{"id":23476,"date":"2016-04-05T14:28:23","date_gmt":"2016-04-05T19:28:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-ultima-palabra-2\/"},"modified":"2016-04-05T14:28:23","modified_gmt":"2016-04-05T19:28:23","slug":"la-ultima-palabra-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-ultima-palabra-2\/","title":{"rendered":"La \u00faltima palabra"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Christopher Shaw<\/p>\n<p>\n<p style=\"text-align: justify;\" class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">La herramienta m\u00e1s poderosa que tiene a su disposici\u00f3n un formador de vidas es la Palabra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" class=\"versiculo\"><b>Vers\u00edculo:<\/b> Lucas 8:40-56                    <\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" class=\"link\" onclick=\"colexp('versiculotexto','expand'); colexp('leerversiculo','colapse'); colexp('ocultarversiculo','expand'); \" id=\"leerversiculo\">Leer vers\u00edculo <\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" class=\"link\" onclick=\"colexp('versiculotexto','colapse'); colexp('leerversiculo','expand'); colexp('ocultarversiculo','colapse');\" id=\"ocultarversiculo\" style=\"display:none;\">Ocultar vers\u00edculo <\/p>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" class=\"versiculotexto\" id=\"versiculotexto\" style=\"display:none;\">\n<p>                        <b>8:40<\/b>   Cuando Jes\u00fas regres\u00f3, la multitud se alegr\u00f3 de verlo, pues todos estaban esper\u00e1ndolo. <b>8:41<\/b>   En esto lleg\u00f3 un hombre llamado Jairo, que era un jefe de la sinagoga. Arroj\u00e1ndose a los pies de Jes\u00fas, le suplicaba que fuera a su casa, <b>8:42<\/b>   porque su \u00fanica hija, de unos doce a\u00f1os, se estaba muriendo. Jes\u00fas se puso en camino y las multitudes lo apretujaban. <b>8:43<\/b>   Hab\u00eda entre la gente una mujer que hac\u00eda doce a\u00f1os padec\u00eda de hemorragias, sin que nadie pudiera sanarla. <b>8:44<\/b>   Ella se le acerc\u00f3 por detr\u00e1s y le toc\u00f3 el borde del manto, y al instante ces\u00f3 su hemorragia.<b>8:45<\/b>   \u00bfQui\u00e9n me ha tocado? \u0014 pregunt\u00f3 Jes\u00fas. Como todos negaban haberlo tocado, Pedro le dijo: __Maestro, son multitudes las que te aprietan y te oprimen.<b>8:46<\/b>   No, alguien me ha tocado \u0014 replic\u00f3 Jes\u00fas\u0014 ; yo s\u00e9 que de m\u00ed ha salido poder.<b>8:47<\/b>   La mujer, al ver que no pod\u00eda pasar inadvertida, se acerc\u00f3 temblando y se arroj\u00f3 a sus pies. En presencia de toda la gente, cont\u00f3 por qu\u00e9 lo hab\u00eda tocado y c\u00f3mo hab\u00eda sido sanada al instante.<b>8:48<\/b>   Hija, tu fe te ha *sanado \u0014 le dijo Jes\u00fas\u0014 . Vete en paz.<b>8:49<\/b>   Todav\u00eda estaba hablando Jes\u00fas, cuando alguien lleg\u00f3 de la casa de Jairo, jefe de la sinagoga, para decirle: __Tu hija ha muerto. No molestes m\u00e1s al Maestro.<b>8:50<\/b>   Al o\u00edr esto, Jes\u00fas le dijo a Jairo: __No tengas miedo; cree nada m\u00e1s, y ella ser\u00e1 sanada.<b>8:51<\/b>   Cuando lleg\u00f3 a la casa de Jairo, no dej\u00f3 que nadie entrara con \u00e9l, excepto Pedro, Juan y *Jacobo, y el padre y la madre de la ni\u00f1a. <b>8:52<\/b>   Todos estaban llorando, muy afligidos por ella. __Dejen de llorar \u0014 les dijo Jes\u00fas\u0014 . No est\u00e1 muerta sino dormida.<b>8:53<\/b>   Entonces ellos empezaron a burlarse de \u00e9l porque sab\u00edan que estaba muerta. <b>8:54<\/b>   Pero \u00e9l la tom\u00f3 de la mano y le dijo: __\u00a1Ni\u00f1a, lev\u00e1ntate!<b>8:55<\/b>   Recobr\u00f3 la vida y al instante se levant\u00f3. Jes\u00fas mand\u00f3 darle de comer. <b>8:56<\/b>   Los padres se quedaron at\u00f3nitos, pero \u00e9l les advirti\u00f3 que no contaran a nadie lo que hab\u00eda sucedido.                        <\/p>\n<p>                        <b>Leer todo el capitulo<\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" class=\"texto\">\n<p>                    \u00abEntrando en la casa, no dej\u00f3 entrar a nadie consigo, sino a Pedro, a Jacobo, a Juan y al padre y a la madre de la ni\u00f1a. Todos lloraban y hac\u00edan lamentaci\u00f3n por ella. Pero \u00e9l dijo: \u00abNo llor\u00e9is; no est\u00e1 muerta, sino que duerme.\u00bb Y se burlaban de \u00e9l, porque sab\u00edan que estaba muerta\u00bb. La escena, culminaci\u00f3n de la extra\u00f1a serie de eventos que hemos venido examinando, revela mucho acerca de los principios que gobernaban el ministerio de Jesucristo. No se nos escapa, por ejemplo, la convicci\u00f3n de que el entorno espiritual afecta las posibilidades de ministerio. Debemos estar atentos a los elementos que impiden que el Esp\u00edritu fluya como debe. As\u00ed aconteci\u00f3 cuando Jes\u00fas lleg\u00f3 a su propia tierra; \u00abno hizo all\u00ed muchos milagros debido a la incredulidad de ellos\u00bb (Mt 13.58). Es decir, la falta de receptividad del pueblo a todo lo que ten\u00eda que ver con el mundo espiritual se constituy\u00f3 en un verdadero obst\u00e1culo para avanzar en los proyectos del Padre. Del mismo modo, aqu\u00ed, la gente no solamente no cre\u00eda en lo que les dec\u00eda, sino que abiertamente se burlaban de sus declaraciones. No obstante, observamos que Cristo no dej\u00f3 de ministrar, sino que tom\u00f3 los recaudos necesarios para hacerlo eficazmente: prohibi\u00f3 la entrada de todos los curiosos y burlones, e invit\u00f3 solamente a su grupo m\u00e1s \u00edntimo, junto a los padres. De este modo se asegur\u00f3 que fueran part\u00edcipes de la operaci\u00f3n del Esp\u00edritu solamente aquellos que deber\u00edan tener acceso a las intimidades del reino. Aunque no siempre podemos controlar de esta forma el ambiente en que ministramos, debemos estar atentos a los elementos que impiden que el Esp\u00edritu fluya como debe. En ocasiones, incluso, ser\u00e1 sabio esperar momentos m\u00e1s propicios para avanzar en lo que Dios est\u00e1 preparando delante de nosotros. Asimismo, advertimos que Jes\u00fas nunca perd\u00eda de vista que tambi\u00e9n era formador de personas. Esta es una responsabilidad que el l\u00edder debe tener siempre presente, pues cada oportunidad para ministrar es tambi\u00e9n una oportunidad para ense\u00f1ar a otros. Note con cu\u00e1nta facilidad se logran los dos objetivos, pues no hace falta una c\u00e1tedra acerca del ministerio. Basta con que el Maestro ofrezca a sus disc\u00edpulos la oportunidad de observar c\u00f3mo entra en acci\u00f3n en diferentes situaciones. Como hemos se\u00f1alado en otras ocasiones, la herramienta m\u00e1s poderosa que tiene a su disposici\u00f3n un formador de vidas es su propio ejemplo. Por esta raz\u00f3n resulta productivo nunca ir a ning\u00fan lado sin invitar a los disc\u00edpulos a que lo acompa\u00f1en en la experiencia. Esta experiencia debe ser respaldada, por supuesto, con el di\u00e1logo acerca de lo observado. Ya hemos advertido en el ministerio de Jes\u00fas que esta es una de las constantes en su relaci\u00f3n con los disc\u00edpulos. Propiciaba amplias oportunidades para que ellos le preguntaran acerca de lo que hab\u00edan observado en Sus hechos y ense\u00f1anzas. De este modo, la ense\u00f1anza continuaba aun despu\u00e9s de que su l\u00edder terminaba de ministrar. As\u00ed, el Se\u00f1or aprovechaba al m\u00e1ximo las oportunidades que el Padre preparaba delante de \u00e9l cada d\u00eda.\n                    <\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" class=\"pie\">Producido y\u00a0editado por Desarrollo Cristiano Internacional para\u00a0DesarrolloCristiano.com. Copyright \u00a92003-2010 por Desarrollo Cristiano, todos los derechos reservados.<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Christopher Shaw La herramienta m\u00e1s poderosa que tiene a su disposici\u00f3n un formador de vidas es la Palabra. Vers\u00edculo: Lucas 8:40-56 Leer vers\u00edculo Ocultar vers\u00edculo 8:40 Cuando Jes\u00fas regres\u00f3, la multitud se alegr\u00f3 de verlo, pues todos estaban esper\u00e1ndolo. 8:41 En esto lleg\u00f3 un hombre llamado Jairo, que era un jefe de la sinagoga. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-ultima-palabra-2\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abLa \u00faltima palabra\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-23476","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23476","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=23476"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23476\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=23476"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=23476"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=23476"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}