{"id":2682,"date":"2015-12-01T00:52:27","date_gmt":"2015-12-01T05:52:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/vida-muerte-y-resurrecion-parte-ii\/"},"modified":"2015-12-01T00:52:27","modified_gmt":"2015-12-01T05:52:27","slug":"vida-muerte-y-resurrecion-parte-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/vida-muerte-y-resurrecion-parte-ii\/","title":{"rendered":"Vida, muerte y resurreci\u00f3n, Parte II"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Leonardo R. Hussey<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">En el segundo art\u00edculo de la serie Vida, muerte y resurrecci\u00f3n, el autor contin\u00faa el relato del profeta Eliseo y la mujer de Sunem. Aqu\u00ed el autor nos hace reflexionar acerca de las distintas emociones que embargan el coraz\u00f3n humano despu\u00e9s de la p\u00e9rdida de un hijo y c\u00f3mo Dios utiliza a las personas para ser instrumentos de consuelo.<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p><P align=justify><B>Duelo al mediod\u00eda : Segundo art\u00edculo de la serie<\/B><B>2 Reyes 4.14\u009637<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Eliseo ante el drama de la muerte<\/P><\/B><\/p>\n<p><P align=justify>Despu\u00e9s del nacimiento de este hijo var\u00f3n, Eliseo ser\u00eda doblemente bienvenido al hogar de Sunem. Se hab\u00eda sentido en deuda hacia ellos pero de aqu\u00ed en m\u00e1s, ellos se sentir\u00edan en deuda con \u00e9l, deuda que jam\u00e1s podr\u00edan pagar. Tambi\u00e9n es l\u00f3gico suponer que, con el correr del tiempo, este hijo de sus oraciones hab\u00eda llegado a ser muy querido para Eliseo mismo, como sin duda lo era para sus padres.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>\u00abY el ni\u00f1o creci\u00f3\u00bb (v. 18) y, a una edad en que ya pod\u00eda salir con su padre a las tareas agr\u00edcolas, ocurre algo inesperado y tr\u00e1gico. Un repentino dolor en la cabeza quiz\u00e1 causado por una fuerte insolaci\u00f3n, le hace acudir a su padre gritando: \u00ab\u00a1Ay, mi cabeza, mi cabeza!\u00bb.!\u00bb. El padre de inmediato le encarg\u00f3 a un criado que lo llevara a la madre quien con cuidado y ternura lo tuvo sobre sus rodillas. Seguramente pens\u00f3 que pronto le pasar\u00eda el dolor, pero al mediod\u00eda muri\u00f3. Vivo por la ma\u00f1ana y muerto al mediod\u00eda. As\u00ed llega la muerte, a menudo, golpeando sin previo aviso.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>No presumimos saber por qu\u00e9 el Se\u00f1or permiti\u00f3 que esto ocurriera. Quiz\u00e1 el afecto que sent\u00edan el padre y la madre por el ni\u00f1o se hab\u00eda acentuado al punto de desplazar sutilmente al Se\u00f1or del centro de sus vidas, y \u00abel que ama a hijo o hija m\u00e1s que a m\u00ed, no es digno de m\u00ed\u00bb, advirti\u00f3 el Se\u00f1or (Mt 10.37). Quiz\u00e1 Dios vio la necesidad de demostrarles que el cenit de la felicidad no se halla aqu\u00ed en la tierra. Tal vez deb\u00edan aprender a ser m\u00e1s sensibles al hecho de que la felicidad depende a cada instante de la gracia y la misericordia de Dios. Sin duda, los hechos posteriores demostrar\u00edan que este matrimonio llegar\u00eda a gozar de la doble e inveros\u00edmil bendici\u00f3n de tener un hijo inesperado, muerto y resucitado. Tampoco lo dice la Escritura, pero es muy probable que Dios tuviera una misi\u00f3n particular para este ni\u00f1o cuando llegara a la madurez de vida. Algo s\u00ed sabemos, y es que este incidente tan doloroso para el hogar de Sunem, fue la ocasi\u00f3n para que el hombre de Dios realizara el m\u00e1s maravilloso de todos sus milagros.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Es notable el calibre espiritual de la mujer sunamita ante la muerte de su precioso hijo. Nada de gritos, llanto o desesperaci\u00f3n. Ni una sola palabra de censura contra Dios o contra su profeta, pero \u00a1cu\u00e1ntos pensamientos se habr\u00e1n cruzado por su mente en estos momentos de crisis! \u00bfNo estaba frente a un evidente desprop\u00f3sito? \u00bfPara qu\u00e9 recibir un hijo de una manera tan extraordinaria y luego perderlo en forma tan repentina? \u00bfHab\u00eda alg\u00fan sentido en todo esto?<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>El conflicto mental de la sunamita hab\u00eda sido experimentado muchos a\u00f1os antes por su padre espiritual Abraham. Su hijo, Isaac, era por excelencia un hijo de la promesa de Dios y en \u00e9l ser\u00edan benditas todas las simientes de la tierra. Cuando Isaac fue ya muchacho y el Se\u00f1or le orden\u00f3 a Abraham ofrecerlo en holocausto, estas preguntas seguramente transitaron por la galer\u00eda de su mente. Sin embargo, el autor de la carta a los Hebreos nos descorre el velo y permite ver algo especial que ocurr\u00eda dentro de Abraham. Cuando sub\u00eda el monte Moriah, con el muchacho y la le\u00f1a para el holocausto, dispuesto a consumar el sacrificio, iba \u00abpensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, tambi\u00e9n le volvi\u00f3 a recibir\u00bb (He 11.19).<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>La sunamita, como digna hija espiritual de Abraham, tuvo una experiencia similar. Instruida en la ley de Jehov\u00e1, conocer\u00eda muy bien este incidente notable de la historia de su antepasado. Adem\u00e1s, es posible que estuviese enterada por medio de Eliseo o de alg\u00fan otro conducto, del m\u00e1s reciente milagro que Dios hab\u00eda realizado por medio de El\u00edas, cuando resucit\u00f3 al hijo de la viuda de Sarepta (1 Re 17.17\u009624). No hay nada mejor como recordar los actos de Dios en la historia, para despertar y fortalecer nuestra fe. El hecho es que la sunamita procedi\u00f3 de una forma singular que s\u00f3lo puede explicarse si aceptamos que ten\u00eda una profunda convicci\u00f3n de que su hijo ser\u00eda restaurado a la vida. \u00abPor fe&#8230; las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrecci\u00f3n\u00bb (He 11.35).<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>No se dispuso, por tanto, a prepararlo para darle sepultura sino que lo coloc\u00f3 sobre la cama del hombre de Dios (v. 21), quiz\u00e1 inspirada en lo que hab\u00eda hecho El\u00edas en Sarepta (1 Re 17.19). \u00ab\u00a1Oh mujer, grande es tu fe!\u00bb (Mt 15.28). Tampoco le inform\u00f3 a su esposo lo que hab\u00eda sucedido con el ni\u00f1o. Mas bien le pidi\u00f3 la ayuda de un criado y una asna para ir a ver a Eliseo que felizmente estaba en el monte Carmelo, a no mucha distancia de Sunem.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Su esposo le pregunt\u00f3: \u00ab\u00bfPara qu\u00e9 vas a verle hoy?\u00bb (2 Re 4.23). Esta pregunta sugiere que ella, en su \u00e1nimo de ejercitar la piedad y vivir en obediencia sincera al Se\u00f1or, ten\u00eda por costumbre concurrir a distintas asambleas presididas por Eliseo. Ya sea en d\u00edas de reposo o en las fiestas especiales, ella probablemente iba para escuchar la predicaci\u00f3n, elevar sus oraciones y alabar al Se\u00f1or junto con otras personas piadosas. Recordemos que en tiempos de El\u00edas todav\u00eda hab\u00eda \u00absiete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal y cuyas bocas no lo besaron\u00bb (1 Re 17.18). No s\u00f3lo se contentaba con recibir peri\u00f3dicamente en su hogar al hombre de Dios, sino que siendo una mujer espiritual, concurr\u00eda para la adoraci\u00f3n p\u00fablica de Jehov\u00e1 identific\u00e1ndose con su pueblo.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>La respuesta dada al esposo contiene una buena cuota de fe. Le dijo sencillamente: \u00abPaz\u00bb. \u00bfPod\u00eda tener paz cuando su \u00fanico hijo acababa de morir? <\/P><\/p>\n<p><P align=center>Paz, dulce paz, la muerte alrededor;<\/P><br \/>\n<P align=center>Jes\u00fas venci\u00f3 la muerte y su terror.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Esta es la herencia de los hombres y mujeres de fe. La muerte puede ocasionarnos profundo dolor pero jam\u00e1s podr\u00e1 robarnos la \u00abpaz de Dios\u00bb que guarda nuestros corazones y nuestras mentes \u00aben Cristo Jes\u00fas\u00bb (Fil 4.7). De manera que con diligencia, determinaci\u00f3n y con precisas instrucciones para el criado, encara el viaje.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Al aproximarse al monte Carmelo el profeta la vio desde lejos y de inmediato comision\u00f3 a Giezi, su criado, para que corriese a su encuentro. Eliseo hab\u00eda tomado conciencia ya de que un asunto urgente la tra\u00eda e instruy\u00f3 al criado que le formulara tres preguntas concretas: \u00ab\u00bfTe va bien a ti? \u00bfLe va bien a tu esposo, y a tu hijo?\u00bb Es propio que el hombre de Dios se preocupe con inter\u00e9s y ternura por el bienestar de sus amigos y de todos aquellos a quienes ha sido llamado a servir. La sunamita no sinti\u00f3 que pod\u00eda compartir su carga por lo doloroso, por sus implicancias y muy posiblemente por falta de afinidad con Giezi. Es probable que ella ya hubiese detectado que este hombre no ten\u00eda sensibilidad espiritual como para confiarle una preocupaci\u00f3n de tal magnitud, de modo que s\u00f3lo le responde en t\u00e9rminos generales: \u00abBien\u00bb. Pero cuando lleg\u00f3 donde estaba el hombre de Dios en el monte, postrada en el suelo, se asi\u00f3 de sus pies. Giezi, con falta de discernimiento, de inmediato reaccion\u00f3 tratando de quitarla. Pero Eliseo, sensible y consciente de algo grave, le responde: \u00abD\u00e9jala, porque su alma est\u00e1 en amargura, y Jehov\u00e1 me ha encubierto el motivo, y no me lo ha revelado\u00bb (v. 27). El siervo de Dios reconoce sus limitaciones; no pretende saberlo todo. Al ver a la mujer inclinada en tierra, tomada de sus pies, y en amargura de alma, no vacila en decir que el motivo le est\u00e1 encubierto, y que Dios no se lo hab\u00eda revelado (v. 27). El profeta es humilde y honesto y sabe cu\u00e1ndo reconocer su ignorancia y el derecho del Se\u00f1or para revelar o encubrir seg\u00fan sea su sabio designio.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Por las dos preguntas que formul\u00f3 a continuaci\u00f3n la sunamita a Eliseo, \u00e9l se dio cuenta de lo que hab\u00eda acontecido. \u00ab\u00bfPed\u00ed yo hijo a mi se\u00f1or? \u00bfNo dije yo que no te burlases de m\u00ed?\u00bb (v. 28). Su modo de expresi\u00f3n fue, sin duda, en\u00e9rgico y no podemos dejar de reconocer un tono acusador en sus preguntas. Ella no hab\u00eda pedido este hijo y cuando le fue prometido, resultaba tan il\u00f3gico que lo consideraba como una burla. Despu\u00e9s de darlo a luz, criarlo y amarlo, muere de manera inesperada en su propio regazo. Ahora s\u00ed, se sent\u00eda burlada y si estamos conscientes de nuestras limitaciones como humanos, nos sentiremos identificados con su actitud. Sin embargo, su comportamiento previo a la descarga de estas preguntas, y el posterior que examinaremos en el pr\u00f3ximo art\u00edculo de la serie, nos dejan entrever que junto con este sentido de verse burlada, hay una mezcla de fe y una voz interior que le dice que el cap\u00edtulo no est\u00e1 concluido, y que Eliseo algo puede hacer todav\u00eda.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Consulte los otros art\u00edculos de esta serie:<\/P><br \/>\n<UL><\/p>\n<li style=\"text-align: justify;\">\nPromesa de vida (primera parte)<\/p>\n<li style=\"text-align: justify;\">\nUn nuevo soplo de vida (tercera parte)<\/LI><\/UL><br \/>\n<P align=justify>Tomado y adaptado del libro El profeta Eliseo, Leonardo Hussey, Desarrollo Cristiano Internacional, 2002. Para obtener m\u00e1s informaci\u00f3n acerca de este libro haga click AQU\u00cd<\/P>\n                    <\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Leonardo R. Hussey En el segundo art\u00edculo de la serie Vida, muerte y resurrecci\u00f3n, el autor contin\u00faa el relato del profeta Eliseo y la mujer de Sunem. 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