{"id":2841,"date":"2015-12-01T00:56:16","date_gmt":"2015-12-01T05:56:16","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/por-favor-perdoname\/"},"modified":"2015-12-01T00:56:16","modified_gmt":"2015-12-01T05:56:16","slug":"por-favor-perdoname","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/por-favor-perdoname\/","title":{"rendered":"Por favor, perd\u00f3name"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Dave Branon<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">Muchas veces, despu\u00e9s de haber herido a una persona, tratamos de salvarnos con un enga\u00f1oso: \u00abSiento lo que pas\u00f3\u00bb, en lugar de humillarnos a decir: \u00abPido perd\u00f3n. Realmente me duele haber hablado as\u00ed de ti\u00bb. \u00bfQu\u00e9 dice m\u00e1s usted? \u00bfLo siento o perd\u00f3name?\n<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p><P align=justify>Esteban, mi peque\u00f1o hijo, no debi\u00f3 haber dicho a su hermana de 5 a\u00f1os, Melisa, que no la quer\u00eda m\u00e1s. Primero, porque \u00e9l sab\u00eda lo que dec\u00eda; segundo, porque yo escuch\u00e9 cada palabra de ello. Pero lo hab\u00eda dicho, y ahora las cosas ser\u00edan bastante dif\u00edciles para \u00e9l mismo.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Tendr\u00eda que enfrentarme. Me agach\u00e9 a la altura de mi ni\u00f1o y mir\u00e9 fijamente a sus grandes ojos casta\u00f1os.<\/P><br \/>\n<P align=justify>\u00abEsteban\u00bb, comenc\u00e9 con mi mejor voz de desagrado, \u00abt\u00fa sabes que no puedes hablar de ese modo a Melisa. As\u00ed que ahora p\u00eddele perd\u00f3n\u00bb.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Seguramente la vida ser\u00eda m\u00e1s f\u00e1cil si los ni\u00f1os no molestaran tanto. Si ellos no se plantaran y nos desafiaran. Ellos hacen que la vida sea miserable para sus padres, que tan s\u00f3lo quieren escuchar dos palabras de sus bocas: \u00abLo siento\u00bb.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Supe enseguida que no iba a cooperar. No habr\u00eda ojos que miraran el suelo, ni temblor en sus labios. Tampoco pondr\u00eda sus brazos alrededor de mis hombros admitiendo: \u00abTienes raz\u00f3n, papito. No tendr\u00eda que haber dicho eso a Melisa. Lo siento de veras\u00bb.<\/P><br \/>\n<P align=justify>No, Esteban s\u00f3lo me miraba. Desafiante, sin arrepentirse. No habr\u00eda forma de que pida perd\u00f3n a Melisa. Como mediador en este melodrama, no ten\u00eda elecci\u00f3n. Tuve que llevar a Esteban a su dormitorio y volver al plan B. Despu\u00e9s de algunas l\u00e1grimas, lamentos y crujir de dientes, emergi\u00f3 Esteban con un gemido susurrante: \u00abLo siento, Melisa\u00bb.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Si s\u00f3lo pudiera hacerle ver cu\u00e1nto menos dolor sufrir\u00eda si hiciera las cosas bien. <\/P><br \/>\n<P align=justify>Me pregunto si Dios no se siente muchas veces as\u00ed con nosotros. Pensemos en todas las veces en que actuamos como Esteban. Maltratamos a un compa\u00f1ero de trabajo. Re\u00f1imos a alguien que amamos por algo que no merec\u00eda nuestra ira. O caemos, una vez m\u00e1s, en el pecado de la queja al que hemos tratado de vencer por largo tiempo.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Luego, para empeorar las cosas, rehusamos confesarle a Dios que nuestra acci\u00f3n es pecaminosa. Y no pedimos perd\u00f3n a quienes hemos ofendido. Una palabra de confesi\u00f3n sincera puede restaurar r\u00e1pidamente la relaci\u00f3n da\u00f1ada. Pero no hablamos. Despu\u00e9s de todo, \u00bfa qui\u00e9n le gusta admitir que se equivoc\u00f3? Tratamos de salvarnos con un enga\u00f1oso: \u00abSiento lo que pas\u00f3\u00bb, en lugar de humillarnos a decir: \u00abPido perd\u00f3n. Realmente me duele haber hablado as\u00ed de ti\u00bb.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Y cuando se convirti\u00f3 en pecado, no nos gusta pensar que Dios estaba mirando y esperando que nos acerquemos para limpiarnos. Pensamos que \u00e9l est\u00e1 muy ocupado. Permitimos que la transgresi\u00f3n crezca, y crezca, y crezca. Pronto nos damos cuenta que hemos construido una barrera que nos separa de la persona a la que ofendimos y de Dios. Como ni\u00f1os cuya obstinaci\u00f3n destruye la tranquilidad de la familia, erigimos un laberinto de paredes al rehusarnos confesar.<\/P><br \/>\n<P align=justify>En una esquina del laberinto se sienta un miembro de la iglesia con quien no queremos hablar. En otra, est\u00e1 nuestra esposa, quien necesita sentirse segura en la relaci\u00f3n pero se siente abandonada por nuestra pared de falta de arrepentimiento. Cerca est\u00e1n desparramados nuestros hijos, quienes s\u00f3lo quieren aceptaci\u00f3n y una relaci\u00f3n amorosa, no un combate de duras palabras.<\/P><br \/>\n<B><br \/>\n<P align=justify>CULPABLE DE LO ACUSADO<\/P><\/B><\/p>\n<p><P align=justify>S\u00e9 de lo que estoy hablando. Yo mismo soy culpable de ello. <\/P><br \/>\n<P align=justify>Estamos ampliando nuestra casa. Nuestro primer hogar ya no pod\u00eda contener a seis personas, as\u00ed que hace seis meses que estamos en construcci\u00f3n, y bajo presi\u00f3n.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Mi tarea, adem\u00e1s de pagar a los mejores constructores, es tratar de ahorrar todo el dinero posible haciendo cosas por mi cuenta, como la instalaci\u00f3n el\u00e9ctrica. Cosas que yo puedo hacer sin costo adicional. Pero siempre obtienes lo que pagas.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Producir revistas y folletos durante el d\u00eda, y poner cables arrastr\u00e1ndome por el altillo al regresar a casa, hacen que no sea un padre simp\u00e1tico.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Mis ni\u00f1as parlotean sobre alguna excursi\u00f3n realizada en la escuela o de un chico especial que hizo algo ese d\u00eda en la escuela, y yo enfr\u00edo su entusiasmo con una respuesta entre dientes y brusca.<\/P><br \/>\n<P align=justify>\u00ab\u00a1Vamos, Julia \u00bfno te das cuenta que no puedo hablar ahora?\u00bb Graciosamente, a Julia y a sus hermanas nunca les import\u00f3 que yo estuviera metido en un pozo a punto de un ataque de nervios; ellas quieren mi atenci\u00f3n. Y muchas veces las frustro.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Mi esposa Sue llev\u00f3 un s\u00e1bado a los ni\u00f1os a la iglesia a presenciar una competencia en la que participar\u00eda Julia, de esta manera yo quedaba libre para drenar algunas ca\u00f1er\u00edas. (Los plomeros merecen cada centavo que ganan por mantener toda el agua dentro de las ca\u00f1er\u00edas).<\/P><br \/>\n<P align=justify>Mientras ellas se hab\u00edan ido, las cosas no anduvieron como hab\u00eda planeado. Despu\u00e9s de trabajar por cinco horas en un trabajo que se hace en dos, estaba por rendirme y llamar a un plomero. Y no estaba preparado para el regreso de Julia, quien baj\u00f3 las escaleras fanfarroneando de que hab\u00eda \u00ab\u00a1ganado ampliamente en la ronda final!\u00bb<\/P><br \/>\n<P align=justify>\u00abEso es bueno\u00bb, murmur\u00e9 mientras pasaba frente a ella para ir a contarle a Sue sobre mis problemas. Sinceramente, no me importaba la competencia en ese momento. <\/P><br \/>\n<P align=justify>Una vez m\u00e1s, Julia hab\u00eda sido dejada de lado porque yo no pod\u00eda separar mi frustraci\u00f3n como plomero de los sentimientos por mi hija. Despu\u00e9s de hablar con Sue, recuper\u00e9 mi perspectiva de la vida y de la plomer\u00eda. Fui a hablar con Julia.<\/P><br \/>\n<P align=justify>\u00abSiento haberte ignorado, Julia. Estoy frustrado porque la plomer\u00eda no me est\u00e1 saliendo bien. Quiero que me cuentes sobre la competencia\u00bb. Luego la escuch\u00e9 tanto como ella quiso contarme sobre su exitosa tarde.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Nosotros, padres, tenemos que desarrollar una relaci\u00f3n con cada uno de nuestros ni\u00f1os, un v\u00ednculo de toda la vida. As\u00ed siempre que agreguemos solvente al pegamento que nos sostiene unidos, tenemos que regresar y reforzar la conexi\u00f3n. Por cada palabra enojosa o frase dura que hemos dicho, necesitamos revisar el incidente y pedir perd\u00f3n. Los ni\u00f1os perdonan de buena gana, pero no desean perdonar si esos hirientes incidentes causados por nuestro temperamento no son aclarados con un humilde: \u00abLo siento\u00bb.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Y esto, no es s\u00f3lo con los ni\u00f1os. Algunas veces mi esposa no tuvo el marido amoroso y cuidadoso que ella merec\u00eda. A veces, los d\u00edas corr\u00edan antes de que yo deseara dejar todo de lado y responder a su clara insinuaci\u00f3n de \u00absent\u00e9monos y hablemos\u00bb. Sue no considera tener una verdadera \u00abcharla\u00bb si su esposo, remendando en el altillo, grita tanto comentarios como instrucciones a trav\u00e9s de la campana de ventilaci\u00f3n de la cocina. <\/P><br \/>\n<P align=justify>Cierta vez soport\u00e9 cubierto de aserr\u00edn, a un inspector de electricidad que me rega\u00f1\u00f3 por haber colocado una caja incorrecta para el ventilador de techo. \u00bfAlgo humillante, no?<\/P><br \/>\n<P align=justify>No, no cuando he descuidado a mi amiga m\u00e1s importante, mi esposa, s\u00f3lo porque no puedo colocar una perilla de tres movimientos. Durante esos per\u00edodos mi esposa se sinti\u00f3 como la viuda de un carpintero, mi responsabilidad era cepillarme y disculparme por haber sido negligente con ella.<\/P><br \/>\n<B><br \/>\n<P align=justify>COARTADA D\u00c9BIL<\/P><\/B><\/p>\n<p><P align=justify>Adem\u00e1s de llevar a cabo el proyecto de hacer una nueva cocina, descubr\u00ed una verdad muy importante: no importa cu\u00e1l sea nuestra excusa, no confesar nuestro maltrato a otros, nunca es adecuado.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Sin embargo, siempre fallamos en confesar y buscar el perd\u00f3n porque pensamos que tenemos una buena raz\u00f3n para no hacerlo. Una de las excusas m\u00e1s frecuentes es: \u00abMe tendr\u00eda que rebajar para hacer eso\u00bb.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Esta ser\u00eda una gran excusa, si no fuera por una cosa, nuestro ejemplo, el Salvador mismo, demostr\u00f3 cu\u00e1n bajo debemos llegar, cuando \u00e9l vino a la tierra. Ninguno de nosotros puede siquiera aproximarse a la humillante experiencia de Cristo, cuando se despoj\u00f3 de su gloria y camin\u00f3 por los polvorientos caminos de la tierra. Entonces, no hay confesiones tan profundas que sean demasiado bajas para nosotros.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Ir\u00f3nicamente, como queremos ser como Cristo, a veces simplemente no queremos admitir nuestra pecaminosidad. Por supuesto, nuestro Se\u00f1or nunca tuvo que disculparse con alguien; pero en nuestra humanidad lo tenemos que hacer.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Queremos ser tan buenos cristianos como podamos ser. Tan mal lo hacemos, que muchas veces nos creamos una fachada de invencibles. Exteriormente sugerimos que somos buenas personas, tan parecidos a Cristo como podemos ser. Pero debajo de la fachada sabemos la verdad. Si lo admiti\u00e9ramos frente a otros, ellos tambi\u00e9n lo sabr\u00edan. Pensar en ello es muy humillante, as\u00ed que mantenemos la fachada.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Hay otras excusas comunes que levantamos cuando tenemos que pedir perd\u00f3n a otros: <\/P><\/p>\n<p><P align=justify>\u00c9l se lo merece. <\/P><br \/>\n<P align=justify>Como nadie es perfecto, sabemos que siempre podemos encontrar un defecto en la persona a la que ofendimos. Cuando lo hacemos, encontramos algo para aseverar que \u00e9l es tan malo como nosotros. De alguna manera pensamos que eso justifica nuestra falta voluntaria de pedir perd\u00f3n. \u00bfPor qu\u00e9 tengo que pedir perd\u00f3n a un pecador como \u00e9l?<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>A \u00e9l no le importa.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Cuando parece que la parte ofendida sobrevive a nuestro error, concluimos que podemos olvidar el asunto. No hay ning\u00fan da\u00f1o, nos decimos a nosotros mismos. Pero los moretones escondidos nunca se curan.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Ella sabe que lo siento. <\/P><br \/>\n<P align=justify>Actuamos generalmente como si la persona que hemos ofendido pudiera leer nuestra mente. Esto ocurre especialmente en relaciones muy cercanas, como el matrimonio. Asumimos que el otro conoce nuestro pesar sin que lo digamos.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Dios ya me ha perdonado.<\/P><br \/>\n<P align=justify>\u00abDios es un Dios perdonador, y me ha perdonado cuando me salv\u00f3\u00bb, razonamos. \u00abAs\u00ed que \u00bfpor qu\u00e9 tengo que ser tan espec\u00edfico? No es cosa de vida o muerte\u00bb.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Seguramente, es probable que podamos seguir sin confesar y pedir perd\u00f3n. Despu\u00e9s de todo, muchos cristianos parecen continuar primorosamente sin pureza en su estilo de vida, sin una vida de oraci\u00f3n seria, sin compasi\u00f3n. La gente no parece estar en apuros por ignorar esas verdades b\u00edblicas. \u00bfPor qu\u00e9 darle tanta importancia a pedir perd\u00f3n?<\/P><br \/>\n<P align=justify>Eso, sin embargo, es jactarse de la misericordia de Dios. Es cierto que algunos cristianos viven sin cumplimentar lo que Dios espera de ellos. Pero, seguramente, nosotros no queremos que as\u00ed sea en nuestras vidas. No queremos violar los claros mandamientos en su Palabra que necesitamos para aclarar las cosas con \u00e9l y con nuestros acompa\u00f1antes en este viaje.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Fallar en el perd\u00f3n es perder la comuni\u00f3n especial con Dios, que se produce cuando consideramos sus ense\u00f1anzas.<\/P><br \/>\n<P align=justify>La restauraci\u00f3n en la comuni\u00f3n comienza con la confesi\u00f3n. Juan declara: \u00abPero si confesamos nuestros pecados, podemos confiar en que Dios har\u00e1 lo que es justo; nos perdonar\u00e1 nuestros pecados y nos limpiar\u00e1 de toda maldad\u00bb (1 Jn. 1.9).<\/P><br \/>\n<B><br \/>\n<P align=justify>VOLVIENDO AL GOZO<\/P><\/B><\/p>\n<p><P align=justify>El proceso de restauraci\u00f3n me recuerda lo que sucedi\u00f3 cuando finalmente mi hijo Esteban le dijo a su pap\u00e1 que lo sent\u00eda. Se reanud\u00f3 nuestra normal relaci\u00f3n de risas y alegr\u00eda. \u00bfNo es eso lo que queremos restablecer con Dios?<\/P><br \/>\n<P align=justify>Esta restauraci\u00f3n es vital si queremos que Dios trabaje libremente en nuestras vidas. Jes\u00fas lo aclara: \u00abPero si no perdonamos a otros, tampoco su Padre les perdonar\u00e1 a ustedes sus pecados\u00bb (Mt. 6.15).<\/P><br \/>\n<P align=justify>\u00abAs\u00ed que, si al llevar tu ofrenda al altar te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda all\u00ed mismo delante del altar y ve primero a ponerte en paz con tu hermano. Entonces podr\u00e1s volver al altar y presentar tu ofrenda\u00bb (Mt. 5.23-24).<\/P><br \/>\n<P align=justify>Nuestro simple, aunque esencial acto de postrarnos ante Dios y pedirle su perd\u00f3n reabre nuestro mundo a la comuni\u00f3n con \u00e9l, a recibir su perd\u00f3n y entonces a adorarle.<\/P><br \/>\n<P align=justify>As\u00ed como la confesi\u00f3n restaura nuestra relaci\u00f3n con Dios, tambi\u00e9n aclara el aire con nuestros vecinos. Cuando Esteban se disculp\u00f3, Melisa y \u00e9l volvieron, al menos por unos minutos, a tener algo que se parec\u00eda a una pac\u00edfica coexistencia.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Por supuesto esto nunca es f\u00e1cil. \u00abM\u00e1s se cierra el hermano ofendido que una ciudad amurallada\u00bb (Prov. 18.19). No hay nada peor que ver hermanos peleados, especialmente los maduros. Y esto se aplica a hermanos y hermanas en el Se\u00f1or. Cuando esto sucede, el camino para la restauraci\u00f3n es escabroso. Pero ese es el camino que debemos seguir si queremos vivir en obediencia a nuestro Se\u00f1or.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Es m\u00e1s f\u00e1cil pecar que confesar nuestro pecado. Es m\u00e1s f\u00e1cil insultar a otros que pedirles perd\u00f3n. Y es m\u00e1s f\u00e1cil atropellar a la gente que pedirles que nos perdonen.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Sin embargo no somos llamados a buscar el camino m\u00e1s f\u00e1cil. Hemos sido llamados a amar y glorificar a Dios y servir a otros. A veces la \u00fanica forma es hacer lo que finalmente hizo Esteban. Tragar nuestro orgullo y decir suavemente: \u00abLo siento\u00bb.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Moody Monthly \u0096 Mayo 1991.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>Los Temas de Apuntes Pastorales, volumen III, n\u00famero 6. Todos los derechos reservados <\/P><\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Dave Branon Muchas veces, despu\u00e9s de haber herido a una persona, tratamos de salvarnos con un enga\u00f1oso: \u00abSiento lo que pas\u00f3\u00bb, en lugar de humillarnos a decir: \u00abPido perd\u00f3n. Realmente me duele haber hablado as\u00ed de ti\u00bb. \u00bfQu\u00e9 dice m\u00e1s usted? \u00bfLo siento o perd\u00f3name? 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