{"id":2535,"date":"2015-12-01T00:48:59","date_gmt":"2015-12-01T05:48:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/mentoreo-que-transforma\/"},"modified":"2015-12-01T00:48:59","modified_gmt":"2015-12-01T05:48:59","slug":"mentoreo-que-transforma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/mentoreo-que-transforma\/","title":{"rendered":"Mentoreo que transforma"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Esteban Irvin<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">En estos d\u00edas de gran cosecha y de m\u00faltiples oportunidades de ministerio, cada Pablo necesita un Bernab\u00e9, y cada Timoteo necesita un Pablo. As\u00ed, anim\u00e1ndonos mutuamente, crecemos juntos \u00abhasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios&#8230; (Ef 4.13).<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p>                    De todos los retos que enfrenta la iglesia del siglo XXI, el de formar una nueva generaci&oacute;n de l&iacute;deres es tal vez el m&aacute;s apremiante. Mientras que el n&uacute;mero de convertidos y la cantidad de iglesias siguen aumentando en muchos pa&iacute;ses, los l&iacute;deres no dan a basto para tanto crecimiento. En el &aacute;mbito local, muchos pastores se ven forzados a duplicar su trabajo ya que los l&iacute;deres no son suficientes para que asuman responsabilidades en los diferentes ministerios. Esta carencia de l&iacute;deres resulta en una escasez de pastores competentes y maduros espiritualmente para dirigir las nuevas obras. La necesidad produce, al final, una crisis de liderazgo cristiano a nivel regional, nacional, y aun internacional en los diferentes esfuerzos para la extensi&oacute;n del reino de Dios.Los l&iacute;deres emergentes necesitan capacitaci&oacute;n; necesitan buenos modelos y oportunidades que les ofrezcan experiencias en el liderazgo. Jes&uacute;s ejemplific&oacute; a sus disc&iacute;pulos el liderazgo por excelencia Para suplir esta necesidad de liderazgo, han surgido un sinn&uacute;mero de programas, seminarios, e instituciones. Los institutos b&iacute;blicos y los seminarios teol&oacute;gicos, con todo su valioso trabajo, no consiguen preparar el n&uacute;mero necesario de graduados para llenar el vac&iacute;o de liderazgo en las iglesias. Sin despreciar la educaci&oacute;n formal, urge un paradigma de desarrollo de liderazgo que est&eacute; al alcance de toda iglesia, de todo pastor, y de todo l&iacute;der en la iglesia. Uno digno de imitar es el que Jes&uacute;s nos model&oacute; en su ministerio terrenal.<br \/>\nDe las masas a los disc&iacute;pulos<br \/>\nJes&uacute;s empez&oacute; su ministerio dedicado a la proclamaci&oacute;n p&uacute;blica de las Buenas Nuevas.<br \/>\nDespu&eacute;s que Juan fue encarcelado, Jes&uacute;s fue a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios. Dec&iacute;a: &laquo;El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado. &iexcl;Arrepent&iacute;os, y creed en el evangelio!&raquo;. (Mr 1.14-15)<br \/>\nComo evangelista itinerante, Jes&uacute;s se mov&iacute;a entre las ciudades de Israel, y predicaba el reino de Dios, sanaba a los enfermos, liberaba a los oprimidos por Satan&aacute;s, y ense&ntilde;aba con autoridad. Multitudes lo segu&iacute;an (Mr 3.7-8). En el Serm&oacute;n del Monte ense&ntilde;aba a una multitud (Mt 5.1), aliment&oacute; a los 5.000 hombres (Mt 14.21) y a los 4.000 hombres (Mt 15.38), sin contar a las mujeres y a los ni&ntilde;os. De todos estos seguidores y simpatizantes, eligi&oacute; a doce &laquo;para que estuviesen con &eacute;l, y para enviarlos a predicar, y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera demonios&raquo; (Mr 3.14-15).<br \/>\nLos l&iacute;deres emergentes necesitan capacitaci&oacute;n y ense&ntilde;anza. Pero, a&uacute;n m&aacute;s, necesitan buenos modelos y oportunidades que les ofrezcan experiencias en el liderazgo. Jes&uacute;s ejemplific&oacute; a sus disc&iacute;pulos el liderazgo por excelencia. Lo acompa&ntilde;aron en su ministerio, y fueron testigos de sus profundas ense&ntilde;anzas y de sus milagros estremecedores. Les dio oportunidades de ministrar, y para ello les concedi&oacute; su autoridad (Mt 10.1-23). En el curso de su ministerio el Se&ntilde;or Jes&uacute;s empez&oacute; a cambiar el &eacute;nfasis; decide compartir menos tiempo con las multitudes, e invierte m&aacute;s y m&aacute;s tiempo con sus disc&iacute;pulos, hasta llegar aquel evento &iacute;ntimo, la &uacute;ltima cena que comparte con sus disc&iacute;pulos. Luego, en el huerto de Getseman&iacute;, invita a sus m&aacute;s cercanos Pedro, Juan y Jacobo a que lo acompa&ntilde;en en la angustiante lucha que sostiene antes de su sufrimiento en la cruz (Mt 26.36-46).<br \/>\nPuede observarse en el enfoque ministerial de Jesucristo un cambio intencional de las masas a los disc&iacute;pulos. Esta decisi&oacute;n estrat&eacute;gica fructific&oacute; en la formaci&oacute;n de los Doce, quienes no s&oacute;lo extendieron Sus ense&ntilde;anzas por todo el mundo conocido, sino tambi&eacute;n constituyeron el liderazgo de la iglesia naciente y fueron los formadores de los nuevos l&iacute;deres. Jes&uacute;s invirti&oacute; sus mejores esfuerzos en la formaci&oacute;n de un grupo relativamente peque&ntilde;o de l&iacute;deres, y el resultado lo vemos todav&iacute;a hoy,&nbsp; en que su Iglesia sigue creciendo. Si Jes&uacute;s no hubiera seguido esta estrategia de desarrollar l&iacute;deres, &iquest;d&oacute;nde estar&iacute;a la Iglesia hoy en d&iacute;a? El Se&ntilde;or Jes&uacute;s nos dej&oacute; un modelo sobresaliente de c&oacute;mo ser un mentor.<br \/>\nEl ministerio del mentor<br \/>\nEl t&eacute;rmino mentor no aparece en la Biblia. Es una palabra que se introduce al castellano por la literatura griega de Homero, en la que &laquo;Mentor&raquo; es el amigo confiable a quien Odiseo encomienda la responsabilidad de educar y cuidar a su hijo, Tel&eacute;maco. Desde entonces, un mentor se define como una persona de experiencia que ayuda a otra de menos experiencia el mentoreado a desarrollarse, y a la vez que le ofrece consejo sabio, le sirve de modelo en su manera de vivir. Esta relaci&oacute;n de mentoreo es com&uacute;n en el mundo acad&eacute;mico y, hoy en d&iacute;a, tambi&eacute;n en el contexto organizacional.<br \/>\nEn la experiencia cristiana, el mentor es conocido m&aacute;s como un director espiritual, un &laquo;hermano mayor&raquo;, o un discipulador. Una buena definici&oacute;n del mentoreo es el discipulado tal como lo practic&oacute; Jes&uacute;s. Hoy en d&iacute;a, no es de extra&ntilde;ar que se limite el concepto discipulado a las primeras etapas de la vida cristiana. Sin embargo, el mentoreo permanece vigente durante toda la vida del individuo. No es un modelo nuevo, pero s&iacute; requiere una visi&oacute;n distinta en cuanto al desarrollo del liderazgo. No es solo la b&uacute;squeda de transferir conocimientos, sino tambi&eacute;n el compartir las experiencias de vida en el Se&ntilde;or con el fin de apoyar al mentoreado en su crecimiento espiritual y ministerial.&nbsp;El que quiere mentorear como Cristo lo hizo deber&iacute;a buscar el reino de Dios m&aacute;s que su propio imperio. Muchos pastores y l&iacute;deres est&aacute;n sumergidos en la obra del ministerio, siempre clamando por la ayuda de l&iacute;deres competentes que anden en santidad, pero se olvidan del principio de formaci&oacute;n de l&iacute;deres ense&ntilde;ado por el ap&oacute;stol Pablo a la iglesia de &Eacute;feso (Ef 4.11\u009612).<br \/>\nY &eacute;l mismo constituy&oacute; a unos, ap&oacute;stoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio [&eacute;nfasis agregado], para la edificaci&oacute;n del cuerpo de Cristo.<br \/>\n&iquest;Cu&aacute;ntos ministros contin&uacute;an sin entender este principio? Luchan para llevar adelante programas de ministerio, pero no se dedican a levantar nuevos l&iacute;deres, form&aacute;ndolos para la obra del ministerio.<br \/>\nCambio de valores<br \/>\nCon honestidad debemos confesar que muchas veces los que lideramos iglesias y ministerios valoramos m&aacute;s el estatus que nos brinda el &eacute;xito, que el desarrollo de otros en su propio liderazgo. El mentoreo exige un cambio radical de los valores que gobiernan nuestro enfoque ministerial.<br \/>\nVivimos en una &eacute;poca en que la importancia del ministerio de uno est&aacute; muchas veces ligada a la cantidad de resultados. Este &eacute;nfasis cuantitativo provoca que muchos l&iacute;deres se dediquen a edificar sus propios reinos. Sin embargo, el que quiere mentorear como Cristo lo hizo deber&iacute;a buscar el reino de Dios m&aacute;s que su propio imperio. Este cambio resulta en una postura de humildad que permite que otros crezcan para la gloria de Dios y para el bien de su pueblo.<br \/>\nLamentablemente, tal postura est&aacute; muy ausente entre los pastores y l&iacute;deres cristianos contempor&aacute;neos. El anhelo para el protagonismo y el reconocimiento produce efectos negativos en el reino de Dios. Por ejemplo, muchos l&iacute;deres se sienten amenazados por l&iacute;deres m&aacute;s j&oacute;venes, pues temen que les vayan a &laquo;serruchar el piso&raquo;. &iquest;Cu&aacute;ntos l&iacute;deres j&oacute;venes se han visto en la necesidad de buscar oportunidades de ministerio fuera de sus propias iglesias porque sus pastores no les dieron espacio para desarrollar su liderazgo y ejercer sus dones y habilidades?<br \/>\nUn ejemplo de un l&iacute;der sobresaliente que buscaba el desarrollo de otros l&iacute;deres es el del disc&iacute;pulo cuyo sobrenombre era &laquo;Hijo de consolaci&oacute;n&raquo; (Hch 4.36). Bernab&eacute; era reconocido entre los ap&oacute;stoles por su compromiso y generosidad. Enviaron a Bernab&eacute; a Antioqu&iacute;a para que se encargara de la iglesia creciente. Era un hombre bueno, lleno del&nbsp; Esp&iacute;ritu Santo y de fe (Hch 11.24). Fue bendecido en su liderazgo, por lo que no dud&oacute; en apoyar a un nuevo convertido que hab&iacute;a sido enemigo f&eacute;rreo de los seguidores del Se&ntilde;or Jesucristo. De esta manera abri&oacute; las puertas para el desarrollo de Saulo, posteriormente llamado Pablo. &Eacute;l mismo lo busc&oacute; para apoyarlo en la cosecha de Antioquia. M&aacute;s tarde el Esp&iacute;ritu Santo apart&oacute; a ambos para que llevaran el evangelio fuera de Antioqu&iacute;a (Hch 13.2).<br \/>\nPoco a poco Pablo se destaca frente a Bernab&eacute; como el l&iacute;der de m&aacute;s influencia en la obra misionera. El que hab&iacute;a sido mayor en la fe ve a su mentoreado super&aacute;ndolo en autoridad y en reconocimiento. Pero no hubo rivalidad en cuanto al ministerio. S&iacute;, se separaron debido a sus diferencias de opini&oacute;n en cuanto a la participaci&oacute;n de Juan Marcos en el equipo misionero (Hch 15.37\u009641). Entonces Bernab&eacute; lleg&oacute; a ser mentor de Juan Marcos mientras continuaban en sus labores misioneras. Considerando el Evangelio seg&uacute;n Marcos y las ep&iacute;stolas de Pablo, sin mencionar el libro de los Hechos, es notable la influencia de Bernab&eacute; sobre los mismos escritos del Nuevo Testamento.<br \/>\nSu pr&aacute;ctica de apoyar a otros l&iacute;deres convierte a Bernab&eacute; en un gran modelo para los mentores de hoy. Bernab&eacute; no se aferr&oacute; al poder. Muchos l&iacute;deres actuales defienden su posici&oacute;n y poder a capa y espada, y hacen todo lo posible para mantener su autoridad y prestigio a toda costa. &iquest;Cu&aacute;ntas iglesias y ministerios han naufragado despu&eacute;s de la salida del l&iacute;der? Mientras que el mundo promueve un liderazgo basado en posici&oacute;n y en poder, el Se&ntilde;or nos llama a un liderazgo de servicio.<br \/>\nMas Jes&uacute;s, llam&aacute;ndolos, les dijo: &laquo;Sab&eacute;is que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se ense&ntilde;orean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. Pero no ser&aacute; as&iacute; entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros ser&aacute; vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, ser&aacute; siervo de todos. Porque el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.&raquo; (Mr 10.42-45)<br \/>\nRecuerdo haber visto una caricatura hace algunos a&ntilde;os, en ella un cl&eacute;rigo, ante la junta de la iglesia, afirmaba: &laquo;Yo creo en la teocracia; y &iexcl;yo me llamo Teo!&raquo; Aunque suena chistoso, con m&aacute;s frecuencia se est&aacute; observando la inclinaci&oacute;n a ejercer el liderazgo en la iglesia con una autoridad incuestionable. En algunos sectores, hasta se pronuncian maldiciones contra aquellas personas que se oponen a este estilo de liderazgo agobiante. El caudillismo, tan com&uacute;n en la esfera pol&iacute;tica, encuentra sus adeptos aun en la comunidad evang&eacute;lica. Pero el Se&ntilde;or nos exhorta, &laquo;no ser&aacute; as&iacute; entre vosotros&raquo;.<br \/>\nEl valor fundamental del liderazgo del mentor radica en su servicio. Primero, est&aacute; para servir al Se&ntilde;or, pero tambi&eacute;n para servir a los dem&aacute;s seg&uacute;n la voluntad de Dios. El buen mentor no se ense&ntilde;orea de sus mentoreados. Al contrario, su meta debe ser manifestar la misma actitud de Jesucristo para el bien de ellos. Normalmente no consideramos la humildad como un valor en el liderazgo. Sin embargo, en el caso del mentoreo, el mentor es llamado a ejercer su influencia con la misma humildad de Jesucristo, el cual &laquo;se humill&oacute; a s&iacute; mismo, haci&eacute;ndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz&raquo; (Fil 2.8). El mentor y el mentoreado son amigos, pero son amigos con un prop&oacute;sito: que los dos crezcan en santidad y en servicio al Se&ntilde;or.  El mentoreo en la pr&aacute;ctica<br \/>\nSi uno decide seguir a Jes&uacute;s en su modelo de desarrollar l&iacute;deres, debe entender que no es una estrategia para multiplicar el n&uacute;mero de l&iacute;deres de la noche a la ma&ntilde;ana. Es un proceso donde uno pacientemente invierte su vida en la de sus mentoreados. Y debemos inculcar en la vida de los mentoreados esta misma visi&oacute;n de multiplicar intencionalmente l&iacute;deres por medio de una relaci&oacute;n personal centrada en Jes&uacute;s y su Palabra. Uno necesita ser el modelo perfecto para entrar a una relaci&oacute;n de mentoreo. Pero, tambi&eacute;n, debemos entender que es un compromiso a vivir los valores se&ntilde;alados anteriormente, y a invertir tiempo. No es un programa basado en materiales impresos ni en un curr&iacute;culo preestablecido. Tanto el mentor como el mentoreado realizan su avance sensibles a la gu&iacute;a del Esp&iacute;ritu Santo.<br \/>\nPrimero, as&iacute; como Jes&uacute;s busc&oacute; al Padre en oraci&oacute;n antes de elegir a sus disc&iacute;pulos (Lc 6.12), el mentor debe orar para que el Se&ntilde;or lo gu&iacute;e hacia las personas id&oacute;neas para mentorearlas. Jes&uacute;s eligi&oacute; a doce. Puede ser que uno decida empezar con un solo mentoreado. Es recomendable no sobrecargarse con una cantidad de mentoreados mayor de la que podemos manejar, ya que el tiempo puede que no alcance sino para unos pocos. Es preferible realizar un buen trabajo en pocas personas que hacerlo a medias en muchas. El mentor busca multiplicarse, no simplemente sumar un nutrido n&uacute;mero de mentoreados.<br \/>\n&iquest;Qu&eacute; se debe buscar en un mentoreado? Uno debe estar atento para identificar a personas con potencial para el ministerio. &iquest;El coraz&oacute;n de esta persona se inclina a Dios? &iquest;Es responsable? &iquest;Toma la iniciativa? &iquest;Est&aacute; dispuesta a comprometerse con una relaci&oacute;n de mentoreo que puede implicar reuniones semanales o, aun, m&aacute;s a menudo? Tambi&eacute;n debe existir cierta qu&iacute;mica entre el mentoreado y el mentor. Si no existe, los resultados de la relaci&oacute;n de mentoreo probablemente terminar&aacute;n siendo pobres.<br \/>\nUna palabra de advertencia: ya que la relaci&oacute;n de mentoreo se basa en la transparencia y la vulnerabilidad el uno con el otro, normalmente no resulta sano que un hombre mentoree a una mujer, ni viceversa.<br \/>\nSegundo, la oraci&oacute;n y las Escrituras deben jugar un papel central en la relaci&oacute;n de mentoreo. El mentor y el mentoreado son amigos, pero son amigos con un prop&oacute;sito: que los dos crezcan en santidad y en servicio al Se&ntilde;or. Es una relaci&oacute;n transformadora. Un buen mentor escucha a su mentoreado para entender cu&aacute;les son sus sue&ntilde;os y sus necesidades. Usando la sabidur&iacute;a de lo alto que Dios concede a los que la buscan, el mentor puede compartir ense&ntilde;anzas de la Palabra, relatando sus propias experiencias para ilustrar las verdades b&iacute;blicas. El mentor es consejero. Pero, cuidado: el mentor sabio deja que su mentoreado tome sus propias decisiones. Un buen mentor no manda a su mentoreado, sino lo ayuda a explorar las facetas de la situaci&oacute;n que est&aacute; viviendo con preguntas y observaciones. El mentoreado es el responsable por sus propias decisiones.<br \/>\nTercero, pasen tiempo juntos. Un amigo m&iacute;o, cuyo ministerio ha sido caracterizado por el desarrollo de l&iacute;deres, me dijo que no hace nada en soledad en el ministerio. Si visita a un enfermo, si va a una iglesia a ministrar, aun si va al banco, siempre trata de ir acompa&ntilde;ado de alguna persona en la cual est&aacute; invirtiendo tiempo y esfuerzo. Tal vez el rol m&aacute;s importante del mentor es el de ser modelo para el mentoreado. Cuando empezaba en el ministerio pastoral, observaba a mi mentor, el Dr. Moser, como un modelo digno de emular. En un campamento del distrito, me qued&eacute; con &eacute;l todo el tiempo hasta que alguien pregunt&oacute;, &iquest;qui&eacute;n es la sombra del Dr. Moser? Sin lugar a dudas este var&oacute;n de Dios ha impactado significativamente mi propia vida.<br \/>\nFinalmente, el buen mentor abre puertas para su mentoreado. A veces insistimos en que una persona u otra no est&aacute; lista para tomar responsabilidades. Pero al darles oportunidades de liderazgo, aprenden en la fragua del ministerio. No los desamparamos en el ministerio estamos a su lado para apoyarlos, pero tampoco los sobreprotegemos frente al fracaso. Muchas veces aprendemos m&aacute;s de nuestros &laquo;fracasos&raquo; que de nuestros &laquo;&eacute;xitos&raquo;.<br \/>\nTodos necesitamos un mentor. Y todos podemos mentorear ya que siempre habr&aacute; personas con menos experiencia que nosotros. Cuando uno empieza a desarrollar l&iacute;deres a la manera de Jes&uacute;s, por medio del mentoreo, uno encuentra que no s&oacute;lo el mentoreado recibe beneficios, sino tambi&eacute;n el mentor es transformado por la relaci&oacute;n. En estos d&iacute;as de gran cosecha y de m&uacute;ltiples oportunidades de ministerio, cada Pablo necesita un Bernab&eacute;, y cada Timoteo necesita un Pablo. As&iacute;, anim&aacute;ndonos mutuamente, crecemos juntos &laquo;hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un var&oacute;n perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo&raquo; (Ef 4.13).\n                    <\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">El autor, steveirvin@mentorlink.org es PhD en Liderazgo Organizacional de Regent University. Ha servido con La Alianza Cristiana y Misionera en Am\u00e9rica Latina por veinticinco a\u00f1os. Actualmente es coordinador regional de Mentorlink International \u00a0(www.mentorlink.org) y, junto con su esposa Claudia, vive en Buenos Aires, Argentina. Los Irvin son padres de cuatro hijos y abuelos de una preciosa nieta. \u00a9Copyright 2003-2009, Apuntes Pastorales XXV-1, todos los derechos reservados.<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Esteban Irvin En estos d\u00edas de gran cosecha y de m\u00faltiples oportunidades de ministerio, cada Pablo necesita un Bernab\u00e9, y cada Timoteo necesita un Pablo. As\u00ed, anim\u00e1ndonos mutuamente, crecemos juntos \u00abhasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios&#8230; (Ef 4.13). 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