{"id":2618,"date":"2015-12-01T00:50:55","date_gmt":"2015-12-01T05:50:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/cinco-claves-para-la-armonia-familiar\/"},"modified":"2015-12-01T00:50:55","modified_gmt":"2015-12-01T05:50:55","slug":"cinco-claves-para-la-armonia-familiar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/cinco-claves-para-la-armonia-familiar\/","title":{"rendered":"Cinco claves para la armon\u00eda familiar"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Dr. James C. Dobson<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">Criar hijos es una tarea dif\u00edcil y compleja, especialmente si queremos armon\u00eda en nuestra familia. El autor, famoso autor, conferencista y consejero, desde el concepto judeocristiano de ser padres, nos ofrece cinco pilares del sentido com\u00fan al criar ni\u00f1os.<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p align=\"justify\">Mi prop&oacute;sito principal al escribir Atr&eacute;vete a Disciplinar (1970) y El Nuevo Atr&eacute;vete a Disciplinar, revisi&oacute;n 1992, fue registrar para la prosperidad lo que yo entiendo del concepto judeocristiano de ser padres que ha guiado a millones de madres y padres a trav&eacute;s de los siglos. Estoy convencido de que tambi&eacute;n ser&aacute; exitoso en su hogar. Examinemos cinco pilares del sentido com&uacute;n al criar ni&ntilde;os.<\/p>\n<p align=\"justify\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b> <\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"><b>1. Desarrollar respeto por los padres es un factor cr&iacute;tico en el manejo del ni&ntilde;o<\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p align=\"justify\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\">Es muy importante que el ni&ntilde;o aprenda a respetar a sus padres \u0097no para satisfacer sus egos sino porque su relaci&oacute;n con ellos provee las bases para su futura actitud hacia todas las otras personas. Su concepto sobre la autoridad de los padres ser&aacute; la clave de su actitud hacia la autoridad escolar, los oficiales de la ley, empleadores y otros con quienes &eacute;l eventualmente vivir&aacute; o trabajar&aacute;. La relaci&oacute;n padre-hijo es la primera y m&aacute;s importante interacci&oacute;n social que tendr&aacute; el ni&ntilde;o, y los problemas y situaciones experimentados all&iacute; a menudo pueden aparecer m&aacute;s tarde en la vida.<\/p>\n<p align=\"justify\">El respeto por los padres debe ser mantenido por otra raz&oacute;n igualmente importante. Si usted quiere que su hijo acepte sus valores cuando alcance su adolescencia, usted debe ser digno de su respeto en los primeros a&ntilde;os del ni&ntilde;o. Cuando un ni&ntilde;o puede desafiar a sus padres exitosamente durante sus primeros quince a&ntilde;os, ri&eacute;ndose en sus caras y enfrentando tercamente su autoridad, desarrolla un desprecio natural por ellos.<\/p>\n<p align=\"justify\">&laquo;&iexcl;Esos viejos tontos de mam&aacute; y pap&aacute;! Los puedo manejar con mi peque&ntilde;o dedo. Seguro que me aman, pero realmente pienso que me tienen miedo&raquo;. Un ni&ntilde;o puede que no use estas palabras, pero las siente cada vez que vence a sus mayores y gana las confrontaciones y las batallas. M&aacute;s adelante, f&aacute;cilmente demostrar&aacute; su irrespetuosidad en formas m&aacute;s en&eacute;rgicas. Viendo a sus padres como indignos de respeto, &eacute;l puede muy bien rechazar cada vestigio de su filosof&iacute;a y fe.<\/p>\n<p align=\"justify\">Este factor es tambi&eacute;n de vital importancia en padres cristianos que deseen transmitir su amor por Jesucristo a sus hijos e hijas. &iquest;Por qu&eacute;? Porque sus peque&ntilde;os ni&ntilde;os t&iacute;picamente identifican a sus progenitores \u0085especialmente sus padres \u0085con Dios. Por lo tanto, si pap&aacute; o mam&aacute; no son dignos de respeto, entonces tampoco lo ser&aacute;n su moral, su pa&iacute;s, sus valores y creencias, ni a&uacute;n su fe religiosa.<\/p>\n<p align=\"justify\">Cuando nuestro hijo ten&iacute;a dos a&ntilde;os, me sorprendi&oacute; saber que en su mente me identificaba de cerca con Dios. Ryan nos hab&iacute;a visto a su madre y a m&iacute; orar antes de cada comida, pero nunca le hab&iacute;amos pedido a &eacute;l que diera la acci&oacute;n de gracias. Cierto d&iacute;a, cuando yo estaba fuera de la ciudad en un viaje de trabajo, mi esposa Shirley se volvi&oacute; espont&aacute;neamente hacia el peque&ntilde;o y le pregunt&oacute; si quer&iacute;a decir la oraci&oacute;n antes de comer. La invitaci&oacute;n lo sorprendi&oacute;, pero junt&oacute; sus peque&ntilde;as manos, inclin&oacute; su cabeza, y dijo: &laquo;Te quiero mucho papito. Am&eacute;n&raquo;.<\/p>\n<p align=\"justify\">Cuando volv&iacute; a casa y Shirley me cont&oacute; lo que hab&iacute;a pasado, el relato me incomod&oacute;. No me hab&iacute;a dado cuenta de hasta qu&eacute; punto Ryan me identificaba a m&iacute; con su &laquo;Padre celestial&raquo;. Ni siquiera estaba seguro de querer asumir esa funci&oacute;n. Era un trabajo demasiado pesado, y no quer&iacute;a tomar esa responsabilidad. Pero no ten&iacute;a opci&oacute;n, y usted tampoco la tiene. Dios nos ha dado la tarea de representarlo durante los a&ntilde;os formativos de la paternidad.<\/p>\n<p align=\"justify\">Por eso es tan fundamental que pongamos a nuestros ni&ntilde;os en contacto con los rasgos predominantes de Dios: su profundo amor y su justicia. Si amamos a nuestros ni&ntilde;os pero les permitimos que nos traten irrespetuosamente y sin consideraci&oacute;n, habremos distorsionado su comprensi&oacute;n del Padre.<\/p>\n<p align=\"justify\">Por otro lado, si ejercemos una disciplina r&iacute;gida sin mostrar amor, habremos empujado la balanza en la otra direcci&oacute;n. Lo que les ense&ntilde;amos a nuestros hijos acerca del Se&ntilde;or es una funci&oacute;n, hasta cierto punto, del ejemplo que les damos de amor y disciplina en nuestra relaci&oacute;n con ellos. Asusta &iquest;verdad?<\/p>\n<p align=\"justify\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b> <\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"><b>2. La mejor oportunidad para comunicarse ocurre despu&eacute;s de una acci&oacute;n disciplinaria<\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p align=\"justify\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\">No hay nada que acerque m&aacute;s a los padres con sus hijos, que el que la madre o el padre ganen decisivamente despu&eacute;s de haber sido desafiados con insolencia. Esto es particularmente v&aacute;lido si el ni&ntilde;o se lo estaba &laquo;buscando&raquo;, sabiendo perfectamente que merec&iacute;a lo que recibi&oacute;. La demostraci&oacute;n de la autoridad de los padres es algo que reconstruye el respeto como ning&uacute;n otro proceso puede hacerlo, y con frecuencia el ni&ntilde;o revelar&aacute; su cari&ntilde;o despu&eacute;s que se sequen las primeras l&aacute;grimas.<\/p>\n<p align=\"justify\">Por esta raz&oacute;n, los padres no deben aterrorizarse ni abstenerse de las confrontaciones con sus hijos. Uno debe anticipar estas ocasiones como acontecimientos importantes, porque proporcionan la oportunidad de transmitir a los hijos mensajes verbales y no verbales que no se pueden expresar en otras ocasiones.<\/p>\n<p align=\"justify\">Despu&eacute;s del desahogo emocional, el ni&ntilde;o a menudo querr&aacute; acurrucarse contra el pecho de su padre o madre, y debe ser bienvenido con brazos abiertos, c&aacute;lidos y amorosos. En ese momento, los dos podr&aacute;n hablar de coraz&oacute;n a coraz&oacute;n. Usted puede decirle lo mucho que lo quiere, y lo importante que es &eacute;l para usted. Puede explicarle por qu&eacute; fue castigado, y c&oacute;mo puede evitar esa dificultad la pr&oacute;xima vez. Este tipo de comunicaci&oacute;n suele ser imposible con otras medidas disciplinarias, como el poner al peque&ntilde;o de pie en un rinc&oacute;n o el quitarle su juguete favorito. Un ni&ntilde;o resentido generalmente no quiere hablar.<\/p>\n<p align=\"justify\">La cordialidad de la madre o del padre despu&eacute;s de esas acciones de disciplina es esencial para demostrar que lo que ellos rechazan es la conducta espec&iacute;fica y no al ni&ntilde;o en s&iacute;. William Glasser, creador de la Terapia de la Realidad, dej&oacute; muy clara esa distinci&oacute;n al describir la diferencia entre disciplina y castigo. La &laquo;disciplina&raquo; va dirigida contra la conducta objetable, y el ni&ntilde;o aceptar&aacute; su consecuencia sin resentimiento. Glasser define &laquo;castigo&raquo; como una reacci&oacute;n que va dirigida contra el individuo. Representa el deseo de una persona de herir a otra; y es expresi&oacute;n de hostilidad en vez de amor correctivo. Como tal, es algo que el ni&ntilde;o, a menudo, resiente profundamente.<\/p>\n<p align=\"justify\">Aunque yo a veces uso esos dos t&eacute;rminos como sin&oacute;nimos, estoy de acuerdo con la premisa b&aacute;sica de Glasser. Es indiscutible que hay una forma incorrecta de corregir al ni&ntilde;o, que le puede hacer sentir no amado, no deseado, inseguro. Una de las mejores garant&iacute;as para que esto no ocurra es una conclusi&oacute;n con demostraci&oacute;n de cari&ntilde;o al encuentro disciplinario.<\/p>\n<p align=\"justify\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b> <\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"><b>3. Controlar sin rega&ntilde;ar (&iexcl;Es posible!)<\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p align=\"justify\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\">El gritar y rega&ntilde;ar constantemente a los ni&ntilde;os se puede convertir en h&aacute;bito, y por cierto un h&aacute;bito in&uacute;til. Quiz&aacute;s alguna vez usted le haya gritado a su ni&ntilde;o: &laquo;&iexcl;Esta es la &uacute;ltima vez que te lo digo por &uacute;ltima vez!&raquo;. Los padres y madres suelen usar el enojo para lograr acciones, en vez de usar acciones para lograr acciones. Es agotador\u0085 &iexcl;y no da resultado! El tratar de controlar a los ni&ntilde;os mediante gritos es absolutamente vano, como tratar de usar la bocina para dirigir al auto.<\/p>\n<p align=\"justify\">Resulta sorprendente observar con cu&aacute;nta frecuencia un maestro o l&iacute;der de grupo trata de imponer medidas disciplinarias que a los ni&ntilde;os no les desagradan. Por ejemplo, conoc&iacute; a una maestra que gritaba y amenazaba a su clase para que cooperara. Cuando ellos se descontrolaban por completo, &iexcl;ella se sub&iacute;a a un escritorio y hac&iacute;a sonar el silbato! &iexcl;A los ni&ntilde;os les encantaba! Ella pesaba como ciento diez kilos, y durante el almuerzo y el recreo ellos tramaban c&oacute;mo lograr que se subiera al escritorio. Ella, sin percatarse, estaba ofreci&eacute;ndoles un espect&aacute;culo, una recompensa por su indisciplina. &iexcl;Eso resultaba mucho m&aacute;s ameno que estudiar las tablas de multiplicaci&oacute;n! La actitud de los ni&ntilde;os se parec&iacute;a a la de aquel conejo del cuento, que le suplic&oacute; a la zorra que lo tirara al zarzal. Era lo que ellos m&aacute;s deseaban.<\/p>\n<p align=\"justify\">Nunca hay que subestimar la conciencia que tiene un ni&ntilde;o que est&aacute; rompiendo las reglas. Creo que la mayor&iacute;a de los ni&ntilde;os son bastante anal&iacute;ticos a la hora de desafiar la autoridad: consideran con anticipaci&oacute;n su fechor&iacute;a, y sopesan sus probables consecuencias. Si hay demasiadas probabilidades de que triunfe la justicia, optan por tomar un rumbo m&aacute;s seguro. Esta observaci&oacute;n queda verificada en millones de hogares, donde un peque&ntilde;o empuja a uno de sus progenitores hasta el l&iacute;mite de la tolerancia, pero sigue siendo un dulce angelito con el otro. La mam&aacute; se queja: &laquo;Ricardito le hace mucho caso a su pap&aacute;, pero a m&iacute; ni me presta atenci&oacute;n. Ricardito no es tonto. &Eacute;l sabe que con su mam&aacute; sale mejor librado que con su pap&aacute;.<\/p>\n<p align=\"justify\">Para resumir este punto, los padres deben reconocer que las t&eacute;cnicas de control m&aacute;s exitosas son las que manipulan algo de importancia para el ni&ntilde;o. Las discusiones con mucha palabrer&iacute;a y las amenazas vanas tienen poco o ning&uacute;n poder de motivaci&oacute;n para el ni&ntilde;o. &laquo;&iquest;Por qu&eacute; no te compones y haces lo que se debe hacer, Juancito? &iquest;Qu&eacute; voy a hacer contigo, hijo? Dios m&iacute;o, parece que siempre tengo que llamarte la atenci&oacute;n. Simplemente no puedo entender por qu&eacute; no haces lo que se te dice. Si al menos una sola vez te portaras como es digno de tu edad&raquo;. Y por ese camino sigue y sigue la descarga de palabras. <\/p>\n<p align=\"justify\">Juancito aguanta las interminables reprimendas, mes tras mes, a&ntilde;o tras a&ntilde;o. Para suerte suya, est&aacute; equipado con un mecanismo que le permite o&iacute;r lo que quiere o&iacute;r y dejar pasar todo lo dem&aacute;s. As&iacute; como quien vive cerca de la l&iacute;nea del ferrocarril llega a no o&iacute;r ni siquiera el retumbo de los trenes que pasan, as&iacute; Juancito ha aprendido a hacer caso omiso a esos sonidos sin significado que hay en su entorno. Juancito (como todos sus compa&ntilde;eros) estar&iacute;a mucho m&aacute;s dispuesto a cooperar si claramente fuera para su beneficio personal.<\/p>\n<p align=\"justify\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b> <\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"><b>4. No saturar al ni&ntilde;o con cosas materiales<\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p align=\"justify\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\">A pesar de las privaciones de la &eacute;poca de la Gran Depresi&oacute;n, en la d&eacute;cada de los a&ntilde;os treinta, hab&iacute;a por lo menos una pregunta que era m&aacute;s f&aacute;cil de responder entonces de lo que hoy es: &laquo;&iquest;C&oacute;mo puedo negarme a los deseos materialistas de mi hijo?&raquo; En aquel tiempo, era muy f&aacute;cil para los padres decirles a sus hijos que no pod&iacute;an darse el lujo de comprarles todo lo que ellos quisieran; el pap&aacute; con esfuerzos pod&iacute;a asegurar que hubiera pan en la mesa. Pero en &eacute;pocas de m&aacute;s opulencia, la tarea de los padres se vuelve menos cre&iacute;ble. Se necesita mucha m&aacute;s valent&iacute;a para decir: &laquo;No; no te voy a comprar la mu&ntilde;equita de ojos lindos y el beb&eacute; sopla-narices&raquo;, que lo que se necesitaba para decir: &laquo;Lo siento mucho, pero t&uacute; sabes que el dinero no nos alcanza para comprar esas mu&ntilde;ecas&raquo;.<\/p>\n<p align=\"justify\">Las exigencias de los ni&ntilde;os por recibir juguetes caros son generadas con todo esmero por medio de millones de d&oacute;lares que los fabricantes invierten en la publicidad por televisi&oacute;n. Los anuncios son hechos con tal habilidad que los juguetes parecen ejemplares de tama&ntilde;o natural de aquello que representan: aviones a reacci&oacute;n, monstruos-robot, rifles autom&aacute;ticos. El peque&ntilde;o consumidor contempla boquiabierto, en el colmo de la fascinaci&oacute;n. Cinco minutos despu&eacute;s da inicio a una campa&ntilde;a que llegar&aacute; a costarle a su pap&aacute; m&aacute;s de cien d&oacute;lares, con bater&iacute;as e impuestos.<\/p>\n<p align=\"justify\">El problema est&aacute; en que con frecuencia su pap&aacute; s&iacute; puede costear el nuevo art&iacute;culo, si no con dinero en efectivo, al menos con su m&aacute;gica tarjeta de cr&eacute;dito. Y cuando en la misma cuadra hay otros tres ni&ntilde;os que ya tienen el codiciable juguete, los pap&aacute;s empiezan a sentir la presi&oacute;n, y hasta sentimientos de culpabilidad. Se sienten ego&iacute;stas porque ellos mismos se han dado lujos parecidos. Supongamos que los padres son suficientemente valientes como para resistir la insistencia del ni&ntilde;o; pero eso no es un obst&aacute;culo insalvable: los abuelos son sumamente f&aacute;ciles de convencer.<\/p>\n<p align=\"justify\">A&uacute;n si el ni&ntilde;o no tiene &eacute;xito en conseguir que sus padres o abuelos compren lo que desea, existe un recurso anual infalible: &iexcl;Pap&aacute; Noel! Cuando el jovencito pide a Pap&aacute; Noel que le traiga cierto juguete, sus padres caen en la trampa sin salida. &iquest;Qu&eacute; pueden decir, &laquo;Pap&aacute; Noel no tiene recursos&raquo;? &iquest;Ser&aacute; que el alegre hombrecito vestido de rojo se olvidar&aacute; y lo decepcionar&aacute;? No; el juguete llegar&aacute; en el trineo de Pap&aacute; Noel.<\/p>\n<p align=\"justify\">Hay otra raz&oacute;n por la cual al ni&ntilde;o hay que negarle algunas de las cosas que cree que quiere. Aunque suene parad&oacute;jico cuando uno le da demasiado, en realidad le roba el deleite. Un ejemplo cl&aacute;sico de este principio de la saturaci&oacute;n se pone de manifiesto cada a&ntilde;o en mi familia, en ocasi&oacute;n del D&iacute;a de Gracias. Nuestra familia ha sido bendecida con la presencia de varias de las mejores cocineras que hayan dirigido una cocina, y varias veces al a&ntilde;o se lucen con su especialidad. La tradicional comida de Acci&oacute;n de Gracias consta de pavo, aderezo, ar&aacute;ndanos, pur&eacute; de papas, camotes, guisantes, panecillos calientes, dos tipos de ensalada, y seis u ocho platos m&aacute;s.<\/p>\n<p align=\"justify\">Antes de sufrir un ataque card&iacute;aco en 1990, particip&eacute; con mi familia en el lamentable pero maravilloso rito gastron&oacute;mico durante esos d&iacute;as de fiesta. Todos comimos hasta sentirnos inc&oacute;modos, sin dejar espacio para el postre. Luego fueron tra&iacute;dos a la mesa el pastel de manzana, el bizcocho, y el postre fresco de frutas. Simplemente parec&iacute;a imposible que pudi&eacute;ramos comernos un solo bocado m&aacute;s, pero no s&eacute; c&oacute;mo nos las arreglamos y lo hicimos. Por fin, diversos parientes, hartos, comenzaron a alejarse de sus platos, tambale&aacute;ndose, buscando d&oacute;nde caer.<\/p>\n<p align=\"justify\">Despu&eacute;s, como a las tres de la tarde, la presi&oacute;n interna comenz&oacute; a amainar y alguien reparti&oacute; los dulces. Cuando lleg&oacute; la hora de la cena nadie ten&iacute;a hambre, y eso que est&aacute;bamos acostumbrados a comer tres comidas al d&iacute;a. Se prepararon y consumieron emparedados de pavo, seguidos de otra porci&oacute;n de pastel. Para entonces, todos ten&iacute;an la mirada vac&iacute;a y sin pensar casi, com&iacute;an lo que no quer&iacute;an ni disfrutaban. Esa rid&iacute;cula ceremonia continu&oacute; durante dos o tres d&iacute;as, hasta que la sola noci&oacute;n de comida comenz&oacute; a darnos asco. Mientras que normalmente el comer ofrece uno de los mayores placeres de la vida, pierde toda su emoci&oacute;n cuando el apetito de comida est&aacute; saciado.<\/p>\n<p align=\"justify\">Hay aqu&iacute; un principio m&aacute;s amplio para tener en cuenta. El placer se da cuando se satisface una necesidad intensa. Si no existe necesidad, no hay placer. Un simple vaso de agua es m&aacute;s valioso que el oro cuando se est&aacute; muriendo de sed. Debe ser evidente la analog&iacute;a con la situaci&oacute;n de los ni&ntilde;os. Si usted nunca le permite a un ni&ntilde;o sentir necesidad de algo, &eacute;l nunca disfrutar&aacute; del placer de recibirlo. Si usted le compra un triciclo antes de que aprenda a caminar, una bicicleta antes de que aprenda a sostenerse, un auto antes de que aprenda a conducir, un anillo de diamantes antes de que aprecie el valor del dinero, &eacute;l aceptar&aacute; esos regalos con poco placer y a&uacute;n menos agradecimiento. Qu&eacute; l&aacute;stima que un ni&ntilde;o as&iacute; nunca haya tenido oportunidad de anhelar algo, de so&ntilde;ar por las noches y hacer fantas&iacute;as durante el d&iacute;a. Quiz&aacute;s hasta habr&iacute;a podido desesperarse lo suficiente como para trabajar por conseguirlo. La misma posesi&oacute;n que fue acompa&ntilde;ada con un bostezo, pudo haber sido un trofeo y un tesoro. Sugiero que le muestre al ni&ntilde;o la emoci&oacute;n de una privaci&oacute;n temporal; eso divierte m&aacute;s y es mucho menos caro.<\/p>\n<p align=\"justify\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b> <\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"><b>5. Establecer un equilibrio entre amor y disciplina<\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p align=\"justify\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\">Desde hace d&eacute;cadas se sabe que si los beb&eacute;s no son amados, tocados y acariciados, frecuentemente morir&aacute;n de una extra&ntilde;a enfermedad que en un inicio se llam&oacute; marasmo. Sencillamente, se marchitan y mueren antes de su primer cumplea&ntilde;os. La evidencia de esa necesidad emocional se observ&oacute; ya en el siglo XIII, cuando Federico II realiz&oacute; un experimento con cincuenta beb&eacute;s. Quer&iacute;a ver qu&eacute; idioma hablar&iacute;an si no ten&iacute;an jam&aacute;s la oportunidad de escuchar una palabra. Para llevar a cabo este dudoso proyecto de investigaci&oacute;n, asign&oacute; nodrizas para que ba&ntilde;aran a los ni&ntilde;os y los amamantaran, pero les prohibi&oacute; acariciarlos, mimarlos y hablarles. El experimento fracas&oacute; dram&aacute;ticamente porque los cincuenta beb&eacute;s murieron. Cientos de estudios m&aacute;s recientes indican que la relaci&oacute;n entre madre e hijo durante el primer a&ntilde;o de vida, es aparentemente imprescindible para que el ni&ntilde;o sobreviva. Realmente un ni&ntilde;o no amado es el fen&oacute;meno m&aacute;s triste de toda la naturaleza. <\/p>\n<p align=\"justify\">Mientras que la ausencia de amor tiene sobre los ni&ntilde;os un efecto predecible, algo que no est&aacute; bien fundado es que el exceso de amor o el &laquo;super-amor&raquo; tambi&eacute;n impone sus riesgos. Creo que algunos ni&ntilde;os resultan malcriados a causa del amor, o de algo que pasa por amor. Algunas personas de nuestra sociedad se concentran tremendamente en los ni&ntilde;os en esta etapa de su historia; han cifrado en sus peque&ntilde;os todas sus esperanzas, sue&ntilde;os, deseos y aspiraciones. La culminaci&oacute;n natural de esta filosof&iacute;a es la protecci&oacute;n excesiva de esta nueva generaci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"justify\">Conoc&iacute; a cierta madre ansiosa que afirmaba que sus hijas eran la &uacute;nica fuente de satisfacci&oacute;n en su vida. Durante largos veranos, pasaba la mayor parte de su tiempo sentada junto a la ventana del cuarto delantero de su casa, contemplando a sus tres ni&ntilde;as mientras jugaban. Tem&iacute;a que pudieran herirse o precisaran su ayuda, o que salieran a la calle con sus bicicletas. Sus otras responsabilidades con la familia quedaron sacrificadas, a pesar de las vigorosas quejas de su esposo. Ella no ten&iacute;a tiempo para cocinar ni para limpiar la casa; el oficio de vigilia junto a la ventana era su &uacute;nica funci&oacute;n. Sufr&iacute;a una tensi&oacute;n enorme a causa de los peligros conocidos y desconocidos que pudieran acechar a sus amadas hijas.<\/p>\n<p align=\"justify\">Las enfermedades de la infancia y los peligros repentinos siempre son dif&iacute;ciles de tolerar para un padre o madre que ama a sus hijos, pero la m&aacute;s leve amenaza produce una ansiedad insoportable cuando la mam&aacute; o el pap&aacute; es excesivamente protector. Lamentablemente, ese padre o madre no es la &uacute;nica persona que sufre, con frecuencia el ni&ntilde;o es tambi&eacute;n una v&iacute;ctima. No se le permite correr riesgos razonables, riesgos que son preludio necesario al crecimiento y al desarrollo. Del mismo modo, los problemas del materialismo suelen llegar a un extremo en una familia en la cual a los ni&ntilde;os no se les puede negar nada. La inmadurez emocional prolongada es otra consecuencia frecuente de la protecci&oacute;n excesiva. Una vez m&aacute;s, el &laquo;punto medio&raquo; del amor y el control es lo que debemos buscar si queremos producir ni&ntilde;os sanos y responsables.<\/p>\n<p align=\"justify\">Para que no exista un malentendido, voy a recalcar mi mensaje explicando el aspecto opuesto. No estoy recomendando que en su hogar reine la violencia ni la opresi&oacute;n. No estoy sugiriendo que le d&eacute; a sus hijos unas nalgadas todas las ma&ntilde;anas junto con el desayuno, ni que obligue a los varones a permanecer sentados en la sala con las manos juntas y las piernas cruzadas. No estoy proponiendo que trate de hacer adultos de sus hijos para que impresionen a sus amigos adultos con sus habilidades de padre, ni que castigue a sus hijos sin ton ni son, dando golpes y gritando cuando ellos ni sab&iacute;an que hab&iacute;an hecho algo indebido. No estoy sugiriendo que se vuelva fr&iacute;o e inaccesible como un modo de garantizar su dignidad y autoridad. Estas t&aacute;cticas de parte de los padres no producen ni&ntilde;os sanos ni responsables. Por el contrario, lo que estoy recomendando es un principio sencillo: cuando usted recibe un reto desafiante, su triunfo debe ser definitivo. Cuando el ni&ntilde;o pregunte: &laquo;&iquest;Qui&eacute;n manda aqu&iacute;?&raquo;, h&aacute;gaselo saber. Cuando &eacute;l susurre: &laquo;&iquest;A m&iacute; qui&eacute;n me quiere?&raquo;, t&oacute;melo en sus brazos y rod&eacute;elo con cari&ntilde;o. Tr&aacute;telo con respeto y dignidad, y espere lo mismo de &eacute;l. Y entonces, comience a disfrutar de los dulces beneficios de una labor paternal competente. <\/p>\n<p align=\"justify\">Este material fue extractado de la nueva edici&oacute;n del libro del Dr. Dobson Atr&eacute;vete a Disciplinar (Tyndale House Publishers &copy; 1992) y es usado con permiso del Dr. Dobson. Copyright &copy; 1994, Focus on the Family. Todos los derechos reservados. Posee Copyright Internacional. Los Temas de Apuntes Pastorales, Volumen III \u0096 N&uacute;mero 4<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&nbsp;<\/p>\n<\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Dr. James C. 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