{"id":29936,"date":"2016-06-11T01:09:56","date_gmt":"2016-06-11T06:09:56","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/como-debe-interpretarse-la-frase-hagase-tu-voluntad\/"},"modified":"2016-06-11T01:09:56","modified_gmt":"2016-06-11T06:09:56","slug":"como-debe-interpretarse-la-frase-hagase-tu-voluntad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/como-debe-interpretarse-la-frase-hagase-tu-voluntad\/","title":{"rendered":"\u00bfC\u00f3mo debe interpretarse la frase \u201cH\u00e1gase tu&nbsp;voluntad\u201d?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Toscana Oggi<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"><em><strong>Siempre he pensado que la frase \u201cH&aacute;gase tu voluntad\u201d que se dice en el Padrenuestro es para interpretar la aceptaci&oacute;n por parte del hombre de la voluntad de Dios: se me ha hecho muy &uacute;til, en muchos momentos dif&iacute;ciles de mi vida, repensar en estas palabras que se pronuncian tan a menudo en la oraci&oacute;n. Recientemente un sacerdote, durante un encuentro, nos invit&oacute; a leer esta frase como una exhortaci&oacute;n a actuar, a hacer para que en el mundo sea hecha la voluntad de Dios: una exhortaci&oacute;n al compromiso de los cristianos para construir una sociedad m&aacute;s acorde con lo que Dios quiere. &iquest;Cu&aacute;l es la interpretaci&oacute;n m&aacute;s correcta para la Iglesia? O m&aacute;s probablemente &iquest;ambas lecturas son correctas y pueden integrarse?<\/strong><\/em><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Marina Cardelli<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/><em>Responde don Filippo Belli, docente de Teolog&iacute;a B&iacute;blica<\/em><\/p>\n<p align=\"justify\"> Para entender la oraci&oacute;n del Padrenuestro es necesario mirarlo a &Eacute;l que nos la ha ense&ntilde;ado. Es su oraci&oacute;n que se vuelve nuestra. No hay oraci&oacute;n m&aacute;s santa, m&aacute;s exacta, m&aacute;s verdadera que esta pues surge de la relaci&oacute;n misma que Jes&uacute;s tiene con el Padre en el Esp&iacute;ritu. No se trata de una formulaci&oacute;n que el Se&ntilde;or Jes&uacute;s nos ha confiado, sino de compartir el contenido del di&aacute;logo con el Padre. Por eso, la gracia de estas palabras es inmensa y la riqueza de su significado \u2013 como de cada palabra que sale de la boca de Dios \u2013 inagotable. Por este motivo incluso su interpretaci&oacute;n a lo largo de los siglos hasta el d&iacute;a de hoy no ha dejado de precisar te&oacute;logos, exegetas y santos escritores (recordemos a los m&aacute;s antiguos y famosos como Tertuliano, Or&iacute;genes, Cipriano, Agust&iacute;n, Tom&aacute;s de Aquino) e individuos fieles y pastores. Y es correcto que sea as&iacute;, para que estas palabras no se atrofien en una f&oacute;rmula estereotipada.<\/p>\n<p align=\"justify\"> La pregunta, por lo tanto, es pertinente y la respuesta se encuentra dentro de su formulaci&oacute;n. De hecho, no se puede separar la disposici&oacute;n de &aacute;nimo personal del cristiano de su efectiva puesta en acci&oacute;n en la vida. De esta manera, no se puede simplemente concordar con el coraz&oacute;n y la voluntad a la voluntad divina sin que esta disposici&oacute;n interior tenga su correspondiente en nuestro modo de actuar y obrar en las situaciones diversas de la vida.<\/p>\n<p align=\"justify\"> El problema que la pregunta eleva impl&iacute;citamente me parece ser otro, es decir, una concepci&oacute;n est&aacute;tica, determinista de lo que es la voluntad divina, a la cual el hombre deber&iacute;a inevitablemente y, a menudo de mala gana, o a rega&ntilde;adientes, ceder. De hecho, esta es la impresi&oacute;n que con frecuencia tenemos de la voluntad de Dios, es decir algo inamovible y que no corresponde a nuestra voluntad. Ah&iacute; est&aacute; el esfuerzo en aceptarla. Que esta luego se manifieste a trav&eacute;s de la diversas circunstancias de la vida \u2013 a menudo inevitables \u2013 la vuelve a&uacute;n m&aacute;s dura de acoger, porque no hay nada m&aacute;s imprevisible y misterioso que las circunstancias que vivimos y que dif&iacute;cilmente podemos controlar.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Ahora, la Sagrada Escritura nos da testimonio desde la primera hasta la &uacute;ltima p&aacute;gina de la radical bondad y benevolencia por parte de Dios, de una obstinada e insistente voluntad del bien por su parte, de la positiva disposici&oacute;n de la creaci&oacute;n, de su voluntad de salvar al hombre y de favorecer con cada medio la vida hasta su plenitud. A esta voluntad del bien ha llamado a participar al hombre, desde los or&iacute;genes, d&aacute;ndole los medios necesarios para realizar este bien. Por lo tanto, es por naturaleza orientado a la voluntad del bien de Dios, a ser part&iacute;cipe y colaborador junto a &Eacute;l de la vida.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Pero desde los or&iacute;genes de la humanidad experimenta tambi&eacute;n una fractura \u2013 que la Biblia nos documenta continuamente \u2013 entre la propia libertad y la voluntad de Dios, haci&eacute;ndolas sentir antagonistas si no es que enemigas. El antiguo pecado original est&aacute; precisamente en esta discrepancia entre la voluntad humana y la divina, por la cual sentimos a veces ajena a nosotros la voluntad de Dios.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> En Jesucristo esa fractura ha sido arreglada, la herida curada, la oposici&oacute;n conciliada. Y es necesario tambi&eacute;n darse cuenta c&oacute;mo sucedi&oacute;. El Evangelio nos muestra el camino de Jes&uacute;s en continua tensi&oacute;n para hacer la voluntad del Padre. No sin dificultad. Recordamos brevemente algunas escenas. A los 12 a&ntilde;os, en el pasaje de la vida religiosa adulta, Jes&uacute;s dice a sus padres <em>&laquo;&iquest;Por qu&eacute; me buscaban? &iquest;No sab&iacute;an que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?&raquo;<\/em> (<em>Lc 2, 49<\/em>). Y en el momento de su retiro en el desierto, tentado por el diablo, debe reafirmar su pertenencia total al Padre (<em>Mt 4, 1-11 y par<\/em>.). Finalmente, en el Getseman&iacute;, el momento m&aacute;s dram&aacute;tico de su existencia, que nos deja intuir la enorme lucha que el hombre vive desde siempre para poner de acuerdo su voluntad con la de Dios. En ese momento \u201cest&aacute; presente en el mismo Jes&uacute;s toda la resistencia de la naturaleza humana contra Dios. La obstinaci&oacute;n de todos nosotros, toda la oposici&oacute;n contra Dios est&aacute; presente y Jes&uacute;s, luchando, arrastra la naturaleza recalcitrante elev&aacute;ndola hacia su verdadera esencia (\u2026) Acogi&oacute; en s&iacute; mismo la oposici&oacute;n de la humanidad y la transform&oacute;, para que de este modo, en la obediencia del Hijo estemos presentes todos nosotros, seamos atra&iacute;dos a la condici&oacute;n de hijos\u201d (Benedicto XVI, Jes&uacute;s de Nazaret).<\/p>\n<p align=\"justify\"> De esta manera, en la gracia de comuni&oacute;n con Cristo, la voluntad de Dios se vuelve familiar (&iexcl;somos hijos!), y nos abre a todas sus arm&oacute;nicas del bien, volvi&eacute;ndonos colaboradores leales de su dise&ntilde;o de amor por toda la humanidad. Hacer la voluntad de Dios entonces no es s&oacute;lo aceptar las inevitables circunstancias de la vida y su misterio de bien, sino colaborar, de hecho, con todas nuestras energ&iacute;as con el bien de Dios para la humanidad. Por eso fuimos creados, por eso fuimos tambi&eacute;n salvados.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Toscana Oggi Siempre he pensado que la frase \u201cH&aacute;gase tu voluntad\u201d que se dice en el Padrenuestro es para interpretar la aceptaci&oacute;n por parte del hombre de la voluntad de Dios: se me ha hecho muy &uacute;til, en muchos momentos dif&iacute;ciles de mi vida, repensar en estas palabras que se pronuncian tan a menudo &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/como-debe-interpretarse-la-frase-hagase-tu-voluntad\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab\u00bfC\u00f3mo debe interpretarse la frase \u201cH\u00e1gase tu&nbsp;voluntad\u201d?\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-29936","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/29936","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=29936"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/29936\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=29936"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=29936"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=29936"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}