamos toda una gama de emociones. R\u00e1pidamente atribuimos al Se\u00f1or aquellas que consideramos m\u00e1s agradables. No obstante, el impacto de ellas no duran m\u00e1s all\u00e1 del encuentro y nuestros vidas contin\u00faan en las mismas condiciones que antes. Como ya se ha se\u00f1alado, las experiencias m\u00e1s espirituales muchas veces se producen en el terreno de lo ordinario. Dios no solamente nos llama a aceptar esto, sino tambi\u00e9n a aprender a valorar lo cotidiano, pues pasaremos la mayor parte de nuestra vida en ese \u00e1mbito. As\u00ed tambi\u00e9n le ocurri\u00f3 a Zacar\u00edas. \u00abCuando se cumplieron los d\u00edas de su servicio sacerdotal, regres\u00f3 a su casa. Y despu\u00e9s de estos d\u00edas, Elizabet su mujer concibi\u00f3\u00bb. Ella, por su parte, se recluy\u00f3 por cinco meses, diciendo: \u00abAs\u00ed ha obrado el Se\u00f1or conmigo en los d\u00edas en que se dign\u00f3 mirarme para quitar mi afrenta entre los hombres\u00bb. \u00bfQui\u00e9n de nosotros puede saber cu\u00e1ntas l\u00e1grimas habr\u00eda derramado esta mujer? \u00a1Cu\u00e1ntos momentos de angustia habr\u00eda experimentado! En cu\u00e1ntas ocasiones se sentir\u00eda excluida de las festividades y alegr\u00edas que acompa\u00f1aban a las otras familias con las que se relacionaba. Su dolor, sin embargo, nunca se hab\u00eda convertido en reproche contra el Se\u00f1or, pues el evangelista testifica que tanto ella como su esposo viv\u00edan una vida intachable. En alg\u00fan momento acept\u00f3 la realidad que le hab\u00eda tocado y sigui\u00f3 adelante. Llegar al punto de la aceptaci\u00f3n es una de las m\u00e1s grandes conquistas en la vida espiritual. Se trata de aquel momento en que soltamos aquella situaci\u00f3n que tanta angustia nos ha producido y decidimos rendirnos a los pies de Cristo. Deja de ser una obsesi\u00f3n que nos atormenta d\u00eda y noche, porque hemos arribado a la convicci\u00f3n de que la situaci\u00f3n est\u00e1 enteramente en manos de nuestro buen Padre celestial y decidimos descansar en \u00e9l. Escogemos la muerte, para que la vida de Cristo se fortalezca m\u00e1s en nosotros. Esta decisi\u00f3n no significa que autom\u00e1ticamente desaparece nuestra angustia, aunque sin duda habr\u00e1 comenzado un importante proceso de sanidad en nuestro coraz\u00f3n. Lo importante es que habremos logrado \u00abno poner nuestra vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven; porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas\u00bb (2 Corintios 4.18). Nuestra alma reposa al saber que nuestro Padre har\u00e1 lo que es mejor para nosotros, aunque no obre de la forma que nosotros consideramos indicada para esa situaci\u00f3n. Para Elizabet la intervenci\u00f3n de Dios lleg\u00f3 muchos a\u00f1os m\u00e1s tarde, cuando ya hab\u00eda perdido toda esperanza de concebir un hijo. Su alegr\u00eda se vio multiplicada porque entend\u00eda, como ninguna otra madre, que todo hijo es, verdaderamente, un regalo del cielo.\n                    <\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">Producido y editado por Desarrollo Cristiano para www.DesarrolloCristiano.com. \u00a9 Copyright 2009, todos los derechos reservados. <\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Christopher Shaw Nuestra alma reposa al saber que nuestro Padre har\u00e1 lo que es mejor para nosotros Vers\u00edculo: Lucas 1:5-25 Leer vers\u00edculo Ocultar vers\u00edculo 1:5 En tiempos de Herodes, rey de Judea, hubo un sacerdote llamado Zacar\u00edas, miembro del grupo de Ab\u00edas. 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