{"id":2456,"date":"2015-12-01T00:47:22","date_gmt":"2015-12-01T05:47:22","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/sobre-el-amor-a-dios\/"},"modified":"2015-12-01T00:47:22","modified_gmt":"2015-12-01T05:47:22","slug":"sobre-el-amor-a-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/sobre-el-amor-a-dios\/","title":{"rendered":"Sobre el amor a Dios"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Bernardo de Clairvaux<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">Bernardo de Clairvaux fue un sacerdote cat\u00f3lico franc\u00e9s, escol\u00e1stico, usado grandemente por Dios en el siglo XII d. de C. Toda su vida y ministerio estuvieron apasionadamente centrados en Cristo y en Dios mismo. Su vida, ministerio y escritos influyeron decidida y positivamente en la vida espiritual de la Edad Media. El presente escrito fue extra\u00eddo de una carta personal de Bernardo, la cual era dirigida al canciller del Vaticano, Cardenal Haimeric. En todos los escritos medioevales es dif\u00edcil encontrar uno que exprese, como este lo hace, una reflexi\u00f3n sobre el amor del hombre a su Dios.<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p><P align=center><\/P><br \/>\n<P align=justify>\u00abAl ilustr\u00edsimo Se\u00f1or Haimeric, Cardenal-Decano y Canciller de la Sede de Roma, de parte de Bernardo, Abad de Clairvaux, dese\u00e1ndole que viva en el Se\u00f1or y que muera en \u00c9l\u00bb.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Hasta ahora ha sido su costumbre pedirme oraciones y no respuestas a preguntas. Quiero confesarle que no soy muy competente en ninguna de estas tareas, aunque mi profesi\u00f3n implica la oraci\u00f3n hasta cuando mi conducta no est\u00e1 a la altura de mis obligaciones.<\/P><br \/>\n<P align=justify>No prometo contestarle todas sus preguntas, sino s\u00f3lo las que haga referidas al amor de Dios; a\u00fan entonces mi respuesta ser\u00e1 la que \u00c9l se digne concederme. Este tema sabe m\u00e1s dulce a la mente y es tratado con mayor certeza y escuchado con m\u00e1s grande provecho. Reserve las otras preguntas para intelectos m\u00e1s brillantes.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Usted desea que le diga por qu\u00e9 y c\u00f3mo debemos amar a Dios. Mi respuesta es que Dios mismo es la raz\u00f3n para que lo amemos. En cuanto a la forma como hemos de amarlo, no hay l\u00edmites para ese amor. \u00bfEs suficiente esta respuesta? Quiz\u00e1s, pero s\u00f3lo para un hombre sabio. Como soy deudor, sin embargo, tambi\u00e9n a los sabios (Ro. 1.14), es costumbre agregar algo para ellos despu\u00e9s de decir algo para los buenos entendedores de pocas palabras. Por lo tanto, para beneficio de aquellos que son lentos en captar ideas, no me es una carga tratar las mismas ideas con mayor extensi\u00f3n o con mayor profundidad.<\/P><br \/>\n<P align=justify>En consecuencia de lo anterior, insisto en que hay dos razones por las que debemos amar a Dios por s\u00ed mismo: nadie puede ser amado con mayor justicia ni nadie con beneficio mayor. En realidad, ante la pregunta inicial, podemos repreguntar cu\u00e1l es, en verdad, la pregunta: ya sea por cu\u00e1l m\u00e9rito de \u00c9l o por cu\u00e1l ventaja para nosotros ha de ser amado Dios. Mi respuesta a ambas preguntas es ciertamente la misma, porque no puedo ver que haya otra raz\u00f3n para amarlo que \u00c9l mismo. De modo que veamos primero de qu\u00e9 manera merece \u00c9l nuestro amor.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>C\u00d3MO DEBEMOS AMAR A DIOS, POR AMOR A \u00c9L<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Dios merece mucho de nosotros, por cierto. \u00c9l se dio a s\u00ed mismo por nosotros cuando menos lo merec\u00edamos (G\u00e1. 1.4). Adem\u00e1s, \u00bfqu\u00e9 pudo habernos dado que fuera mejor que s\u00ed mismo? Por lo tanto, cuando procuramos definir por qu\u00e9 debemos amar a Dios, si uno se pregunta qu\u00e9 derecho tiene \u00c9l a ser amado, la respuesta es que la principal raz\u00f3n consiste en que \u00ab\u00c9l nos am\u00f3 a nosotros\u00bb (1 Jn. 4.9,10).<\/P><br \/>\n<P align=justify>Ciertamente \u00c9l es digno de ser amado, cuando uno piensa en qui\u00e9n es el que ama, a qui\u00e9n ama y cu\u00e1nto ama. \u00bfNo es \u00c9l a quien todo esp\u00edritu confiesa\u0085? (1 Jn. 4.2). Este amor divino es sincero, porque es el amor de alguien que no busca lo suyo (1 Co. 13.5).<\/P><br \/>\n<P align=justify>\u00bfA qui\u00e9n se muestra ese amor? Est\u00e1 escrito: \u00abSiendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios\u00bb (Ro. 5.10). Es as\u00ed que Dios am\u00f3 libremente, y hasta a sus enemigos. \u00bfCu\u00e1nto am\u00f3 Dios? San Juan responde a eso: \u00abDe tal manera am\u00f3 Dios al mundo, que ha dado a su Hijo Unig\u00e9nito\u00bb (Jn. 3.16). San Pablo agrega: \u00abEl que no escatim\u00f3 ni a su propio Hijo, sino que lo entreg\u00f3 por todos nosotros\u00bb (Ro. 8.32). El Hijo tambi\u00e9n dijo de s\u00ed mismo: \u00abNadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos\u00bb (Jn. 15.13).<\/P><br \/>\n<P align=justify>De manera que el Justo mereci\u00f3 ser amado por los injustos, el m\u00e1s alto y omnipotente por los d\u00e9biles. Bien, alguien dice: \u00abEsto es verdad para el hombre, pero no vale para los \u00e1ngeles\u00bb. Parecer\u00eda esta objeci\u00f3n verdad porque la muerte vicaria no fue necesaria para los \u00e1ngeles, porque Aquel que vino en ayuda en el tiempo de necesidad, guard\u00f3 a los \u00e1ngeles de tener tal necesidad. Por eso \u0097no obstante la objeci\u00f3n\u0097 Aquel que no dej\u00f3 al hombre en tal estado porque lo am\u00f3, por igual amor dio a los \u00e1ngeles la gracia de no caer en ese estado.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Creo que aquellos para quienes esto es evidente ven las razones por las que Dios debe ser amado, es decir, porque merece ser amado. Si los infieles encubren estos hechos, Dios siempre podr\u00e1 confundir su ingratitud por medio de sus innumerables dones que en forma manifiesta pone a disposici\u00f3n del hombre. Porque, \u00bfqui\u00e9n sino \u00c9l da alimento a todos los que comen, vista a todos los que ven y aire a todos los que respiran? Ser\u00eda necio tratar de enumerarlo todo, lo que acabo de decir es se\u00f1al de lo incontable.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Los dones m\u00e1s nobles del hombre \u0096la dignidad, el conocimiento y la virtud\u0096 se encuentran en las partes superiores de su ser, en su alma. La dignidad del hombre es su voluntad libre por la que es superior a las bestias y hasta las domina. Su conocimiento es aquello por lo cual reconoce que esta dignidad est\u00e1 en \u00e9l, pero que no se origina en \u00e9l. La virtud es aquello por lo cual el hombre busca continua y ansiosamente a su Hacedor.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Cada uno de estos tres dones tiene dos aspectos. La dignidad no es s\u00f3lo un privilegio natural, sino que es tambi\u00e9n un poder de dominaci\u00f3n, porque el temor al hombre est\u00e1 en todos los animales de la tierra (Gn. 9.2). El conocimiento tambi\u00e9n tiene dos aspectos, puesto que entendemos que esta dignidad y otras cualidades naturales est\u00e1n en nosotros, las que, sin embargo, nosotros no creamos. Finalmente, la virtud se percibe como doble, porque por ella buscamos a nuestro Hacedor, y cuando le hallamos nos unimos a \u00c9l tan estrechamente que nos hacemos inseparables de \u00c9l.<\/P><br \/>\n<P align=justify>El resultado es que la dignidad sin conocimiento carece de provecho, sin virtud puede ser un obst\u00e1culo. El siguiente razonamiento explica dos hechos. \u00bfQu\u00e9 gloria hay en tener algo que uno no sabe que posee? Y por otro lado, \u00bfqu\u00e9 justicia hay en conocer lo que uno tiene pero ser ignorante del hecho de que no lo posee por s\u00ed mismo? El Ap\u00f3stol le dice a aquel que se glorifica a s\u00ed mismo: \u00ab\u00bfQu\u00e9 tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, \u00bfpor qu\u00e9 te glorias como si no lo hubieras recibido?\u00bb (1 Co. 4.7).<\/P><br \/>\n<P align=justify>\u00bfHay alg\u00fan incr\u00e9dulo que no sepa que ha recibido lo necesario para su vida corporal, por la cual existe, ve y respira, de Aqu\u00e9l que da alimento a todo ser viviente. (Sal. 136.25) que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos? (Mt. 5.45). \u00bfQui\u00e9n, adem\u00e1s, puede ser tan malo que piense que el autor de su dignidad humana no sea otro que Aquel que dice en el libro de G\u00e9nesis: \u00abHagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza\u00bb (Gn. 1.26). \u00bfQui\u00e9n puede pensar que el dador del conocimiento sea alguien diferente de Aquel que ense\u00f1a conocimiento al hombre? (Sal. 94.10). O por otra parte, \u00bfqui\u00e9n cree que ha recibido o espera recibir el don de la virtud de alguna otra fuente que no sea la mano del Se\u00f1or de la virtud? Por lo tanto, Dios merece ser amado por s\u00ed mismo aun hasta por los incr\u00e9dulos que, aunque son ignorantes de Cristo, sin embargo pueden conocer su propia naturaleza.<\/P><br \/>\n<P align=justify>De manera que todos, hasta los incr\u00e9dulos, est\u00e1n sin excusa si no aman al Se\u00f1or su Dios con todo su coraz\u00f3n, con toda su alma y con todas sus fuerzas. (Mr. 12.30; Ro. 1.20, 21). Porque una justicia innata, que la raz\u00f3n no desconoce, clama en su interior que debe amar con todo su ser a Aquel a quien debe todo lo que es. Sin embargo es dif\u00edcil, imposible para un hombre, por su propio poder de libre voluntad, una vez que ha recibido de Dios todas las cosas, entregarse totalmente a la voluntad de Dios y no m\u00e1s bien a su propia voluntad, manteniendo estos dones para s\u00ed como propios, seg\u00fan est\u00e1 escrito: \u00abTodos buscan lo suyo propio\u00bb (Flp. 2.21), y adem\u00e1s: \u00ab\u0085el intento del coraz\u00f3n del hombre es malo\u00bb (Gn. 8.21).<\/P><br \/>\n<P align=justify>Los fieles, por el contrario, saben cu\u00e1n totalmente necesitan a Jesucristo, y a \u00e9ste crucificado (1 Co. 2.2). Aunque admiran y abrazan en \u00c9l ese amor que excede a todo conocimiento (Ef. 3.19), se averg\u00fcenzan de no darle el poco que tienen a cambio de tan grande amor y honor. Aquellos que se dan cuenta de que son amados m\u00e1s, aman tambi\u00e9n sobradamente m\u00e1s: \u00ab\u0085mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama\u00bb (Lc. 7.43-47).<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>EL PRIMER GRADO DEL AMOR:<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>El hombre se ama a s\u00ed mismo por su propio bien<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Desde que la naturaleza se ha hecho fr\u00e1gil y d\u00e9bil, la necesidad lleva al hombre a atenderla primero. Este es el amor carnal por el cual el hombre se ama a s\u00ed mismo por encima de todo, por su propio bien. Es consciente s\u00f3lo de s\u00ed mismo; como dice San Pablo: \u00abMas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual\u00bb (1 Co. 15.46). El amor no es impuesto por un precepto; est\u00e1 implantado en la naturaleza. \u00bfQui\u00e9n aborreci\u00f3 jam\u00e1s a su propia carne? (Ef. 5.29). Pero si el amor creciera en forma inmoderada \u0096como a veces ocurre\u0096 y semejando una corriente salvaje desbordara el cauce de la necesidad, inundando los campos del deleite, la inundaci\u00f3n ser\u00eda advertida inmediatamente por el mandato que dice: \u00abAmar\u00e1s a tu pr\u00f3jimo como a ti mismo\u00bb (Mt. 22.39). Es por cierto justo que quien comparte la misma naturaleza no debe ser privado de iguales beneficios, especialmente aquel beneficio que est\u00e1 implantado en esa naturaleza.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Si un hombre se sintiera preocupado por satisfacer no s\u00f3lo las necesidades justas de sus hermanos sino tambi\u00e9n sus placeres, pues entonces que restrinja lo suyos si no desea ser un transgresor. Puede ser tan indulgente como lo desee consigo mismo siempre que recuerde que su pr\u00f3jimo tiene los mismos derechos. \u00a1Oh, hombre! La ley de la vida y el orden te impone la moderaci\u00f3n de la temperancia, para que no vayas tras tus deseos injustificables y perezcas, no sea que uses los dones de la naturaleza para servir a trav\u00e9s de la insensibilidad, al enemigo del alma. \u00bfNo ser\u00eda m\u00e1s justo y honroso compartirlos con tu pr\u00f3jimo, tu compa\u00f1ero, que con tu enemigo?<\/P><br \/>\n<P align=justify>No obstante, para amar al pr\u00f3jimo con perfecta justicia, uno debe respetar a Dios. En otras palabras, \u00bfc\u00f3mo puede uno amar al pr\u00f3jimo con pureza si no lo ama en Dios? Es imposible amar en Dios a menos que uno ame a Dios. Es necesario, por lo tanto, amar a Dios primero; entonces uno puede amar al pr\u00f3jimo en Dios (Mr. 12.30).<\/P><br \/>\n<P align=justify>El mismo Creador quiere que el hombre sea disciplinado por las tribulaciones, de modo que cuando el hombre fracasa y Dios viene en su ayuda, \u00e9ste, salvado por Dios, le rendir\u00e1 a \u00c9l el honor debido. Est\u00e1 escrito: \u00abInv\u00f3came en el d\u00eda de la angustia; te librar\u00e9, y t\u00fa me honrar\u00e1s\u00bb (Sal. 50.15). De esta manera, el hombre, que es animal y carnal (1 Co. 2.14), y s\u00f3lo sabe amarse a s\u00ed mismo, sin embargo comienza a amar a Dios en su propio beneficio, porque de la experiencia frecuente aprende que puede hacer todo lo que es bueno para \u00e9l en Dios, y que sin Dios no puede hacer nada bueno (Jn. 15.5).<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>EL SEGUNDO GRADO DEL AMOR:<\/P><br \/>\n<P align=justify>El hombre ama a Dios por su propio beneficio<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>El hombre, por lo tanto, ama a Dios por su propio beneficio y no todav\u00eda por amor a Dios. No obstante, es cuesti\u00f3n de prudencia saber lo que uno puede hacer por s\u00ed mismo y lo que puede hacer con la ayuda de Dios para evitar ofender a Aquel que lo guarda libre de pecado. Sin embargo, si las tribulaciones del hombre se hacen m\u00e1s frecuentes y como resultado se dirige m\u00e1s a menudo a Dios y es liberado por \u00c9l, \u00bfno debe terminar por tomar conciencia, aun cuando tenga un coraz\u00f3n de piedra (Ez. 11.19) en un pecho de hierro, que es la gracia de Dios que lo libera y llegar a amar a Dios, no para su propio beneficio, sino por amor a Dios? <\/P><\/p>\n<p><P align=justify>EL TERCER GRADO DEL AMOR:<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>El hombre ama a Dios por amor a Dios<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Las frecuentes necesidades del hombre lo obligan a invocar a Dios m\u00e1s a menudo y acercarse a \u00c9l con mayor frecuencia. Esta intimidad mueve al hombre a gustar y descubrir cu\u00e1n dulce es el Se\u00f1or. Gustar la dulzura de Dios nos atrae m\u00e1s al amor puro que a la urgencia de nuestras propias necesidades. De ah\u00ed el ejemplo de los samaritanos que le respondieron a la mujer que les hab\u00eda dicho que el Se\u00f1or estaba presente: \u00abYa no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos o\u00eddo, y sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo\u00bb (Jn. 4.42). Seguimos sus pasos cuando decimos a nuestra carne: \u00abAhora amamos a Dios, no a causa solamente de nuestras necesidades, sino porque hemos gustado y sabemos cu\u00e1n dulce es el Se\u00f1or\u00bb.<\/P><br \/>\n<P align=justify>El hombre que siente de esta manera no tendr\u00e1 dificultad en cumplir el mandamiento de amar a su pr\u00f3jimo (Mr. 12.31). Ama a Dios en verdad y de esta forma ama lo que es de Dios. Ama con pureza y no encontrar\u00e1 dif\u00edcil obedecer un mandato puro, purificando su coraz\u00f3n, como est\u00e1 escrito, en la obediencia del amor (1 Pe. 1.22). Este es el tercer grado del amor: en \u00e9l Dios ya es amado por amor a \u00c9l mismo.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>EL CUARTO GRADO DEL AMOR:<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>El hombre se ama a s\u00ed mismo por amor a Dios<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>\u00a1Feliz el hombre que ha llegado a este grado! Ya ni siquiera se ama a s\u00ed mismo, a no ser por su Dios. \u00abTu justicia es como los montes de Dios\u00bb (Sal. 36.6). Este amor es una monta\u00f1a, la imponente cumbre de Dios. Yo dir\u00eda que es bendito y santo el hombre a quien le es dado experimentar algo de esta clase, tan rara en la vida, y aunque sea una sola vez y por espacio de un momento. Perderse, como si ya no existiera, dejar de sentirse totalmente, reducirse a nada, no es un sentimiento humano sino una experiencia divina (Fil. 2.7).<\/P><br \/>\n<P align=justify>Tal como una gota de agua parece desaparecer completamente en una gran cantidad de vino\u0085, tal como el hierro rojo, fundido, se hace tan parecido al fuego que parece perder su estado primario\u0085, tal como el aire de un d\u00eda soleado parece transformarse en sol en lugar de estar iluminado\u0085, de la misma manera es necesario para los santos que todos los sentimientos humanos se fundan de una forma misteriosa y fluyan dentro de la voluntad de Dios.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Yo no creo que eso pueda ocurrir con seguridad hasta que se cumpla la palabra \u00abAmar\u00e1s al Se\u00f1or tu Dios con todo tu coraz\u00f3n, toda tu alma y todas tus fuerzas\u00bb, hasta que el coraz\u00f3n no tenga que pensar en el cuerpo, y el alma ya no tenga que darle vida y sentimientos en esta vida\u0085 De manera que es un cuerpo espiritual e inmortal, calmo y placentero, sujeto al esp\u00edritu en todo, donde el alma espera alcanzar el cuarto grado del amor, o ser m\u00e1s bien pose\u00edda por \u00e9l. Y est\u00e1 en manos de Dios darlo a quien \u00c9l lo desea; no se obtiene por medio de esfuerzos humanos.<\/P><br \/>\n<P align=justify>De todas maneras, \u00bfno creemos que los santos m\u00e1rtires recibieron esta gracia, al menos parcialmente, mientras a\u00fan estaban en sus cuerpos victoriosos? La fuerza de su amor se aferr\u00f3 a sus almas tan enteramente que, despreciando el dolor, pudieron exponer sus cuerpos a tormentos exteriores. No hay duda que la sensaci\u00f3n de intenso dolor pudo perturbar solamente su calma; sin embargo, no los pudo vencer. <\/P><br \/>\n<P align=justify>\u00a9 Christian History. Usado con permiso.Los Temas de Apuntes Pastorales, volumen II, n\u00famero 4.<\/P>\n                    <\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Bernardo de Clairvaux Bernardo de Clairvaux fue un sacerdote cat\u00f3lico franc\u00e9s, escol\u00e1stico, usado grandemente por Dios en el siglo XII d. de C. Toda su vida y ministerio estuvieron apasionadamente centrados en Cristo y en Dios mismo. 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