{"id":29972,"date":"2016-06-11T01:10:58","date_gmt":"2016-06-11T06:10:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/es-mejor-aparcar-la-fe-a-la-hora-de-hacer-ciencia\/"},"modified":"2016-06-11T01:10:58","modified_gmt":"2016-06-11T06:10:58","slug":"es-mejor-aparcar-la-fe-a-la-hora-de-hacer-ciencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/es-mejor-aparcar-la-fe-a-la-hora-de-hacer-ciencia\/","title":{"rendered":"\u00bfEs mejor aparcar la fe a la hora de hacer&nbsp;ciencia?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Aleteia Team<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">As&iacute; como las criaturas presentan reflejos de las infinitas perfecciones divinas, <strong>el objeto de toda investigaci&oacute;n cient&iacute;fica debe ser considerado, en primer lugar, un objeto-s&iacute;mbolo de alg&uacute;n atributo del Creador<\/strong>. Pues la finalidad del hombre no es apenas conocer, sino &quot;alabar, reverenciar y servir a Dios y, mediante esto, salvar su alma&quot;[8], seg&uacute;n la bella expresi&oacute;n ignaciana.<br \/> &nbsp;<br \/> En ese sentido, por cierto, el cielo no es una biblioteca, sino el lugar donde hay un constante y creciente conocimiento amoroso de Dios. <strong>&quot;Amoroso&quot;, es el adjetivo que falta a la ciencia moderna, con dos indisociables corolarios: fe y humildad. <\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"> Entre varias recomendaciones dadas a un dominicano que le preguntaba sobre <strong>el modo correcto de estudiar<\/strong>, santo Tom&aacute;s agregaba ser primordial <strong>nunca dejar de rezar y seguir el ejemplo de los santos<\/strong>.[9] &iexcl;Cu&aacute;n distante de eso se encuentra la mayor&iacute;a de nuestros cient&iacute;ficos!<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Cabe a la ciencia orientada por la fe el important&iacute;simo papel de desvendar las maravillas que Dios puso en la Creaci&oacute;n, remiti&eacute;ndolas a su Creador, con gratitud, adoraci&oacute;n, amor, fe y humildad.<\/strong> Tal actitud, lejos de molestar la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica, atraer&iacute;a el auxilio divino para desvendar mejor los m&aacute;s rec&oacute;nditos misterios de la naturaleza.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Si es Dios el creador del intelecto humano y tambi&eacute;n del universo material, no puede haber desarmon&iacute;a entre esas dos criaturas. <strong>Comprueba esa realidad la larga lista de cient&iacute;ficos, eminentes, en los m&aacute;s diversos campos del conocimiento, que eran religiosos o cristianos practicantes<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Con efecto, fue la Iglesia cat&oacute;lica la mantenedora y salvaguarda de la cultura en el Occidente, por ocasi&oacute;n de las sucesivas invasiones de los b&aacute;rbaros que destruyeron el Imperio Romano. <strong>Sin el meticuloso y a veces heroico trabajo de los monjes copistas, desconocer&iacute;amos las obras cl&aacute;sicas<\/strong>. &iexcl;Basta decir que el m&aacute;s antiguo texto conocido de Arist&oacute;teles (384-322 a.C.) data del a&ntilde;o 1.100, o sea, m&aacute;s de 1.400 a&ntilde;os despu&eacute;s de su muerte!<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Fue la civilizaci&oacute;n cristiana la que difundi&oacute;, sobre todo con el impulso de Carlomagno, las escuelas primarias gratuitas en territorio europeo. De esas instituciones surgieron las universidades<\/strong>, algunas de las cuales perduran hasta hoy como luceros de ciencia.<\/p>\n<p align=\"justify\"> En el mundo antiguo, hab&iacute;a ense&ntilde;anza superior, pero, por primera vez en la historia, fueron creadas instituciones con m&eacute;todos y contenidos organizados. <strong>Consiguieron sobrevivir esas universidades medievales gracias a la protecci&oacute;n del papado<\/strong>, del cual depend&iacute;an directamente, no estando subordinadas al gobierno local. O sea,<strong> la ciencia en el Occidente tuvo como cuna la santa Iglesia.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> De hecho, <strong>tiempo hubo en que la ciencia y la religi&oacute;n caminaron de la mano, produciendo frutos por encima de toda expectativa.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Pero, a partir del Renacimiento, ese aspecto simb&oacute;lico y transcendente del estudio y de la pesquisa fue siendo eliminado de los cursos superiores<\/strong>. <strong>Y los esfuerzos cient&iacute;ficos acabaron por restringirse al conocimiento del universo material, como finalidad &uacute;ltima.<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"> Ahora, &quot;en esas condiciones el objeto t&eacute;cnico no remite m&aacute;s que a s&iacute; mismo; su sentido tiende al un&iacute;voco; basta desmontarlo para saber lo que &eacute;l es; ya no contiene misterio; [&#8230;] en sentido estricto, es \u2018insignificante&#8217;, o sea, dif&iacute;cilmente remite para una realidad que no sea &eacute;l mismo; es, pues, inapropiado para la funci&oacute;n simb&oacute;lica&quot;.[10]<br \/> &nbsp;<br \/> Bien sintetizan la perplejidad de los cient&iacute;ficos las conocidas palabras del ya citado Jastrow: &quot;Para el cient&iacute;fico que vivi&oacute; de su fe en el poder de la raz&oacute;n, la historia termina como un mal sue&ntilde;o. &Eacute;l escal&oacute; la monta&ntilde;a de la ignorancia; est&aacute; listo a conquistar el m&aacute;s alto pico; cuando transpone la &uacute;ltima roca, es saludado por un grupo de te&oacute;logos que all&aacute; est&aacute;n sentados hace siglos&quot;&#8230;[11].<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/> Los verdaderos te&oacute;logos &#8211; aquellos que, seg&uacute;n la expresi&oacute;n de Jastrow, &quot;est&aacute;n sentados hace siglos&quot; en el pico de la monta&ntilde;a -, por haberse dedicado a una contemplaci&oacute;n admirativa y amorosa de la Creaci&oacute;n, estuvieron en la base del prodigioso desarrollo intelectual del Occidente cristiano.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Un libro escrito por el propio dedo de Dios<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/><strong>La consideraci&oacute;n del universo como reflejo de las infinitas perfecciones del Creador llevar&iacute;a a<\/strong><strong>un conocimiento amoroso de las cosas<\/strong>, <strong>posibilitando el crecimiento de la ciencia en armon&iacute;a con la fe, y tomar&iacute;a al hombre todo, abarcando su inteligencia, su voluntad y su sensibilidad<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> En ese sentido, afirma con toda naturalidad el prodigio de inteligencia que fue el &Aacute;guila de Hipona: &quot;Sin hablar de los testimonios de los profetas, <strong>el propio mundo proclama en silencio, por sus tan regulares revoluciones y por la belleza de todas las cosas visibles, que fue creado<\/strong> y solamente pod&iacute;a haber sido creado por un Dios cuya belleza y grandeza son invisibles e inefables&quot;.[12]<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Ese conocimiento amoroso del universo revelar&aacute; la Belleza divina, invisible e inefable, capaz de orientar al hombre contempor&aacute;neo<\/strong>, conforme la afirmaci&oacute;n de Pablo VI: &quot;Este mundo en el cual vivimos precisa de la belleza para no ahogarse en el desespero. <strong>La belleza, as&iacute; como la verdad, es lo que infunde alegr&iacute;a en el coraz&oacute;n de los hombres,<\/strong> es el fruto precioso que resiste al desgaste del tiempo, une las generaciones y las hace comulgar en la admiraci&oacute;n&quot;.[13] <strong>Es de eso que necesita el mundo cient&iacute;fico para progresar ordenadamente<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Para la famosa escuela de los Vitorinos, &quot;<strong>el mundo es, con efecto, un libro escrito por el propio dedo de Dios<\/strong>. [&#8230;] Un ignorante ve un libro abierto; &eacute;l percibe se&ntilde;ales, pero no conoce ni las letras ni el pensamiento que ellas expresan. Igualmente el insensato, el hombre animal que no percibe las cosas de Dios, <strong>ve la forma exterior de las criaturas visibles, pero no comprende los pensamientos que ellas manifiestan.<\/strong> El hombre espiritual, al contrario, bajo esa forma exterior sensible, contempla y admira la sabidur&iacute;a del Creador&quot;.[14] Y con eso, por cierto, llega a conocer mejor que quien no admira la transcendentalismo de las cosas&quot;.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Amor y conocimiento deben caminar juntos<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Uno de los empe&ntilde;os principales de los Heraldos del Evangelio en la formaci&oacute;n dada a sus miembros consiste en <strong>unir conocimiento y caridad, instruy&eacute;ndolos en las ciencias humanas y las divinas<\/strong>. El conocimiento cient&iacute;fico y el amor a Dios deben caminar juntos, aliment&aacute;ndose de modo rec&iacute;proco. Pues <strong>s&oacute;lo se ama lo que se conoce<\/strong>, y, de su lado, el amor estimula a profundizarse en el conocimiento.<br \/> &nbsp;<br \/> Muy ilustrativas de ese principio son las palabras del misionero irland&eacute;s del siglo VI san Columbano: &quot;Es preferible ser piadoso sabiendo poco y en silencio, que hablar imp&iacute;amente. [&#8230;] Por eso insisto, si alguien se empe&ntilde;a en saber lo que debe creer, no piense que lo entender&aacute; mejor disertando que creyendo [&#8230;]. Busca el conocimiento supremo, no con malabarismos verbales, sino con la perfecci&oacute;n de la buena conducta; no con palabras, sino con la fe que procede de un coraz&oacute;n simple y que no es fruto de una argumentaci&oacute;n basada en una sabidur&iacute;a irreverente&quot;.[15]<br \/> &nbsp;<br \/> &iquest;Y qu&eacute; es la fe, podemos decir, sino creer amando? De esa forma la ciencia puede dar una de sus mayores contribuciones al mundo, superior a cualquier aparato inventado hasta ahora: <strong>tornar los hombres felices en la tierra, seg&uacute;n la ley de Dios, y prepararlos para la felicidad eterna.<\/strong> Otra no es nuestra finalidad en este valle de l&aacute;grimas. Seg&uacute;n el gran carmelita san Juan de la Cruz, &quot;<strong>en el atardecer de esta vida seremos juzgados por el amor&quot;, no por el conocimiento&#8230;<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/><em>Por el Di&aacute;c. Antonio Jako\u0161 Ilija, EP<\/em><\/p>\n<p align=\"justify\"> [8] SAN IGNACIO DE LOYOLA, Ejercicios espirituales, 23 (Principio y Fundamento).<br \/> [9] Cf. S&Atilde;O TOMAS DE AQUINO Epistola De modo studendi.<br \/> [10] SIRONNEAU, Jean-Pierre. S&eacute;cularisation et religions politiques. Paris: 1982, Mouton, p. 99.<br \/> [11] JASTROW Op. cit., p.107<br \/> [12] SANTO AGOSTINHO. De Civitate Dei, l.11, c.4 , 2 (ML 41, 320)<br \/> [13] PABLO VI. Messaggio agli Artisti; 8\/12\/1965.<br \/> [14] HUGONIN, Flavien; Essai sur La fondation de l&acute;&eacute;cole de Saint-Victor de Paris ; Paris: Librairie Classique D&acute;Eugene Belin ; 1854, p.94-95.<br \/> [15]S&Atilde;O COLUMBANO, Instructio I &#8211; De Deo Uno et Trino, IV (ML 80, 252).<br \/> &nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/><em><a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/es.gaudiumpress.org\/content\/60645--iquest-Son-incompatibles-ciencia-y-amor-a-Dios----II-Parte\"><strong>Art&iacute;culo<\/strong><\/a> originalmente publicado por Gaudium Press<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Aleteia Team As&iacute; como las criaturas presentan reflejos de las infinitas perfecciones divinas, el objeto de toda investigaci&oacute;n cient&iacute;fica debe ser considerado, en primer lugar, un objeto-s&iacute;mbolo de alg&uacute;n atributo del Creador. 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