{"id":2652,"date":"2015-12-01T00:51:44","date_gmt":"2015-12-01T05:51:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/deleites-mundanales\/"},"modified":"2015-12-01T00:51:44","modified_gmt":"2015-12-01T05:51:44","slug":"deleites-mundanales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/deleites-mundanales\/","title":{"rendered":"Deleites mundanales"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Juan Calvino<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">Aquellos que est\u00e1n en el ministerio enfrentan dos tentaciones en relaci\u00f3n a las posesiones materiales: la austeridad y la intemperancia. He aqu\u00ed un resumen del Libro III, Cap\u00edtulo 10 de La Instituci\u00f3n de la Religi\u00f3n Cristiana del Reformador Juan Calvino (1509-1564).<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p>                    <P align=justify>Si hemos de vivir, es tambi\u00e9n necesario que nos sirvamos de los medios necesarios para ello. Y ni siquiera podemos abstenernos de aquellas cosas que parecen m\u00e1s bien aptas para proporcionar satisfacci\u00f3n, que para remediar una necesidad. Por lo que debemos de tener una medida, a fin de que podamos servirnos de ellas con una conciencia pura y sana.<\/P><br \/>\n<P align=justify>A trav\u00e9s de Su Palabra el Se\u00f1or nos ense\u00f1a que la vida presente es, para los suyos como una peregrinaci\u00f3n, mediante la cual se encaminan al reino de los cielos. Si es preciso que pasemos por la tierra, no hay duda que debemos usar de los bienes de la tierra en la medida que nos ayudan a avanzar en nuestra carrera y no le sirven de obst\u00e1culo. Por eso Pablo nos advierte que usemos de este mundo, como si no us\u00e1ramos de \u00e9l (1 Cor. 7.30,31).<\/P><br \/>\n<P align=justify>M\u00e1s, como esta materia puede degenerar en escr\u00fapulos, y hay peligro de caer en un extremo u otro, procuremos afirmar nuestros pies en un lugar donde no corramos riesgos. Ha habido algunos hombres buenos y santos que viendo la intemperancia de los hombres desatada a rienda suelta, desearon poner remedio a tama\u00f1o mal. Se les ocurri\u00f3 un plan: usar los bienes temporales, s\u00f3lo en cuanto lo exig\u00eda la necesidad. Evidentemente este consejo proced\u00eda de un buen deseo; pero fueron excesivamente rigurosos. Su determinaci\u00f3n es muy peligrosa, ya que ligaban la conciencia mucho m\u00e1s estrechamente de lo que requer\u00eda la Palabra de Dios. Afirmaban que actuar conforme a la necesidad, era abstenerse de todas aquellas cosas sin las cuales podemos pasar. Seg\u00fan ellos, apenas nos ser\u00eda l\u00edcito mantenernos m\u00e1s que de pan y agua.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Por otro lado, muchos son los que en el d\u00eda de hoy, buscan cualquier pretexto para justificar su intemperancia. En su indulgencia licenciosa, afirman como cosa cierta, con lo que de ning\u00fan modo estoy de acuerdo, que la libertad no se debe limitar por reglas de ninguna clase y que hay que permitir que cada uno use de las cosas seg\u00fan su conciencia.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Admito que no debemos, ni podemos, sujetar la conciencia a f\u00f3rmulas legales definidas y precisas. Sin embargo, como la Escritura nos da reglas generales sobre su uso leg\u00edtimo, debemos limitar nuestro uso de acuerdo a los que \u00e9stas nos indiquen.<\/P><br \/>\n<B><br \/>\n<P align=justify>Teniendo presente el prop\u00f3sito de Dios<\/P><br \/>\n<\/B><br \/>\n<P align=justify>Que este sea nuestro principio: que recordemos el fin para el cual Dios mismo cre\u00f3 estos dones \u0096 para nuestro bien, y no para nuestra ruina.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Si consideramos el fin para el cual cre\u00f3 Dios los alimentos, veremos que no solamente quiso proveer para nuestro mantenimiento, sino que tambi\u00e9n tuvo en cuenta nuestro placer y satisfacci\u00f3n. En cuanto al vestido, adem\u00e1s de la necesidad, pens\u00f3 en la gracia y el decoro. En las hierbas, los \u00e1rboles, las frutas, adem\u00e1s de la utilidad que nos proporcionan, quiso alegrar nuestros ojos con su hermosura, a\u00f1adiendo tambi\u00e9n la suavidad de su olor. De ah\u00ed que el Profeta al cantar sobre los beneficios de Dios consider\u00f3 que \u00abel vino alegra el coraz\u00f3n del hombre\u00bb y \u00abel aceite hace brillar el rostro\u00bb (Salmo 104.15). Prescindamos, pues, de aquella inhumana filosof\u00eda que no concede al hombre m\u00e1s uso de las criaturas de Dios que el estrictamente necesario y nos priva sin raz\u00f3n del l\u00edcito fruto de la liberalidad divina, y que solamente puede tener aplicaci\u00f3n despojando al hombre de sus sentidos, reduci\u00e9ndolo a un pedazo de madera.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Con no menos diligencia debemos resistir la concupiscencia de la carne, a la cual, si no se le hace entrar en raz\u00f3n, se desborda sin medida. Esta tiene sus defensores, quienes con pretexto de libertad, le permiten cuanto desea. La primera regla para refrenarla ser\u00e1: todos los bienes que tenemos los cre\u00f3 Dios a fin de que le reconoci\u00e9semos como autor de ellos, y le demos gracias por su benignidad hacia nosotros. \u00bfD\u00f3nde estar\u00e1 esta acci\u00f3n de gracias, si comemos y bebemos en tal cantidad que nos atontece y nos inutiliza para servir a Dios y cumplir con los deberes de nuestra vocaci\u00f3n?<\/P><br \/>\n<B><br \/>\n<P align=justify>Aspiraci\u00f3n a la vida eterna<\/P><br \/>\n<\/B><br \/>\n<P align=justify>No hay camino m\u00e1s seguro que el desprecio de la vida presente y la asidua meditaci\u00f3n de la inmortalidad celestial. De ah\u00ed nacen dos reglas: Quienes disfrutan de este mundo, que lo hagan como si no disfrutasen, como dice Pablo. La segunda regla es la de que aprendamos a sobrellevar la pobreza pacientemente, y la abundancia en forma moderada.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Aunque la libertad de los fieles respecto a las cosas externas no debe ser limitada por reglas o preceptos, sin embargo, debe regularse por el principio de que hay que regalarse lo menos posible; hay que estar muy atentos para cortar toda superfluidad, toda vana ostentaci\u00f3n de abundancia, y guardarse diligentemente de convertir en impedimentos las cosas que se les han dado para que les sirvan de ayuda.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Aquellos que tienen pocos recursos econ\u00f3micos, sepan sobrellevar con paciencia su pobreza, para que no se vean atormentados por la envidia. Los que sepan moderarse de esta manera, har\u00e1n un progreso considerable en la escuela del Se\u00f1or. Aparte de que el apetito y el deseo de las cosas terrenas va acompa\u00f1ado de otros vicios numerosos, suele ordinariamente acontecer que quien sufre la pobreza con impaciencia, muestra el vicio contrario en la abundancia. Quien se averg\u00fcenza de ir pobremente vestido, se vanagloriar\u00e1 de verse ricamente ataviado; quien con gran dificultad y desasosiego vive en una condici\u00f3n humilde, si llega a verse rodeado de honores, no podr\u00e1 abstenerse de dejar ver su arrogancia y orgullo.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Por tanto, todos aquellos que sin hipocres\u00eda desean servir a Dios, aprendan a ejemplo del Ap\u00f3stol, a estar saciados como a tener hambre; aprendan a conducirse en la necesidad y en la abundancia.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Apuntes Pastorales, Volumen XII, N\u00famero 4<\/P>\n                    <\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Juan Calvino Aquellos que est\u00e1n en el ministerio enfrentan dos tentaciones en relaci\u00f3n a las posesiones materiales: la austeridad y la intemperancia. 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