{"id":25038,"date":"2016-05-19T12:56:09","date_gmt":"2016-05-19T17:56:09","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hogar-amargo-hogar\/"},"modified":"2016-05-19T12:56:09","modified_gmt":"2016-05-19T17:56:09","slug":"hogar-amargo-hogar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hogar-amargo-hogar\/","title":{"rendered":"Hogar, amargo hogar"},"content":{"rendered":"<p align=\"justify\">\n<p align=\"justify\">El apartamento era peque\u00f1o. Constaba de dos cuartos, un ba\u00f1o, un comedor y una cocina. La cuota mensual del arriendo era baja, pues estaba ubicado en una zona popular de Nueva York. Aunque peque\u00f1o y humilde, eso no impidi\u00f3 que en \u00e9l se colocara el tradicional cartelito que se pone en tantas casas y que dice: \u00abHogar, dulce hogar\u00bb.<\/p>\n<p align=\"justify\">\n<p align=\"justify\">Lamentablemente, el cartel que deb\u00eda hab\u00e9rsele colocado a ese apartamento era todo lo contrario: \u00abHogar, amargo hogar\u00bb. Porque la familia que habitaba all\u00ed, compuesta por Herman McMillan, de cuarenta y dos a\u00f1os, su esposa Frances, de treinta y cuatro, y sus nueve hijos, de uno a diecis\u00e9is a\u00f1os de edad, viv\u00eda de una manera deplorable. En ese hogar los padres maltrataban f\u00edsica y sexualmente a sus hijos. La polic\u00eda que investig\u00f3 el caso describi\u00f3 a la familia como \u00abuna llaga de la gran ciudad\u00bb.<\/p>\n<p align=\"justify\">A menudo se oye decir que el hogar es el cielo en la tierra, que no hay mayor felicidad que la que se puede hallar entre las cuatro paredes del nido familiar, que todas las penas de la calle se dejan cuando uno traspasa el umbral de ese lugar querido. Y todo eso es cierto, hermosamente cierto. Hay much\u00edsimos casos de familias unidas, cari\u00f1osas y amables que, aunque pobres, saben ser felices con lo poco que tienen. En esos hogares s\u00ed que se puede aplicar el dicho: \u00abHogar, dulce hogar\u00bb.<\/p>\n<p align=\"justify\">Pero hay otros hogares en que no cabe ese dicho, como el de los McMillan. En lugar de un cielo, es un infierno. En vez de reinar la paz, reina la violencia. En vez de vivir en armon\u00eda, se vive en discordia. En lugar de recibir amor y cari\u00f1o, los hijos reciben brutales palizas. Y lo que es peor, los padres, en lugar de respetar de un modo sano y maduro a sus hijos, los maltratan sexualmente: el padre, a sus hijas; y la madre, a sus hijos.<\/p>\n<p align=\"justify\">\u00bfA qu\u00e9 le podemos atribuir la culpa de semejante atrocidad? A dos vicios mortales que entraron a aquella casa: el alcohol y la coca\u00edna. Cuando esos dos males terribles se posesionan de un hogar, lo degradan, lo envilecen y lo descomponen.<\/p>\n<p align=\"justify\">Los hijos del matrimonio McMillan recordar\u00e1n siempre, con angustia, con horror y con rabia, el hogar fr\u00edo que les dieron sus padres, y llevar\u00e1n el resto de la vida el estigma del abuso deshonesto y la marca de la degradaci\u00f3n. No dejemos nunca que entren a nuestra casa ni el alcohol ni la droga, ni los introduzcamos jam\u00e1s en nuestro organismo. Consider\u00e9moslos nuestros mayores enemigos. Aborrezc\u00e1moslos y combat\u00e1moslos. Jesucristo desea ayudarnos, entrando \u00c9l, m\u00e1s bien, a nuestro coraz\u00f3n. \u00c9l no s\u00f3lo tiene el poder para vencer esos enemigos, sino tambi\u00e9n un profundo inter\u00e9s en nuestro bienestar personal. D\u00e9mosle entrada a nuestra vida antes que sea demasiado tarde.<\/p>\n<p align=\"justify\"><em>Hermano Pablo<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El apartamento era peque\u00f1o. Constaba de dos cuartos, un ba\u00f1o, un comedor y una cocina. La cuota mensual del arriendo era baja, pues estaba ubicado en una zona popular de Nueva York. 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