{"id":2734,"date":"2015-12-01T00:53:41","date_gmt":"2015-12-01T05:53:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/como-formar-nuevos-discipulos\/"},"modified":"2015-12-01T00:53:41","modified_gmt":"2015-12-01T05:53:41","slug":"como-formar-nuevos-discipulos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/como-formar-nuevos-discipulos\/","title":{"rendered":"C\u00f3mo formar nuevos disc\u00edpulos"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Rick Lowry<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">A veces nos sentimos frustrados porque queremos hacer disc\u00edpulos, hacemos grandes planes y construimos grandes ilusiones, pero sencillamente no sabemos como empezar. Descubra con nosotros un m\u00e9todo que un pastor estadounidense implement\u00f3 y que le ha dado excelentes resultados.<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p style=\"text-align: left;\"><b> De un pu&ntilde;ado de hombres hambrientos, hemos desarrollado varias &laquo;generaciones&raquo; de l&iacute;deres. <\/b><br \/>\nDavid Roadcup invit&oacute; a seis estudiantes del &uacute;ltimo a&ntilde;o del Ozark Bible College (Universidad B&iacute;blica Ozark) a unirse con &eacute;l en un viaje de discipulado. Eso sucedi&oacute; en 1978 y yo era uno de ellos. En esa etapa de mi educaci&oacute;n, hab&iacute;a aprendido a como predicar y ense&ntilde;ar, pero mi a&ntilde;o con David me ense&ntilde;&oacute; a amar. Su sal&oacute;n de clases era la vida cotidiana. David nos llevaba a las iglesias donde hablaba y a los salones de clases donde ense&ntilde;aba. David tambi&eacute;n se asegur&oacute; de que aprendi&eacute;ramos como viv&iacute;a un hombre de Dios. David, su esposa, y sus hijos siempre tuvieron abierta la puerta de su hogar.<br \/>\nPasamos muchas tardes en su sala de estar. Ah&iacute; habl&aacute;bamos y com&iacute;amos como una familia. En el proceso, aprendimos como era un hogar devoto, sin necesidad de estudiarlo en un sal&oacute;n de clases. Lo mejor de todo era que David pasaba el tiempo con nosotros. Sol&iacute;a decirnos: &laquo;&iexcl;Vamos a tomarnos un refresco y a ponernos al d&iacute;a!&raquo;. Estoy seguro de que ese a&ntilde;o prob&eacute; cada uno de los postres que se serv&iacute;an en un restaurante cercano. Curiosamente recuerdo una tarde que discut&iacute;amos acerca del valor espiritual del ayuno, mientras yo, ir&oacute;nicamente, com&iacute;a una tajada de pastel de melocot&oacute;n.<br \/>\nA menudo habl&aacute;bamos acerca de las &uacute;ltimas ideas para la iglesia y el ministerio; sin embargo, ning&uacute;n tema estaba fuera de los l&iacute;mites. Convers&aacute;bamos sobre estudios b&iacute;blicos y charlas hasta temas relacionados con la sexualidad. En incontables ocasiones, respond&iacute; a la pregunta m&aacute;s com&uacute;n que David me hac&iacute;a: &laquo;Rick, &iquest;c&oacute;mo est&aacute;s realmente?&raquo;.<br \/>\nPara David este tiempo con nosotros era el inicio de un proceso. &laquo;Muchachos&raquo; dec&iacute;a &eacute;l, &laquo;espero que los a&ntilde;os setenta y ochenta sean espiritualmente nuestras d&eacute;cadas m&aacute;s productivas&raquo;. &Eacute;l no s&oacute;lo se refer&iacute;a a nuestro crecimiento espiritual en la universidad, sino tambi&eacute;n al impacto que tendr&iacute;amos en los siguientes cincuenta a&ntilde;os.<br \/>\n<b> <\/b>Una llamada para el abuelo<br \/>\nHan transcurrido m&aacute;s de veinte a&ntilde;os desde que David tom&oacute; ese primer grupo, y nunca ha dejado de hacer disc&iacute;pulos. Recientemente, le pregunt&eacute; cuantos hombres hab&iacute;a discipulado en toda su vida. Me respondi&oacute; que alrededor de 160.<br \/>\nSin embargo, una de las m&aacute;s grandes alegr&iacute;as de David es escuchar que una persona que &eacute;l ha discipulado comienza a discipular a otros. Un compa&ntilde;ero de ese primer grupo y yo empezamos una tradici&oacute;n: cada vez que iniciara un nuevo grupo, llamar&iacute;a a David para decirle: &laquo;&iexcl;Hola, abuelo!&raquo;. Varios a&ntilde;os despu&eacute;s, lo llamaba una y otra vez para decirle, &laquo;&iexcl;hola, bisabuelo!&raquo;.<br \/>\nHace casi diez a&ntilde;os, era el pastor general de la iglesia cristiana Town and Country en Topeka, Kansas. En esa ocasi&oacute;n, de los 200 miembros de la iglesia, invit&eacute; a seis hombres a formar una relaci&oacute;n de discipulado de tres a&ntilde;os. Esta vez me tocaba a m&iacute; a hacer la &laquo;llamada del abuelo&raquo;.<br \/>\nCon el tiempo, edificamos el tipo de grupo que David me hab&iacute;a ense&ntilde;ado durante mis a&ntilde;os universitarios. Or&aacute;bamos, como grupo, en parejas, y en distintos escenarios. Una noche fuimos hasta una monta&ntilde;a para observar las luces de la ciudad y pasar una hora orando por las personas con las que viv&iacute;amos y trabaj&aacute;bamos cada d&iacute;a.<br \/>\nDavid me ense&ntilde;&oacute; la importancia de &laquo;mantener al grupo fresco; es decir, nunca hacer algo dos veces&raquo;. Una tarde, sin decirles nada, lleve a los hombres a una campa&ntilde;a evangelizadora en una iglesia afroamericana urbana. Al inicio, nos quedamos de pie como los asustados chicos blancos; al final, &iexcl;est&aacute;bamos danzando con el resto de la multitud!<br \/>\nCada una de nuestras reuniones semanales inclu&iacute;a estudios b&iacute;blicos, oraci&oacute;n, compartir algo de nuestra vida. David sol&iacute;a decirnos: &laquo;Mientras empezamos, saquemos al sol nuestro coraz&oacute;n&raquo;. A pesar de que tra&iacute;a un esquema de la lecci&oacute;n y de las actividades de la reuni&oacute;n, a menudo &laquo;sacar al sol nuestro coraz&oacute;n&raquo; daba una nueva direcci&oacute;n guiada por el Esp&iacute;ritu. Una noche oramos por Tom, cuyo hijo se estaba rebelando, en otro oportunidad contestamos las preguntas del coraz&oacute;n de John, cuya fe estaba menguando esa semana.<br \/>\nNuestra amistad era tan importante como esas reuniones semanales. Adem&aacute;s, tuve presente las metas a largo plazo del grupo. Oraba pidiendo que todos esos hombres se convirtieran, dentro de diez a&ntilde;os, en ancianos de nuestra congregaci&oacute;n. Por eso, en cada reuni&oacute;n me preguntaba: &laquo;&iquest;Esto nos ayuda a desarrollar disc&iacute;pulos maduros calificados para ense&ntilde;ar a otros?&raquo;.<br \/>\nPara los discipulados, desarroll&eacute; un proceso de tres etapas que duraba tres a&ntilde;os. Esto me ayud&oacute; a mantenerme enfocado en la meta.<br \/>\n<b> <\/b>Mi plan de tres a&ntilde;os<br \/>\nEn nuestro primer a&ntilde;o juntos, me concentro en construir una comunidad en el grupo.<br \/>\nEn las primeras semanas, le digo a cada hombre: &laquo;Cu&eacute;ntanos la historia de tu vida&raquo;. Yo soy el primero en hacerlo para ense&ntilde;arles que s&iacute; se puede hablar de los &eacute;xitos y fracasos. Algunas veces, nos tomamos un tiempo adicional para hablar acerca de nuestra historia espiritual. Lo esencial es construir una profunda relaci&oacute;n para as&iacute; formar un grupo de amigos cercanos que puedan confiar el uno en el otro.<br \/>\nDespu&eacute;s, durante cuatro semanas, dirijo al grupo en una introducci&oacute;n al discipulado. En ese tiempo hablamos del significado del discipulado, y lo que ellos deber&iacute;an esperar dar y recibir del grupo.<br \/>\n<b> <\/b><b>A&ntilde;o uno:<\/b> En ese primer a&ntilde;o, nos concentramos en los aspectos b&aacute;sicos del cristianismo: oraci&oacute;n, dones espirituales y estudiar los vers&iacute;culos de &laquo;los unos a los otros&raquo;. Discutimos art&iacute;culos desafiantes de publicaciones cristianas y, algunas veces, leemos un libro juntos. Considero que los libros No tengo tiempo para orar de Bill Hybels y Ponga orden en su mundo interior de Gordon MacDonald son apropiados para el primer a&ntilde;o del discipulado.<br \/>\n<b> <\/b><b>A&ntilde;o dos:<\/b> El segundo a&ntilde;o es para profundizar. Para este momento, ya confiamos el uno en el otro, hay m&aacute;s responsabilidad, estudios m&aacute;s profundos, y oraciones m&aacute;s intimas. Este es el coraz&oacute;n del discipulado: cuando ocurre una clase de crecimiento profundo que tal vez no se obtiene en el grupo peque&ntilde;o promedio.<br \/>\nNos acercamos lo suficiente como para preocuparnos. Un tipo de preocupaci&oacute;n que nunca hubiera conocido si David no me la hubiera ense&ntilde;ado a&ntilde;os antes.<br \/>\nCaminamos uno al lado del otro durante las crisis de nuestra vida y familia. Establecemos metas espirituales y nos responsabilizamos por ellas. Construimos grandes amistades en Cristo. De hecho, todav&iacute;a considero a los hombres de mi primer grupo como mis buenos amigos.<br \/>\nEste proceso comienza a dar fruto al inicio del segundo a&ntilde;o, cuando incorporamos en el grupo las parejas de oraci&oacute;n. Incluso para los amigos que han crecido en confianza y amor mutuo, algunas preocupaciones personales son muy dif&iacute;ciles de revelar al grupo. Por eso, nos dividimos en parejas y as&iacute; concentrarnos en una responsabilidad m&aacute;s &iacute;ntima.<br \/>\nLas reuniones con las parejas de oraci&oacute;n se gu&iacute;an por medio de metas espirituales. Al inicio del a&ntilde;o, nos comprometemos con estas metas, por eso, las escribimos y las revisamos al menos dos veces al mes. Adem&aacute;s, nos animamos a ser completamente sinceros entre nosotros. Kyle y Dwayne, por ejemplo, podr&iacute;an acordar llamarse todas las ma&ntilde;anas para asegurarse de que el otro empieza el d&iacute;a en oraci&oacute;n. O Chris podr&iacute;a llamar a Randy los mi&eacute;rcoles para preguntarle si convers&oacute; con su compa&ntilde;ero de trabajo acerca de lo que le molestaba.<br \/>\nEn ese segundo a&ntilde;o, realizamos estudios m&aacute;s profundos y los equipos de parejas de oraci&oacute;n se combinan para tener un emocionante tiempo de crecimiento espiritual.<br \/>\n<b> <\/b><b>A&ntilde;o tres:<\/b> El tercer a&ntilde;o es el a&ntilde;o de alcance. Nos concentramos en lo que podemos hacer para que otros se involucren y experimenten un grupo de discipulado. No dirijo muchas reuniones durante el tercer a&ntilde;o, sino que me hago a un lado para que estos hombres tengan la oportunidad de ser ellos los l&iacute;deres.<br \/>\nTambi&eacute;n expongo a estos hombres a cualquier tipo de liderazgo de grupos peque&ntilde;os, desde planeamiento, hasta discusiones o manejo de conflictos.<br \/>\nPor ejemplo, en mi grupo actual acabamos de finalizar un &eacute;nfasis en oraci&oacute;n que dur&oacute; nueve semanas. En ese estudio cada miembro dirigi&oacute; al grupo por una noche. Despu&eacute;s realizamos una caminata de oraci&oacute;n en un centro comercial local para poner en pr&aacute;ctica lo que hab&iacute;amos aprendido. Este tipo de actividades aplicables nos ayudan a pensar fuera de nuestro c&oacute;modo grupo y a prepararnos para multiplicar los grupos de discipulado.<br \/>\nCuando llegamos al cuarto a&ntilde;o, es tiempo para que los hombres inicien sus propias ramas del &laquo;&aacute;rbol del discipulado&raquo;, para que empiecen a guiar grupos por su propia cuenta.<br \/>\n<b> <\/b>Alimento para los hambrientos espirituales<br \/>\nEn el cuarto a&ntilde;o con mi primer grupo, los seis hombres nos dividimos en parejas, yo tambi&eacute;n form&eacute; un nuevo grupo y as&iacute; nuestro &aacute;rbol de discipulado pas&oacute; de tener solo una rama a tener cuatro.<br \/>\nEscribimos los nombres de treinta y seis hombres de nuestra congregaci&oacute;n, quienes consider&aacute;bamos candidatos espiritualmente hambrientos. En un restaurante de hamburguesas local, planeamos un borrador y dividimos los nombres. Despu&eacute;s ideamos como reclutar&iacute;amos a cada miembro potencial del grupo.<br \/>\nCuando observ&eacute; alrededor de la mesa a esos futuros l&iacute;deres de grupo, sent&iacute; que deb&iacute;a, como su mentor, recordarles que el discipulado requiere un gran nivel de compromiso. Adem&aacute;s, les dije que lo &iacute;bamos hacer bien si logr&aacute;bamos que doce de esos hombres dijeran que s&iacute;.<br \/>\nSin embargo, los chicos me dijeron: &laquo;No, vamos a tener una poderosa respuesta&raquo;. Y de los treinta y seis candidatos, treinta y cinco dijeron que s&iacute;. Nuestros nuevos treinta y cinco reclutas estar&iacute;an en sus grupos por dos meses. Esto los ayudar&iacute;a a ver lo que involucraba un discipulado, antes de que hicieran un compromiso a largo plazo. Una vez m&aacute;s, les advert&iacute; a los nuevos l&iacute;deres: &laquo;No se desanimen si algunos miembros de su grupo deciden no continuar con esto&raquo;.<br \/>\nDe los treinta y cinco que empezaron, treinta y cuatro estuvieron de acuerdo en continuar al menos por un a&ntilde;o.<br \/>\nContinu&eacute; siendo el mentor de estos nuevos l&iacute;deres, sin embargo, no como lo hab&iacute;a esperado. Los anim&eacute; a establecer metas a corto plazo, tales como: &laquo;Almuercen con uno de sus chicos cada semana&raquo;, y metas a largo plazo: &laquo;Hagan que cada miembro dirija al menos una reuni&oacute;n al llegar el mes de junio&raquo;. Les enviaba art&iacute;culos o libros que cre&iacute;a que ser&iacute;an grandes estudios. Y a pesar de que segu&iacute;amos siendo amigos cercanos, mi papel en sus vidas iba disminuyendo. Era como el papel de un padre que disminuye cuando deja ir a sus hijos y ellos empiezan a tener sus propios hijos.<br \/>\n<b> <\/b>Ancianos en el proceso<br \/>\nToda nuestra congregaci&oacute;n sinti&oacute; el impacto espiritual de tener a m&aacute;s de treinta hombres en relaciones de discipulado. Hombres con los que nunca antes hab&iacute;a hablado me llamaban a mi oficina para hacerme preguntas b&iacute;blicas. Personas que hab&iacute;an tenido problemas con el compromiso en el pasado formaban ahora parte del ministerio. Hombres que antes no quer&iacute;an tener ninguna responsabilidad ahora daban su cara para guiar a otros.<br \/>\nTal vez mi respuesta favorita fue las conversaciones que ten&iacute;a con las esposas de los hombres que estaban en los grupos de discipulado. Muchas de las mujeres rebosaban de alegr&iacute;a con el crecimiento espiritual de sus esposos. El crecimiento era evidente no s&oacute;lo en el gran involucramiento de estos hombres en la iglesia, sino tambi&eacute;n en sus actitudes en casa que eran parecidas a las de Cristo.<br \/>\nAhora estoy en mi a&ntilde;o n&uacute;mero veinticuatro como discipulador. Todav&iacute;a me sorprende el impacto que tiene el dedicar tres o cuatro horas semanales al crecimiento a largo plazo de varios individuos hambrientos.<br \/>\nEn mi iglesia actual, estoy discipulando a un nuevo grupo de siete hombres. Espero que todos ellos lleguen a ser l&iacute;deres en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os. Y no puedo esperar para llamar a David en un par de a&ntilde;os y decirle una vez m&aacute;s: &laquo;&iexcl;Hola, bisabuelo!&raquo;.<br \/>\nRick Lowry es pastor de la vida comunitaria de la iglesia cristiana Crossroads en Evansville, Indiana.<br \/>\n<b> <\/b>El poder de los tr&iacute;os<br \/>\n C&oacute;mo mejorar una relaci&oacute;n de mentor-disc&iacute;pulo.<br \/>\nA mediados de los a&ntilde;os ochenta, identifique un problema com&uacute;n en las relaciones de &laquo;uno a uno&raquo;, como por ejemplo la relaci&oacute;n de mentor-disc&iacute;pulo o la relaci&oacute;n &laquo;Pablo-Timoteo&raquo;. A menudo, el Timoteo de la relaci&oacute;n no tiene la autoridad para tomar un liderazgo; sin embargo, la dependencia por su maestro crece.<br \/>\nPor eso, cuando me un&iacute; al equipo de trabajo de la iglesia presbiteriana St. John al oeste de Los Angeles en 1984, decid&iacute; intentar ser el mentor de un grupo formado por tres personas. Invit&eacute; a otros dos hombres a que nos uni&eacute;ramos en una relaci&oacute;n de crecimiento mutuo.<br \/>\nEl resultado fue menos jer&aacute;rquico y m&aacute;s relacional. Si bien manten&iacute;a el concepto del &iacute;ntimo discipulado de &laquo;uno a uno&raquo;, hab&iacute;a m&aacute;s energ&iacute;a gracias a un mayor intercambio.<br \/>\nUno de los hombres, Hudson, me acompa&ntilde;&oacute; a Rumania en un viaje misionero a un orfanato de ni&ntilde;os infectados con VIH (Virus de la Inmunodeficiencia Humana). A Hud le impresionaba el ministerio de ese lugar y su participaci&oacute;n en nuestro tr&iacute;o lo anim&oacute; a pensar en &eacute;l mismo como un l&iacute;der, y ya no como un estudiante o alguien que tan solo recib&iacute;a. La primera funci&oacute;n de Hud en el liderazgo fue una lucha con el gobierno rumano por la direcci&oacute;n del orfanato. Actualmente, supervisa las operaciones de este lugar.<br \/>\nLos tr&iacute;os fomentan relaciones m&aacute;s poderosas porque se pasa de la din&aacute;mica &laquo;maestro-estudiante&raquo; a una m&aacute;s de compa&ntilde;erismo. En los casi veinte a&ntilde;os que llevo de usar y ense&ntilde;ar a otras iglesias el enfoque de tr&iacute;o, tres cuartas partes de los hombres se han comprometido con este tipo de discipulado. Adem&aacute;s, en las iglesias donde el pastor ha sido el &uacute;nico l&iacute;der capacitado, el enfoque de tr&iacute;o lo ha ayudado a multiplicar m&aacute;s r&aacute;pidamente el desarrollo de l&iacute;deres y sentir menos presi&oacute;n que con un discipulado de &laquo;uno a uno&raquo;.<\/p>\n<\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">Greg Ogden es el pastor ejecutivo de la iglesia cristiana Oak Brook, en Oak Brook, Illinois, y autor del libro Discipleship Essentials.(Elementos esenciales del discipulado). T\u00edtulo del original: Mentoring that produces mentors Copyright \u00a9 2003 por el autor o por Christianity Today International\/Leadership Journal. Usado con permiso. Traducido y adaptado por DesarrolloCristiano.com, todos los derechos reservados.<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Rick Lowry A veces nos sentimos frustrados porque queremos hacer disc\u00edpulos, hacemos grandes planes y construimos grandes ilusiones, pero sencillamente no sabemos como empezar. Descubra con nosotros un m\u00e9todo que un pastor estadounidense implement\u00f3 y que le ha dado excelentes resultados. De un pu&ntilde;ado de hombres hambrientos, hemos desarrollado varias &laquo;generaciones&raquo; de l&iacute;deres. 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