{"id":30031,"date":"2016-06-11T01:12:28","date_gmt":"2016-06-11T06:12:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/dios-no-es-un-gran-hermano-su-mirada-no-es-la-de-un-juez-implacable\/"},"modified":"2016-06-11T01:12:28","modified_gmt":"2016-06-11T06:12:28","slug":"dios-no-es-un-gran-hermano-su-mirada-no-es-la-de-un-juez-implacable","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/dios-no-es-un-gran-hermano-su-mirada-no-es-la-de-un-juez-implacable\/","title":{"rendered":"Dios no es un &#8220;Gran Hermano&#8221;: su mirada no es la de un juez&nbsp;implacable"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Dimensione Speranza<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"><em><strong>Por Fausto Ferrari<\/strong><\/em><\/p>\n<p align=\"justify\">Seg&uacute;n el fil&oacute;sofo franc&eacute;s Jean-Paul Sartre, la mirada del otro hiere, es peligrosa, mata. &ldquo;A trav&eacute;s de la mirada del otro vivo como fijo en el mundo, como en peligro, como irremediable&rdquo; (1). La mirada representa una amenaza, hace experimentar la verg&uuml;enza, es &ldquo;una destrucci&oacute;n de toda objetividad para m&iacute;&rdquo;.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\">Las conclusiones de Sartre en su an&aacute;lisis reconducen a un trasfondo irreconciliable: &ldquo;El otro puede existir para nosotros bajo dos aspectos: si lo escucho con claridad, no llego a conocerlo; si lo conozco, si act&uacute;o sobre &eacute;l, alcanzo solo su ser-objeto y su existencia probable en el mundo; ninguna s&iacute;ntesis de estas dos formas es posible&rdquo;.<\/p>\n<p align=\"justify\">Estas reflexiones sartrianas se desarrollaron en los a&ntilde;os 40 del pasado siglo, en el comienzo de la afirmaci&oacute;n de la sociedad de la imagen. Hoy estamos perennemente bajo la mirada de las telec&aacute;maras, de las c&aacute;maras de vigilancia, de los objetivos fotogr&aacute;ficos digitales. Por lo que sabemos nuestra imagen, nuestras acciones y nuestras costumbres son registradas por soportes magn&eacute;ticos o electr&oacute;nicos. Para entrar en una casa, en un edificio, debemos pasar por la mirada de una videoc&aacute;mara. Y la videoc&aacute;mara, a la vez que nos permite ver a las personas con las que estamos hablando aunque est&eacute;n lejos, al mismo tiempo nos da una sensaci&oacute;n indefinida, un estar expuestos a una especie de vigilancia. Pero incluso quien est&aacute; continuamente expuesto a la mirada de los dem&aacute;s, porque forma parte de la realidad profesional que ha desarrollado (actores y personajes del mundo del espect&aacute;culo), termina teniendo reacciones imprevistas ante la continua invasi&oacute;n de fot&oacute;grafos y paparazzi. Da la sensaci&oacute;n de que no podemos hacer nada, solo permanecer bajo esta invasiva, omnipresente mirada electr&oacute;nica.<\/p>\n<p align=\"justify\">Hace tiempo, un chico particularmente sensible a todo lo que ten&iacute;a que ver con la vigilancia me se&ntilde;alaba continuamente, cuando &iacute;bamos por la calle, las distintas videoc&aacute;maras colocadas en diversos puntos de la ciudad. Para m&iacute; eran objetos imperceptibles, pero no para &eacute;l.<strong> Esta continua extensi&oacute;n de la mirada de los dem&aacute;s, a trav&eacute;s de la electr&oacute;nica y de la inform&aacute;tica, produce cambios sensibles en nuestro modo de vivir. Estamos cada vez m&aacute;s atentos a la imagen que provocamos en los dem&aacute;s. <\/strong>Y si hoy nos arriesgamos a sentirnos vivos solo cuando nuestra imagen es reflejada de alguna manera, al mismo tiempo nosotros nos convertimos en los temas que se reproducen en continua manipulaci&oacute;n ya que nos sentimos obligados continuamente a ser lo que los dem&aacute;s perciben. Cosa que es sofocante y angustiosa.<\/p>\n<p align=\"justify\">Parece que hoy ya no nos podamos liberar de esta sensaci&oacute;n. El gran hermano se convierte en espect&aacute;culo, escenario construido para coronar la invasi&oacute;n de las telec&aacute;maras en la vida cotidiana y privada, casi una manera de equilibrar la invasi&oacute;n a la que nosotros estamos sometidos, con la ilusi&oacute;n de convertirnos en espectadores &ldquo;detr&aacute;s de una puerta, mirando por el ojo de una cerradura&quot;. <strong>Nos convertimos en una masa de mirones, obsesionados en disfrutar las im&aacute;genes de los dem&aacute;s, o a su vez, proveyendo de nuestras im&aacute;genes, pero incapaces de comunicar directamente, sabiendo sostener el encuentro f&iacute;sico, emotivo, experiencial.<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">En el Occidente cristiano, en el transcurso de los siglos, se ha ido afirmando una representaci&oacute;n de Dios como un ojo inscrito en un tri&aacute;ngulo. Mientras que el tri&aacute;ngulo se refiere a la idea de la Trinidad, el ojo quiere destacar la presencia constante de Dios. Todas las cosas quedan bajo la mirada de Dios. A diferencia del Oriente cristiano, que le ha dado m&aacute;s importancia a la simbolog&iacute;a trinitaria en la representaci&oacute;n apof&aacute;tica de los tres &aacute;ngeles en el Encinar de Mambre, la imagen preferida por Occidente termina por convertirse en un inminente, irremediable, omnipresente juicio divino sobre la acci&oacute;n humana. <strong>Muchas personas se ven afectadas por esta imagen. No sienten solo temor, tambi&eacute;n miedo. Con esta imagen Dios se convierte en el asfixiante, invasivo, limitador. <\/strong>Es preferible estar lejos, permanecer fuera de esta mirada, intentar que no nos vea. Dios, en vez de ser una persona a conocer, se convierte en objeto del que mantenerse lejos.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Las experiencias humanas del enamoramiento y del amor nos ofrecen la posibilidad de comprender otra perspectiva de nuestro ser en relaci&oacute;n con Dios. El enamoramiento y el amor, de hecho, nos permiten hacer habitar a la persona amada en nuestro coraz&oacute;n. No es cuesti&oacute;n de cercan&iacute;a o de lejan&iacute;a. Se advierte la presencia constante,&nbsp; no obstante la ausencia, la lejan&iacute;a, o incluso la muerte.<\/strong> No nos sentimos solos nunca m&aacute;s ya que la imagen de lo que amamos llena nuestros d&iacute;as, nos acompa&ntilde;a en todas las situaciones, nos habita. Se trata de una imagen que advertimos constantemente en nosotros, en nuestras consciencias. Pero al mismo tiempo el amor hace crecer en nosotros el deseo que se manifiesta en la necesidad de volver a ver a la persona amada, tenerla al lado y disfrutar de su presencia.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Ahora, la vida cristiana puede ser entendida como la experiencia de vivir constantemente bajo la mirada ben&eacute;vola de Dios. La biblia nos ofrece las im&aacute;genes simb&oacute;licas de la sombra, de la nube, del nido de &aacute;guila, de la madre, del &uacute;tero, las plumas y las alas, de la mano, de la tienda&hellip; Im&aacute;genes que de forma general nos restituyen el sentido de la protecci&oacute;n, del calor, de la pertenencia. <\/strong>Antiguamente esta experiencia se recog&iacute;a en la imagen del coram Deo.<\/p>\n<p align=\"justify\">En la teolog&iacute;a protestante, el coram Deo, el estar ante Dios, es para el hombre la revelaci&oacute;n de Dios, percibida en su complejidad. Se convierte en el fundamento de una pr&aacute;ctica que es la participaci&oacute;n humana en la gratuidad de Dios. Recuerda Pablo en su discurso en el aer&oacute;pago de Atenas que &ldquo;en &Eacute;l vivimos, nos movemos y existimos&rdquo; (Hch 17, 28).<\/p>\n<p align=\"justify\">Podemos entonces entender la importancia y el valor de algunos pasos paulinos. &ldquo;Os exhorto hermanos, por la misericordia de Dios, a ofrecer vuestros cuerpos como sacrificio viviente, santo y agradable a Dios; este es vuestro culto espiritual&rdquo; (Rom 12, 1). &ldquo;En resumen&hellip; cualquier cosa que hagan, h&aacute;ganlo todo para la gloria de Dios&rdquo; (1Cor 10, 31). &ldquo;Examinadlo todo, quedaos con lo bueno&rdquo; (1Ts 5, 21). Es dif&iacute;cil, desde esta perspectiva, sostener una separaci&oacute;n, una distinci&oacute;n de valores. La vida en el Esp&iacute;ritu permite al disc&iacute;pulo vivir todas las dimensiones de su vida desde una nueva perspectiva.<\/p>\n<p align=\"justify\">La mirada de Dios no es la de un juez implacable, sino que es el horizonte en el que nos sentimos implicados y acogidos. En el que expresamos nuestra responsabilidad frente a &Eacute;l, su creaci&oacute;n y las personas humanas. &ldquo;Preocup&eacute;monos de comportarnos bien no solo ante el Se&ntilde;or sino tambi&eacute;n ante los hombres&rdquo; (2Cor 8, 21) <strong>En que comenzamos a percibir que todo es santo o, al menos, todo es gracia y no hay necesidad de dividir o de distinguir all&iacute; donde la mirada de Dios abraza. Un sentido de responsabilidad que no nos lleva a esconder el mal y el pecado que est&aacute; en nosotros y a nuestro alrededor, sino que nos permite comenzar a reconocerlo como tal para que pueda ser transformado por la gracia de Dios.<br \/>\n&nbsp;<\/strong><br \/>\n1) Jean-Paul Sartre, El ser y la nada , Milano, 1965<br \/>\n&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Dimensione Speranza Por Fausto Ferrari Seg&uacute;n el fil&oacute;sofo franc&eacute;s Jean-Paul Sartre, la mirada del otro hiere, es peligrosa, mata. &ldquo;A trav&eacute;s de la mirada del otro vivo como fijo en el mundo, como en peligro, como irremediable&rdquo; (1). 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