{"id":27427,"date":"2016-05-20T13:36:30","date_gmt":"2016-05-20T18:36:30","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-dia-que-ardio-canberra\/"},"modified":"2016-05-20T13:36:30","modified_gmt":"2016-05-20T18:36:30","slug":"el-dia-que-ardio-canberra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-dia-que-ardio-canberra\/","title":{"rendered":"El d\u00eda que ardi\u00f3 Canberra"},"content":{"rendered":"\n<p align=\"justify\" id=\"p1\" class=\"st\"><strong>El d\u00eda que ardi\u00f3 Canberra<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p2\" class=\"sa\">DE NUESTRO CORRESPONSAL EN AUSTRALIA<\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p3\" class=\"sb\">EL 18 DE ENERO DE 2003, los residentes de la capital de Australia se despertaron con un extra\u00f1o resplandor. Un denso velo de humo hab\u00eda transformado el Sol matinal en una esfera de color rojo sangre. El\u00a0aire caliente y seco resultaba agobiante. Como el resto de la enorme isla, Canberra padec\u00eda los efectos de la falta de lluvia, a tal grado que los \u00e1rboles, las hojas y la maleza estaban muy resecos. De\u00a0hecho, los incendios llevaban semanas asolando los extensos eucaliptales del extrarradio.<\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p4\" class=\"sb\">Por la tarde, abrasadores vientos racheados llevaron a que ocurriera lo inimaginable: las llamas superaron los cortafuegos y se extendieron a los pinares de la zona sudoeste de la ciudad y los alrededores.<\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p5\" class=\"ss\"><strong>Se prende el bosque<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p6\" class=\"sb\">Elliot, bombero voluntario, relata su experiencia: \u201cA las tres de la tarde, los pinares rompieron a arder con tanta intensidad que sobre nuestro sector y otros cercanos se precipitaron cenizas encendidas. Fue espantoso ver dirigirse hacia nosotros a gran velocidad un muro de llamas de 40\u00a0metros de altura\u201d. El\u00a0calor extremo y los vientos racheados crearon su propio microclima, formando una bola de fuego que irrumpi\u00f3 vertiginosamente en el sector suburbano de Chapman, desarraigando \u00e1rboles y destruyendo viviendas a su paso. Se quemaron y desplomaron muchos postes del alumbrado, arrastrando consigo cables electrificados. Tan solo en la primera hora se perdieron 230 casas.<\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p7\" class=\"sb\">Debido a la furia del fen\u00f3meno, las brigadas de bomberos no\u00a0daban abasto. Elliot explica: \u201cEra desgarrador ver consumirse algunas residencias, pues tuvimos que decidir cu\u00e1les intentar\u00edamos salvar y cu\u00e1les dejar\u00edamos arder. Y\u00a0m\u00e1s duro a\u00fan era contemplar el regreso de los ocupantes, quienes, angustiados y con l\u00e1grimas en los ojos, observaban el estado en que hab\u00eda quedado lo que hasta entonces hab\u00eda sido su hogar\u201d.<\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p8\" class=\"ss\"><strong>Las secuelas<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p9\" class=\"sb\">El siniestro se cobr\u00f3 cuatro vidas y dej\u00f3 centenares de heridos. Una de las v\u00edctimas mortales fue una mujer de 36 a\u00f1os que volvi\u00f3 atr\u00e1s a rescatar unas fotos, pero el techo se derrumb\u00f3 cort\u00e1ndole el paso e impidiendo que la rescataran.<\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p10\" class=\"sb\">Una vez que remitieron los vientos y las llamas, se contabilizaron 530 casas en ruinas y 2.500\u00a0personas sin techo. Tambi\u00e9n sufrieron graves da\u00f1os las redes de electricidad, gas y alcantarillado, con la consiguiente inquietud por la insalubridad. El\u00a0servicio de urgencias del Hospital de Canberra recibi\u00f3 un torrente de ciudadanos con problemas respiratorios. Lamentablemente, al tiempo que se llenaban los centros de evacuaci\u00f3n, delincuentes sin entra\u00f1as se dedicaban a saquear los domicilios abandonados. No\u00a0obstante, tambi\u00e9n se produjo un sinn\u00famero de actos heroicos y humanitarios. Hubo vecinos que se ayudaron entre s\u00ed, extra\u00f1os que rescataron animales, escuelas que dieron cobijo a los desamparados y bomberos voluntarios que protegieron los inmuebles ajenos aunque perdieran los suyos propios.<\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p11\" class=\"sb\">Los \u00e1rboles volver\u00e1n a crecer y los edificios se reconstruir\u00e1n, pero el impacto de la devastaci\u00f3n \u201cno desaparecer\u00e1\u00a0[&#8230;] de la conciencia hist\u00f3rica de Canberra\u201d, se\u00f1al\u00f3 el primer ministro John Howard.<\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p12\" class=\"se\"><strong>[Reconocimiento de la p\u00e1gina 25]<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p13\" class=\"sc\">AP Photo\/Fairfax, Pat Scala<\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p14\" class=\"sb\">\n<p>Fuente: \u00a1Despertad!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El d\u00eda que ardi\u00f3 Canberra DE NUESTRO CORRESPONSAL EN AUSTRALIA EL 18 DE ENERO DE 2003, los residentes de la capital de Australia se despertaron con un extra\u00f1o resplandor. 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