{"id":30010,"date":"2016-06-11T01:11:54","date_gmt":"2016-06-11T06:11:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/no-quiero-sacrificio-sino-compasion-reflexiones-para-el-inicio-de-la-cuaresma\/"},"modified":"2016-06-11T01:11:54","modified_gmt":"2016-06-11T06:11:54","slug":"no-quiero-sacrificio-sino-compasion-reflexiones-para-el-inicio-de-la-cuaresma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/no-quiero-sacrificio-sino-compasion-reflexiones-para-el-inicio-de-la-cuaresma\/","title":{"rendered":"No quiero sacrificio sino compasi\u00f3n (Reflexiones para el inicio de la&nbsp;Cuaresma)"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Rafael Luciani<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">En la &eacute;poca de Jes&uacute;s, como en la nuestra, lo religioso se discern&iacute;a con base en el rigorismo casu&iacute;stico originado en una moral retributiva. Lo importante era el <em>cumplimiento<\/em>: la participaci&oacute;n en los ritos de purificaci&oacute;n del Templo, las oraciones en la sinagoga, el respeto por las normas de pureza, la puesta en pr&aacute;ctica de los mandamientos; todo esto conformaba un universo religioso que generaba un peso insoportable en las conciencias de muchos que no eran considerados fieles a Dios y se les calificaba como pecadores.<br \/> &nbsp;<br \/> En ese contexto y en contra de lo establecido, Jes&uacute;s dec&iacute;a: \u201c<em>&#8230;aprended lo que significa:<\/em> \u2018<em>Misericordia quiero y no sacrificios\u2019<\/em>, <em>porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores<\/em>\u201d (Mt 9,13). La misericordia, y no las pr&aacute;cticas sacrificiales o devotas, es la relaci&oacute;n por excelencia que nos asemeja a Dios. La expresi&oacute;n latina <em>miserere <\/em>se traduce al espa&ntilde;ol como <em>compasi&oacute;n<\/em> y habla del modo como Dios se revela: \u201c<em>compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y verdad<\/em>\u201d (Ex 34,6\u20118). Es un Dios que \u201cno pide sacrificios\u201d (Sal 50).<br \/> &nbsp;<br \/> A veces llevamos una vida sobrecargada de insatisfacci&oacute;n, amargura, envidia y avaricia, no nos damos cuenta de que vamos caminando cansados y deshumanizando a todo el que encontramos a nuestro alrededor. La propuesta de Jes&uacute;s es muy clara: \u201c<em>Venid a m&iacute;, todos los que est&aacute;is cansados y cargados, y yo os har&eacute; descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de m&iacute;, que soy manso y humilde de coraz&oacute;n; y hallar&eacute;is descanso para vuestras vidas<\/em>\u201d (Mt 11,28-29).<br \/> &nbsp;<br \/> Jes&uacute;s se acercaba diariamente a los que en su ambiente otros calificaban como pecadores y los abrazaba, miraba, tocaba, reconciliaba consigo mismos y con los dem&aacute;s, &nbsp;ense&ntilde;&aacute;ndoles que s&iacute; era posible vivir de otro modo pues Dios estaba con ellos sin pedirles nada a cambio, que Dios acog&iacute;a tanto al victimario y pecador, como a la v&iacute;ctima y justo, para reconciliarlos socialmente (Sal 145, Sal 146). Pero advert&iacute;a que quienes se pensaban a s&iacute; mismos justos y oraban con la soberbia de creer conocer a Dios y ser maestros de los dem&aacute;s, sinti&eacute;ndose ya salvados y due&ntilde;os de Dios (Mt 3,9), ser&iacute;an precisamente los que \u201c<em>recibir&iacute;an mayor rechazo<\/em>\u201d (Mc 12,38-40). Jes&uacute;s nunca oblig&oacute; al otro a que cumpliera con los ritos y las pr&aacute;cticas religiosas establecidas. Lo que atra&iacute;a de &eacute;l era precisamente c&oacute;mo entend&iacute;a el amor: <em>cargar con el otro<\/em>, pero <em>sin descargarse en &eacute;l<\/em>, sin deshumanizarlo; &eacute;l ve&iacute;a al otro como un hijo de Dios y como un hermano suyo, a quien deb&iacute;a devolverle la alegr&iacute;a de vivir.<br \/> &nbsp;<br \/> Tenemos por delante el reto de reconocer que \u201c<em>amar a Dios con todo el coraz&oacute;n<\/em> y con todo el entendimiento y con todas las fuerzas, <em>y amar al pr&oacute;jimo como a uno mismo<\/em>, es <em>m&aacute;s que todos los holocaustos y los sacrificios\u201d&nbsp;(Mc 12,32-34), <\/em>porque quien vive de la compasi&oacute;n no est&aacute; lejos del Reino de Dios, aunque est&eacute; lejos de la Iglesia<em>. <\/em>&iquest;Somos capaces de vivir la compasi&oacute;n como lo m&aacute;s humano que puede brotar de nosotros mismos; vivirla con la \u201c<em>mansedumbre y la benignidad de Cristo<\/em><em>\u201d<\/em> (2 Cor 10,1), entendiendo que tener <em>\u201c<\/em><em>sus mismos sentimientos<\/em>\u201d (Flp 2,5), es ya dar los frutos del Esp&iacute;ritu: \u201c<em>amor, alegr&iacute;a, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de s&iacute;<\/em>\u201d (Gal 5,22-23)? Si a&uacute;n no hemos dado esos frutos es porque seguimos a la b&uacute;squeda del verdadero camino de salvaci&oacute;n que es la compasi&oacute;n.<br \/> &nbsp;<br \/><em><strong>Para contactar al autor:&nbsp;rlteologiahoy@gmail.com,&nbsp;@rafluciani<\/strong><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Rafael Luciani En la &eacute;poca de Jes&uacute;s, como en la nuestra, lo religioso se discern&iacute;a con base en el rigorismo casu&iacute;stico originado en una moral retributiva. 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