{"id":2688,"date":"2015-12-01T00:52:35","date_gmt":"2015-12-01T05:52:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/vida-muerte-y-resurreccion-parte-i\/"},"modified":"2015-12-01T00:52:35","modified_gmt":"2015-12-01T05:52:35","slug":"vida-muerte-y-resurreccion-parte-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/vida-muerte-y-resurreccion-parte-i\/","title":{"rendered":"Vida, Muerte y Resurrecci\u00f3n, Parte I"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Leonardo R. Hussey<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">El siguiente art\u00edculo es el primero de una serie que explica el paralelismo sugerido entre los milagros del profeta Eliseo y los milagros realizados por nuestro Se\u00f1or Jesucristo. El autor nos lleva a un viaje hasta Sunem. En ese lugar una mujer recibi\u00f3 una hermosa bendici\u00f3n para su vida despu\u00e9s experimentar una dif\u00edcil prueba.<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p>                    <B><br \/>\n<P align=justify>Promesa de vida: Primer art\u00edculo de la serie<\/B><B>2 Reyes 4.14\u009637<\/P><\/B><\/p>\n<p><P align=justify>El Nuevo Testamento se\u00f1ala un notable paralelo entre el ministerio de El\u00edas y el de Juan el Bautista. Adem\u00e1s, aunque no se menciona en forma expl\u00edcita, es tambi\u00e9n sugestivo el paralelo que existe entre la serie de milagros que realiz\u00f3 Eliseo con los hechos poderosos de nuestro Se\u00f1or Jesucristo. En el pasaje que consideraremos ahora encontramos a Eliseo en primer lugar prometiendo vida, luego, enfrentando el triste drama de la muerte, y finalmente, realizando un notable milagro de resurrecci\u00f3n.<\/P><B><\/p>\n<p><P align=justify>Eliseo promete vida<\/P><\/B><\/p>\n<p><P align=justify>Ante el primer ofrecimiento de Eliseo, la mujer de Sunem respondi\u00f3: \u00abYo estoy bien aqu\u00ed, entre mi propia gente\u00bb (v. 13 DHH). Era una manera de decir que no ten\u00eda necesidades y que viv\u00eda feliz con lo que ten\u00eda, en medio de la sencillez de la comarca y de su gente. Asimismo, demuestra que no hab\u00eda hecho construir la alcoba para Eliseo con el fin de recibir algo a cambio. Ya viv\u00eda la realidad de que \u00abm\u00e1s bienaventurado es dar que recibir\u00bb (Hch 20.25).<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Al retirarse ella, Eliseo no qued\u00f3 conforme y sinti\u00f3 la necesidad de insistir en demostrar su gratitud. En una conversaci\u00f3n con su criado dijo: \u00ab\u00a1Qu\u00e9, pues, haremos por ella?\u00bb. Giezi, aunque sin ser un hombre espiritual, era bien despierto y hab\u00eda notado la ausencia de ni\u00f1os en el hogar. Contest\u00f3: \u00abPor desgracia ella no tiene hijos y su marido es viejo\u00bb (v. 14 BJ). Para la mujer israelita el no tener hijos era considerado como un verdadero estigma, y aunque lo callara y ocultara, sin duda, era algo que sent\u00eda en lo profundo de su coraz\u00f3n. Es muy posible que al observar la c\u00f3moda <\/P><br \/>\n<P align=justify>posici\u00f3n econ\u00f3mica y social de esta mujer \u00abimportante\u00bb (distintas versiones traducen \u00abrica\u00bb, \u00abpudiente\u00bb, \u00abprincipal\u00bb), otras la envidiaran sin saber que en su interior llevaba calladamente la carga de una desgracia que no pod\u00eda compartir ni aliviar. El anhelo natural y el instinto maternal dado por Dios, no se hab\u00eda cristalizado en esta piadosa mujer que hab\u00eda llegado a ser una verdadera hija de Sara (1 Pe 3.6). Sin embargo, Dios se especializa en hacer \u00abhabitar en familia a la est\u00e9ril, que se goza en ser madre de hijos\u00bb (Sal 113.9). La Biblia est\u00e1 llena de relatos de esta naturaleza y podemos se\u00f1alar el de la anciana Sara (Gn 11.30), de Rebeca (Gn 25.21), de Raquel (Gn 29.31), de la esposa de Manoa (Jue 13.3), Ana (1 Sa 1) y Elisabet (Lc 1.7). En todos estos casos el Se\u00f1or actu\u00f3 en cumplimiento de una promesa suya, en respuesta a la oraci\u00f3n y de manera sobrenatural. Permiti\u00f3 la procreaci\u00f3n a pesar de la esterilidad del hombre, de la mujer o de ambos. Prometi\u00f3 vida y la imparti\u00f3.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Enterado de la carga interior de la mujer, Eliseo volvi\u00f3 a llamarla y le formul\u00f3 una promesa, sin duda, con la convicci\u00f3n interior de que proven\u00eda del mismo Se\u00f1or: \u00abEl a\u00f1o que viene, por este tiempo, abrazar\u00e1s un hijo\u00bb. La promesa de Eliseo la dej\u00f3 desconcertada y su primera reacci\u00f3n fue pensar que Eliseo se estaba burlando de ella. \u00abNo, Se\u00f1or m\u00edo, var\u00f3n de Dios, no hagas burla de tu sierva\u00bb (v. 16). As\u00ed tambi\u00e9n reaccionaron Abraham y Sara, con una mezcla de risa sarc\u00e1stica y de incredulidad (Gn 17.17; 18.12) y tambi\u00e9n Zacar\u00edas, esposo de Elisabet (Lc 1.18,20).<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>\u00bfCu\u00e1ndo lleg\u00f3 a creer la Sunamita esta promesa? \u00bfEn qu\u00e9 momento la comparti\u00f3 con su esposo? En Isa\u00edas 54.1, al expresar el amor eterno de Jehov\u00e1 para con su pueblo dice: \u00abRegoc\u00edjate, oh est\u00e9ril, la que no daba a luz; levanta canci\u00f3n y da voces de j\u00fabilo, la que nunca estuvo de parto\u00bb. En alg\u00fan momento de ese a\u00f1o estas palabras fueron la experiencia del coraz\u00f3n de esta mujer. La Escritura guarda silencio sobre lo que ocurri\u00f3 y tan s\u00f3lo prosigue el relato diciendo: \u00abLa mujer concibi\u00f3 y dio a luz un hijo el a\u00f1o siguiente, en el tiempo que Eliseo le hab\u00eda dicho\u00bb.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Podemos bien imaginar la emoci\u00f3n y alegr\u00eda con que pasaron los meses de espera, y cu\u00e1l la sorpresa de los vecinos de Sunem, al enterarse que la mujer \u00abimportante\u00bb (2 Re 4.8) estaba embarazada. \u00bfCual habr\u00e1 sido el j\u00fabilo de su anciano esposo cuando ella dio a luz un hijo var\u00f3n que ser\u00eda su heredero? \u00bfSe imaginaban acaso que por s\u00f3lo dar sencilla y piadosa hospitalidad al hombre de Dios, recibir\u00edan tan inesperada e invalorable recompensa? As\u00ed tambi\u00e9n ocurri\u00f3 con Abraham, que recibi\u00f3 la promesa del nacimiento de Isaac cuando, sin saberlo, hosped\u00f3 \u00e1ngeles (Gn 18.11,16).<\/P><br \/>\n<P align=justify>Consulte los otros art\u00edculos de esta serie:<\/P><br \/>\n<UL><\/p>\n<li style=\"text-align: justify;\">\nDuelo al mediod\u00eda (segunda parte)<\/p>\n<li style=\"text-align: justify;\">\nUn nuevo soplo de vida (tercera parte)<\/LI><\/UL><B><br \/>\n<\/B><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tomado y adaptado del libro El profeta Eliseo, Leonardo Hussey, Desarrollo Cristiano Internacional, 2002. Para obtener m\u00e1s informaci\u00f3n acerca de este libro haga click AQU\u00cd<\/P>\n                    <\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Leonardo R. Hussey El siguiente art\u00edculo es el primero de una serie que explica el paralelismo sugerido entre los milagros del profeta Eliseo y los milagros realizados por nuestro Se\u00f1or Jesucristo. El autor nos lleva a un viaje hasta Sunem. En ese lugar una mujer recibi\u00f3 una hermosa bendici\u00f3n para su vida despu\u00e9s experimentar &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/vida-muerte-y-resurreccion-parte-i\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abVida, Muerte y Resurrecci\u00f3n, Parte I\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-2688","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2688","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2688"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2688\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2688"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2688"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2688"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}