{"id":29959,"date":"2016-06-11T01:10:36","date_gmt":"2016-06-11T06:10:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-don-del-genesis-y-un-deseo-volver-a-sonar-con-dios\/"},"modified":"2016-06-11T01:10:36","modified_gmt":"2016-06-11T06:10:36","slug":"el-don-del-genesis-y-un-deseo-volver-a-sonar-con-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-don-del-genesis-y-un-deseo-volver-a-sonar-con-dios\/","title":{"rendered":"El don del G\u00e9nesis y un deseo: volver a so\u00f1ar con&nbsp;Dios"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Ciudad Nueva<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">La pregunta acerca del oficio es la primera de la vida adulta. Cuando no sabemos responder a esa primera pregunta, no sufre s&oacute;lo nuestro puesto de trabajo, sino nuestro lugar en el mundo.<br \/> &nbsp;<br \/> \u2018&Eacute;l les habl&oacute; y ellos re&iacute;an y lloraban a un tiempo. Todos extendieron las manos hacia &eacute;l, que estaba en medio de ellos, y le besaron, mientras &eacute;l les acariciaba. As&iacute; termina esta invenci&oacute;n de Dios, la bella historia de Jos&eacute; y sus hermanos.\u201d (Thomas Mann, Jos&eacute; y sus hermanos).<br \/> &nbsp;<br \/> \u201c&iquest;Cu&aacute;l es vuestro oficio?\u201d, les pregunt&oacute; Fara&oacute;n a los hermanos de Jos&eacute;. \u201cPastores de ovejas\u201d, respondieron (47,3). La pregunta acerca del oficio es la primera de la vida adulta. Cuando no sabemos responder a esa primera pregunta, no sufre s&oacute;lo nuestro puesto de trabajo, sino nuestro lugar en el mundo. El oficio es la sintaxis con la que componemos nuestro discurso social. Por eso, cuando a un joven no se le da un oficio (que antes que talento y esfuerzo es don, ya que el oficio se aprende de otro), le faltan palabras para hablar de s&iacute; a los dem&aacute;s y a uno mismo. La grave indigencia de puestos de trabajo de nuestro tiempo es tambi&eacute;n consecuencia de una profunda crisis de los oficios. Los oficios generados por la cultura artesana, marinera y campesina, la cultura de las profesiones, la f&aacute;brica y los oficios, se est&aacute;n contrayendo r&aacute;pidamente. Muchos oficios ya han desaparecido y, en esta carest&iacute;a de promesas y de sue&ntilde;os, no conseguimos crear otros nuevos en n&uacute;mero suficiente.<br \/> &nbsp;<br \/> Jacob \u201cvivi&oacute; en Egipto diecisiete a&ntilde;os, siendo los d&iacute;as de Jacob, los a&ntilde;os de su vida, ciento cuarenta y siete a&ntilde;os\u201d (47,28). Al sentir que se acercaba la muerte, Jacob-Israel repas&oacute; y resumi&oacute; su larga vida: \u201cEl-Sadday se me apareci&oacute; en Luz, en pa&iacute;s cananeo; me bendijo y me dijo: \u2018Mira, yo har&eacute; que seas fecundo y que te multipliques\u2019. \u2026 Cuando yo ven&iacute;a de Padd&aacute;n se me muri&oacute; en el camino Raquel, en el pa&iacute;s de los cananeos \u2026 All&iacute; la sepult&eacute;, en el camino de Efrat&aacute;, o sea Bel&eacute;n\u201d (48,3-7). La vocaci&oacute;n, la voz y Raquel. La Alianza, la promesa, las luchas, los abrazos y la fidelidad. Los habitantes de esta historia son las personas queridas, los lugares, Dios. Todos siempre presentes, todos siempre protagonistas. Cuando se tiene el don de vivir conscientemente los &uacute;ltimos y valiosos momentos de la vida (y es un verdadero don), vuelven a nosotros los rostros y reviven los lugares de los amores y de los dolores, de las buenas decisiones tomadas y de las citas a las que faltamos en las encrucijadas decisivas. No es raro que la &uacute;ltima mirada a un rostro o a un lugar suponga la &uacute;ltima reconciliaci&oacute;n con la vida, donde arrancamos la &uacute;ltima bendici&oacute;n al &aacute;ngel de la muerte. Somos tiempo y espacio, que al final se confunden el uno en el otro: Raquel y Bel&eacute;n, El-Sadday y Luz, Paula y el colegio G. Leopardi donde nos conocimos. Todos ellos vuelven a la vida y dicen juntos nuestras &uacute;ltimas-primeras palabras.<br \/> &nbsp;<br \/> Despu&eacute;s Jacob puso las manos sobre la cabeza de sus nietos Manas&eacute;s y Efra&iacute;m y los bendijo con palabras de cielo (48,15-16). A continuaci&oacute;n llam&oacute; a sus hijos y les dijo: \u201cApi&ntilde;aos y o&iacute;d, hijos de Jacob\u201d (49,1-2). Y as&iacute; va pronunciando las &uacute;ltimas palabras para cada hijo, \u201cbendiciendo a cada uno con su bendici&oacute;n correspondiente\u201d (49,28), sin esconder los errores y las culpas (de Rub&eacute;n, Lev&iacute; y Sime&oacute;n). Pero una vez m&aacute;s, la bendici&oacute;n m&aacute;s hermosa es la de Jos&eacute;, que es como un salmo: \u201cUn reto&ntilde;o es Jos&eacute;, reto&ntilde;o junto a la fuente, cuyos v&aacute;stagos trepan sobre el muro. Le molestan y acribillan, le asaltan los flecheros; pero es roto su arco violentamente \u2026 bendiciones de los cielos desde arriba, bendiciones del abismo que yace abajo, bendiciones de los pechos y del seno \u2026 \u201d (49,22-26). Como &uacute;ltimo deseo, pidi&oacute; a sus hijos ser sepultado en la cueva de la Makpel&aacute; (49,31), comprada por Abraham a los hititas para Sara \u201ccomo propiedad\u201d (49,30), con un contrato en regla (50,13). Cuando acab&oacute; de hablar a sus hijos, Jacob \u201crecogi&oacute; sus piernas en el lecho, expir&oacute; y se reuni&oacute; con los suyos\u201d (49,33). Morir&aacute; en Egipto pero descansar&aacute; en la tierra de Cana&aacute;n.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/> En estos tiempos de enemistad con la muerte y, por lo tanto, con el l&iacute;mite, deber&iacute;amos releer muchas veces las bellas muertes de los patriarcas para sentirnos amados por ellas. La espl&eacute;ndida muerte de Jacob origin&oacute; una nueva crisis en la fraternidad: \u201cVieron los hermanos de Jos&eacute; que hab&iacute;a muerto su padre y dijeron: \u2018A ver si Jos&eacute; nos guarda rencor y nos devuelve todo el da&ntilde;o que le hicimos\u2019\u201d (50,15). Aferrados por este temor, le enviaron a Jos&eacute; un mensaje que conten&iacute;a (probablemente) una mentira: \u201cTu padre encarg&oacute; antes de su muerte: \u2018As&iacute; dir&eacute;is a Jos&eacute;: Por favor, perdona el crimen de tus hermanos\u2019\u201d (50,16-17). Pero Jos&eacute; \u201cllor&oacute; mientras le hablaban\u201d, y dijo una vez m&aacute;s: \u201cAunque vosotros pensasteis hacerme da&ntilde;o, Dios lo pens&oacute; para bien\u201d. \u201cNo tem&aacute;is\u201d (50,19-21). Y, como en el primer perd&oacute;n, Jos&eacute; us&oacute; las mejores palabras para cualquier reconciliaci&oacute;n: \u201cNo vosotros, sino Dios\u201d.<br \/> &nbsp;<br \/> Cuando se trata de curar la fraternidad herida, como en el caso de Jos&eacute; y sus hermanos, el perd&oacute;n no consiste en olvidar el pasado sino en invertir en una nueva relaci&oacute;n \u2018resucitada\u2019. El perd&oacute;n de la v&iacute;ctima no es suficiente, es necesario que quien ha cometido el delito crea de verdad en el perd&oacute;n recibido. Los hermanos, ante el primer perd&oacute;n, tal vez pensaron: \u201c&iquest;Lo har&aacute; por nosotros o por nuestro padre?\u201d. La muerte de Jacob hizo surgir la duda y condujo a una nueva crisis, una nueva mentira, un nuevo llanto y un nuevo perd&oacute;n.<br \/> &nbsp;<br \/> No es raro que la muerte de uno de los padres origine una crisis en la relaci&oacute;n entre los hermanos y hermanas. No s&oacute;lo por cuestiones de herencias o intereses. La muerte del &uacute;ltimo progenitor, aun cuando los hijos ya sean mayores, siempre es un paso decisivo en las relaciones entre hermanos y hermanas. La situaci&oacute;n de orfandad que se produce es real, al igual que la sensaci&oacute;n de que una ra&iacute;z profunda se seca por dentro. El principio de unidad de la familia, que era tambi&eacute;n un \u2018lugar\u2019, la casa materna, lugar de reuni&oacute;n, fiesta y reconciliaci&oacute;n, deja de existir o existe de una forma distinta, y hay que encontrar un lugar nuevo, renovado. Si la relaci&oacute;n hab&iacute;a conocido heridas profundas, a veces hay que volver a per-donar para donar al perdonado el espacio y el tiempo necesarios para acoger el perd&oacute;n: \u201cAs&iacute; les consol&oacute; y les habl&oacute; al coraz&oacute;n\u201d (50,21). El perd&oacute;n no es un acto, sino un proceso, en el que hay que perdonar dos, siete o setenta veces siete.<br \/> &nbsp;<br \/> Despu&eacute;s \u201cJos&eacute; muri&oacute; a la edad de ciento diez a&ntilde;os; le embalsamaron y se le puso en un sarc&oacute;fago en Egipto\u201d. As&iacute; termina, tras veinticinco semanas, este comentario al libro del G&eacute;nesis. A partir del pr&oacute;ximo domingo nos espera el &Eacute;xodo, siguiendo la misma voz y la misma promesa.<br \/> &nbsp;<br \/> Comenzamos esta aventura del alma, dif&iacute;cil y estupenda, buscando nuevas palabras para la econom&iacute;a. Hemos encontrado mucho m&aacute;s que eso. Viajando al \u2018final de la noche\u2019 hemos vislumbrado el &aacute;rbol de la vida. Nos despertamos, llamados a la existencia, en el jard&iacute;n de la creaci&oacute;n y all&iacute;, asombrados por el ser, hablamos con Dios en la brisa de la ma&ntilde;ana y asistimos al primer cruce entre dos miradas humanas, \u2018ojos en los ojos\u2019. Despu&eacute;s, en los campos, fuimos testigos del primer fratricidio-homicidio y el olor de la sangre del primero hombre-hermano muerto lleg&oacute; hasta nosotros. Vimos a Lamek asesinar a un ni&ntilde;o. El tiempo se par&oacute;, todos morimos con Abel y con los ni&ntilde;os muertos en todas las guerras del mundo y los que siguen muriendo hoy (ha sido doloroso comentar estos &uacute;ltimos cap&iacute;tulos mientras ca&iacute;an los misiles sobre la \u2018tierra de Cana&aacute;n\u2019). Subimos a un arca construida por el &uacute;nico justo y nos salvamos, hombres, mujeres y animales.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> Despu&eacute;s del diluvio, nos detuvimos en Babel: all&iacute; sentimos la tentaci&oacute;n del comunitarismo, la superamos y nos pusimos en camino, dispersados y salvados a lo largo de la historia. As&iacute; llegamos a Ur de los Caldeos, donde encontramos a un arameo errante que parti&oacute; creyendo en una voz distinta, m&aacute;s verdadera que la de los dioses de madera. Le dimos las gracias por haber cre&iacute;do tambi&eacute;n por nosotros y deseamos ser como &eacute;l. Sonre&iacute;mos por el hijo llegado en la vejez y despu&eacute;s huimos al desierto, expulsados por Sara, junto con Agar e Ismael. Subimos con Abraham e Isaac al monte Moria; y sobre aquel monte, como en tantos otros lugares, perdimos y recobramos un hijo, pero sobre todo volvimos a escuchar la primera voz y a creer en su promesa. Nos enamoramos de Raquel a la orilla de un pozo y morimos con ella dando a luz a Benjam&iacute;n. Vadeamos un torrente para regresar a casa del hermano enga&ntilde;ado y all&iacute; fuimos atacados, combatidos, heridos y bendecidos, convirti&eacute;ndonos como Jacob, en Israel. Vimos el para&iacute;so, so&ntilde;amos con &aacute;ngeles y con Dios, el sue&ntilde;o de los sue&ntilde;os.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Al final, nos encontramos con Jos&eacute;, en el fondo de un pozo-tumba del que resucitamos para llegar a Egipto y convertirnos en int&eacute;rpretes de sue&ntilde;os. All&iacute;, en compa&ntilde;&iacute;a de Thomas Mann, volvimos a aprender la fraternidad, comprendimos que la tierra prometida es la tierra de todos y descubrimos la importancia de los sue&ntilde;os. Pero antes y por encima de eso hemos sido inundados, sumergidos, arrollados y amados por las bendiciones, que han superado a las muchas ambig&uuml;edades y maldades que tambi&eacute;n hemos encontrado, sinti&eacute;ndolas vivas en nuestras carnes. Bendiciones que nos han dicho, mil veces y en mil modos distintos, que la &uacute;ltima palabra sobre el mundo y sobre el hombre no es la de Ca&iacute;n, aunque sea la que m&aacute;s se escuche en la tierra, ayer, hoy y tal vez tambi&eacute;n ma&ntilde;ana. El G&eacute;nesis nos ha dado o&iacute;dos para escuchar otras voces, menos ruidosas pero m&aacute;s aut&eacute;nticas. Tratar de captarlas en el estruendo de la historia es nuestra primera tarea si queremos seguir siendo humanos, seres espirituales capaces de infinito. Pero sobre todo nos ha dejado dentro una pregunta que es tambi&eacute;n un compromiso, un grito y un deseo: &iquest;cu&aacute;ndo volveremos a so&ntilde;ar de nuevo con Dios?<br \/> &nbsp;<br \/><strong><em><a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.ciudadnueva.org.ar\/areas-tematicas\/sociedad\/el-don-del-genesis-y-un-deseo-volver-a-sonar-con-dios\">Art&iacute;culo<\/a> originalmente publicado por Ciudad Nueva&nbsp;<\/em><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Ciudad Nueva La pregunta acerca del oficio es la primera de la vida adulta. Cuando no sabemos responder a esa primera pregunta, no sufre s&oacute;lo nuestro puesto de trabajo, sino nuestro lugar en el mundo. &nbsp; \u2018&Eacute;l les habl&oacute; y ellos re&iacute;an y lloraban a un tiempo. 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