{"id":2449,"date":"2015-12-01T00:47:14","date_gmt":"2015-12-01T05:47:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/humildad-parte-i\/"},"modified":"2015-12-01T00:47:14","modified_gmt":"2015-12-01T05:47:14","slug":"humildad-parte-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/humildad-parte-i\/","title":{"rendered":"Humildad, parte I"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Jos\u00e9 Belaunde M.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">Es cierto que para la mayor\u00eda de la gente hablar de la santidad hoy d\u00eda suena aburrido, anticuado, fuera de lugar e incluso rid\u00edculo. Sin embargo, la santidad para el cristiano no es algo optativo; no es algo que se le ofrece como una opci\u00f3n, t\u00f3malo o d\u00e9jalo. Es obligatorio, esta debe ser parte integral de la vida de todo seguidor(a) de Cristo.<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p>                    <B><br \/>\n<P align=justify><\/B>Si se preguntara a un grupo de creyentes reunidos en una sala \u00bfQui\u00e9n quiere ser santo? seguramente todas las manos se levantar\u00edan de inmediato. Pero si se preguntara enseguida en un tono algo serio \u00bfQui\u00e9nes est\u00e1n dispuestos a pagar el precio de la santidad? quiz\u00e1 no se levantar\u00edan todas las manos con el mismo entusiasmo.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Pagar el precio de la santidad. \u00bfQu\u00e9 cosa quiere decir eso? Si la santidad tiene, como creemos, mucho valor, su precio debe ser muy alto, porque todo lo que vale, cuesta; tiene obviamente un precio que est\u00e1 en funci\u00f3n de su valor. Y quiz\u00e1 no todos est\u00e9n dispuestos a pagarlo. Yo s\u00e9 muy bien que para la mayor\u00eda de la gente hablar de la santidad hoy d\u00eda suena rid\u00edculo y anticuado. Sin embargo, la santidad para el cristiano no es algo optativo; no es algo que se le ofrece como un opci\u00f3n, t\u00f3malo o d\u00e9jalo. Es obligatorio.<\/P><br \/>\n<P align=justify>El ap\u00f3stol Pedro, citando al Lev\u00edtico, escribi\u00f3: \u00abComo aquel que os llam\u00f3 es santo, sed vosotros tambi\u00e9n santos en toda vuestra manera de vivir; porque est\u00e1 escrito: \u00abSed santos porque yo soy santo\u00bb\u00bb. (1Pe 3.15\u009616). Es una orden inapelable. El cristiano que no se esfuerza por ser santo es un cristiano aficionado, un \u00abamateur\u00bb, alguien que no toma su fe en serio.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Jes\u00fas, por su lado nos dijo: \u00abSed pues vosotros perfectos como vuestro Padre que est\u00e1 en los cielos es perfecto\u00bb (Mt 5.48). \u00c9l nos llama a una perfecci\u00f3n \u0097palabra que, en la pr\u00e1ctica, es un sin\u00f3nimo de santidad\u0097 semejante a la de su Padre, para que seamos dignos hijos suyos. \u00a1Qu\u00e9 tal reto! Aqu\u00ed la dificultad estriba en que Jes\u00fas nos habla de la perfecci\u00f3n que debemos alcanzar a prop\u00f3sito de la necesidad de amar a nuestros enemigos. Y eso s\u00ed es algo que definitivamente nos cuesta mucho. No es nada f\u00e1cil. Pero, nos guste o no, debemos amar a nuestros enemigos si hemos de ser perfectos, es decir, santos. Eso forma parte del costo a pagar. <\/P><br \/>\n<P align=justify>Vemos pues que el camino de la santidad est\u00e1 erizado de espinas, sembrado de obst\u00e1culos. Es como comer un potaje de hierbas amargas, como la que recet\u00f3 Mois\u00e9s a los hebreos para celebrar la Pascua (Ex 12.8). No es agradable al paladar, pero es necesario. A la larga es agradable en muchos sentidos, pero, a la corta, no es agradable a nuestros sentidos. Es como intentar comer una fruta cuya pulpa es deliciosa pero cuya c\u00e1scara es dura y llena de espinas.<\/P><br \/>\n<P align=justify>\u00bfCu\u00e1l es la base de la santidad? El fundamento, la ra\u00edz de la santidad es la humildad. Ah\u00ed reside el secreto de la santidad. Pero ser humilde no es f\u00e1cil. Tratar de serlo puede incluir pasar por algunas experiencias de aprendizaje que no nos sean del todo gratas. Las flores cuyo color y cuyo perfume nos encantan toman su sustancia de la ra\u00edz. Si se las corta y se las separa de la ra\u00edz, se marchitan en poco tiempo. Igual ocurre con las virtudes cuyo conjunto forma el racimo de la santidad: separadas de su ra\u00edz, que es la humildad, se marchitan (1).<\/P><br \/>\n<P align=justify>Sin santidad nadie ver\u00e1 a Dios, dice la Escritura (He 12.14). Y sin humildad no hay santidad. Eso es algo que no est\u00e1 dicho expl\u00edcitamente en ninguna parte de la Biblia pero que se infiere de toda la Escritura. Quien lo niegue est\u00e1 ciego o no sabe leer. \u00bfPodemos imaginar un santo orgulloso? \u00bfUn orgulloso que agrade a Dios? Pero ser humilde no nos es f\u00e1cil porque va en contra de nuestras m\u00e1s arraigadas tendencias naturales, contra nuestros m\u00e1s fuertes instintos. <\/P><br \/>\n<P align=justify>La humildad es la ra\u00edz, como hemos dicho, y la ra\u00edz est\u00e1 oculta en la tierra: Todas caminan encima, la aplastan y la pisan. Algo semejante ocurre en el mundo con el hombre o la mujer humildes; todos los empujan, los ponen de lado, los marginan, los desprecian. Sean humildes de coraz\u00f3n o s\u00f3lo de aspecto.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Por eso ser humilde en el mundo no resulta ser nada pr\u00e1ctico. M\u00e1s bien el que quiera llegar a ser algo en el mundo tiene que afirmarse, sacar el pecho, hacerse propaganda, mostrar sus dotes, adornar su curriculum, levantar la voz, abrirse paso a codazos y a empujones&#8230; \u00bfPodemos imaginarnos a alguien que se postule a un puesto determinado, o que se presente en las elecciones como candidato, diciendo modestamente: \u00abYo no valgo nada, pero estoy dispuesto a hacer los mayores esfuerzos por cumplir?\u00bb Se reir\u00edan en su cara. No, el hombre que pretenda alguna posici\u00f3n tiene que decir bien claro, para que todos lo oigan: \u00abAqu\u00ed est\u00e1n mis credenciales, mis t\u00edtulos. Yo he hecho esto, esto y esto\u00bb.<\/P><br \/>\n<P align=justify>El hombre humilde se complace en vivir oculto e ignorado. No le gusta ser conocido. No anda proclamando sus m\u00e9ritos, sino todo lo contrario, los niega o los desestima. Rehuye la luz de los reflectores, evita estar en el centro del escenario, atraer todas las miradas. Pero sabemos muy bien que con la mayor\u00eda de los humanos ocurre precisamente lo contrario. Llamar la atenci\u00f3n es lo que m\u00e1s nos gusta. (Nota)<\/P><br \/>\n<P align=justify>Hay quienes se desviven por ser famosos. Digo \u00abhay quienes\u00bb por no decir \u00abtodos\u00bb. \u00bfQu\u00e9 es lo que mueve a los que buscan llegar a la cima? \u00bfla modestia? \u00bfla humildad? No. El af\u00e1n de gloria. Una sed insaciable de inflar el propia ego. Algo indeseable para el humilde, pero tan deseable para la mayor\u00eda como la inmortalidad.<\/P><br \/>\n<P align=justify>A todos nos agrada estar arriba, no abajo. Sin embargo, todo el que busca la notoriedad, ser conocido y respetado en cualquier campo, incluso en el de la iglesia, es inevitablemente una persona vana. No busca el reconocimiento por humildad sino por vanidad, por amor de s\u00ed mismo. Si busca que lo elogien es porque eso halaga su vanidad. Pero la vanidad es un terreno f\u00e9rtil en donde crecen todos los dem\u00e1s defectos, les abre la puerta de par en par.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Existe una contradicci\u00f3n irreconciliable entre la humildad y la vanidad. El vanidoso, por definici\u00f3n, no es humilde, y el humilde, por definici\u00f3n, no es vanidoso. Humildad y vanidad se contradicen no s\u00f3lo en s\u00ed mismas, sino en aquello a lo que conducen: la humildad aunque se hunda, lleva hacia arriba; la vanidad aunque se eleve, lleva hacia abajo. Lo afirma el libro de los Proverbios: \u00abAntes del quebrantamiento se eleva el coraz\u00f3n del hombre, y antes de la honra es el abatimiento\u00bb (Pr 18.12). Lo repite el c\u00e1ntico de Mar\u00eda, el Magnificat: \u00abQuit\u00f3 de los tronos a los poderosos y exalt\u00f3 a los humildes\u00bb (Lc 1.52).<\/P><br \/>\n<P align=justify>Cuanto m\u00e1s se hundan las ra\u00edces de un \u00e1rbol, m\u00e1s alto puede crecer su tronco: \u00ab&#8230;volver\u00e1 a echar ra\u00edces abajo y llevar\u00e1 fruto arriba.\u00bb (2 Re 19.30b). Cuanto m\u00e1s profundo se caven los cimientos, m\u00e1s alto se puede elevar el edificio. Similarmente, cuanto m\u00e1s humilde es una persona, m\u00e1s santa puede llegar a ser. Cuanto m\u00e1s profunda la humildad, con mayor fuerza brotan los frutos del Esp\u00edritu. (2) <\/P><br \/>\n<P align=justify>Hay una relaci\u00f3n directa entre humildad y santidad, al punto que podr\u00edamos formular la siguiente ley espiritual: La santidad de una persona es directamente proporcional a su humildad. Porque cuanto m\u00e1s humilde sea, con m\u00e1s ternura se inclinar\u00e1 Dios para derramar sus gracias sobre ella: \u00abDios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes\u00bb (Stg 4.6)<\/P><br \/>\n<P align=justify>Por su lado el ap\u00f3stol Pablo escribe: \u00abNada hag\u00e1is por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los dem\u00e1s como superiores a s\u00ed mismo\u00bb (Fil 2.3). Podemos pues afirmar sobre la base de la Escritura que la marca distintiva de la santidad, su sello, es la humildad (3) <\/P><br \/>\n<P align=justify>Pero as\u00ed como la humildad es la ra\u00edz de todas las virtudes, el orgullo es la ra\u00edz de todos los pecados. El profeta Isa\u00edas nos lo muestra a prop\u00f3sito de Satan\u00e1s: \u00ab\u00a1C\u00f3mo ca\u00edste, oh Lucero, hijo de la ma\u00f1ana! Cortado fuiste por tierra, t\u00fa que debilitabas a las naciones. T\u00fa que dec\u00edas en tu coraz\u00f3n: Subir\u00e9 al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantar\u00e9 mi trono y en el monte del testimonio me sentar\u00e9, a los lados del Norte. Sobre las alturas de las nubes subir\u00e9 y ser\u00e9 semejante al Alt\u00edsimo\u00bb (14.2\u00965).<\/P><br \/>\n<P align=justify>El orgullo fue el origen de la rebeli\u00f3n de Lucifer, la causa de su ca\u00edda. Ezequiel lo precisa: \u00abSe enalteci\u00f3 tu coraz\u00f3n a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabidur\u00eda a causa de tu esplendor\u00bb (28.17a). Con la rebeli\u00f3n de Satan\u00e1s se trastorn\u00f3 el orden perfecto con que Dios hab\u00eda creado el mundo. Por envidia del hombre y odio a Dios Satan\u00e1s tent\u00f3 al hombre con el orgullo: \u00abSer\u00e9is como Dios&#8230;\u00bb (Gn 3.5) le sugiri\u00f3 la serpiente a la ingenua Eva, para que desobedeciera la orden de Dios. Con su desobediencia se corrompi\u00f3 la naturaleza humana y el orgullo se convirti\u00f3 en la ra\u00edz de todos los vicios y cr\u00edmenes que siguieron despu\u00e9s, acumulando pecado tras pecado (Gn 4). Y con el pecado comenz\u00f3 el sufrimiento humano.<\/P><br \/>\n<P align=justify>San Agust\u00edn escribi\u00f3 respecto de la ca\u00edda del hombre: \u00abT\u00fa eras hombre y te perdiste por querer ser Dios: \u00c9l era Dios y se hizo hombre para encontrar al que se hab\u00eda perdido\u00bb. En efecto, el hombre se perdi\u00f3 por pretender ser como Dios; Dios lo salv\u00f3 haci\u00e9ndose hombre, es decir, humill\u00e1ndose hasta descender a su nivel. \u00ab&#8230;y estando en la condici\u00f3n de hombre se humill\u00f3 a s\u00ed mismo, haci\u00e9ndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz\u00bb (Fil 2.8). La ra\u00edz de la ca\u00edda fue el orgullo que se convirti\u00f3 en odio; la ra\u00edz de la salvaci\u00f3n fue el amor que se visti\u00f3 de humildad.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Pero alguien podr\u00eda no sin raz\u00f3n objetar: \u00bfC\u00f3mo se puede conciliar el imperativo de actuar en el mundo, de saltar a la palestra de la predicaci\u00f3n para evangelizar a las multitudes, con el permanecer oculto y evitar la notoriedad? \u00bfAcaso ha habido alg\u00fan gran predicador que convirtiera a las masas y que no se hiciera famoso? La fama es el precio que tiene que pagar todo ministerio exitoso.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Indudablemente la fama acompa\u00f1a al \u00e9xito en la predicaci\u00f3n, es innegable. Sin embargo con el \u00e9xito vienen tambi\u00e9n las contradicciones, la oposici\u00f3n, las envidias, las rivalidades, la competencia por las ofrendas&#8230; Vienen tambi\u00e9n las tentaciones. Es ciertamente un alto precio que pagar. Pero si el predicador busca el \u00e9xito en su ministerio para llegar a ser famoso, por mucho que racionalice sus motivaciones para encontrar una excusa, no est\u00e1 buscando a Dios, sino servirse a s\u00ed mismo. <\/P><br \/>\n<P align=justify>El argumento de la inevitabilidad de la fama, como consecuencia de la necesidad del \u00e9xito, es una de las grandes mentiras con que Satan\u00e1s ha seducido a la iglesia para apartarla del buen camino. Y, en verdad, Satan\u00e1s ha tenido mucho \u00e9xito en ese empe\u00f1o porque muchos ministros del evangelio buscan el \u00e9xito en la predicaci\u00f3n por el prestigio, la fama y el poder que les da. Olvidan que cuanto m\u00e1s alto se eleva el hombre en mayor peligro est\u00e1 de ser tentado; y que m\u00e1s estrepitosa puede ser su ca\u00edda.<\/P><br \/>\n<P align=justify>En verdad, el orgullo ha sido la muerte de muchos ministerios animados por muchos hombres y mujeres de Dios que empezaron fiel y humildemente a servirlo y que llegaron a ser famosos. En muchos casos pareciera que hubiera sido el sexo la causa de su ca\u00edda, pero el sexo fue solo la ocasi\u00f3n. La verdadera causa fue el orgullo. La palabra de Jes\u00fas se cumple siempre: \u00ab&#8230;todo el que se enaltece ser\u00e1 humillado; y el que se humilla ser\u00e1 exaltado\u00bb (Lc 18.14).<\/P><br \/>\n<P align=justify>Esa es una ley sin excepciones. No fue dada para los incr\u00e9dulos solamente, aunque en ellos tambi\u00e9n se aplica. Jes\u00fas la aplica al fariseo creyente que cumple fielmente la ley de Mois\u00e9s (Lc 18.9\u009614) y es m\u00e1s v\u00e1lida, en verdad, para los creyentes que para los incr\u00e9dulos, porque ellos est\u00e1n obligados a seguir a su Maestro, que fue manso y humilde.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Ciertamente los ministerios famosos son necesarios, porque la iglesia trabaja en el mundo con los medios que proporciona el mundo, aunque sus armas no sean carnales (y cuando lo son la obra de Dios se distorsiona) Pero la verdadera, la m\u00e1s valiosa obra de Dios se cumple en secreto, fuera del ruido del mundo. Las estad\u00edsticas demuestran que la gran mayor\u00eda de los fieles que asisten a las iglesias se convirtieron por la evangelizaci\u00f3n de persona a persona; s\u00f3lo un peque\u00f1o porcentaje se convirti\u00f3 en una gran campa\u00f1a. La evangelizaci\u00f3n personal, sin embargo, transcurre lejos de los reflectores de la celebridad.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Alg\u00fan d\u00eda veremos que los hombres y mujeres que m\u00e1s hicieron por la causa del evangelio no fueron los que m\u00e1s fama alcanzaron en su tiempo ni los que figuran en los libros de historia, sino los desconocidos e ignorados por todos. La labor m\u00e1s eficaz de todas es la que realizan los intercesores en su c\u00e1mara secreta. Son ellos los que sostienen la obra de la predicaci\u00f3n. Es su oraci\u00f3n la que hace que baje el Esp\u00edritu Santo con poder sobre los corazones.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Puedo dar m\u00e1s de un ejemplo. Pero eso lo dejaremos para pr\u00f3xima parte.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Notas <\/p>\n<p>(1) Naturalmente la ra\u00edz de la ra\u00edz es Jesucristo, el hombre humilde por excelencia. No lo menciono expl\u00edcitamente porque lo doy por sentado.(2) La humildad es un virtud tan humilde que ni siquiera figura entre los frutos del Esp\u00edritu, pero es su condici\u00f3n.(3) Hay tantas referencias sobre la humildad en una concordancia tem\u00e1tica que no me alcanzar\u00eda una p\u00e1gina para citarlas todas.Nota: Fray Luis de Le\u00f3n, uno de los m\u00e1s grandes poetas del siglo de oro espa\u00f1ol \u0097a quien la Inquisici\u00f3n mand\u00f3 a la c\u00e1rcel por haberse atrevido a traducir del hebreo \u00abEl Cantar de los Cantares3\u0097 escribi\u00f3 estos versos inmortales: <\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><\/P><br \/>\n<P align=center>\u00bb Que descansada vida la del que huye del mundanal ruido y sigue la escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido. \u00ab<\/P><br \/>\n<P align=justify>Acerca del autor:Jos\u00e9 Belaunde N. naci\u00f3 en los Estados Unidos pero creci\u00f3 y se educ\u00f3 en el Per\u00fa donde ha vivido pr\u00e1cticamente toda su vida. Participa activamente en programas evangel\u00edsticos radiales, es maestro de cursos b\u00edblicos es su iglesia en Per\u00fa y escribe en un semanario local abordando temas societarios desde un punto de vista cristiano. Desde 1999 publica el bolet\u00edn semanal \u00abLa Vida y la Palabra\u00bb, el cual es distribuido a miles de personas de forma gratuita en las iglesias de su pa\u00eds. Para m\u00e1s informaci\u00f3n puede escribir al hno. Jos\u00e9 a jbelaun@terra.com.pe <\/P>\n                    <\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Jos\u00e9 Belaunde M. Es cierto que para la mayor\u00eda de la gente hablar de la santidad hoy d\u00eda suena aburrido, anticuado, fuera de lugar e incluso rid\u00edculo. Sin embargo, la santidad para el cristiano no es algo optativo; no es algo que se le ofrece como una opci\u00f3n, t\u00f3malo o d\u00e9jalo. 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