{"id":2804,"date":"2015-12-01T00:55:24","date_gmt":"2015-12-01T05:55:24","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-vida-en-las-catacumbas-parte-viii-de-el-martir-de-las-catacumbas\/"},"modified":"2015-12-01T00:55:24","modified_gmt":"2015-12-01T05:55:24","slug":"la-vida-en-las-catacumbas-parte-viii-de-el-martir-de-las-catacumbas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-vida-en-las-catacumbas-parte-viii-de-el-martir-de-las-catacumbas\/","title":{"rendered":"La vida en las catacumbas; Parte VIII de: El m\u00e1rtir de las catacumbas"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por An\u00f3nimo<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">Testigos humildes de la verdad, pobres, despreciados, abandonados, cuyos clamores por misericordia llegaban en vano a los o\u00eddos de los hombres: \u00a1m\u00e1s bien se sofocaban en la sangre de los muertos y el humo de los sacrificios! Empero, estas murallas rocosas mostraron mayor misericordia, pues oyeron sus suspiros y los guardaron en sus senos, y fue as\u00ed que aquellos clamores de sufrimiento vivieron all\u00ed atesorados y grabados en la roca para siempre. Este art\u00edculo es el octavo de la serie continuada basada en el libro El m\u00e1rtir de las catacumbas, de autor an\u00f3nimo. La historia original de esta serie fue publicada hace much\u00edsimos a\u00f1os.<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p>                    <P align=justify>\u00a1Oh tinieblas, tinieblas, tinieblas al ardor del sol del medio d\u00eda,<\/P><br \/>\n<P align=justify>Obscuridad irrevocable, eclipse total,<\/P><br \/>\n<P align=justify>Sin esperanza alguna de que venga el d\u00eda!<\/P><br \/>\n<P align=justify>Con l\u00e1grimas de gozo le dieron la bienvenida a su regreso a las catacumbas. Con vivo entusiasmo escucharon las referencias de sus entrevistas con sus superiores; y al mismo tiempo que compart\u00edan su comprensi\u00f3n de sus dificultades, se regocijaban que \u00e9l hubiera sido hallado digno de sufrir por Cristo.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>En medio de todo este nuevo ambiente, aprend\u00eda m\u00e1s de la verdad cada d\u00eda, e igualmente contemplaba lo que ten\u00edan que sufrir los seguidores del Se\u00f1or. La vida de las catacumbas abri\u00f3 ante \u00e9l sin la menor reserva todos sus secretos maravillosos y su variedad.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>La vasta muchedumbre que moraba en las entra\u00f1as de la tierra recib\u00eda sus provisiones, gracias a su permanente comunicaci\u00f3n con la ciudad hostil de arriba. Estas operaciones se realizaban al amparo de la noche. Esta osada y peligrosa tarea se cumpl\u00eda por los hombres m\u00e1s resueltos que se ofrec\u00edan voluntariamente para ello. Empero, aun mujeres y ni\u00f1os completaban estos menesteres, siendo uno de los m\u00e1s sagaces el peque\u00f1o Polio, cuyos m\u00e9ritos eran dignos de la alabanza de los suyos. Entre la vasta poblaci\u00f3n de la ciudad de Roma no era dif\u00edcil pasar desapercibido, era as\u00ed que las provisiones no escaseaban. No obstante hab\u00eda veces en que esas correr\u00edas terminaban abrupta y fatalmente, y no se volv\u00eda a ver m\u00e1s a los osados aventureros.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>En cuanto al agua, contaban con abundante provisi\u00f3n en el extremo inferior de los pasillos. All\u00ed contaban con pozos y fuentes de aprovisionamiento suficientes para todas sus necesidades.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Era tambi\u00e9n en la noche que se hac\u00edan ciertas expediciones, las m\u00e1s tristes de todas. Estas consist\u00edan en la b\u00fasqueda de los cuerpos de aquellos que hab\u00edan sido despedazados por las fieras salvajes o quemados en las piras. Estos despojos bien amados se lograban rescatar a costa de los mayores peligros, y se transportaban rodeados de miles de riesgos. Enseguida los amigos y parientes de los muertos celebraban los sencillos servicios f\u00fanebres como tambi\u00e9n la fiesta en que se les daba sepultura. Despu\u00e9s de todo estos sol\u00edan depositar los restos en su estrech\u00edsima tumba, cubri\u00e9ndola con la correspondiente losa en que se grababa el nombre del difunto.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Aquellos primitivos cristianos, vivamente inspirados de la gloriosa doctrina de la resurrecci\u00f3n, miraban hacia el futuro con la m\u00e1s ardiente esperanza de la llegada del momento cuando la corrupci\u00f3n habr\u00eda de ser absorbida por la incorrupci\u00f3n, y lo mortal por la inmortalidad. Y era as\u00ed que ellos no quer\u00edan permitir que el cuerpo de ellos, al que tan sublime destino esperaba, fuera reducido a cenizas, llegando hasta pensar que aun las sagradas llamas f\u00fanebres eran una honra para el cuerpo que era el templo de Dios y tanto favor hab\u00eda merecido de las alturas celestiales. Era en tal virtud que los estimados cuerpos de muertos se procuraba traerlos all\u00ed, fuera de la vista de los hombres, en donde ninguna mano irreverente perturbara la solemne quietud del \u00faltimo lugar de reposo, en donde hab\u00edan de yacer \u00abhasta la final trompeta\u00bb, que ser\u00eda la voz del llamado que la primitiva Iglesia esperaba con vivo anhelo como lo m\u00e1s inminente y real. Arriba en la ciudad en donde se respiraba, la cristiandad hab\u00eda estado aumentando en las generaciones sucesivas, y durante todo el tiempo transcurrido as\u00ed, los muertos hab\u00edan ingresado all\u00ed en proporciones cada vez mayores, de tal manera que ahora las catacumbas constitu\u00edan una vasta ciudad de los muertos, cuyos silenciosos moradores dormitaban en filas innumerables, hilera sobre hilera, esperando hasta que se oiga la aclamaci\u00f3n del Se\u00f1or, llamando a congregarse al pueblo lavado con su sangre, \u00aben un momento de tiempo, en un cerrar del ojo\u00bb, a encontrar al Se\u00f1or en el aire.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>En muchos lugares se hab\u00edan derribado los arcos con el objeto de elevar el techo a fin de formar habitaciones. Ninguno de ellos era demasiado espacioso, sino que eran solamente recintos de mayor expansi\u00f3n en donde los fugitivos podr\u00edan reunirse en asambleas mayores, pudiendo al mismo tiempo respirar con desahogo. All\u00ed pasaban ellos su mayor tiempo, y al mismo tiempo realizaban sus asambleas de fraterna comuni\u00f3n.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Su situaci\u00f3n se explica por la naturaleza de los tiempos en que vivieron. Pues las sencillas virtudes de la rep\u00fablica hab\u00edan pasado a la historia, la libertad hab\u00eda huido para siempre del territorio. La corrupci\u00f3n hab\u00eda tomado posesi\u00f3n del imperio, y lo hab\u00eda avasallado todo bajo su mortal influencia. Conspiraciones, rebeliones, traiciones azotaban sucesivamente al estado. Pero el pueblo, v\u00edctima de todo, permanec\u00eda a distancia en silencio. Ellos ve\u00edan sufrir a los valientes de los suyos, y ve\u00edan morir a los m\u00e1s nobles, siquiera conmoverse. Nada ten\u00eda la virtud de estar el coraz\u00f3n generoso ni hacer arder el alma. Sus generados sentimientos solamente pod\u00edan moverse te las m\u00e1s bajas pasiones.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Empero, contra un tal estado de cosas hizo impacte valientemente la verdad de Jesucristo, y contra enemigos tan enormes como \u00e9stos tuvo que luchar y abrirse paso cuerpo a cuerpo por entre tales obst\u00e1culos, haciendo un avance lento, pero firme. Aquellos que tomaban las armas bajo su bandera, no pod\u00edan esperar un futuro muy f\u00e1cil y de comodidad. El sonido de trompeta no era de incertidumbre. El conflicto era vero y comprend\u00eda el nombre, la fama, la fortuna, amigos y la vida: todo aquello que es tan querido para el ser humano. As\u00ed el tiempo segu\u00eda su marcha. Si bien era verdad que los seguidores de la verdad aumentaban en numero; as\u00ed tambi\u00e9n el vicio intensificaba su poder maligno; el pueblo se iba hundiendo cada d\u00eda en la m\u00e1s profunda corrupci\u00f3n, y el estado era arrastrado aceleradamente a la ruina m\u00e1s segura.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Fue entonces cuando se levantaron aquellas terribles persecuciones que ten\u00edan por objeto extirpar la tierra los \u00faltimos vestigios del Cristianismo. La terrible ordal\u00eda esperaba al cristiano si resist\u00eda al decreto de la autoridad imperial. A los que la segu\u00edan inexorable la orden de la verdad, y una vez que tomaba una decisi\u00f3n, era final e irrevocable. A v sol\u00eda suceder que tomar la decisi\u00f3n de hacerse cristiano era aceptar la muerte instant\u00e1nea, o al menos ser arrojado fuera de la ciudad, proscrito de los goces normales del hogar y de la luz del d\u00eda.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Los corazones de los romanos fueron endurecidos, y sus ojos fueron cegados. No les pod\u00eda conmover en sus sentimientos ni despertarles la menor compasi\u00f3n, ni la inocencia de la ni\u00f1ez, ni la pureza de la mujer, ni la noble hombr\u00eda de bien, ni los venerables cabellos canos del anciano, ni la inconmovible fe, ni el amor victorioso sobre la muerte. No ten\u00edan ojos para ver a tiempo la negra nube de desolaci\u00f3n que pend\u00eda sobre el imperio, condenado irrevocablemente a muerte por los actos de los suyos. No tuvieron visi\u00f3n para comprender que del furor de ese destino, solamente les podr\u00edan haber salvado aquellos a quienes ellos persegu\u00edan.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Empero, en la plana vigencia de ese reino de terror, las catacumbas abren sus puertas delante de los cristianos, cual una ciudad de refugio. All\u00ed reposaban los huesos de sus antecesores, que de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n hab\u00edan luchado por la verdad, y el polvo de sus cuerpos esperaba aqu\u00ed la aclamaci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n. All\u00ed tra\u00edan ellos a sus amados parientes, conforme uno por uno les iban dejando para volar a las alturas. Hasta aqu\u00ed el hijo hab\u00eda tra\u00eddo en hombros el cuerpo de su anciana madre, y el progenitor hab\u00eda visto a su menor depositado en la tumba. Hasta aqu\u00ed ellos hab\u00edan portado piadosamente los mutilados despojos de aquellos que por su fe hab\u00edan sido despedazados por las fieras salvajes en la arena, los cuerpos chamuscados de aquellos que hab\u00edan sido entregados a las llamas, o aun los enjutos cuerpos de los m\u00e1s desdichados de todos, que hab\u00edan exhalado el \u00faltimo suspiro de su vida tras la larga agon\u00eda que constitu\u00eda la muerte por crucifixi\u00f3n. Cada uno de los cristianos ten\u00eda alg\u00fan amigo o pariente cuyo cuerpo yac\u00eda ah\u00ed. El mismo campo era en todo sentido un campo santo.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Nada, pues, pod\u00eda extra\u00f1ar que ellos buscaran refugio y seguridad en un lugar como este.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>En estas moradas subterr\u00e1neas, sobre todo, hab\u00edan hallado su \u00fanico lugar de refugio contra la enconada persecuci\u00f3n. En aquel tiempo no pod\u00edan buscar auxilio en pa\u00edses extranjeros, o m\u00e1s all\u00e1 de los mares, porque para ellos no exist\u00edan pa\u00edses de refugio, y no hab\u00eda tierra allende los mares en que tuvieran la menor esperanza. El poder imperial de Roma manten\u00eda atrapado en sus garras poderosas a todo el mundo civilizado; su tremendo sistema policiaco se extend\u00eda por todas las tierras, y ni uno solo podr\u00eda escapar de su implacable ira. Su poder era tan irresistible, que desde el noble m\u00e1s encumbrado hasta el esclavo m\u00e1s humilde, todos eran igualmente s\u00fabditos de Roma. Ning\u00fan emperador destronado podr\u00eda escapar de su venganza, ni siquiera se pod\u00eda esperar el tal escape. Cuando Ner\u00f3n cay\u00f3, lo \u00fanico que alcanz\u00f3 a hacer fue ir a una villa cercana y matarse. Empero, aqu\u00ed abajo, en estos infinitos laberintos, aun el poder de Roma no ten\u00eda valor alguno, pues sus burlados emisarios vacilaban en la misma entrada.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>En estos providenciales refugios los cristianos permanec\u00edan, poblando densamente los innumerables pasajes y grutas. En el d\u00eda se reun\u00edan para intercambiarse el verbo de consolaci\u00f3n y de aliento, o tambi\u00e9n para compartir condolencias por un nuevo m\u00e1rtir. Por las noches desped\u00edan a los m\u00e1s osados de entre en desesperadas empresas de traerles noticias del mundo exterior, o bien a traer los cuerpos ensangrentados de las nuevas v\u00edctimas. En el transcurso de diferentes persecuciones, ellos se replegaron aqu\u00ed bajo una seguridad tal, que aunque millones perecieron por todo el vasto imperio, el genuino poder del cristianismo en Roma a pe\u00f1as fue sacudido.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>De este modo fue puesta a cubierto su seguridad y preservada su vida, pero \u00bfbajo qu\u00e9 condiciones? \u00bfPor ventura, qu\u00e9 es la vida sin luz, y qu\u00e9 es la seguridad del cuerpo en aquellas h\u00famedas tinieblas que deprimen el alma? La naturaleza f\u00edsica del hombre se estremece ante tal destino, y su delicad\u00edsimo organismo no tarda en percatarse de la falta de aquel sutil principio renovador que tan estrechamente vinculado se halla con la luz. Las funciones del cuerpo van perdiendo una por una las facultades y aquel tono normal de energ\u00eda. Aquel debilitamiento del cuerpo afecta la mente, predispone a la tristeza, la aprehensi\u00f3n, la duda y hasta la desesperaci\u00f3n. No deja de ser un honor mayor para el hombre mantenerse firme y fiel bajo tales circunstancias, que haber ofrecido su vida en heroica muerte en la arena, o haber muerto ardiendo resueltamente en la pira. All\u00ed, en donde las m\u00e1s densas sombras de las tinieblas envolv\u00edan amortajando a los cautivos, fue donde \u00e9stos hicieron frente con valent\u00eda suprema a las m\u00e1s duras de las pruebas. La valiente presencia de \u00e1nimo bajo la persecuci\u00f3n misma era lo m\u00e1s admirable; pero se tom\u00f3 tanto m\u00e1s sublime al haberla resistido, no obstante sus horrores indescriptibles.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Las r\u00e1fagas de aire helado que siempre recorr\u00edan este laberinto les enfriaban hasta los huesos, pero tra\u00eda aire renovado de la superficie. Tanto los pisos, como las murallas y los techos, se hallaban cubiertos de dep\u00f3sitos inmundos de vapores h\u00famedos que siempre circulaban; pues la atm\u00f3sfera se hallaba espesa de exhalaciones impuras y miasmas delet\u00e9reas. El denso humo de las antorchas siempre encendidas podr\u00eda haber mitigado los aires nocivos, pero oprim\u00eda a los moradores con su mortal influencia, que adem\u00e1s de cegar sofocaba. Empero, en medio de este c\u00famulo de horrores, el alma del m\u00e1rtir se mantuvo firme e inconmovible sin rendirse. El revivido esp\u00edritu que resisti\u00f3 todo esto se irgui\u00f3 a proporciones que nunca fueron alcanzadas ni en los m\u00e1s orgullosos d\u00edas de la vieja rep\u00fablica. Aqu\u00ed fue sobrepujada la fortaleza de R\u00e9gulo, la devoci\u00f3n de Curtio, la constancia de Bruto, y no por hombres adultos y fuertes solamente, sino por tiernas v\u00edrgenes y ni\u00f1os endebles.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>As\u00ed, desde\u00f1ando el rendirse ante el m\u00e1s cruel de los poderes de la persecuci\u00f3n, se mantuvieron firmes y sin fluctuar en la pureza de coraz\u00f3n, en el bien, en la valent\u00eda y en la nobleza. Para ellos la muerte no ten\u00eda terrores, ni tampoco la aterradora muerte en vida a que se vieron obligados y que prefirieron soportar all\u00ed en esas regiones del desmayo entre los muertos. Ellos sab\u00edan lo que les esperaba cuando se decid\u00edan a seguir a Jesucristo, y lo aceptaban todo gustosos. Ellos descend\u00edan all\u00ed voluntariamente, llevando consigo todo lo que era m\u00e1s precioso al alma del hombre, y ellos todo lo sufr\u00edan por aquel gran amor con que ellos hab\u00edan sido y eran amados.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>El constante esfuerzo que ellos hac\u00edan por disminuir la intensidad de las tinieblas de su morada, ha quedado visible en todo el rededor de las murallas. En algunos lugares, \u00e9stas se hallaban cubiertas de estucado blanco, y en otras se hallaban adornados con cuadros; pero de ninguna manera con mortales deificados por adorarlos, idol\u00e1tricamente, sino sencillamente monumentos de recuerdo de aquellos grandes h\u00e9roes antiguos de la verdad, \u00abque por fe ganaron reinos, obraron justicia, alcanzaron promesas, taparon la boca de los leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de cuchillo, convalecieron de enfermedades, fueron hechos fuertes en batallas, trastornaron campos extra\u00f1os\u00bb (He 11.33, 34). Si en estas horas de angustia y amargura, hab\u00edan menester ellos buscar escenas o pensamientos que pudieran aliviarles sus almas e inspirarles con nuevas fuerzas para el futuro, pues no pod\u00edan ellos haber encontrado otros objetos m\u00e1s acertados en que inspirarse, de tanto valor y de tan bien fundado consuelo.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Tales eran los ornamentos de las capillas. Pues los \u00fanicos muebles que conten\u00edan era una sencilla mesa de madera, sobre la cual se colocaba el pan y el vino de la Cena del Se\u00f1or, los s\u00edmbolos del cuerpo y de la sangre de su Se\u00f1or crucificado.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>La cristiandad llevaba largo tiempo de lucha, y esta era una lucha contra la corrupci\u00f3n. Por consiguiente, no debe considerarse extra\u00f1o si la iglesia contrajo algunas se\u00f1ales de su contacto demasiado estrecho con su enemigo, o si ella llev\u00f3 algunas de aquellas se\u00f1ales hasta all\u00ed a su lugar de refugio. Empero, si ellos practicaban algunas variaciones con relaci\u00f3n al modelo apost\u00f3lico, \u00e9stas eran muy triviales, y todas pod\u00edan pasarse por desapercibidas, si no fuera porque ellas abrieron el paso para otras mayores. Con todo ello, las doctrinas esenciales del cristianismo no sufrieron la menor contaminaci\u00f3n, ni cambio alguno. El pecado del hombre, la misericordia del Padre, la expiaci\u00f3n del Hijo, la unci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, la salvaci\u00f3n por la fe en el Redentor, el valor de su preciosa sangre, su resurrecci\u00f3n f\u00edsica, la bienaventurada esperanza de su regreso: todas estas verdades fundamentales eran para ellos de tanta estima y las guardaban con tanto fervor y energ\u00eda, que no alcanza el mero lenguaje a hacer el tributo de la debida justicia.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>De ellos era aquella esperanza celestial, el anda del alma, tan fuerte y tan segura que la tormenta del imperio fracas\u00f3 en su empe\u00f1o de derribarlos de la Roca de los siglos en la cual ellos se hallaban refugiados.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>De ellos era aquella excelsa fe que les sostuvo frente a las pruebas m\u00e1s duras. En el hombre Cristo Jes\u00fas, glorificado a la diestra de Dios, era en quien reposaba su fe y su esperanza, y en nada ni nadie m\u00e1s. La fe en El era todo. Era el mismo h\u00e1lito de la vida, la respiraci\u00f3n normal de ellos, tan real que les sostuvo en la hora de los crueles sacrificios, tan duradera que aun cuando parec\u00eda que todos los seguidores se hab\u00edan desvanecido de la tierra, ellos con todo pod\u00edan mirar a las alturas y esperar en El.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>De ellos era la plenitud de aquel amor que defini\u00f3 Cristo cuando estaba en la tierra, diciendo que era el resumen de la ley y los profetas. Era desconocida en aquellos d\u00edas la lucha sectaria y las amarguras denominacionales. Es que ellos ten\u00edan un grande enemigo general contra quien luchar, y \u00bfc\u00f3mo hab\u00edan de altercar unos con otros? All\u00ed se cultivaba el amor al semejante, que no conoc\u00eda distinci\u00f3n de raza o clase, sino que abrazaba a toda la inmensa circunferencia, de tal manera que uno pod\u00eda poner su vida por su hermano. All\u00ed, pues, el amor de Dios, derramado copiosamente en el coraz\u00f3n por el Esp\u00edritu Santo, no tem\u00eda llegar hasta el sacrificio de la misma vida. La persecuci\u00f3n, que les rodeaba como le\u00f3n rugiente, les fortaleci\u00f3 en su celo, fe y amor que alumbraban brillantemente en medio de las tinieblas de la edad. Su n\u00famero se contaba a los que eran verdaderos y sinceros. Era el me ant\u00eddoto de la hipocres\u00eda. Al valiente le invest\u00eda mas osado hero\u00edsmo, y al temeroso le inspiraba con valor y devoci\u00f3n. Ellos vivieron en una \u00e9poca en la ser cristiano era arriesgar la vida misma. Ellos no retroced\u00edan ni vacilaban, sino que atrevidamente proclamaban su fe y aceptaban las consecuencias. Ellos trazaban una l\u00ednea divisoria perfectamente visible entre ellos y el mundo, y se manten\u00edan valientemente en su puesto. La sencilla pronunciaci\u00f3n de unas cuantas palabras, la ejecuci\u00f3n de un acto sencillo, bastar\u00eda para salvar de la muerte; pero la lengua se negaba a pronunciar la f\u00f3rmula de la idolatr\u00eda, y la mano firme rehusaba hacer el derramamiento de la libaci\u00f3n. Las doctrinas vitales del Cristianismo hallaban en ellos mucho m\u00e1s que el mero asentimiento intelectual. Cristo mismo no era para ellos solamente una idea, un pensamiento, sino una existencia personal y real. La vida de Cristo sobre la tierra era para ellos una verdad vivificante. Ellos la aceptaban como el m\u00e1s adecuado ejemplo para todo hombre. Su ternura, su humildad, su paciencia, y su mansedumbre, pensaban ellos que se les ofrec\u00edan para que fueran imitadas; jam\u00e1s separaron ellos el cristianismo ideal del cristianismo real. Ellos pensaban que la fe del hombre consist\u00eda tanto en su vida como en su sentimiento, y no hab\u00edan aprendido a hacer distinci\u00f3n entre el cristianismo experimental y el cristianismo pr\u00e1ctico. Para ellos la muerte de Cristo era el gran evento, ante el cual todos los otros eventos en la vida de El eran solamente secundarios. Que El muri\u00f3 es el hecho por excelencia, y que fue por los hijos de los hombres, nadie en absoluto podr\u00eda entenderlo mejor que ellos. Que El fue levantado y que se halla glorificado a la diestra de Dios, y que toda Potestad le ha sido dada en el cielo y en la tierra, era divina realidad para ellos. Pues entre sus propios hermanos sab\u00edan de muchos que hab\u00edan sido colgados en una cruz por amor a sus hermanos, o muerto en la pira por su Dios. Ellos tomaban su cruz y segu\u00edan a Cristo, llevando su vituperio. Aquella cruz y aquel vituperio no eran solamente figurados. Todo eso nos testifica esos tenebrosos laberintos, recinto propio para los muertos solamente, que sin embargo por muchos a\u00f1os se abri\u00f3 para refugiar a los vivientes. Nos lo testifican aquellos nombres de m\u00e1rtires, aquellas palabras de triunfo. Las murallas conservan para las generaciones venideras las palabras de dolor y de lamento, y de sentimientos siempre variantes que se escribieron sobre ellas durante las sucesivas generaciones por aquellos que tuvieron que acudir a albergarse en estas catacumbas. Ellas transmiten su doliente historia a los tiempos venideros, y traen a la imaginaci\u00f3n las formas, los sentimientos y los hechos de aquellos que fueron confinados all\u00ed. As\u00ed como la forma f\u00edsica de la vida se fija en las placas de la c\u00e1mara fotogr\u00e1fica, as\u00ed las grandes voces que una vez se arrancaron por la intensidad del sufrimiento desde el fondo del alma misma del m\u00e1rtir quedaron estampadas sobre la muralla desafiando a los siglos venideros.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Testigos humildes de la verdad, pobres, despreciados, abandonados, cuyos clamores por misericordia llegaban en vano a los o\u00eddos de los hombres: \u00a1 m\u00e1s bien se sofocaban en la sangre de los muertos y el humo de los sacrificios! Empero si los de su propia raza contestaron sus clamores con renovadas y mayores tortura estas murallas rocosas mostraron mayor misericordia pues oyeron sus suspiros y los guardaron en sus senos, y fue as\u00ed que aquellos clamores de sufrimiento vivieron all\u00ed atesorados y grabados en la roca para siempre.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>La conversi\u00f3n de Marcelo al cristianismo hab\u00eda sido repentina. Sin embargo, tales transiciones del error a la verdad eran frecuentes. El hab\u00eda intentado y probado las m\u00e1s altas formas de la superstici\u00f3n salvaje filosof\u00eda pagana, habiendo descubierto que no satisfac\u00edan; mas tan pronto se hall\u00f3 frente al Cristianismo, comprob\u00f3 que llenaba ampliamente todos los anhelos de su conciencia. Pose\u00eda precisamente lo que se necesitaba para poder satisfacer las ansias del alma y saciar el vac\u00edo del coraz\u00f3n con la plenitud de la paz. Y es as\u00ed que si la transici\u00f3n fue r\u00e1pida, tambi\u00e9n fue completa y perfecta. Pues, habiendo abierto sus ojos y contemplado el Sol de Justicia, el no pod\u00eda volverlos a cerrar. La obra de la regeneraci\u00f3n era completada divinamente y la recibi\u00f3 de buena gana la parte que le correspond\u00eda en el sufrimiento de los perseguidos.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Las primeras predicaciones del Evangelio se caracterizaban por<B> <\/B>la frecuencia de conversiones notables como estas. Por todo el mundo pagano eran incontables las almas que experimentaban lo que experiment\u00f3 Marcelo, y que gustosos se hab\u00edan sometido a las mismas experiencias. Pues s\u00f3lo era menester la predicaci\u00f3n de la verdad, acompa\u00f1ada por el poder del Esp\u00edritu Santo, que les abr\u00eda los ojos y los conduc\u00eda a ver la luz. He aqu\u00ed la causa y la clave de la r\u00e1pida diseminaci\u00f3n del Cristianismo, la influencia divina real sobre la humana raz\u00f3n.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Marcelo pues, viviendo la vida y compartiendo la actividad y la comuni\u00f3n con sus hermanos, no tard\u00f3 en penetrar al fondo de sus esperanzas, sus temores y sus alegr\u00edas. La fe viva y la confianza inquebrantable de ellos se comunicaban a su coraz\u00f3n, y todas las gloriosas expectativas que los sosten\u00edan a todos ellos, no tardaron en llegar a ser el m\u00e1s efectivo solaz de su propia alma. La bendita Palabra de vida lleg\u00f3 a ser materia de su constante estudio y deleite y todas sus ense\u00f1azas hallaron en \u00e9l su m\u00e1s ardiente y activo disc\u00edpulo.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Las reuniones m\u00e1s frecuentes por todas las catacumbas eran las de oraci\u00f3n y alabanza. Habiendo sido providencialmente apartados de las ocupaciones comunes de los negocios del mundo, se dedicaban por entero a m\u00e1s elevados y sublimes objetivos en que pon\u00edan todo su empe\u00f1o. Privados aqu\u00ed como se hallaban de la oportunidad de hacer alg\u00fan esfuerzo por el sost\u00e9n del cuerpo, se ve\u00edan constre\u00f1idos a dedicar su vida \u00edntegramente al cuidado del alma. Y ellos lograban con creces lo que buscaban. Pues la tierra, con sus cuidados afanosos y sus atracciones y sus miles de distracciones, hab\u00eda perdido sobre ellos todo influjo, dej\u00e1ndolos libres. Los cielos se les hab\u00edan acercado; sus pensamientos y su lenguaje eran justamente los del reino. A ellos les complac\u00eda hablar y pensar en el gozo inconmensurable y digno que esperaba a los que fueren fieles hasta la muerte. Les deleitaba conversar y departir sobre aquellos hermanos que ya hab\u00edan partido, y que sola-mente les llevaban la delantera. No se les ocurr\u00eda siquiera pensar que se hubieran perdido. Todo ello les hac\u00eda prever el momento cuando su propia partida tambi\u00e9n llegar\u00eda. Pero por sobre todas las cosas, ellos miraban mayormente a aquel d\u00eda del gran llamamiento final, que levantar\u00eda a los muertos, transformar\u00edan a los vivos, y traer\u00eda alrededor de El a los comprados con sangre, a su pueblo lavado con su sangre, hasta ese lugar de encuentro en el aire; y esperaban el establecimiento del tribunal de Cristo, donde El otorgar\u00e1 recompensas por el servicio fiel (1Ts 4.13\u009618; 3.20,21; 1Co 3).<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Fue as\u00ed como Marcelo vio estos l\u00fagubres pasadizos subterr\u00e1neos, no entregados para el silencio del sue\u00f1o de los muertos, sino densamente poblados de miles de vivientes. Descoloridos, p\u00e1lidos y oprimidos, hallaban aun en medio de estas tinieblas un destino mejor el que les pod\u00eda esperar en la superficie. Su actividad vital animaba esta regi\u00f3n de los muertos; el silencio de esos pasillos era interrumpido por el sonido de las humanas voces. La luz de la verdad, la virtud, ahuyentada de los aires saludables de arriba, florec\u00eda y se encend\u00eda con m\u00e1s puro y reluciente brillo en medio de estas tinieblas subterr\u00e1neas. Los tiernos saludos de afecto, de la amistad, de la fraternidad y del amor, se cultivaban entre los desmoronados restos de los que se hab\u00edan ido. Aqu\u00ed se mezclaban las l\u00e1grimas de duelo con la sangre de los m\u00e1rtires, y las manos cari\u00f1osas envolv\u00edan en sus \u00faltimos sudarios los p\u00e1lidos despojos. En estas grutas las almas heroicas se ergu\u00edan por encima del dolor. La esperanza y la fe sonre\u00edan gozosas, y se\u00f1alaban con firmeza a \u00abla brillante estrella de la ma\u00f1ana\u00bb, y de los labios de quienes deb\u00edan lamentar brotaban voces de alabanza.<\/P><br \/>\n<P align=justify>(Contin\u00faa en la Parte IX: La persecuci\u00f3n)<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>\u00a9 Editorial Portavoz, 1986. Usado con permiso. Tomado del libro: El m\u00e1rtir de las Catacumbas de autor an\u00f3nimo.<\/P><B><br \/>\n<P align=justify>Los Temas de la Vida Cristiana, volumen III, n\u00famero 5. Todos los derechos reservados<\/P><\/B><\/p>\n<p><P align=justify>El libro fue reimpreso en varias ocasiones, despu\u00e9s de ser publicado por Editorial Portavoz en 1986, fue concedido a Desarrollo Cristiano Internacional. Si usted desea la historia completa puede adquirir el libro mencionado en su librer\u00eda cristiana o buscar los cap\u00edtulos siguientes en este sitio.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Otros t\u00edtulos de la serie continuada:<\/P><br \/>\n<P align=justify>Parte uno: El Coliseo<\/P><br \/>\n<P align=justify>Parte dos: El campamento pretoriano<\/P><br \/>\n<P align=justify>Parte tres: La V\u00eda Apia <\/P><br \/>\n<P align=justify>Parte cuatro: Las catacumbas <\/P><br \/>\n<P align=justify>Parte cinco: El secreto de los cristianos <\/P><br \/>\n<P align=justify>Parte seis: La gran nube de testigos<\/P><br \/>\n<P align=justify>Parte siete: La confesi\u00f3n de fe<\/P><br \/>\n<P align=justify>Parte ocho: La vida en las catacumbas<\/P><br \/>\n<P align=justify>Parte nueve: La persecuci\u00f3n<\/P><br \/>\n<P align=justify>Parte diez: La captura<\/P><br \/>\n<P align=justify>Parte once: La ofrenda<\/P><br \/>\n<P align=justify>Parte doce: El juicio de Polio<\/P><br \/>\n<P align=justify>Parte trece: La muerte de Polio<\/P>\n                    <\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por An\u00f3nimo Testigos humildes de la verdad, pobres, despreciados, abandonados, cuyos clamores por misericordia llegaban en vano a los o\u00eddos de los hombres: \u00a1m\u00e1s bien se sofocaban en la sangre de los muertos y el humo de los sacrificios! Empero, estas murallas rocosas mostraron mayor misericordia, pues oyeron sus suspiros y los guardaron en sus &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-vida-en-las-catacumbas-parte-viii-de-el-martir-de-las-catacumbas\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abLa vida en las catacumbas; Parte VIII de: El m\u00e1rtir de las catacumbas\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-2804","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2804","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2804"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2804\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2804"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2804"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2804"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}