{"id":28855,"date":"2016-06-07T12:10:46","date_gmt":"2016-06-07T17:10:46","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/los-latidos-del-corazon\/"},"modified":"2016-06-07T12:10:46","modified_gmt":"2016-06-07T17:10:46","slug":"los-latidos-del-corazon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/los-latidos-del-corazon\/","title":{"rendered":"Los latidos del coraz\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p align=\"justify\" id=\"p1\" data-pid=\"1\" class=\"st\"><strong>Los latidos del coraz\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p2\" data-pid=\"2\" class=\"sn\">\u25cf El coraz\u00f3n es el n\u00facleo del sistema circulatorio y un trabajador incansable. Por lo general, el de una persona adulta late m\u00e1s de cien mil veces al d\u00eda. Los m\u00fasculos card\u00edacos trabajan vigorosamente todo el tiempo. De\u00a0hecho, aun si estamos en reposo realizan el doble de esfuerzo que los m\u00fasculos de las piernas cuando corremos. Y\u00a0de ser necesario, este \u00f3rgano puede duplicar su ritmo en menos de cinco segundos. El\u00a0coraz\u00f3n de un adulto bombea entre cinco litros (el volumen total de sangre en el cuerpo) y veinte litros por minuto mientras se hace ejercicio.<\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p3\" data-pid=\"3\" class=\"sb\">Los latidos est\u00e1n controlados por un\u00a0sistema nervioso que se ha calificado de maravilla de dise\u00f1o, y con toda raz\u00f3n. Las cavidades superiores, o aur\u00edculas, deben contraerse antes que las inferiores, o ventr\u00edculos. Para lograrlo, este sistema se encarga de que la contracci\u00f3n de los ventr\u00edculos se demore una fracci\u00f3n de segundo. Quiz\u00e1s le sorprenda saber que el <em>pum-pum <\/em>que escucha el m\u00e9dico con su estetoscopio no\u00a0es el de las pulsaciones de los m\u00fasculos del coraz\u00f3n, sino el sonido de sus v\u00e1lvulas al cerrarse.<\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p4\" data-pid=\"4\" class=\"ss\"><strong>Mil millones de latidos<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p5\" data-pid=\"5\" class=\"sb\">Como norma general, la velocidad con la que late el coraz\u00f3n de los animales es inversamente proporcional a su tama\u00f1o. Es\u00a0decir, cuanto m\u00e1s grande es el animal, m\u00e1s lento es su ritmo card\u00edaco. Por ejemplo, el coraz\u00f3n de un elefante late unas veinticinco veces por minuto, mientras que el de un canario zumba a mil latidos por minuto. En\u00a0cuanto a los seres humanos, la velocidad disminuye de unos ciento treinta latidos por minuto en los reci\u00e9n nacidos a alrededor de setenta en los adultos.<\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p6\" data-pid=\"6\" class=\"sb\">Al parecer, el coraz\u00f3n de la mayor\u00eda de los mam\u00edferos late unas mil millones de veces durante su vida. Eso explica por qu\u00e9 el rat\u00f3n \u2014con 550 latidos por minuto\u2014 vive unos tres a\u00f1os, mientras que la ballena azul \u2014con 20 latidos por minuto\u2014 sobrepasa los cincuenta a\u00f1os. Pero con nosotros sucede algo diferente. A\u00a0juzgar por nuestro ritmo card\u00edaco, solo deber\u00edamos vivir unos veinte a\u00f1os. Ahora bien, un coraz\u00f3n humano sano puede llegar a latir m\u00e1s de tres mil millones de veces, lo cual nos permite superar los setenta u ochenta a\u00f1os.*<\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p7\" data-pid=\"7\" class=\"sb\">Aun as\u00ed, la realidad es que nadie quiere ver su vida limitada a un n\u00famero de latidos. A\u00a0decir verdad, en lo m\u00e1s profundo de nuestro coraz\u00f3n anhelamos vivir para siempre. Este es un deseo natural, con el que Dios nos cre\u00f3. Pero eso no\u00a0es todo: est\u00e1 cada vez m\u00e1s cerca el momento en que desaparecer\u00e1 el pecado, que es la causa de todas las muertes (Romanos 5:12). Y\u00a0entonces \u201cla muerte no\u00a0ser\u00e1 m\u00e1s\u201d (Revelaci\u00f3n [Apocalipsis] 21:3,\u00a04).<\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p8\" data-pid=\"8\" class=\"sf\"><strong>[Nota]<\/strong><\/p>\n<div id=\"fn1\" class=\"fcc\">\n<p align=\"justify\" id=\"p9\" data-pid=\"9\">Estos datos aproximados se basan en promedios. El\u00a0ritmo card\u00edaco y la expectativa de vida de cada criatura pueden variar considerablemente.<\/p>\n<\/div>\n<p align=\"justify\" id=\"p10\" data-pid=\"10\" class=\"se\"><strong>[Ilustraci\u00f3n de la p\u00e1gina 29]<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p11\" data-pid=\"11\" class=\"sc\">(Para ver el texto en su formato original, consulte la publicaci\u00f3n)<\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p12\" data-pid=\"12\" class=\"sc\"><strong>MODELO DE UN CORAZ\u00d3N<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p13\" data-pid=\"13\" class=\"sc\">Aur\u00edcula derecha<\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p14\" data-pid=\"14\" class=\"sc\">Aur\u00edcula izquierda<\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p15\" data-pid=\"15\" class=\"sc\">Ventr\u00edculo derecho<\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p16\" data-pid=\"16\" class=\"sc\">Ventr\u00edculo izquierdo<\/p>\n<p align=\"justify\" id=\"p17\" data-pid=\"17\" class=\"sb\">\n<p>Fuente: \u00a1Despertad!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los latidos del coraz\u00f3n \u25cf El coraz\u00f3n es el n\u00facleo del sistema circulatorio y un trabajador incansable. Por lo general, el de una persona adulta late m\u00e1s de cien mil veces al d\u00eda. Los m\u00fasculos card\u00edacos trabajan vigorosamente todo el tiempo. De\u00a0hecho, aun si estamos en reposo realizan el doble de esfuerzo que los m\u00fasculos &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/los-latidos-del-corazon\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abLos latidos del coraz\u00f3n\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-28855","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/28855","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=28855"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/28855\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=28855"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=28855"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=28855"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}