{"id":2848,"date":"2015-12-01T00:56:25","date_gmt":"2015-12-01T05:56:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-poder-del-contraste\/"},"modified":"2015-12-01T00:56:25","modified_gmt":"2015-12-01T05:56:25","slug":"el-poder-del-contraste","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-poder-del-contraste\/","title":{"rendered":"El poder del contraste"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Christopher Shaw<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">La Biblia a menudo presenta el mensaje de Dios usando fuertes contrastes.  Si podemos cultivar sensibilidad a los mensajes claros que est\u00e1n presentes en las situaciones de contraste, habremos aprendido a aprovechar uno de los grandes medios que utiliza Dios para formar a su pueblo.\n<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p><P align=justify>Si tom\u00e1ramos un pa\u00f1o blanco y lo coloc\u00e1ramos entre varios otros pa\u00f1os de diferentes tonos blancos, el particular \u00abtono\u00bb del primer pa\u00f1o no ser\u00eda inmediatamente aparente. Lo que sucede es que los otros pa\u00f1os tienden a opacar o esconder la verdadera naturaleza del pa\u00f1o blanco. Pero si volvi\u00e9ramos a tomar este mismo pa\u00f1o blanco y lo coloc\u00e1ramos entre algunos pa\u00f1os negros, la \u00abblancura\u00bb del pa\u00f1o blanco ser\u00eda claramente visible, al igual que la \u00abnegrura\u00bb del pa\u00f1o negro. \u00bfCu\u00e1l es la diferencia? El elemento clave en la comparaci\u00f3n de pa\u00f1os es el contraste. La diferencia entre uno y otro es tan notoria que es imposible no detectarla.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Esta diferencia de naturaleza, resaltada por el efecto del contraste, es un elemento que puede r\u00e1pidamente llamar la atenci\u00f3n, donde matices similares no lo har\u00edan. Y \u00e9sta es una de las caracter\u00edsticas m\u00e1s valiosas que posee el efecto del contraste.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Por esta raz\u00f3n, la Biblia a menudo presenta el mensaje de Dios usando fuertes contrastes, como es el contraste de personalidades: Abraham, padre de la fe; Lot, padre de la inconstancia (Gn. 13). Mois\u00e9s, manso; Miriam y Aar\u00f3n, murmuradores (Num. 12). Sa\u00fal, err\u00e1tico y depresivo; David, siervo conforme al coraz\u00f3n de Dios (1 Sam. 16). Dios, amoroso y tierno; el pueblo, infiel y duro (Ez. 16). Los fariseos, sin autoridad. Jes\u00fas, claramente Se\u00f1or (Mt. 7.29). El endemoniado de Gadara, desnudo, que corr\u00eda y gritaba; el ex-endemoniado de Gadara, vestido, sentado, y en su cabal juicio (Mr. 5). Mar\u00eda, descansada, Marta, afligida (Lc. 10).<\/P><br \/>\n<P align=justify>Otro contraste com\u00fan en la Biblia es el que se presenta en diferentes situaciones, como es: la muerte para los primog\u00e9nitos de Egipto; la vida para Israel (Ex. 12). El poder\u00edo de Madian; el pu\u00f1ado de guerreros de Gede\u00f3n (Jue. 7). El alboroto de los profetas de Baal; la oraci\u00f3n confiada de El\u00edas (1 Re. 18). La mota en el ojo del otro; la viga en el ojo propio (Mt. 7). La tormenta, violenta y salvaje; Jes\u00fas, dormido y confiado (Mr. 4). Un deudor que deb\u00eda cien denarios; un deudor que deb\u00eda 10.000 talentos de oro (\u00a1600.000 veces lo que deb\u00eda el primero! &#8211; Mt. 18). Jes\u00fas, agonizando, los disc\u00edpulos durmiendo (Mt. 26).<\/P><br \/>\n<P align=justify>Las posibilidades que ofrece el contraste no han pasado desapercibidas para el hombre. En el mundo profesional es uno de los elementos m\u00e1s usados por agencias publicitarias para llamar la atenci\u00f3n de un p\u00fablico constantemente bombardeado por avisos publicitarios. En la vida cotidiana lo usamos con frecuencia para resaltar nuestras propias virtudes. Imitando al publicano de Lc. 18, solemos usar el efecto de contraste para mostrar nuestra aparente espiritualidad. Nuestra \u00abpobreza\u00bb es evidente cuando nos comparamos con personas de gran poder adquisitivo. Nuestra \u00abentrega\u00bb es f\u00e1cilmente visible cuando la comparamos con la persona que siempre falta a las reuniones. Nuestro \u00absacrificio\u00bb es loable frente al que solamente pone ofrenda cuando le sobra.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Claro, en todas estas comparaciones nuestra naturaleza pecaminosa hace que autom\u00e1ticamente busquemos contrastarnos con aquel que m\u00e1s favorablemente nos va a dejar parados. Rara vez acudimos al elemento del contraste cuando vamos a salir perjudicados por la comparaci\u00f3n. De manera que el contraste usado incorrectamente puede ayudar a disimular actitudes y h\u00e1bitos cuya existencia no queremos reconocer.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Dios, sin embargo, a menudo ha utilizado el contraste como un elemento para penetrar con su palabra donde la indiferencia del pecado ha adormecido a sus oyentes. Y es este aspecto del contraste que nos interesa en este art\u00edculo. Un fuerte llamado de atenci\u00f3n puede ser el comienzo de uno de los procesos m\u00e1s indispensables para alcanzar la madurez cristiana: el sinceramiento con nosotros mismos. Con esto en mente nuestro Padre amoroso a menudo usa el poder del contraste para despertarnos de nuestro letargo.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Dos incidentes demuestran claramente el uso de esta t\u00e9cnica. El primero ocurri\u00f3 en la vida del rey David. El soberano de Israel hab\u00eda cometido adulterio con Betsab\u00e9 y asesinado a Ur\u00edas. David hab\u00eda dejado pasar los meses, quiz\u00e1 esperando que el tiempo se encargara de borrar lo que \u00e9l no pod\u00eda hacer desaparecer. Pero Dios ya estaba preparando un mensaje para \u00e9l, y se lo iba a presentar de tal manera que no hubiera posibilidad de desatenderlo.<\/P><br \/>\n<P align=justify>As\u00ed lleg\u00f3 al rey el profeta Nat\u00e1n (2 Sa. 12), con una historia de fuertes contrastes: Un hombre rico con abundantes bienes, y un hombre extremadamente pobre, con una sola corderita. El contraste en la historia, que muestra claramente la extrema maldad del uno, y la indefensa bondad del otro, no pas\u00f3 desapercibido para el rey. El relato b\u00edblico afirma que la ira del rey \u00abse encendi\u00f3 en gran manera\u00bb. Dios acababa de penetrar el coraz\u00f3n de David, produciendo un fuerte quebrantamiento y una apertura a su palabra.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Otro incidente ocurre en las \u00faltimas p\u00e1ginas del Nuevo Testamento. Apocalipsis 3.14-22 describe la existencia de una iglesia llena de orgullo por sus aparentes logros en el campo espiritual: la iglesia de Laodicea. Era una iglesia que confiaba plenamente en sus habilidades de conquistar cualquier desaf\u00edo que se le presentara. Con justificado orgullo opinaba de s\u00ed misma: \u00abSoy rico, me he enriquecido, y de nada tengo necesidad\u00bb (17a). Es m\u00e1s; la ausencia de cualquier vestigio de humildad demuestra que estaban plenamente confiados en que Dios compart\u00eda esta opini\u00f3n con ellos.<\/P><br \/>\n<P align=justify>A esta congregaci\u00f3n, segura y orgullosa, llega un mensaje de parte del Se\u00f1or, un mensaje de devastadores contrastes. El \u00abAm\u00e9n, el Testigo fiel y verdadero\u00bb les dice: \u00abEres un miserable y digno de l\u00e1stima\u00bb. Lo violento del contraste es lo \u00fanico que realmente puede penetrar ese falso sentido de seguridad. El concepto de la iglesia es diametralmente opuesto a la del Padre. Su riqueza, en los ojos del Padre, es miseria absoluta. Sus logros, en los ojos del Padre, no existen. El Se\u00f1or les considera dignos de l\u00e1stima, \u00abpobres, ciegos, y desnudos\u00bb.<\/P><br \/>\n<P align=justify>\u00bfPor qu\u00e9 fue tan fuerte el llamado de atenci\u00f3n del Se\u00f1or? Que fueran \u00abmiserables y dignos de l\u00e1stima, pobres, ciegos, y desnudos\u00bb no es el verdadero problema. El Mes\u00edas vino espec\u00edficamente para alcanzar con su vida a los afligidos, pobres, oprimidos y ciegos (Lc. 4.18). La diferencia en esta iglesia se encuentra en dos palabras: \u00abno sabes.. que eres un miserable\u0085\u00bb. Una iglesia que desconoce su propio estado espiritual no puede responder a las iniciativas de Dios para remediar esa situaci\u00f3n. <\/P><B><br \/>\n<P align=justify>NO sabes.<\/B> \u00a1Cu\u00e1ntas veces la ausencia de convicci\u00f3n de pecado produce ceguera espiritual! Este es uno de los primeros resultados del pecado, que nos roba la posibilidad de ver nuestro propio pecado. Es por eso que encontramos tantas veces en el relato b\u00edblico incidentes donde los perpetradores de pecados niegan sus actos (Gn. 3.12; Ex. 32.21-24; 1 Sam. 15.19-21). Y la negaci\u00f3n continua endurece el coraz\u00f3n, de manera que eventualmente vivimos en un estado de constante enga\u00f1o en cuanto a nuestra verdadera salud espiritual. El enga\u00f1o pasa a ser un aspecto permanente de nuestro ser interior (Jer. 17.9).<\/P><br \/>\n<P align=justify>Cuando el enga\u00f1o no puede ser penetrado por peque\u00f1as exhortaciones, Dios necesariamente debe usar elementos con m\u00e1s poder de penetraci\u00f3n. La negaci\u00f3n debe ser contrarrestada con una palabra presentada tan eficazmente, que no pueda ser ignorada. Y en esta palabra de Dios est\u00e1 nuestra verdadera esperanza, pues la palabra tiene promesa de libertad (Jn. 8.31-32).<\/P><br \/>\n<B><br \/>\n<P align=justify>SUGERENCIAS PARA APRENDER DE LOS CONTRASTES<\/P><\/B><\/p>\n<p><P align=justify>Proverbios 1.20 afirma que \u00abla sabidur\u00eda clama en la calle, en las plazas alza su voz; clama en las esquinas de las calles concurridas; a la entrada de las puertas de la ciudad pronuncia sus discursos\u00bb. El elemento com\u00fan a estos cuatro lugares (calle, plazas, calles concurridas, y la entrada de la ciudad), es que son lugares donde se desarrolla la vida cotidiana. Aunque existen muchas situaciones donde el contraste puede dejar claros mensajes, quiz\u00e1s el lugar que m\u00e1s provecho puede proporcionarnos es aquel donde desarrollamos nuestras actividades cotidianas. Quisiera sugerir cuatro \u00e1reas donde podemos cultivar sensibilidad al mensaje presente en los contrastes de la vida, presentando algunas preguntas para nuestra reflexi\u00f3n.<\/P><br \/>\n<B><br \/>\n<P align=justify>El contraste entre las palabras y los hechos.<\/P><br \/>\n<\/B><br \/>\n<P align=justify>Este es el contraste que denunci\u00f3 Santiago en su ep\u00edstola (2. 14-26). A menudo vamos a encontrar que las afirmaciones de nuestra boca no concuerdan con nuestro comportamiento. Por ejemplo, puedo afirmar que el Se\u00f1or es bueno y que \u00c9l provee para cada una de mis necesidades. Pero cuando faltan diez d\u00edas para cobrar el sueldo; y no me quedan recursos econ\u00f3micos, me hundo en la depresi\u00f3n, la queja, y la ansiedad. Hay un fuerte contraste entre lo que proclamo con mi boca y lo que vivo cada d\u00eda.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Una situaci\u00f3n clara de contraste es bien visible en los retiros evang\u00e9licos. Muchas veces hemos visto partidos de f\u00fatbol donde los mismos jugadores que minutos antes estaban alabando y bendiciendo el nombre del Se\u00f1or, ahora est\u00e1n dando rienda suelta a la ira, la agresi\u00f3n, y el ego\u00edsmo.<\/P><br \/>\n<P align=justify>\u00bfCu\u00e1les son los h\u00e1bitos que contradicen lo que afirmo con mi boca? \u00bfQu\u00e9 consejos he dado a otros en mi congregaci\u00f3n que no estoy viviendo en mi vida? \u00bfQu\u00e9 cosas proclamo en las canciones de alabanza y adoraci\u00f3n que no coinciden con lo que hago cada d\u00eda?<\/P><br \/>\n<B><br \/>\n<P align=justify>El contraste de las crisis cotidianas<\/P><\/B><\/p>\n<p><P align=justify>Notemos el fuerte contraste entre la atrevida proclamaci\u00f3n de Pedro \u00abSe\u00f1or, aunque tenga que morir contigo, no te negar\u00e9\u00bb (Mt. 26.35), y la atemorizada respuesta que fue precipitada por el arresto de Jes\u00fas: \u00ab\u00a1Yo no conozco a ese hombre!\u00bb (Mt. 26.72).<\/P><br \/>\n<P align=justify>Nosotros nos necesitamos pasar por una crisis tan profunda para ver el contraste en nuestra vida Pero la crisis tiene la particularidad de hacer saltar comportamientos y actitudes que normalmente mantenemos convenientemente escondidas. Por ejemplo, estamos manejando el auto y el conductor que est\u00e1 al lado de nosotros hace una maniobra brusca que pone en peligro nuestra seguridad. Antes de que hayamos tenido tiempo de reaccionar, la ira se ha manifestado en un fuerte insulto hacia el otro. O salimos de casa, camino al trabajo, habiendo tenido un lindo momento de comuni\u00f3n con nuestro Padre celestial, y cuando llegamos a la estaci\u00f3n del tren encontramos que los trenes no est\u00e1n funcionando, y debemos buscar un transporte alternativo. Inmediatamente ha desaparecido nuestro estado de bienestar, y sin darnos cuenta estamos dando rienda suelta a la ira, la murmuraci\u00f3n, y la ansiedad.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Cada una de estas peque\u00f1as crisis cotidianas permiten que conozcamos al verdadero yo que llevamos dentro. Acostumbrados a cultivar inconscientemente una fachada de seguridad y confianza que impresiona a los dem\u00e1s, no hacemos tiempo para mantener en su lugar esta apariencia debido a lo repentino y sorpresivo del problema que nos enfrenta. El viejo hombre r\u00e1pidamente afirma su presencia.<\/P><br \/>\n<P align=justify>En la \u00faltima semana, \u00bfcu\u00e1les han sido los momentos donde me tuve que enfrentar a situaciones inesperadas y sorpresivas? \u00bfCu\u00e1l fue mi primera reacci\u00f3n (no pensada) en cada una de esas situaciones? \u00bfQu\u00e9 revela eso de mi vida y mi car\u00e1cter?<\/P><br \/>\n<B><br \/>\n<P align=justify>El contraste entre mi vida y la de los otros<\/P><\/B><\/p>\n<p><P align=justify>El fariseo mencionado en Lucas 18 us\u00f3 el contraste negativamente, para demostrar su propia santidad. Este uso nos es familiar porque todos recurrimos a \u00e9l en momentos definidos de nuestra vida. Con frecuencia se manifiesta en un esp\u00edritu de cr\u00edtica descontrolada.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Pero notemos el efecto de un contraste positivo, en el encuentro del Mes\u00edas con Pedro (Lc. 5.1-11). Al ver el contraste entre su vida y la santidad de Jes\u00fas, Pedro se arroj\u00f3 a los pies de Jes\u00fas, exclamando: \u00ab\u00a1Ap\u00e1rtate de m\u00ed, Se\u00f1or, pues soy hombre pecador!\u00bb. Tales experiencias pueden tener un profundo efecto transformador en nuestras vidas.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Una disciplina que rinde resultados interesantes en la experiencia de contrastes, es la de acostumbrarnos a efectuar comparaciones con otras vidas que sabemos que no van a ser favorables a nuestros propios intereses. Una visita a un barrio pobre, por ejemplo, va a darnos a entender que nuestra \u00abpobreza\u00bb no es tanta como pens\u00e1bamos. \u00bfY qu\u00e9 de las espantosas im\u00e1genes de sufrimiento que nos han llegado de Sud\u00e1n y Etiop\u00eda? El contraste entre el hambre y la miseria en la vida es estos pobres seres, y lo que nosotros a veces calificamos de hambre y miseria es marcado.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Esta disciplina puede aplicarse a otros aspectos de la vida. Podemos comparar nuestro aparente sacrificio o nuestra aparente entrega haciendo un contraste entre nuestra vida y la de otras personas realmente comprometidas con el Se\u00f1or. La lectura de una biograf\u00eda puede estimular profundos cambios en nuestra vida, cuando comparamos nuestra vida con algunas de las vidas de los santos de otros tiempos.<\/P><br \/>\n<P align=justify>La comparaci\u00f3n que m\u00e1s frutos puede dar es, por supuesto, la comparaci\u00f3n con la vida de Jes\u00fas. Nuestras vidas fren\u00e9ticas, de corridas incesantes y demandas continuas se contrastan fuertemente con la vida de orden y reposo que llevaba el Mes\u00edas. Nuestro sacrificio por las cosas de Dios es p\u00e1lido cuando tomamos conciencia de la imagen del siervo sufriente presentado en Isa\u00edas 53, o en Filipenses 2.1-11. Y, al igual que en la par\u00e1bola de los dos deudores en Mateo 18, las ofensas que hemos sufrido realmente son insignificantes cuando las comparamos con nuestras ofensas hacia \u00c9l.<\/P><br \/>\n<B><br \/>\n<P align=justify>El contraste de las opiniones<\/P><\/B><\/p>\n<p><P align=justify>La Palabra de Dios a Sa\u00fal, frente a una cruzada contra la ciudad de Amelec, era bien clara: \u00abDebes destruirlo todo\u00bb (1 Sam. 15-3). Pero Sa\u00fal no cumpli\u00f3 con la orden de Dios. Cuando Samuel visit\u00f3 a Sa\u00fal, y lo enfrent\u00f3 con su desobediencia, este \u00faltimo afirm\u00f3: \u00abYo obedec\u00ed la voz del Se\u00f1or\u00bb (15.20). Aqu\u00ed tenemos un claro contraste de opiniones. Sa\u00fal ya hab\u00eda tenido problemas con el Se\u00f1or por su esp\u00edritu desobediente. Sin embargo \u00e9l segu\u00eda insistiendo que era obediente. Su falta de reconocimiento le cost\u00f3 el reino.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Este es, quiz\u00e1s, el lugar donde m\u00e1s dif\u00edcil es valorizar un contraste y sacarle provecho. Est\u00e1 en juego nuestra imagen de nosotros mismos; y a ninguno nos gusta reconocer que estamos equivocados. Muchas veces esa imagen est\u00e1 confundida por un ideal en el cual creemos. Por ejemplo, yo puedo creer que el cristiano ideal es uno que comparte con generosidad sus bienes con los dem\u00e1s. Tan fuerte es mi creencia en este ideal, que comienzo a confundir mi ideal con lo que realmente soy. A pesar de que veo en mi vida que se repiten las cr\u00edticas de ser amarrete o aferrado a las cosas materiales, yo sigo insistiendo que soy una persona generosa.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Cuando una cr\u00edtica es continua, y viene de muchas personas diferentes, no podemos seguir insistiendo en que nuestra opini\u00f3n es la acertada. Debemos estar dispuestos a una examinaci\u00f3n honesta de nosotros mismos para ver si hay algo de verdad en esa cr\u00edtica.<\/P><br \/>\n<P align=justify>\u00bfQui\u00e9nes son las personas allegadas a m\u00ed que yo respeto? \u00bfCu\u00e1l es su opini\u00f3n sincera de diferentes \u00e1reas de mi vida? \u00bfD\u00f3nde detecto un constante intento de defenderme, o de justificar continuamente el mismo compartimiento?<\/P><br \/>\n<P align=justify>Admitir la existencia de fuertes contrastes en mi vida es el primer paso importante para una relaci\u00f3n m\u00e1s abierta con Dios. Detectar los mensajes latentes en esos contrastes es un paso definitivo hacia la victoria sobre el pecado. Buscar la obra transformadora del Se\u00f1or para vencer estos h\u00e1bitos ser\u00e1 una experiencia realmente inapreciable.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Todo el proceso requiere de dos elementos vitales: Una fuerte dosis de humildad, para admitir que mi vida presenta ciertas incongruencias que deben ser solucionadas, y sensibilidad al escrutinio cuidadoso del Esp\u00edritu Santo, que es el que convence del pecado donde nosotros no lo vemos (Jn. 16.9).<\/P><br \/>\n<P align=justify>Si podemos cultivar sensibilidad a los mensajes claros que est\u00e1n presentes en las situaciones de contraste, habremos aprendido a aprovechar uno de los grandes medios que utiliza Dios para formar a su pueblo.<\/P><\/p>\n<p><P align=justify>\u00a9 Desarrollo Cristiano. Los Temas de Apuntes Pastorales, volumen III, n\u00famero 5. Todos los derechos reservados<\/P><\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Christopher Shaw La Biblia a menudo presenta el mensaje de Dios usando fuertes contrastes. Si podemos cultivar sensibilidad a los mensajes claros que est\u00e1n presentes en las situaciones de contraste, habremos aprendido a aprovechar uno de los grandes medios que utiliza Dios para formar a su pueblo. 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