{"id":23465,"date":"2016-04-05T14:27:49","date_gmt":"2016-04-05T19:27:49","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/ser-como-el-maestro\/"},"modified":"2016-04-05T14:27:49","modified_gmt":"2016-04-05T19:27:49","slug":"ser-como-el-maestro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/ser-como-el-maestro\/","title":{"rendered":"Ser como el maestro"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Christopher Shaw<\/p>\n<p>\n<p style=\"text-align: justify;\" class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">Ser como el maestro incluye \u00abparticipar de sus padecimientos hasta llegar a ser semejantes a \u00e9l en su muerte.\u00bb<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" class=\"versiculo\"><b>Vers\u00edculo:<\/b> Mateo 11:1                    <\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" class=\"link\" onclick=\"colexp('versiculotexto','expand'); colexp('leerversiculo','colapse'); colexp('ocultarversiculo','expand'); \" id=\"leerversiculo\">Leer vers\u00edculo <\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" class=\"link\" onclick=\"colexp('versiculotexto','colapse'); colexp('leerversiculo','expand'); colexp('ocultarversiculo','colapse');\" id=\"ocultarversiculo\" style=\"display:none;\">Ocultar vers\u00edculo <\/p>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" class=\"versiculotexto\" id=\"versiculotexto\" style=\"display:none;\">\n<p>                        <b>11:1<\/b>   Cuando Jes\u00fas termin\u00f3 de dar instrucciones a sus doce disc\u00edpulos, se fue de all\u00ed a ense\u00f1ar y a predicar en otros pueblos.                        <\/p>\n<p>                        <b>Leer todo el capitulo<\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" class=\"texto\">\n<p>                    Cuando escrib\u00ed el t\u00edtulo para el devocional de hoy, inmediatamente pens\u00e9 en las contradicciones que encierra esta frase. No creo que haya un solo disc\u00edpulo que no desee ser como Jes\u00fas. S\u00e9, con toda seguridad, que este es el deseo de mi propio coraz\u00f3n. Cuando me detengo a pensar en lo que realmente estoy deseando, me doy cuenta de que quisiera poseer las cualidades que tanto me atraen de la persona de Cristo, su mansedumbre, su disciplina, su intimidad con el Padre, su capacidad de percibir el mover del Esp\u00edritu a su alrededor, su sentido de misi\u00f3n. Entonces tengo certeza de que todas estas cualidades me faltan, en mayor o menor grado.Cristo claramente indic\u00f3 que no era suficiente \u00abcreer\u00bb, sino que el verdadero disc\u00edpulo ser\u00eda aquel que permaneciera en Su palabra. El Hijo de Dios, sin embargo, no estaba refiri\u00e9ndose a esto cuando asever\u00f3 \u00abb\u00e1stale al disc\u00edpulo ser como su maestro y al siervo como su se\u00f1or\u00bb (v. 24). El Nuevo Testamento da claras indicaciones de que el objetivo de la obra transformadora de Dios es que lleguemos a ser como el Hijo, pero con frecuencia olvidamos que esto incluye \u00abparticipar de sus padecimientos hasta llegar a ser semejantes a \u00e9l en su muerte\u00bb (Fil 3.10). De modo que, una vez m\u00e1s, Jes\u00fas estaba advirtiendo a los disc\u00edpulos que el costo de seguirlo era alto, tan alto como el precio que \u00e9l mismo pagaba a diario. Entre las experiencias duras que al disc\u00edpulo le tocar\u00e1 vivir, se encuentra la traici\u00f3n de la familia. \u00abEl hermano entregar\u00e1 a la muerte al hermano, y el padre al hijo. Los hijos se levantar\u00e1n contra los padres y los har\u00e1n morir\u00bb (v. 21). Esta experiencia es una de las m\u00e1s duras de sobrellevar, porque siempre esperamos mayor compasi\u00f3n y ternura por parte de aquellos que son de nuestro c\u00edrculo m\u00e1s \u00edntimo. La naturaleza de nuestro llamado es tal, sin embargo, que \u00abseremos odiados por todos por causa de mi [su] nombre\u00bb (v. 22). Cristo ser\u00e1 causa de enemistad a\u00fan con aquellos con que hemos compartido toda una vida. Frente a este panorama angustiante, el Se\u00f1or destac\u00f3 la recompensa que espera a los que no claudiquen en medio de la persecuci\u00f3n: \u00abel que persevere hasta el fin, este ser\u00e1 salvo\u00bb. Esta frase nos toma un poco de sorpresa, porque estamos acostumbrados a pensar que la salvaci\u00f3n es algo que se garantiza en un momento de una decisi\u00f3n que, muchas veces, guarda matices intelectuales. En Juan 8.31-32, sin embargo, Cristo claramente indic\u00f3 que no era suficiente \u00abcreer\u00bb, sino que el verdadero disc\u00edpulo ser\u00eda aquel que permaneciera en Su palabra. Del mismo modo subraya el ap\u00f3stol Pablo, cuando anima a los filipenses a que trabajen en su salvaci\u00f3n \u00abcon temor y temblor\u00bb (2.12). Es decir, la salvaci\u00f3n es un estilo de vida, m\u00e1s que un estado. En la promesa de salvaci\u00f3n se encuentra el gran premio de los que siguen a Jesucristo. Esto no solamente se refiere a salir airosos en el d\u00eda del gran juicio. Tambi\u00e9n contempla la salvaci\u00f3n de la perversidad que lleva al mundo a perseguir a aquellos que quieren vivir conforme a la justicia de Dios. Les ofrece la posibilidad de que anden, precisamente, en la misma mansedumbre y bondad que caracteriz\u00f3 la vida del Hijo del Hombre.\n                    <\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" class=\"pie\">Producido y\u00a0editado por Desarrollo Cristiano Internacional para\u00a0DesarrolloCristiano.com. Copyright \u00a92003-2009 por Desarrollo Cristiano, todos los derechos reservados.<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Christopher Shaw Ser como el maestro incluye \u00abparticipar de sus padecimientos hasta llegar a ser semejantes a \u00e9l en su muerte.\u00bb Vers\u00edculo: Mateo 11:1 Leer vers\u00edculo Ocultar vers\u00edculo 11:1 Cuando Jes\u00fas termin\u00f3 de dar instrucciones a sus doce disc\u00edpulos, se fue de all\u00ed a ense\u00f1ar y a predicar en otros pueblos. Leer todo el &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/ser-como-el-maestro\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSer como el maestro\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-23465","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23465","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=23465"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23465\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=23465"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=23465"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=23465"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}