{"id":30026,"date":"2016-06-11T01:12:20","date_gmt":"2016-06-11T06:12:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-amor-de-dios-nos-busca-nos-seduce-calla-y-aguarda\/"},"modified":"2016-06-11T01:12:20","modified_gmt":"2016-06-11T06:12:20","slug":"el-amor-de-dios-nos-busca-nos-seduce-calla-y-aguarda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-amor-de-dios-nos-busca-nos-seduce-calla-y-aguarda\/","title":{"rendered":"El amor de Dios nos busca, nos seduce, calla y&nbsp;aguarda"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">A veces tenemos el peligro de pensar que somos invisibles. Hacemos muchas cosas y parece que nadie las ve ni las valora. El problema de la invisibilidad genera mucho stress en el alma, muchas decepciones, mucho dolor y expectativas no satisfechas.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEs verdad que en ocasiones no nos importar&iacute;a ser invisibles, pasar desapercibidos y no llamar la atenci&oacute;n. Son momentos puntuales en los que nos puede la timidez y preferimos no existir para los que nos rodean. El miedo al rid&iacute;culo o el desear que nos dejen tranquilos, vence en esos momentos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPero lo cierto es que <strong>resulta dif&iacute;cil cuando hacemos algo con mucho esfuerzo y entrega, y vemos que nadie lo ve<\/strong>, no somos alabados, nadie nos agradece ni menciona nuestros logros, nadie se acuerda de lo que hemos aportado. Nuestra actuaci&oacute;n no es recordada y a veces parece que no estuvimos cuando cuentan ciertas historias en las que s&iacute; est&aacute;bamos presentes.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa historia se escribe en presente, con los ojos del que la escribe. Es as&iacute; que el pasado pierde color objetivo cuando el que escribe olvida detalles o simplemente los obvia.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPensaba en las grandes catedrales. Obras que dan gloria a Dios y son admiradas por los hombres.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl otro d&iacute;a escuchaba una reflexi&oacute;n al respecto. <strong>Muchas de las grandes catedrales tardaron m&aacute;s de cien a&ntilde;os en ser acabadas<\/strong>. Su construcci&oacute;n dur&oacute; m&aacute;s que la vida de cualquier hombre. <strong>Nadie invirti&oacute; su vida en ellas pensando en ser reconocido un d&iacute;a por su entrega y maestr&iacute;a.<\/strong> <strong>S&oacute;lo Dios guardar&iacute;a sus nombres en su coraz&oacute;n<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPorque en las catedrales no aparecen los nombres de quienes las construyeron. Son autores an&oacute;nimos que enterraron su vida sabiendo que nadie alabar&iacute;a sus vidas por tantos logros a lo largo de los siglos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSimplemente entregaron su vida, su tiempo, su esfuerzo por una obra que quiz&aacute;s nunca ver&iacute;an acabada. Todo para dar gloria a Dios. Mientras tallaban piedras, pensar&iacute;an: &laquo;No estoy tallando piedras, estoy construyendo una gran catedral para Dios&raquo;. <strong>Hac&iacute;an lo que hac&iacute;an no para buscar su propia gloria<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nHace falta tener la mirada puesta en Dios para aceptar el anonimato. El Padre Jos&eacute; Kentenich describe el peligro del hombre moderno hoy: &laquo;El hombre se ha puesto de tal modo en primer plano, que casi puede decirse que va camino de convertirse en el dios del mundo, en el dios de la vida. <strong>El hombre que se ha endiosado ve en la creaci&oacute;n su propio poder<\/strong>&raquo;<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\" title=\"\">[1]<\/a>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEs un hombre que vive con mirada autorreferente. Por eso busca tanto el reconocimiento y la alabanza. <strong>No pone a Dios en el centro, porque en el centro est&aacute; &eacute;l<\/strong>. &iquest;No actuamos as&iacute; nosotros muchas veces? <strong>&iquest;No nos creemos casi dioses?<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>A veces me pregunto si las cosas que hago las hago para dar gloria a Dios o busc&aacute;ndome a m&iacute; mismo. Tal vez es una mezcla<\/strong>, una curiosa combinaci&oacute;n de ambas intenciones. <strong>Las intenciones no suelen ser puras.<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nUno desea un bien y lo persigue. Renuncia en la entrega, ama y busca ser amado. Da y espera recibir algo a cambio. &iquest;Pureza de intenciones? <strong>La santidad es aspirar a hacerlo todo por amor a Dios. Pero el alma se apega a la vida.<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Dios cuenta con nuestra peque&ntilde;ez<\/strong>, sobre ella construye. Se sirve de nuestros propios deseos para un bien m&aacute;s grande. La verdad es que nosotros s&iacute; esperamos el reconocimiento, <strong>mendigamos gotas de cari&ntilde;o<\/strong>, anhelamos abrazos que nos alienten y aplausos que nos animen a seguir.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl desierto nos parece intransitable y <strong>confundimos torpemente la fecundidad con el &eacute;xito<\/strong>. Nos preguntamos muchas veces, tal vez demasiadas: &iquest;c&oacute;mo me siento? Y perdemos la estela de Dios mirando nuestro ombligo. &iquest;Qu&eacute; necesito yo, d&oacute;nde puedo dar m&aacute;s, qu&eacute; me hace feliz?<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nGiramos, como una peonza sin rumbo, desquiciados a veces, abrumados, en una espera eterna por lograr la paz que no llega. Queremos querer, queremos ser queridos, respetados, amados, encontrados, visibles, recordados. Queremos dejar huella, que se note nuestro paso.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>No nos paramos a ver lo que el otro desea, lo que le hace feliz<\/strong>, lo que necesita y le alegra. Nos molesta la invisibilidad. La propia, la de los otros nos importa menos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Tambi&eacute;n nosotros ignoramos a los dem&aacute;s<\/strong>, no los tomamos en cuenta, olvidamos que estaban, no agradecemos su entrega.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEs verdad que <strong>s&oacute;lo para Dios nunca somos invisibles. Para &Eacute;l todos importamos<\/strong>, somos fundamentales y la vida sin nosotros no ser&iacute;a igual. A&uacute;n as&iacute;, no nos basta. &iquest;Por qu&eacute;? Somos visibles para &Eacute;l hagamos lo que hagamos y <strong>nuestras obras, por peque&ntilde;as que sean, son vistas por &Eacute;l y guardadas con alegr&iacute;a en su inmenso coraz&oacute;n<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSe enorgullece de nosotros. Nos invita a estar con &Eacute;l cada d&iacute;a. Quiere que descansemos en &Eacute;l y llevemos su yugo que es suave. Y nosotros buscamos otros yugos m&aacute;s pesados, glorias pasajeras, &eacute;xitos vanos, esfuerzos que buscan recompensas.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa <strong>santa indiferencia<\/strong> es la actitud de aquel que sabe que <strong>todo es para un bien mayor<\/strong>, para una gloria m&aacute;s grande. El santo de la vida diaria, que vive anclado en Dios, <strong>descansa en &Eacute;l y as&iacute; vive con paz.<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNosotros, lejos de Dios muchas veces, <strong>buscamos a Dios, pero nos quedamos en las obras que pasan.<\/strong> Buscamos ser visibles, recordados, admirados. Cualquier gesto de indiferencia nos descompone. La invisibilidad nos asusta. Tememos dejar de estar cuando s&iacute; que estamos. Nos imaginamos un mundo indiferente que no recuerda nuestra existencia, cuando ya no estemos. Nos duele ese anonimato, ese olvido.<br \/>\n<strong>Lo que nos da la paz verdadera es saber que estamos construyendo para la eternidad<\/strong>, y no s&oacute;lo para los pr&oacute;ximos a&ntilde;os. Aunque perdemos la paz contando monedas, confiando en el d&iacute;a que llega, temiendo la tormenta que amenaza, haciendo planes humanos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nVivimos sin ra&iacute;ces, sin anclaje en Dios, asustados por un posible rechazo. Y olvidamos lo que de verdad nos alegra el coraz&oacute;n, lo ensancha y le da luz. S&iacute;, <strong>olvidamos ese amor de Dios que nos busca, nos seduce, calla y aguarda a nuestra puerta.<\/strong> Las obras de este mundo son caducas y no calman la sed de infinito que todos tenemos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nHoy el Evangelio comienza con una llamada a mirar al interior, a lo profundo, m&aacute;s all&aacute; de lo que se ve: &laquo;En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos.&nbsp;Jes&uacute;s les dijo: -Esto que contempl&aacute;is, llegar&aacute; un d&iacute;a en que no quedar&aacute; piedra sobre piedra: todo ser&aacute; destruido&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl principito de Antoine de Saint-Exupery dec&iacute;a: &laquo;Lo esencial es invisible a los ojos&raquo;. Jes&uacute;s critica la mirada superficial. <strong>No le parece mal que alaben la belleza del templo, lo que critica es que miran la belleza por fuera<\/strong>. Jes&uacute;s dice que eso pasar&aacute;, que se destruir&aacute;. Que esa belleza no tiene importancia porque pasa, es caduca.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>La verdadera belleza del templo no se ve, est&aacute; escondida, como todo lo importante. Jes&uacute;s nos llama a mirar dentro<\/strong>, a ver la belleza detr&aacute;s de lo gris, la esperanza detr&aacute;s de lo feo. La belleza escondida en el coraz&oacute;n, en el nuestro y en el de los otros.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLas obras de los hombres pasan y mueren, acaban siendo olvidadas cuando ellos ya no est&aacute;n. Aunque sean grandes templos y catedrales construidas a lo largo de muchos a&ntilde;os. Obras magn&iacute;ficas con fecha de caducidad.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNuestra mirada es superficial con frecuencia, nos preocupan las cosas del presente. <strong>Vivimos con ansiedad y stress tratando de resolver todos los desaf&iacute;os del tiempo presente<\/strong>, todos los temas pendientes. Cuidamos la belleza superficial y pasajera.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>&iquest;Quedar&aacute; piedra sobre piedra de aquello que con tanto esfuerzo hemos levantado?<\/strong> &iquest;Y si dentro de cien a&ntilde;os no queda nada? &iquest;Habr&aacute; valido la pena nuestra vida? A veces es como si lo que hacemos, lo que nos ocupa y preocupa, lo que nos inquieta y quita la paz, fuera definitivo, para siempre.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNos olvidamos de lo m&aacute;s importante: es obra de Dios. <strong>Todo es obra de Dios<\/strong>. La misma Iglesia, signo y presencia de su amor en el mundo, es su obra, no la nuestra, es su Reino en la tierra. &iexcl;Cu&aacute;ntas cosas han existido durante siglos y despu&eacute;s han desaparecido!<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nDec&iacute;a el Papa Francisco en Brasil en la Jornada Mundial de la Juventud 2013: &laquo;La gran tentaci&oacute;n de la Iglesia es tener luz propia y dejar de ser ese &lsquo;<em>misterium lunae&rsquo;<\/em> del que nos hablaban los Santos Padres. El misterio de la luna.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSe vuelve cada vez m&aacute;s autorreferencial y se debilita su necesidad de ser misionera. De &lsquo;Instituci&oacute;n&rsquo;, fundada por Jesucristo, se transforma en &lsquo;Obra&rsquo;. Deja de ser Esposa para terminar siendo Administradora; de Servidora se transforma en &lsquo;Controladora&rsquo;&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Se trata de que nuestra Iglesia llegue a ser una &laquo;Iglesia Esposa, Madre, Servidora, facilitadora de la fe y no tanto controladora de la fe&raquo;. <\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNosotros, cuando perdemos la tensi&oacute;n de ser s&oacute;lo el reflejo de Cristo, y pensamos que brillamos con luz propia, dejamos de tener la conciencia de instrumentos, dejamos de ser d&oacute;ciles al querer de Dios para erigirnos en la voz misma de Dios.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Nuestra vida es una vida de alianza con Dios y con Mar&iacute;a. Estamos para lo que ellos quieran, lo dem&aacute;s no importa<\/strong>. Ni siquiera si es el lugar en el que estamos el m&aacute;s importante, o el que m&aacute;s nos llena, o el que saca a la luz toda nuestras potencialidades. &iexcl;Cu&aacute;ntas personas hoy no viven una vida plena!<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa pregunta siempre vuelve al coraz&oacute;n: <strong>&iquest;es posible vivir una vida plena, con sentido aqu&iacute; en la tierra?<\/strong> Vivimos obsesionados con que todo lo que hagamos tenga sentido, sea definitivo y nos llene el alma. Queremos ser felices.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nTomamos decisiones torpemente y nos gusta la belleza superficial de nuestra vida. Querr&iacute;amos construir catedrales eternas. <strong>Nos olvidamos de nuestra vocaci&oacute;n: somos s&oacute;lo instrumentos<\/strong>, aliados de Dios.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNo es nuestra obra lo que importa, no es tan fundamental nuestro nombre. <strong>Servimos todo el tiempo que Dios quiera que sirvamos<\/strong>. Luego dejar&aacute;n de admirarnos, nos olvidar&aacute;n, y nuestra semilla enterrada habr&aacute; merecido la pena.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Nuestra vida aqu&iacute; en la tierra s&iacute; importa<\/strong>. Aunque las obras pasen y sean olvidadas. <strong>Estamos construyendo para el cielo. Eso es una vida plena<\/strong>. Sembramos para la eternidad. Es lo &uacute;nico importante.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Todo lo que hacemos es para que nuestra vida sea la suya. Cristo se hace carne en nosotros, en nuestras obras, cuando est&aacute;n movidas por el amor.<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl otro d&iacute;a una persona describ&iacute;a as&iacute; su aspiraci&oacute;n: &laquo;En mi interior hay muchas tormentas que quisiera controlar pero es muy dif&iacute;cil, entonces s&oacute;lo debo esperar confiada que T&uacute;, desde lo alto, las calmes. &iexcl;Qu&eacute; f&aacute;cil ser&iacute;a ser un t&iacute;tere movido a tu antojo! As&iacute; quisiera ser yo contigo para no equivocarme, pero no es esa tu voluntad. Quieres que vea y escoja, deseas que me decante por lo que T&uacute; tienes previsto y yo no siempre veo. Amar requiere esfuerzo y constancia en almas como la m&iacute;a, hay quienes poseen el amor como don y les cuesta menos esfuerzos. Los que no tenemos tan claro ese don debemos plantarlo y cultivarlo, convertirlo en virtud y pedir que se convierta en don&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNos desvelamos y agotamos tratando de que figuren nuestros nombres, cuando es el suyo el que tiene que figurar. <strong>El amor es lo que vale. <\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Cristo es el importante<\/strong> y su amor nos ense&ntilde;a a amar. Nuestros nombres est&aacute;n inscritos en el coraz&oacute;n de Cristo, en su herida, all&iacute; donde s&iacute; importa que est&eacute;n.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nTal vez hoy nadie quiere hacer grandes catedrales porque exigen demasiado tiempo y el anonimato no nos gusta tanto. La creatividad quiere ser reconocida y admirada, los artistas estampan sus nombres en sus obras de arte. Obras que muchos admiran. Ser an&oacute;nimos es sin&oacute;nimo de olvido. Un amor que sirve escondido nos parece imposible. Pero nosotros somos cristianos y nuestra mirada sobre la vida tendr&iacute;a que ser diferente. Mar&iacute;a da a luz a Cristo en nosotros cuando nos dejamos hacer, cuando rompemos las barreras y los frenos que llevamos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLos m&aacute;rtires de los primeros siglos, cuando eran preguntados por sus nombres, respond&iacute;an simplemente: Soy cristiano. Eran <strong>cristianos an&oacute;nimos, eso bastaba<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSi nos dejamos y nos entregamos a Dios, seremos lo que &Eacute;l quiere que seamos. En nuestra originalidad reflejaremos el rostro de Cristo, seremos <strong>cristianos con la impronta original con la que Dios nos ha marcado<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Cuando el amor de Cristo est&aacute; presente en nuestra vida, logramos cambiar la mirada<\/strong>. En nuestro trabajo, en nuestra familia, en nuestros c&iacute;rculos sociales <strong>acabaremos haciendo las cosas nuevas<\/strong>, como Cristo. Los cristianos somos capaces de crear una nueva cultura con un profundo sello mariano y cristiano.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLas catedrales fueron un signo de esa fuerza creativa del cristiano. Siempre ha sido as&iacute; a lo largo de la historia. <strong>Una cultura marcada por el amor de Dios se manifiesta en obras que se prolongan en el tiempo<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&iquest;Cu&aacute;les son esas grandes catedrales que hoy construimos como hombres an&oacute;nimos? Se trata de <strong>ayudar a forjar un mundo en el que Cristo est&eacute; presente<\/strong>. Una cultura marcada por el amor de Dios, una cultura nueva que viva de la alianza de Dios con el hombre, de Mar&iacute;a con nosotros.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Mar&iacute;a hace posible una forma nueva de mirar la realidad en su globalidad y no de forma compartimentada.<\/strong> Por eso aspiramos a una santidad que abarque todas las facetas de nuestra vida, como dec&iacute;a Santa Teresita del Ni&ntilde;o Jes&uacute;s: &laquo;Quiero ser santa, pero no a medias, sino completamente&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Dios no puede quedar reducido a ciertos &aacute;mbitos de nuestra vida<\/strong>. Es necesario que lo penetre todo, que lo transforme todo.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLos primeros cristianos lo ten&iacute;an claro, ellos quer&iacute;an ser santos. No a medias, no s&oacute;lo por un tiempo. Quer&iacute;an a Dios para siempre. Echaban ra&iacute;ces y no se preguntaban cada ma&ntilde;ana si su vida era o no una vida plena.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNo les importaba tanto que sus nombres quedaran escritos en la historia. Sab&iacute;an que su sangre derramada en silencio era semilla de nuevos cristianos. Y esa libertad interior ante su propia vida era lo que les daba una santa indiferencia en toda circunstancia.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNo pensaban que pod&iacute;an hacerlo todo bien, porque no se sent&iacute;an capaces. M&aacute;s bien quer&iacute;an <strong>vivir con el Se&ntilde;or para siempre, a su lado, siguiendo sus deseos, obedeciendo sus insinuaciones<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEllos se llamaban los unos a los otros los santos, porque la luz de Cristo estaba en sus corazones. Y no lo hac&iacute;an con vanidad, sino con humildad, porque la santidad era ese don, esa gracia, esa luz con la que Cristo los revest&iacute;a cuando le abr&iacute;an el alma. Marcaron una cultura. Hicieron las cosas nuevas, en el Esp&iacute;ritu del Se&ntilde;or.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn ese deseo por ser santos, el hombre muchas veces se obsesiona pensando en el futuro. Quiere saber cu&aacute;ndo y c&oacute;mo van a ser las cosas en el futuro. A todos nos gustar&iacute;a conocer el futuro, descubrir el camino, entender todas las palabras reveladas por Dios y saber en cada caso c&oacute;mo actuar.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nComo los disc&iacute;pulos en el Evangelio: &laquo;Ellos le preguntaron: -Maestro, &iquest;Cu&aacute;ndo va a ser eso?, &iquest;y cu&aacute;l ser&aacute; la se&ntilde;al de que todo eso est&aacute; para suceder?&raquo;. La misma pregunta que inquieta muchos corazones que buscan respuestas, que quieren descubrir c&oacute;mo va a actuar Dios en cada momento.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEllos quer&iacute;an saber cu&aacute;ndo dejar&aacute;n de ser importantes esas piedras maravillosas. Nosotros queremos saber cu&aacute;ndo dejaremos de ser utilizados por Dios. <strong>Nos inquieta el futuro, lo que no conocemos, lo que nos da miedo<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nHoy nos responde el Se&ntilde;or: &laquo;&Eacute;l contest&oacute;: &#8211; Cuidado con que nadie os enga&ntilde;e. Porque muchos vendr&aacute;n usurpando mi nombre, diciendo: -Yo soy, o bien: -El momento est&aacute; cerca; no vay&aacute;is tras ellos. Cuando oig&aacute;is noticias de guerras y de revoluciones, no teng&aacute;is p&aacute;nico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendr&aacute; en seguida. Luego les dijo: &#8211; Se alzar&aacute; pueblo contra pueblo y reino contra reino, habr&aacute; grandes terremotos, y en diversos pa&iacute;ses epidemias y hambre. Habr&aacute; tambi&eacute;n espantos y grandes signos en el cielo&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLos domingos con los que acaba el a&ntilde;o lit&uacute;rgico, antes del comienzo del Adviento, tienen un tinte apocal&iacute;ptico. Los textos apocal&iacute;pticos, m&aacute;s que pretender dar datos exactos del futuro, s&oacute;lo quer&iacute;an darle esperanza al hombre que viv&iacute;a angustiado ante tantos peligros.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEs cierto que <strong>el hombre quiere conocer el futuro, saber c&oacute;mo ha de actuar<\/strong>. Dice el Papa Francisco al respecto: &laquo;El esp&iacute;ritu de curiosidad no es un buen esp&iacute;ritu. Es el esp&iacute;ritu de la dispersi&oacute;n, de alejarse de Dios, de hablar demasiado. Jes&uacute;s nos dice que <strong>ese esp&iacute;ritu de curiosidad es mundano y nos lleva a la confusi&oacute;n<\/strong>. No busqu&eacute;is novedades con esa curiosidad mundana&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNos gustar&iacute;a recibir mensajes de Dios continuamente para calmar la ansiedad. Mensajes claros de esperanza. Pero, como dice el Padre Kentenich: &laquo;Dios exige la entrega total de toda la persona: de la inteligencia, de la voluntad y del coraz&oacute;n. Significa renunciar a una claridad sin nubes, a la seguridad y al amparo terrenales&raquo;<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\" title=\"\">[2]<\/a>. Significa aprender a vivir sin seguridades terrenas.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nAnclados en el cielo, sujetos a Dios, haci&eacute;ndonos d&oacute;ciles a la voluntad de Dios como puntualiza el Padre Kentenich: &laquo;Ser como una plumita bajo el soplo del Esp&iacute;ritu Santo, una peque&ntilde;a pluma que reacciona, d&oacute;cilmente, al menor soplo. Naturalmente ello presupone que la plumilla no est&eacute; mojada. Si lo estuviere ofrecer&aacute; resistencia al aliento de Dios&raquo;<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\" title=\"\">[3]<\/a>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPara ello <strong>es importante pensar en presente, construir de la mano de Dios y soltarnos, para que Dios pueda llevarnos donde &Eacute;l quiera<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl otro d&iacute;a una persona comentaba: &laquo;Siempre me he visto como una hoja ca&iacute;da de un &aacute;rbol que el viento llevaba donde quer&iacute;a. Ahora quiero que esa misma hoja sea llevada por el viento del Esp&iacute;ritu&raquo;. Me pareci&oacute; una imagen muy bonita. As&iacute; deber&iacute;amos ser todos para acoger sin miedo en el alma el querer de Dios.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl Evangelio describe hoy desgracias y persecuciones. La traici&oacute;n, el desprecio, el rechazo de los hombres: &laquo;Pero antes de todo eso os echar&aacute;n mano, os perseguir&aacute;n, entreg&aacute;ndoos a las sinagogas y a la c&aacute;rcel, y os har&aacute;n comparecer ante reyes y gobernadores, por causa m&iacute;a. As&iacute; tendr&eacute;is ocasi&oacute;n de dar testimonio.Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionar&aacute;n, y matar&aacute;n a algunos de vosotros, y todos os odiar&aacute;n por causa m&iacute;a&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEs un mensaje duro, inc&oacute;modo, desconcertante. <strong>So&ntilde;amos con la vida y el cielo, con la paz y la esperanza. Tenemos miedo de un futuro lleno de desgracias<\/strong>. <strong>Dios nos dice: &laquo;No temas, Yo estoy contigo&raquo;. Es un lenguaje misterioso y lleno de esperanza<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEs lo mismo que le dijo el &Aacute;ngel a Mar&iacute;a: &laquo;No temas, Mar&iacute;a&raquo;, cuando se turb&oacute; ante lo desconocido. Lo mismo que le dijeron los &aacute;ngeles a los pastores, cuando se asustaron por esa presencia que romp&iacute;a la rutina de su trabajo: &laquo;No tem&aacute;is, os anuncio una gran alegr&iacute;a&raquo;. Lo mismo que Jes&uacute;s les dijo a los ap&oacute;stoles cuando le vieron venir caminando sobre las aguas y pensaban que era un fantasma: &laquo;No tem&aacute;is, soy Yo&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEse &laquo;soy Yo&raquo; calm&oacute; su miedo. No estaban solos frente a la tempestad. Si era Jes&uacute;s ya no ten&iacute;an por qu&eacute; temer. <strong>Si &Eacute;l estaba a su lado ya no hab&iacute;a que agobiarse<\/strong>. &laquo;Que no tiemble vuestro coraz&oacute;n ni se acobarde&raquo;, les dice en el Cen&aacute;culo cuando la angustia de perder a Jes&uacute;s y quedarse solos los abruma.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nY despu&eacute;s de resucitado disipa sus miedos cuando est&aacute;n encerrados por miedo a los jud&iacute;os. Les muestra sus heridas para que sepan que es &Eacute;l, que est&aacute;n a salvo, que nunca les va a dejar. <strong>Dios nos cuida tanto, nos tiene tanto amor, que nada nos puede pasar<\/strong>. Hoy nos lo recuerda para que no lo olvidemos: &laquo;Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecer&aacute;&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEs la verdad cotidiana: todos tenemos miedo. Caminamos con miedos. A veces agarrotados por el miedo. Tenemos miedo al futuro, a fallar a los nuestros, al vac&iacute;o, a la enfermedad, a perder lo que amamos. Tememos no poder mantener a nuestra familia. Tememos la muerte, la soledad, el fracaso, llegar a sentir que la vida no tiene sentido.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSabemos cu&aacute;les son los miedos que llevamos en el alma. <strong>Los miedos hablan mucho de c&oacute;mo somos. <\/strong>Pueden ser miedos ego&iacute;stas o miedos por amor. <strong>Es bueno nombrarlos, porque, de alguna forma, se hacen menos oscuros si los reconocemos y los entregamos<\/strong>. <strong>A veces tambi&eacute;n cont&aacute;rselos a otra persona nos puede ayudar. Los escribimos y los dejamos a los pies de Mar&iacute;a<\/strong> en el Santuario.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nConfiamos, queremos aprender a confiar y a abandonarnos. Saber que Jes&uacute;s va con nosotros, nos sostiene, nos alienta, nos da la vida.<strong> Tal vez no desaparece el miedo, pero se hace m&aacute;s peque&ntilde;o, menos poderoso<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nTodos queremos ser felices y por eso tememos no llegar a serlo. <strong>Jes&uacute;s tambi&eacute;n tuvo miedo. Nos comprende.<\/strong> Sabe lo que es temer al futuro incierto, conoce el miedo al dolor, a perder a sus amigos, a que los suyos no fueran felices.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&Eacute;l sabe c&oacute;mo es la angustia y las preguntas, la oscuridad y la incertidumbre. Por eso hoy nos dice que ni siquiera es importante preparar la defensa cuando surjan situaciones que nos asustan: &laquo;Haced prop&oacute;sito de no preparar vuestra defensa, porque Yo os dar&eacute; palabras y sabidur&iacute;a a las que no podr&aacute; hacer frente ni contradecir ning&uacute;n adversario vuestro&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNos dar&aacute; su Esp&iacute;ritu, estar&aacute; con nosotros, alentar&aacute; nuestro caminar. &Eacute;l conoce el anhelo humano de retener los momentos de alegr&iacute;a para que sean eternos. Conoce la nostalgia, la sed de amar, conoce la preocupaci&oacute;n y tambi&eacute;n esa pasi&oacute;n por la vida que siempre sorprende y es nueva.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNo hay nada humano en nosotros que &Eacute;l no reconozca como algo propio. <strong>No hay nada humano en nosotros que no le importe y que no cargase ya sobre &Eacute;l camino al Calvario<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&Eacute;l <strong>nos espera tal como somos. En &Eacute;l siempre podemos reposar nuestros miedos, y contarle. Nos comprende<\/strong>. Le pedimos que nos regale su actitud en Getseman&iacute;, en medio de su angustia y de su miedo.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&Eacute;l fue capaz de entregar su vida, de postrarse, de dar un salto de confianza, de decir que s&iacute; a la voluntad del Padre. Parece imposible. Cuando parece que Dios no est&aacute;, que se ha ido, que est&aacute; ausente, que no existe o que est&aacute; lejos mirando como espectador, ah&iacute; es donde Jes&uacute;s nos dice que <strong>nos sostendr&aacute;<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nY nos pide que creamos, que confiemos. Dec&iacute;a el Padre Kentenich: &laquo;Tenemos que contemplar a Dios a la luz de la fe. Hay que contemplarlo en s&iacute; mismo y all&iacute; donde &Eacute;l nos salga al encuentro.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>En virtud de la luz de la fe podemos mirar a trav&eacute;s del hombre como a trav&eacute;s de un cristal y vislumbrar en su coraz&oacute;n al Dios Trino.<\/strong> S&oacute;lo la luz de la fe da calor y claridad.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nTodo acontecimiento debe ser visto a la luz de la fe como un regalo y una petici&oacute;n de amor por parte del Padre del cielo&raquo;<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\" title=\"\">[4]<\/a>. <strong>En medio de nuestro agobio, ah&iacute; est&aacute; m&aacute;s que nunca y ah&iacute; quiere que nos arrojemos en sus brazos<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNos dice que no tengamos p&aacute;nico, que saltemos sin temor. Ni uno solo de nuestros cabellos perecer&aacute;. Esa frase habla de su cuidado paternal, de su ternura, de su preocupaci&oacute;n hasta de lo m&aacute;s peque&ntilde;o, de lo m&aacute;s cotidiano.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn ese momento dif&iacute;cil nos protege, nos cuida. No siempre lo vemos, es verdad. Nos dice que no temamos. &iexcl;Qu&eacute; alivio escuchar eso! Tantas veces le pedimos que nos solucione la vida, que evite esas situaciones dif&iacute;ciles y nos libre de ellas.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNo quedaremos libres del sufrimiento, pero lo que s&iacute; nos promete Jes&uacute;s es que estar&aacute; con nosotros m&aacute;s que nunca y nos dar&aacute; palabras cuando no sepamos qu&eacute; decir. &Eacute;l nos dar&aacute; esperanza cuando no veamos nada claro. Dec&iacute;a el Papa Francisco: &laquo;Esperanza es la virtud del que, experimentando el conflicto, la lucha cotidiana entre la vida y la muerte, entre el bien y el mal, cree en la resurrecci&oacute;n de Cristo, en la victoria del amor&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nQuiere que no nos agobiemos por tantas cosas que no podemos controlar, nos dice que no nos pasar&aacute; nada si lo dejamos todo en sus manos, porque &Eacute;l siempre sacar&aacute; lo mejor de cada situaci&oacute;n. &Eacute;l sufrir&aacute; a nuestro lado, abrazado a nosotros, sosteni&eacute;ndonos. S&oacute;lo Dios es capaz de sacar algo bueno de situaciones dif&iacute;ciles.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nHoy nos pide el Se&ntilde;or que perseveremos: &laquo;Con vuestra perseverancia salvar&eacute;is vuestras almas&raquo;. Lucas 21, 5-19. Se trata de perseverar en lo importante, en el amor, en la generosidad, en la escucha de la palabra de Dios.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nDios nos necesita, sin nosotros no puede hacer nada. Necesita nuestra peque&ntilde;ez y nuestra fr&aacute;gil fidelidad. Sabe que estamos llamados a mantenernos firmes en los momentos dif&iacute;ciles, en esos momentos de oscuridad.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSabe que podemos confiar aunque nos duela. Sabe que nuestro dolor es grande muchas veces y nos pedir&aacute; permanecer y perseverar. Quiere que estemos ah&iacute;, como Mar&iacute;a al pie de la cruz, firme, orante, herida.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nMiramos a Mar&iacute;a en silencio. Ella es la expresi&oacute;n de la fidelidad. Creo que es importante <strong>cultivar nuestro jard&iacute;n<\/strong> interior para que, en los momentos duros de Getseman&iacute;, el viento no se lleve todo lo que fue importante en los momentos de Tabor.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSi nuestra vida no tiene ra&iacute;ces profundas, las cosas se escapar&aacute;n de nuestro interior cuando menos lo esperemos.<strong> A veces las cosas se han pegado tan solo sobre la piel. Por eso es tan importante aprender a cuidar nuestra vida interior. &iquest;C&oacute;mo cuidamos nuestra alma?<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Esa belleza de la que habla Jes&uacute;s, que va m&aacute;s all&aacute; de lo exterior, de los exvotos y las piedras preciosas del templo, es la belleza de nuestro propio coraz&oacute;n.<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSiempre he admirado a las personas fieles. A aquellos que perseveran en su camino de amor a lo largo de a&ntilde;os. A aquellos que mantienen lo que dicen aunque el sentimiento no siempre les acompa&ntilde;e. A aquellos que est&aacute;n a nuestro lado cuando hay alegr&iacute;a y cuando las cosas son dif&iacute;ciles.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nTodos hemos experimentado, en el fracaso o en la enfermedad, o cuando nos confundimos y no hacemos las cosas bien, o cuando fallamos y no somos tan buena compa&ntilde;&iacute;a, que hay personas que se alejan, que se cansan o se decepcionan.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPero tambi&eacute;n hay otras que permanecen, que est&aacute;n m&aacute;s que nunca a nuestro lado. Eso nos sana, porque reconocemos el amor de verdad, el amor hasta el extremo, <strong>el amor generoso, sin condiciones, desinteresado. Un amor que nos habla del amor de Dios<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Ese amor sana las heridas. Es el amor probado, el amor purificado, el amor verdadero que se expresa en hechos<\/strong>. El amor acrisolado en la prueba, que permanece con el paso del tiempo. Un amor a prueba de fuego, de cat&aacute;strofes.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nAdmiro a <strong>las personas que mantienen su s&iacute; en los momentos de desierto, de sequedad, de dolor. Son personas en las que siempre nos podemos apoyar<\/strong>. Ojal&aacute; nosotros seamos as&iacute; para otros. Una roca firme, s&oacute;lida, que siempre va a estar ah&iacute;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nJes&uacute;s hoy nos anima a <strong>perseverar<\/strong> en el amor. &Eacute;l siempre est&aacute; a nuestro lado. Y nos ense&ntilde;a a mantener nuestro s&iacute; en la oscuridad. Nunca nos deja. Pase lo que pase, hagamos lo que hagamos. No tenemos que ser exitosos para que nos ame, no tenemos que llevar ante &Eacute;l todo bien hecho para que nos felicite.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&Eacute;l nos abraza tal como somos y est&aacute; deseando que le abramos la puerta en el dolor para calmarnos, para que descarguemos todo en &Eacute;l. Y, en esos momentos, &Eacute;l ser&aacute; la roca que nos sostendr&aacute; y nos ayudar&aacute; a sostener a otros.<\/p>\n<div>\n<hr align=\"left\" size=\"1\" width=\"33%\" \/>\n<div id=\"ftn1\">\n\t\t<a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\" title=\"\">[1]<\/a> Jos&eacute; Kentenich, &ldquo;Dios presente&rdquo;. Texto197<\/div>\n<div id=\"ftn2\">\n\t\t<a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\" title=\"\">[2]<\/a> Jos&eacute; Kentenich, &ldquo;Dios presente&rdquo;, 175<\/div>\n<div id=\"ftn3\">\n\t\t<a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\" title=\"\">[3]<\/a> Jos&eacute; Kentenich, &ldquo;Dios presente&rdquo;, Texto 195<\/div>\n<div id=\"ftn4\">\n\t\t<a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\" title=\"\">[4]<\/a> Jos&eacute; Kentenich, &ldquo;Ni&ntilde;os ante Dios&rdquo;, 140<\/div>\n<\/div>\n<p align=\"justify\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban A veces tenemos el peligro de pensar que somos invisibles. Hacemos muchas cosas y parece que nadie las ve ni las valora. El problema de la invisibilidad genera mucho stress en el alma, muchas decepciones, mucho dolor y expectativas no satisfechas. &nbsp; Es verdad que en ocasiones no nos importar&iacute;a ser &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-amor-de-dios-nos-busca-nos-seduce-calla-y-aguarda\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abEl amor de Dios nos busca, nos seduce, calla y&nbsp;aguarda\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-30026","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30026","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=30026"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30026\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=30026"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=30026"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=30026"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}