{"id":27213,"date":"2016-05-19T17:17:59","date_gmt":"2016-05-19T22:17:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/no-te-dejes-el-paraguas\/"},"modified":"2016-05-19T17:17:59","modified_gmt":"2016-05-19T22:17:59","slug":"no-te-dejes-el-paraguas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/no-te-dejes-el-paraguas\/","title":{"rendered":"\u201c\u00a1No te dejes el paraguas!\u201d"},"content":{"rendered":"\n<p align=\"justify\" id=\"p1\" data-pid=\"1\" class=\"st\"><strong>\u201c\u00a1No te dejes el paraguas!\u201d<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p2\" data-pid=\"2\" class=\"sa\">DE NUESTRO CORRESPONSAL EN GRAN BRETA\u00d1A<\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p3\" data-pid=\"3\" class=\"sb\">PARA nosotros los brit\u00e1nicos, el paraguas es un acompa\u00f1ante habitual, pues la lluvia resulta impredecible. De\u00a0ah\u00ed que constantemente nos avisemos a fin de no\u00a0olvidarlo al salir de casa o cuando se nos queda en el autob\u00fas, el tren o en un comercio. Pero aunque hoy se tienda a dar por sentado este refugio port\u00e1til \u2014ya que es bastante barato\u2014, no\u00a0siempre se ha tenido en tan poca estima.<\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p4\" data-pid=\"4\" class=\"ss\"><strong>Una historia distinguida<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p5\" data-pid=\"5\" class=\"sb\">El paraguas tiene su origen en las sombrillas o quitasoles, en su d\u00eda s\u00edmbolos de rango y honor exclusivos de los personajes importantes. En\u00a0efecto, milenarias esculturas y pinturas asirias, egipcias, persas e indias representan a monarcas cuyos sirvientes los protegen con parasoles de los rayos del astro rey. En\u00a0Asiria, los \u00fanicos que pod\u00edan usar este objeto eran los reyes.<\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p6\" data-pid=\"6\" class=\"sb\">A lo largo de la historia, la sombrilla sigui\u00f3 siendo un signo de poder, sobre todo en Asia. La\u00a0categor\u00eda de un soberano aumentaba en funci\u00f3n de los quitasoles que pose\u00eda, como lo ilustra el t\u00edtulo que recib\u00eda un rey birmano: Se\u00f1or de las Veinticuatro Sombrillas. A\u00a0veces revest\u00eda importancia el n\u00famero de pisos del parasol. As\u00ed, el del emperador de China ten\u00eda cuatro, y el del rey de Siam, entre siete y nueve. Hasta el d\u00eda de hoy, este utensilio es un emblema de autoridad en algunos pa\u00edses de Asia y \u00c1frica.<\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p7\" data-pid=\"7\" class=\"ss\"><strong>Sombrillas religiosas<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p8\" data-pid=\"8\" class=\"sb\">Desde muy antiguo, este art\u00edculo estuvo ligado a la religi\u00f3n. Los antiguos egipcios cre\u00edan que la diosa Nut cobijaba la Tierra con su cuerpo, a modo de dosel, por lo que sus devotos caminaban bajo \u201ctejados\u201d port\u00e1tiles a fin de obtener su protecci\u00f3n. En\u00a0la India y China, una sombrilla abierta representaba la b\u00f3veda celeste. El\u00a0budismo primitivo empleaba el parasol como s\u00edmbolo de su fundador, de modo que este elemento \u2014que usan tambi\u00e9n los hind\u00faes\u2014 corona las c\u00fapulas de sus monumentos.<\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p9\" data-pid=\"9\" class=\"sb\">Los quitasoles llegaron a Grecia en torno al a\u00f1o 500\u00a0a.E.C., donde guarec\u00edan las im\u00e1genes de los dioses en ciertas fiestas religiosas. Adem\u00e1s, en Atenas, la servidumbre sol\u00eda proteger con sombrillas a las se\u00f1oras \u2014pero no\u00a0as\u00ed a los hombres\u2014, costumbre que se extendi\u00f3 luego a Roma.<\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p10\" data-pid=\"10\" class=\"sb\">La Iglesia Cat\u00f3lica tambi\u00e9n introdujo este objeto en sus ceremonias m\u00e1s solemnes. El\u00a0papa comenz\u00f3 a aparecer bajo un modelo de franjas rojas y amarillas confeccionado en seda, y los cardenales y obispos, con otro de color violeta o verde. Hasta el d\u00eda de hoy, cada bas\u00edlica reserva para la m\u00e1xima autoridad eclesi\u00e1stica un trono cubierto con una sombrilla que exhibe los colores pontificios. De\u00a0igual modo, el cardenal que preside la Iglesia entre la muerte de un papa y la elecci\u00f3n del sucesor dispone de la suya propia, a manera de identificaci\u00f3n.<\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p11\" data-pid=\"11\" class=\"ss\"><strong>De sombrilla a paraguas<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p12\" data-pid=\"12\" class=\"sb\">La mayor\u00eda de los pa\u00edses hispanos distinguen hoy entre el paraguas, que, como indica su nombre, <em>para, <\/em>o detiene, las <em>aguas <\/em>de la lluvia, y la sombrilla, que nos resguarda de los rayos solares. Es\u00a0probable que fueran los chinos, o quiz\u00e1s las antiguas romanas, quienes comenzaron a engrasar y encerar las cubiertas de\u00a0papel para que resistieran la lluvia. No\u00a0obstante, tanto los quitasoles como los paraguas desaparecieron de Europa hasta el siglo XVI, cuando los italianos, y m\u00e1s tarde los franceses, los redescubrieron.<\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p13\" data-pid=\"13\" class=\"sb\">Para el siglo XVIII, las damas brit\u00e1nicas comenzaron a llevar sombrillas y paraguas, mientras que la mayor\u00eda de los hombres se negaban a usar tales art\u00edculos por considerarlos refinamientos femeninos. Entre las excepciones figuraban los propietarios de los caf\u00e9s, que ve\u00edan ventajoso tener un paraguas a mano para resguardar a los clientes de los elementos hasta que se montaban en sus carruajes, y los cl\u00e9rigos, que lo encontraban muy \u00fatil cuando ten\u00edan que oficiar un funeral bajo un aguacero en los cementerios de las iglesias.<\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p14\" data-pid=\"14\" class=\"sb\">Fue un viajero y fil\u00e1ntropo, llamado Jonas Hanway, quien cambi\u00f3 la historia del paraguas en Inglaterra. Cuentan que fue el primer caballero en atreverse a usarlo p\u00fablicamente en Londres. En\u00a0sus viajes de ultramar hab\u00eda visto a los hombres llevarlo, de modo que se decidi\u00f3 a capear las burlas y afrentas de los cocheros, que lo salpicaban a prop\u00f3sito con el agua enlodada de las calles. Durante treinta a\u00f1os no\u00a0se separ\u00f3 de \u00e9l. Para\u00a01786, fecha de su muerte, ambos sexos lo utilizaban ya con total normalidad.<\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p15\" data-pid=\"15\" class=\"sb\">En aquellos d\u00edas no\u00a0resultaba f\u00e1cil de usar, pues era grande, pesado e inc\u00f3modo. Con su bast\u00f3n y sus varillas de ca\u00f1a o de ballena, y su cubierta de seda (o lienzo) engrasada, era dif\u00edcil de abrir una vez mojado, y sol\u00eda gotear sobre el portador. Aun as\u00ed, fue ganando popularidad, pues costaba menos que alquilar un coche en d\u00edas de lluvia. De\u00a0ah\u00ed que se multiplicaran los fabricantes y los vendedores, y que los inventores trataran de mejorarlo. A\u00a0mediados del siglo XIX, Samuel Fox patent\u00f3 el modelo Paragon, con armaz\u00f3n de acero fuerte y liviano. Adem\u00e1s, comenzaron a usarse telas como la seda, el algod\u00f3n o el lino encerado, mucho m\u00e1s ligeras que las antiguas. Hab\u00eda nacido el paraguas moderno.<\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p16\" data-pid=\"16\" class=\"ss\"><strong>Complemento de moda<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p17\" data-pid=\"17\" class=\"sb\">El parasol, por su parte, tambi\u00e9n se convirti\u00f3 en fino accesorio para toda inglesa que se preciara de elegante. Siguiendo los vaivenes de la moda, creci\u00f3 de tama\u00f1o y se cubri\u00f3 con toda suerte de sedas y satenes de vivos colores, a menudo a juego con el vestido, y con ornamentos tan diversos como puntillas, flecos, cintas, lazos e incluso plumas. Hasta bien entrado el siglo XX, ninguna dama respetable que quisiera resguardar su delicado cutis sal\u00eda sin su sombrilla.<\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p18\" data-pid=\"18\" class=\"sb\">Pero en la d\u00e9cada de\u00a01920 comenz\u00f3 a hacer furor el bronceado, con lo que el quitasol cay\u00f3 en desuso y dio paso a la era del caballero urbano, en cuyo atuendo no\u00a0pod\u00edan faltar el bomb\u00edn y el paraguas negro cerrado, que hac\u00eda las veces de distinguido bast\u00f3n.<\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p19\" data-pid=\"19\" class=\"sb\">El perfeccionamiento de la t\u00e9cnica, tras la segunda guerra mundial, trajo consigo mejoras al mercado, como los modelos plegables y las cubiertas impermeables de nailon, poli\u00e9ster o pl\u00e1stico. A\u00fan quedan establecimientos artesanales que elaboran paraguas caros, pero lo normal es que se produzcan en serie, a precios m\u00f3dicos y de todos los colores y tama\u00f1os, desde grandes modelos de mesa o para dos personas, hasta los plegables de\u00a015\u00a0cent\u00edmetros que caben en el bolso.<\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p20\" data-pid=\"20\" class=\"sb\">Aunque anta\u00f1o era un lujoso s\u00edmbolo de prestigio, hoy es asequible y ocupa un lugar destacado en los dep\u00f3sitos de objetos perdidos. Sin importar en qu\u00e9 lugar del mundo vivamos, resulta muy pr\u00e1ctico para afrontar los rigores del clima, y en algunos pa\u00edses vuelve a usarse como sombrilla, al escucharse cada vez m\u00e1s advertencias sobre los peligros de la luz solar. Por eso, no\u00a0ser\u00eda raro que, antes de salir de casa, alguien nos dijera: \u201c\u00a1No\u00a0te dejes el paraguas!\u201d.<\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p21\" data-pid=\"21\" class=\"se\"><strong>[Ilustraci\u00f3n y recuadro de la p\u00e1gina 20]<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p22\" data-pid=\"22\" class=\"sc\"><strong>Adquisici\u00f3n y cuidados<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p23\" data-pid=\"23\" class=\"sc\">  El comprador ha de elegir entre comodidad y resistencia. El\u00a0paraguas plegable es econ\u00f3mico, cabe en un bolsillo amplio y tiene pocas varillas, pero aguanta peor los embates del viento. Por otro lado, el modelo tradicional suele ser m\u00e1s caro, pero es resistente y duradero, pudi\u00e9ndose utilizar por a\u00f1os si es de calidad. Sin importar cu\u00e1l se elija, debe protegerse del moho y de las manchas de \u00f3xido dej\u00e1ndolo secar bien antes de cerrarlo y poni\u00e9ndole luego la funda para resguardarlo del polvo y la suciedad.<\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p24\" data-pid=\"24\" class=\"se\"><strong>[Ilustraciones de la p\u00e1gina 19]<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p25\" data-pid=\"25\" class=\"sc\">Sirviente cubriendo con una sombrilla a un rey asirio<\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p26\" data-pid=\"26\" class=\"sc\">Antigua griega sosteniendo una sombrilla<\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p27\" data-pid=\"27\" class=\"sc\"><strong>[Reconocimiento]<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p28\" data-pid=\"28\" class=\"sc\">Ilustraciones: <em>The Complete Encyclopedia of Illustration\/<\/em>J.\u00a0G.\u00a0Heck<\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p29\" data-pid=\"29\" class=\"se\"><strong>[Ilustraci\u00f3n de la p\u00e1gina 20]<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p30\" data-pid=\"30\" class=\"sc\">Parasol de comienzos del siglo XX<\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p31\" data-pid=\"31\" class=\"sc\"><strong>[Reconocimiento]<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p32\" data-pid=\"32\" class=\"sc\">Culver Pictures<\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p33\" data-pid=\"33\" class=\"sb\">\n<p>Fuente: \u00a1Despertad!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201c\u00a1No te dejes el paraguas!\u201d DE NUESTRO CORRESPONSAL EN GRAN BRETA\u00d1A PARA nosotros los brit\u00e1nicos, el paraguas es un acompa\u00f1ante habitual, pues la lluvia resulta impredecible. De\u00a0ah\u00ed que constantemente nos avisemos a fin de no\u00a0olvidarlo al salir de casa o cuando se nos queda en el autob\u00fas, el tren o en un comercio. Pero aunque &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/no-te-dejes-el-paraguas\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab\u201c\u00a1No te dejes el paraguas!\u201d\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-27213","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/27213","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=27213"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/27213\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=27213"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=27213"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=27213"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}