{"id":2465,"date":"2015-12-01T00:47:33","date_gmt":"2015-12-01T05:47:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/dios-mio-llegare-tarde-otra-vez\/"},"modified":"2015-12-01T00:47:33","modified_gmt":"2015-12-01T05:47:33","slug":"dios-mio-llegare-tarde-otra-vez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/dios-mio-llegare-tarde-otra-vez\/","title":{"rendered":"\u00a1Dios m\u00edo, llegar\u00e9 tarde otra vez!"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Mary K. Salminen<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">\u00a1Qu\u00e9 esposa de pastor o fiel asistente a la iglesia no conoce los afanes del domingo en la ma\u00f1ana! Preparar el desayuno, sacar a los chicos de la cama, lograr que se vistan bien&#8230; Y mil cosas m\u00e1s, hacen que lograr salir de la casa sea una tarea tit\u00e1nica. La autora con un gran sentido del humor nos presenta una cronolog\u00eda de un domingo t\u00edpico \u00a1de locura!<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><b> <\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Al abrir mis ojos me encuentro con un d&iacute;a hermoso. Los rayos del sol, los trinos de los p&aacute;jaros atraviesan mi ventana. Sonr&iacute;o, d&aacute;ndome vuelta en la cama para llegar hasta mi esposo y desearle un buen d&iacute;a. La cama est&aacute; vac&iacute;a. &iexcl;Es domingo! Un sentimiento de horror (y luego de culpa) barre con todo mi buen humor. &iquest;Por qu&eacute; quise alguna vez ser esposa de pastor? Debo vestir a ni&ntilde;os maldispuestos, llenar la bolsa de pa&ntilde;ales, cargar el autom&oacute;vil y llegar a la iglesia a tiempo. No puedo detenerme.<\/p>\n<p align=\"justify\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b> <\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"><b>7:00 a.m.<\/b> El desayuno comienza con quejidos de la ni&ntilde;a de preescolar por no ver a su pap&aacute;, y con el beb&eacute; tirando avena a trav&eacute;s de la habitaci&oacute;n. Mientras lavo botellas, guardo pa&ntilde;ales y alimento al beb&eacute;, consumo una tostada en medio de carreras de aqu&iacute; para all&aacute;.<\/p>\n<p align=\"justify\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b> <\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"><b>7:20 a.m.<\/b> La ni&ntilde;a de preescolar, rebosante de emoci&oacute;n, escoge la ropa que quiere usar para ir a la iglesia. Ignora mi selecci&oacute;n de ropa sobre la cama y crea su propio conjunto.<\/p>\n<p align=\"justify\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b> <\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"><b>7:30 a.m. <\/b>Trato de encontrar ropa limpia para el beb&eacute; y para m&iacute; misma. Yendo hacia el lavadero, voy abri&eacute;ndome camino entre un mar de ollas, frascos y juguetes diseminados por el suelo. Cuando encuentro la &uacute;ltima ropa limpia en toda la casa, oro porque nadie vomite o derrame jugo sobre ella en el transcurso de la siguiente hora.<\/p>\n<p align=\"justify\">Sujeto bien los pa&ntilde;ales al beb&eacute;, y trato de introducir sus piernitas en las peque&ntilde;as aberturas del enterizo. Un campeonato de lucha no tiene comparaci&oacute;n con la tarea de vestir al beb&eacute;. Cada bot&oacute;n, cada cierre que consigo cerrar es una victoria. La transpiraci&oacute;n corre por mi frente mientras termino de atarle los zapatos. Lo acomodo en un lugar seguro y comienza a chillar. Sacude su pie y lanza el zapato a trav&eacute;s de la habitaci&oacute;n. Me rindo y tiro el zapato en la bolsa de pa&ntilde;ales.<\/p>\n<p align=\"justify\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b> <\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"><b>7:40 a.m.<\/b> La ni&ntilde;a de preescolar emerge triunfante de su cuarto &laquo;lista para ir a la iglesia&quot;&raquo;. Exhibe con orgullo y convicci&oacute;n un dise&ntilde;o de rayas y puntos. El beb&eacute; aplaude, pero yo insisto en que cambie su ropa por un vestido de tafet&aacute;n rosa. &quot;&iexcl;Qu&eacute; aburrido!&quot;, gru&ntilde;e ella.<\/p>\n<p align=\"justify\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b> <\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"><b>8:00 a.m.<\/b> Corro para vestirme y tirarme un poco de maquillaje encima mientras la ni&ntilde;a lloriquea y el beb&eacute; saca todos los juguetes que hay en la casa. Entre las tareas, separo un poco de jugo, voy detr&aacute;s del beb&eacute; y busco un sobre para la ofrenda.<\/p>\n<p align=\"justify\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b> <\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"><b>8:40 a.m.<\/b> Pongo toda clase de art&iacute;culos esenciales en la bolsa de los pa&ntilde;ales hasta abarrotarla: pa&ntilde;ales, franelas, botellas, &laquo;paquetitos&raquo;, un libro para colorear, crayones, una Barbie. Colocar todo en una bolsa es una verdadera victoria moral.<\/p>\n<p align=\"justify\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b> <\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"><b>9:00 a.m.<\/b> Entramos al auto. Me miro en el espejo retrovisor. Luzco como la novia de Frankestein sin m&aacute;scara ni l&aacute;piz labial. Mientras me aplico cosm&eacute;ticos, trato de recorrer en mi mente la lista de las cosas necesarias: ni&ntilde;os, Biblia, ofrenda\u0085 &iexcl;uy! no est&aacute; la bolsa de pa&ntilde;ales. Vuelo hasta la casa en busca de mi cargamento, y me encuentro con el caos total. Una pila de platos sucios, ba&ntilde;os desordenados y juguetes tirados por todas partes me esperan al regreso. Contemplo huir de casa.<\/p>\n<p align=\"justify\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b> <\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"><b>9:10 a.m.<\/b> Manejo en silencio. Trato de suprimir mi fatiga, enojo y frustraci&oacute;n, pero a&uacute;n me pregunto: &quot;Dios, &iquest;por qu&eacute; estoy haciendo todo esto? &iquest;Qu&eacute; sentido tiene?&quot; Al llegar a la iglesia, dirijo la mirada hasta mis zapatos. Uno negro, el otro azul marino. Tal vez nadie se d&eacute; cuenta. Descargo todo del autom&oacute;vil, la bolsa para pa&ntilde;ales, cartera, Biblia y, cargando un ni&ntilde;o en cada brazo, entro a la iglesia.<\/p>\n<p align=\"justify\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b> <\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"><b>9:25 a.m.<\/b> Insisto en que la ni&ntilde;a vaya al ba&ntilde;o antes de la escuela dominical. Sobreviene la Tercera Guerra Mundial. Sonidos de gritos hist&eacute;ricos y llantos se originan desde el ba&ntilde;o. Los gritos destemplados salen amplificados al corredor, a trav&eacute;s de las paredes embaldosadas; mientras tanto el beb&eacute; juega en el otro ba&ntilde;o. Finalmente, cuando emergemos de la batalla con nuestra misi&oacute;n cumplida, mi malhumorada hija murmura: &laquo;No precisaba ir&raquo;. Al minuto siguiente desaparece dentro de su clase, con una sonrisa de oreja a oreja para su maestra.<\/p>\n<p align=\"justify\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b> <\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"><b>9:30 a.m.<\/b> Apresuro el paso hacia la guarder&iacute;a donde vislumbro mi libertad inminente. R&aacute;pidamente dejo al beb&eacute; all&iacute; y corro a la clase b&iacute;blica para consumir cafe&iacute;na y mantener conversaciones de adultos. Demacrada y desgre&ntilde;ada, entro tarde a la clase tambale&aacute;ndome. Mi marido me da una valiente sonrisa mientras toma sorbos de caf&eacute;. &laquo;&iquest;Tuviste una mala ma&ntilde;ana, querida? &iquest;Qu&eacute; pas&oacute; con tus zapatos?&raquo; Fantaseo con la idea de tirarle caf&eacute; caliente por la cabeza y refunfu&ntilde;o: &laquo;Son tus hijos, no m&iacute;os&quot;&raquo; (Sin embargo, sus rasgos prueban lo contrario).<\/p>\n<p align=\"justify\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b> <\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"><b>10:20 a.m.<\/b> Algo rejuvenecida luego de la escuela dominical, recojo a la peque&ntilde;a y me uno al resto de la congregaci&oacute;n. Al verse ante la posibilidad de una hora de confinamiento por delante, se toma su tiempo para escoger un banco. Una vez instalada, se ocupa de desparramar sus bolitas de queso, de hacer malabarismo con los crayones y cantar en el momento indebido. Se menea bajando y subiendo de mi falda unas cuarenta y dos veces antes del mensaje. A su regreso de la charla para ni&ntilde;os, se pierde en el gran santuario. Esta experiencia la calma un poco, al menos durante unos tres minutos. Al rato le lee un libro a Barbie, colorea el bolet&iacute;n y simula que tiene que ir al ba&ntilde;o.<\/p>\n<p align=\"justify\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b> <\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"><b>11:30 a.m.<\/b> Suenan algunos acordes del himno de clausura. Mi coraz&oacute;n salta de alegr&iacute;a. Llevo a mi hija hasta el atrio para que salude a los feligreses con su pap&aacute; y vuelvo a atacar el desorden que dej&oacute; en el banco. Al levantar restos de comida, libros, crayones, pedazos del bolet&iacute;n, me pregunto: &iquest;Se&ntilde;or, por qu&eacute; estoy aqu&iacute;? Lo &uacute;nico que saqu&eacute; del servicio son marcas permanentes en mi falda de las hebillas de los zapatos de mi hija.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p align=\"justify\">En ese momento una mujer joven apoya su mano en mi brazo y me dice: &laquo;Usted ha sido de inspiraci&oacute;n para m&iacute; hoy. Mi hijo Andr&eacute;s tiene la misma edad de su hija. Observ&eacute; como la manejaba. Dej&oacute; que jugara tranquilamente en el suelo, sin esperar una conducta perfecta. Tom&oacute; cuidado de cada cosa con confianza. Usted es como yo; tiene que hacer esto sola todas las semanas. Gracias por el aliento que me ha dado&quot;&raquo;. Habla r&aacute;pidamente y desaparece al instante.<\/p>\n<p align=\"justify\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b> <\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"><b>11:40 a.m. <\/b>Pasmada pero ext&aacute;tica por sus palabras levanto a mi hijo con un paso ligero. Mi esposo me espera en su escritorio con una breve sonrisa : &laquo;Cari&ntilde;o, ha surgido un imprevisto. Una familia que he estado aconsejando est&aacute; aqu&iacute;, y precisan hablar conmigo. Lo siento, pero es una emergencia. Pasaremos la tarde juntos. Llevar&eacute; a los ni&ntilde;os hasta el auto&raquo;.<\/p>\n<p align=\"justify\">Comienzan a formarse nubes tormentosas en mi mente mientras me imagino un almuerzo a solas con ni&ntilde;os cansados, fastidiosos en una casa que parece un &aacute;rea de desastre nacional. Tomo la bolsa de pa&ntilde;ales y sombr&iacute;amente junto los papeles de la escuela dominical.<\/p>\n<p align=\"justify\">La familia que precisa consejo est&aacute; a la salida de la oficina, esperando a su pastor. El se&ntilde;or se me acerca y me dice: &laquo;Gracias por entregar su almuerzo dominical. Su esposo ha hecho mucho por nosotros. Nos ha ayudado a mantener nuestro matrimonio. Apreciamos su sacrificio&raquo;. Le agradec&iacute; por lo que me dijo y sal&iacute; apresuradamente.<\/p>\n<p align=\"justify\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b> <\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"><b>11:50 a.m. <\/b>Al conducir por el largo camino a casa reflexiono sobre los eventos de esa ma&ntilde;ana y doy gracias a Dios porque no todos los domingos son el caos de esta ma&ntilde;ana. Sin embargo Dios me dio un regalo en medio de la confusi&oacute;n. A trav&eacute;s de dos individuos &Eacute;l me mostr&oacute; el valor de mis luchas dominicales, record&aacute;ndome que estoy haciendo su obra de muchas maneras, a&uacute;n cuando a veces no soy una compa&ntilde;era tan dispuesta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Mary K. Salminen \u00a1Qu\u00e9 esposa de pastor o fiel asistente a la iglesia no conoce los afanes del domingo en la ma\u00f1ana! 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