{"id":23668,"date":"2016-04-05T14:37:54","date_gmt":"2016-04-05T19:37:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hijo-mio-eres-tu\/"},"modified":"2016-04-05T14:37:54","modified_gmt":"2016-04-05T19:37:54","slug":"hijo-mio-eres-tu","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hijo-mio-eres-tu\/","title":{"rendered":"Hijo m\u00edo eres t\u00fa"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Christopher Shaw<\/p>\n<p>\n<p style=\"text-align: justify;\" class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">La gloria del Hijo radica en la relaci\u00f3n que sostiene con el Padre, no en sus obras<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" class=\"versiculo\"><b>Vers\u00edculo:<\/b> Hebreos 5:5-6                    <\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" class=\"link\" onclick=\"colexp('versiculotexto','expand'); colexp('leerversiculo','colapse'); colexp('ocultarversiculo','expand'); \" id=\"leerversiculo\">Leer vers\u00edculo <\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" class=\"link\" onclick=\"colexp('versiculotexto','colapse'); colexp('leerversiculo','expand'); colexp('ocultarversiculo','colapse');\" id=\"ocultarversiculo\" style=\"display:none;\">Ocultar vers\u00edculo <\/p>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" class=\"versiculotexto\" id=\"versiculotexto\" style=\"display:none;\">\n<p>                        <b>5:5<\/b>   Tampoco *Cristo se glorific\u00f3 a s\u00ed mismo haci\u00e9ndose sumo sacerdote, sino que Dios le dijo: \u00abT\u00fa eres mi hijo; hoy mismo te he engendrado.\u00bb <b>5:6<\/b>   Y en otro pasaje dice: \u00abT\u00fa eres sacerdote para siempre, seg\u00fan el orden de Melquisedec.\u00bb                         <\/p>\n<p>                        <b>Leer todo el capitulo<\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" class=\"texto\">\n<p>                    Quisiera detenerme a reflexionar sobre la forma en que el Padre glorifica al Hijo. All\u00ed radica uno de los elementos que ser\u00e1n determinantes en el cumplimiento de su misi\u00f3n.  El autor de Hebreos nos dice que Dios le confiri\u00f3 gloria al declarar: \u00abHijo m\u00edo eres t\u00fa, yo te he engendrado hoy\u00bb.  En el siguiente vers\u00edculo a\u00f1ade: \u00abT\u00fa eres sacerdote para siempre, seg\u00fan el orden de Melquisedec\u00bb. Ambas citas son tomadas de los Salmos.  Existe una peque\u00f1a palabra que se repite en ambos textos: eres. El verbo vincula la identidad de Jes\u00fas a su esencia, como persona. Es decir, a diferencia del resto de la humanidad, el Mes\u00edas no deriva su identidad de sus acciones, sino de la relaci\u00f3n que mantiene con el Padre. Existe una enorme diferencia entre hacer las tareas de un sacerdote y ser un sacerdote.  En el primer escenario, es posible llevar adelante las obligaciones sin que participen el esp\u00edritu ni el coraz\u00f3n. La persona puede ser muy puntillosa en el cumplimiento de sus deberes, pero falta la pasi\u00f3n que convierte esas acciones en un verdadero servicio hacia el pr\u00f3jimo. En esencia, no es m\u00e1s que un profesional del ministerio.  En la persona de Cristo el ministerio es la expresi\u00f3n de lo que es. No ministra para descubrir cu\u00e1l es su identidad, sino que el ministerio descubre cu\u00e1l es su identidad. Los fracasos, los contratiempos, las dificultades y las luchas propias del ministerio no lo desestabilizan porque su identidad no est\u00e1 amarrada a lo que hace, sino a lo que \u00e9l es. Su identidad nunca corre peligro porque est\u00e1 ligada a una relaci\u00f3n que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de las victorias y las derrotas que se experimentan en el campo del servicio. Cuando la identidad del siervo descansa sobre lo que hace el ministerio se torna adictivoEl punto no es menor. Cuando un sacerdote deriva su identidad de lo que hace se vuelve adicto al servicio y a las personas a quienes sirve. Las necesita para sentir que es aprobado, que su vida tiene sentido. Inevitablemente sufrir\u00e1 las ingratitudes que son t\u00edpicas del ministerio y, por el camino, su autoestima tambi\u00e9n se ver\u00e1 afectada.  Cuando observamos a Jes\u00fas, en su rol de sacerdote, detectamos una maravillosa libertad de opini\u00f3n de la gente a quien sirve. No necesita que aprueben sus acciones para sentirse bien. Tampoco lo desmoralizan las cr\u00edticas y los cuestionamientos que puedan levantarse en su contra. Conoce bien lo limitada que es la perspectiva del ser humano, y cu\u00e1n poco confiable resulta a la hora de hacer una correcta evaluaci\u00f3n del servicio que uno brinda a Dios.  La \u00fanica Palabra que sostiene, en medio de las variables que acompa\u00f1an el ministerio, es la que procede de la boca del Padre. Las palabras que pronuncia el Padre no est\u00e1n relacionadas al desempe\u00f1o, sino a la condici\u00f3n inmutable de una condici\u00f3n: \u00abHijo m\u00edo eres t\u00fa\u00bb. Ning\u00fan factor puede alterar esa relaci\u00f3n. En esa seguridad radica la confianza del Hijo. &#160;\n                    <\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" class=\"pie\">\u00a9 Desarrollo Cristiano Internacional 2013. Se reservan todos los derechos.<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Christopher Shaw La gloria del Hijo radica en la relaci\u00f3n que sostiene con el Padre, no en sus obras Vers\u00edculo: Hebreos 5:5-6 Leer vers\u00edculo Ocultar vers\u00edculo 5:5 Tampoco *Cristo se glorific\u00f3 a s\u00ed mismo haci\u00e9ndose sumo sacerdote, sino que Dios le dijo: \u00abT\u00fa eres mi hijo; hoy mismo te he engendrado.\u00bb 5:6 Y en &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hijo-mio-eres-tu\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abHijo m\u00edo eres t\u00fa\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-23668","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23668","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=23668"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23668\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=23668"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=23668"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=23668"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}