{"id":29930,"date":"2016-06-11T01:09:41","date_gmt":"2016-06-11T06:09:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/unamuno-el-filosofo-que-anhelaba-a-dios-y-no-tenia-esperanza-de-encontrarlo\/"},"modified":"2016-06-11T01:09:41","modified_gmt":"2016-06-11T06:09:41","slug":"unamuno-el-filosofo-que-anhelaba-a-dios-y-no-tenia-esperanza-de-encontrarlo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/unamuno-el-filosofo-que-anhelaba-a-dios-y-no-tenia-esperanza-de-encontrarlo\/","title":{"rendered":"Unamuno, el fil\u00f3sofo que anhelaba a Dios y no ten\u00eda esperanza de&nbsp;encontrarlo"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Ignacio P\u00e9rez Tormo<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Diversos actos conmemoran los 150 a&ntilde;os del nacimiento de Miguel de Unamuno. El tiempo lo sit&uacute;a en la Generaci&oacute;n del 98, aunque se individualiz&oacute; pronto frente a los escritores de este grupo literario. Entre ellos, fue el mayor receptor de influencias extranjeras. As&iacute; recibi&oacute; la secularizaci&oacute;n del racionalismo europeo, siendo importante para &eacute;l la influencia de Hegel.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Para sus coet&aacute;neos, tras la p&eacute;rdida de las &uacute;ltimas colonias del pa&iacute;s, la cuesti&oacute;n de referencia era la de Espa&ntilde;a. Pero en Unamuno no se daba este interrogante porque ten&iacute;a muy claro que&nbsp;<em>Espa&ntilde;a es su religi&oacute;n \u2026 hasta mi Cielo es espa&ntilde;ol<\/em>. En este art&iacute;culo veremos cu&aacute;l era la percepci&oacute;n que ten&iacute;a Unamuno de las cosas desde su sentido religioso.<br \/> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/> Literariamente se encontraba m&aacute;s cerca de Calder&oacute;n que de sus cong&eacute;neres. Con el poeta compart&iacute;a la idea de que la vida es un sue&ntilde;o. En&nbsp;<em>Niebla&nbsp;<\/em>(1914), el protagonista Augusto P&eacute;rez va a visitar a Unamuno porque es su creador y le dice que, al igual que &eacute;l, Augusto es un ser so&ntilde;ado; tambi&eacute;n Unamuno existe porque es un sue&ntilde;o de otro.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Har&aacute; bien en rezar por que Dios no despierte, pues si lo hace, morir&aacute;. De igual manera, dice Augusto que nosotros, los lectores, existimos porque alguien nos est&aacute; so&ntilde;ando.<br \/> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/> Ciertamente el escritor vasco ten&iacute;a peculiaridades, las cuales han dado lugar a un adjetivo que incluso est&aacute; incorporado al diccionario:&nbsp;<em>unamuniano<\/em>. Sin embargo en su juventud ten&iacute;a los mismos sue&ntilde;os y anhelos que cualquier otro ser humano.<br \/> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/><strong>Al principio, cuando era feliz<\/strong><br \/><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/> Amarlo todo, comprenderlo todo<\/em>. Este es el lema de su juventud, que refleja un sentimiento t&iacute;pico de Castilla. Esta visi&oacute;n pr&aacute;ctica le llevaba por ejemplo a opositar cuando ten&iacute;a necesidad de aposentarse socialmente.<\/p>\n<p align=\"justify\"> As&iacute; lo relata un amigo de la infancia:&nbsp;<em>Al comparecer ante el tribunal respetable, sacaba sin turbarse la papeleta de la suerte. Y romp&iacute;a a hablar: \u201cSobre esto, fulano dice \u2026 y mengano a&ntilde;ade\u201d\u2026 Cuando el &eacute;xito era indudable, cuando le bastaba callar para haber vencido,\u2026 a&ntilde;ad&iacute;a imperturbable: \u201cY yo digo\u2026\u201d. &iexcl;Lo que dec&iacute;a &eacute;l!&#8230; Los sabios profesores se dec&iacute;an confidencialmente: \u201c&iexcl;Sabe m&aacute;s que nosotros!\u201d. El resultado \u2026 era siempre el mismo: una calificaci&oacute;n que proclamaba su sabidur&iacute;a pero lo exclu&iacute;a de la c&aacute;tedra.&nbsp;<\/em><\/p>\n<p align=\"justify\"> Gan&oacute; la c&aacute;tedra de griego en la Universidad de Salamanca, diciendo la resoluci&oacute;n:&nbsp;<em>Ninguno de los candidatos sabe realmente griego, pero s&oacute;lo uno, Unamuno, tiene capacidad para aprenderlo<\/em>. Con esta c&aacute;tedra pudo casarse y establecer su hogar en la ciudad helm&aacute;ntica. Fueron tiempos de gran felicidad:&nbsp;<em>En los ojos de mis hijos hay esplendor de alegr&iacute;a y de vida.<\/em><br \/> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/> Unamuno ten&iacute;a grandes cualidades humanas, empezando por la inteligencia, el pensamiento pr&aacute;ctico, valorar la familia. Las virtudes sobrenaturales, como la fe, son una a&ntilde;adidura, por lo que para sostenerse, precisan de aquellas. Pero esta humanidad puede fallar, romperse. Para Unamuno eran momentos de gran felicidad familiar. Sin mencionarlos ser&iacute;a imposible comprender el alcance de la crisis que se avecinaba.<br \/> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/> Un familiar recuerda que cuando estaba dando clases, si un alumno se encontraba distra&iacute;do, inopinadamente se dirig&iacute;a a &eacute;l y le preguntaba:<br \/> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/> -&iquest;Est&aacute; usted preparado para la muerte?<br \/> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/> El descenso empez&oacute; con el pensamiento de la muerte. De ah&iacute; pas&oacute; a girar todo en torno a esa idea. Finalmente, la fe no se sostuvo en un temperamento tan escrupuloso.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Los per&iacute;odos intermitentes de fe<\/strong><br \/> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/> El especialista Charles Moeller atribuye estas crisis al efecto nocivo de las abundantes lecturas escogidas arbitrariamente y lo ilustra con un dato: tras su muerte, se contaron en su biblioteca hasta ocho mil vol&uacute;menes; adem&aacute;s, de ellos casi todos estaban anotados.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &Eacute;l mismo reconoci&oacute; \u201cla cantidad ingente de filosof&iacute;a que me engull&iacute;\u201d, que le provoc&oacute; un desorden, no s&oacute;lo en la fe, sino en las tendencias psicol&oacute;gicas profundas. De ah&iacute; que se alternaran en Unamuno per&iacute;odos de creencia, con otros de incredulidad.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\">\n &nbsp;\n<\/div>\n<p align=\"justify\"> En Espa&ntilde;a, hab&iacute;a alguna de las orientaciones de la catequesis escolar en que se primaba la moral respecto a otros aspectos de la religi&oacute;n, lo cual imped&iacute;a a los muchachos aceptarse como imperfectos, perdonarse sus limitaciones. De esta forma, las ideas de condenaci&oacute;n se convirtieron tambi&eacute;n en obsesi&oacute;n temprana.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Este tipo de ense&ntilde;anza de la religi&oacute;n, unida a la predisposici&oacute;n de su psicolog&iacute;a escrupulosa, hicieron que Unamuno viera otro don volatilizarse.<br \/> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/><strong>Una esperanza desesperanzada<\/strong><br \/> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/> La esperanza cristiana se ha ilustrado como un puente que se apoya sobre dos pilares: uno es la llamada de Dios al ser humano y el otro, la promesa de salvarlo. Pero el de Unamuno es un puente tendido en el vac&iacute;o, se apoya &uacute;nicamente en saber que va a morir.<br \/> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/> Este aspecto lo refleja en una novela&nbsp;<em>San Manuel Bueno M&aacute;rtir<\/em>&nbsp;(1931). Su protagonista, Manuel Bueno, es un sacerdote rural. S&oacute;lo le distingue una cosa de los otros sacerdotes: Manuel Bueno no tiene esperanza. Cuando en la misa dominical reza el Credo, en la parte donde dice&nbsp;<em>en la resurrecci&oacute;n de los muertos<\/em>, &eacute;l calla.<br \/> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/> Don Manuel Bueno, es el&nbsp;<em>alter ego&nbsp;<\/em>de Unamuno. Con la misma actitud del personaje, Unamuno pone su esperanza constantemente a prueba. No carece de esta virtud, pero en ocasiones se ofusca y pierde la conexi&oacute;n con las referencias permanentes: Dios y la resurrecci&oacute;n, y el Cielo que promete.<br \/> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/> Llama la atenci&oacute;n que, a pesar de estas faltas de fe y esperanza, Unamuno no renuncie a la religi&oacute;n que hered&oacute; de su madre, practic&oacute; en una parroquia de un barrio popular y madur&oacute; en reuniones juveniles de los jesuitas en Bilbao.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Este contraste amontona las preguntas: &iquest;De d&oacute;nde sac&oacute; las fuerzas Unamuno para continuar con la religiosidad que a&uacute;n le quedaba? Y tambi&eacute;n, &iquest;a qu&eacute; &aacute;mbitos dirigi&oacute; su virtud?<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Y a trav&eacute;s de la oraci&oacute;n<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"> Sus plegarias son l&iacute;neas de di&aacute;logo que ascienden verticalmente hasta el Cielo. Y estas tienen su comienzo siempre en su ciudad: Salamanca.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Esta ciudad alimentar&aacute; su oraci&oacute;n. Recibir&aacute; las palabras del sol \u201cque ha dorado las piedras de sus torres, sus templos y sus palacios\u201d.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Al ser Salamanca una ciudad de luz, tambi&eacute;n es umbr&iacute;a. De ah&iacute; que le viniera la costumbre de mirar su propia sombra y, al caminar por los campos, le preguntaba a Dios \u201csi &eacute;l era algo m&aacute;s que una sombra, si era un hombre real, un hombre de carne y hueso\u201d.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Esta pregunta, en que cuestiona la propia existencia, era recurrente entre los racionalistas. Es el&nbsp;<em>pienso luego existo&nbsp;<\/em>de Descartes. No es ajena a la naturaleza humana e incluso, puede resultar agradable a la raz&oacute;n. Y&nbsp;el hombre tiende a lo agradable, aunque en el fondo siempre est&aacute; buscando a Dios.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Unamuno ten&iacute;a predilecci&oacute;n por los Cristos realistas, sangrantes, de la piedad popular. Estas figuras las observaba en las semanas santas de Bilbao y Salamanca. La atracci&oacute;n que sent&iacute;a por ellas pone de manifiesto que la fuente de su oraci&oacute;n es la Cruz de Cristo. Y este dolor de la humanidad del Crucificado es el que alimentaba su caridad.&nbsp;<br \/> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/><strong>\u2026 al Amor al pueblo que le hab&iacute;a sido dado<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"> Al ver a Cristo con la Cruz, para Unamuno la actividad de amar s&oacute;lo se realiza cuando hay dolor. Por esto el amor es compadecer, sufrir-con. Las penas personales, las de cada uno, las debe tragar el coraz&oacute;n, porque nuestro dolor s&oacute;lo sirve de algo cuando se une al del pueblo: \u201cS&oacute;lo el dolor del pueblo santifica\u201d.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/> El enamorado vive para su pueblo, para perpetuarlo y perpetuarse. Por esto el hombre cuando se incorpora a un pueblo, se une al esp&iacute;ritu de este y as&iacute;, se eterniza. Esta noci&oacute;n la defiende en&nbsp;<em>Del sentimiento tr&aacute;gico de la vida<\/em>, ensayo que fue incluido en el hoy derogado&nbsp;<em>&Iacute;ndice de Libros Prohibidos<\/em>.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Pese a que la idea de unirse el hombre a una sustancia espiritual para perdurar tiene la apariencia de herej&iacute;a gn&oacute;stica, el rector de Salamanca no iba desencaminado, siempre que se le sepa entender, porque la incorporaci&oacute;n al pueblo que peregrina, a la Iglesia, es lo que da la Vida.<br \/> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/> Unamuno tuvo diversos pueblos: sus alumnos de Salamanca, las gentes de su tierra vasca, cuya lengua apoy&oacute; en su tesis doctoral, y su matrimonio, del que tuvo nueve hijos.<br \/> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/> El pueblo que hab&iacute;a recibido fue su amor. Y servirlo, su vocaci&oacute;n.<br \/> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Ignacio P\u00e9rez Tormo Diversos actos conmemoran los 150 a&ntilde;os del nacimiento de Miguel de Unamuno. El tiempo lo sit&uacute;a en la Generaci&oacute;n del 98, aunque se individualiz&oacute; pronto frente a los escritores de este grupo literario. Entre ellos, fue el mayor receptor de influencias extranjeras. 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