{"id":2386,"date":"2015-12-01T00:45:35","date_gmt":"2015-12-01T05:45:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/lo-que-aprendi-de-mi-amigo\/"},"modified":"2015-12-01T00:45:35","modified_gmt":"2015-12-01T05:45:35","slug":"lo-que-aprendi-de-mi-amigo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/lo-que-aprendi-de-mi-amigo\/","title":{"rendered":"Lo que aprend\u00ed de mi amigo"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Howard Hendricks<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">Cuando descubr\u00ed que Dios ten\u00eda un plan para m\u00ed, comenc\u00e9 a vivir y a multiplicar mi ministerio a trav\u00e9s de las vidas de otras personas, y todo se debe a que un hombre se interes\u00f3 en unos muchachos&#8230;<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p>                    El me ense&ntilde;&oacute; a ser un hombre. \u2028Cuando era ni&ntilde;o, alguien sugiri&oacute; que yo fuera a una escuela dominical cerca de mi casa. Fui, pero no me entusiasmaba mucho. Se realizaba en una casa y, a mi parecer, no era una iglesia. De hecho, nunca hubiese vuelto si no fuera por una cosa: hab&iacute;a un hombre que se llamaba Walter. &Eacute;l me quer&iacute;a tanto a m&iacute; como a los otros doce chicos de la clase.<br \/>\nGuardo memorias vividas de esas clases. Walter med&iacute;a alrededor de 1.90 m y calzaba el n&uacute;mero 47. Tengo la imagen de nosotros, los varones, sentados alrededor de &eacute;l, observando sus zapatos.&Eacute;l no s&oacute;lo emple&oacute; su tiempo en ense&ntilde;arnos, sino que tambi&eacute;n nos quer&iacute;a. El nunca tuvo problemas de disciplina con nosotros. Mir&aacute;bamos los zapatos y pens&aacute;bamos qu&eacute; ser&iacute;a de ellos si alguna vez uno se desprendiera. Walter influy&oacute; en guiarme a conocer a Jesucristo. Lo sorprendente es que de esos trece ni&ntilde;os, once de nosotros estamos trabajando a tiempo completo para el Se&ntilde;or. Walter solamente hab&iacute;a cursado la escuela primaria, pero viv&iacute;a la vida de Jesucristo y era id&oacute;neo para comunicarla.<br \/>\nLas lecciones de la escuela dominical eran como las tareas de la escuela y esto era un problema para m&iacute;, ya que la escuela y yo nunca fuimos hechos el uno para el otro. En la escuela sent&iacute;a que mi rol principal era causar un caos. Por lo tanto, antes de que entrara la maestra, yo siempre me ocupaba de conseguirlo.<br \/>\nA&uacute;n recuerdo a una maestra que entr&oacute;, me mir&oacute; y dijo: &laquo;Tengo la respuesta a tu problema, jovencito&raquo;. Sac&oacute; una soga bien gruesa, me at&oacute; al asiento, tom&oacute; papel engomado, cubri&oacute; toda mi boca y dijo: &laquo;Si esto no es suficiente, tengo una soga a&uacute;n m&aacute;s larga&raquo;.<br \/>\nNunca me olvid&eacute; de esa maestra y estaba seguro de que ella tampoco se hab&iacute;a olvidado de m&iacute;. Hace alg&uacute;n tiempo o&iacute; decir que se jubilaba y fui a visitarla.<br \/>\nLe dije: &laquo;&iquest;Qu&eacute; tal se&ntilde;orita Sim&oacute;n? Soy Howard Hendricks&raquo;.<br \/>\nElla respondi&oacute;: &laquo;No, no puede ser&raquo;<br \/>\nLe dije: &laquo;S&iacute; se&ntilde;ora, el mismo&raquo;.<br \/>\nDijo: &laquo;No puede ser. Deber&iacute;as estar en un reformatorio, donde yo predije que ir&iacute;as&raquo;.<br \/>\nLa verdad es que ella predijo que cinco de los j&oacute;venes ir&iacute;an a la prisi&oacute;n y tres de ellos efectivamente fueron. Los dos restantes fuimos ganados para Cristo por el mismo maestro de escuela dominical, Walter. &Eacute;l no s&oacute;lo emple&oacute; su tiempo en ense&ntilde;arnos, sino que tambi&eacute;n nos quer&iacute;a y lo hac&iacute;a en tal forma que, sin darnos cuenta, le obedec&iacute;amos. Es &eacute;se el modo en que muchos hombres hoy en d&iacute;a deber&iacute;an de emplear su tiempo con los j&oacute;venes.<br \/>\nAl llegar a la adolescencia me olvid&eacute; de Walter. Para ese entonces lo que m&aacute;s me atra&iacute;a era un tambor. Hab&iacute;a tocado el tambor en la banda de los Ni&ntilde;os Exploradores. Finalmente consegu&iacute; un juego completo de tambores, para disgusto de todo el vecindario. A veces tocaba de seis a ocho horas por d&iacute;a. Luego me enter&eacute; acerca de un baterista famoso y talentoso que tocaba como un loco. &iexcl;Era tremendo! Mi &iacute;dolo. Yo practicaba por horas para llegar a ser como &eacute;l. Observaba cada movimiento que hac&iacute;a para imitarlo. Finalmente, un d&iacute;a &eacute;l organiz&oacute; una competencia. Trabaj&eacute; hasta el cansancio, ya que el primer premio era recibir ense&ntilde;anza personal de ese baterista profesional.<br \/>\nGan&eacute;, pero fue la desilusi&oacute;n m&aacute;s grande que tuve en mi vida. Cuando me llevaron a su camer&iacute;n para ser presentado, descubr&iacute; que se estaba inyectando con una jeringa hipod&eacute;rmica. &iexcl;Era un drogadicto! La raz&oacute;n por la cual pod&iacute;a tocar casi como un superhombre era que lo hac&iacute;a bajo el poder de la droga. A&uacute;n recuerdo c&oacute;mo sal&iacute; de ese teatro; mi &iacute;dolo se hab&iacute;a venido abajo estrepitosamente.Yo pensaba: &laquo;Esto s&iacute; es vida&raquo;. Pero cuanto m&aacute;s alto llegaba, m&aacute;s infeliz era. Me dije: &laquo;Lo que le pasa a &eacute;l no tiene por qu&eacute; pasarme a m&iacute;. Voy a llegar a la cima, pero sin drogas&raquo;. Me esmer&eacute; mucho. Un d&iacute;a la banda de adolescentes m&aacute;s fogosa de la ciudad ten&iacute;a una vacante para un baterista y me tomaron a m&iacute;. Esto era llegar alto; todav&iacute;a recuerdo cuando tocaba de un sal&oacute;n de fiestas a otro hasta la madrugada. Yo pensaba: &laquo;Esto s&iacute; es vida&raquo;. Pero cuanto m&aacute;s alto llegaba, m&aacute;s infeliz era.<br \/>\nUna noche, solitario, recuerdo haber subido las escaleras del departamento de mi abuela. Durante a&ntilde;os ella hab&iacute;a orado pacientemente y me hab&iacute;a demostrado lo que era vivir la vida de Jesucristo. Mi abuela era sorda, por lo tanto, cuando oraba lo hac&iacute;a fuerte, no para tratar de impresionar a la gente, sino porque no pensaba que la pod&iacute;an escuchar. A&uacute;n recuerdo o&iacute;rla decir vez tras vez: &laquo;Howard, Howard, Howard&raquo;. Oraba por m&iacute;.<br \/>\nMe tir&eacute; sobre la cama esa noche diciendo: &laquo;Hendricks, &iquest;c&oacute;mo puedes ser tan tonto? Lo que est&aacute;s buscando, la verdad, es lo que tu abuela posee. Esto es lo que Walter viv&iacute;a&raquo;.<br \/>\nNo mucho tiempo despu&eacute;s, en una conferencia de j&oacute;venes, comprend&iacute; firmemente cu&aacute;l era la voluntad de Dios para mi vida. Posteriormente me inscrib&iacute; en una universidad cristiana, luego fui al seminario y a un n&uacute;mero de ministerios, incluyendo un pastorado y la ense&ntilde;anza en un seminario muy conocido. Cuando miro atr&aacute;s, reconozco que el punto crucial gir&oacute; alrededor de ese hombre en mi vida: Walter. Cuando descubr&iacute; que Dios ten&iacute;a un plan para m&iacute;, comenc&eacute; a vivir y a multiplicar mi ministerio a trav&eacute;s de las vidas de otras personas, y todo se debe a que un hombre se interes&oacute; en unos muchachos.\n                    <\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">\u00a9Christian Reader, usado con permiso. \u00a92009,  Apuntes Pastorales. Todos los derechos reservados.<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Howard Hendricks Cuando descubr\u00ed que Dios ten\u00eda un plan para m\u00ed, comenc\u00e9 a vivir y a multiplicar mi ministerio a trav\u00e9s de las vidas de otras personas, y todo se debe a que un hombre se interes\u00f3 en unos muchachos&#8230; El me ense&ntilde;&oacute; a ser un hombre. \u2028Cuando era ni&ntilde;o, alguien sugiri&oacute; que yo &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/lo-que-aprendi-de-mi-amigo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abLo que aprend\u00ed de mi amigo\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-2386","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2386","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2386"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2386\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2386"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2386"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2386"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}