{"id":30035,"date":"2016-06-11T01:12:33","date_gmt":"2016-06-11T06:12:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/terrence-malick-cine-libre-que-acerca-a-lo-sagrado\/"},"modified":"2016-06-11T01:12:33","modified_gmt":"2016-06-11T06:12:33","slug":"terrence-malick-cine-libre-que-acerca-a-lo-sagrado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/terrence-malick-cine-libre-que-acerca-a-lo-sagrado\/","title":{"rendered":"Terrence Malick: cine libre que acerca a lo&nbsp;sagrado"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Enrique Chuvieco<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Verbalmente herm&eacute;tico ante el mundo, s&oacute;lo comunica con sus intrincadas, po&eacute;ticas, geniales, contundentes, magn&eacute;ticas y metaf&iacute;sicas pel&iacute;culas. Terrence Malick (Illionis, Estados Unidos, 1934) transita por la estela de Tarkovsky para abordar la eterna relaci&oacute;n de Dios con el hombre, de cu&aacute;l es nuestra naturaleza y qu&eacute; perseguimos con nuestros encuentros y desencuentros con el Creador del Cosmos.<\/p>\n<p align=\"justify\">Malick, que nunca concede entrevistas, levanta siempre expectativas en cr&iacute;tica y p&uacute;blico (no el gran p&uacute;blico, que le interesa poco como globalidad), pues nunca deja indiferente: los primeros le alaban o denostan y, los segundos, le dan mayoritariamente la espalda, como suele ocurrir con los genios. Porque s&iacute;, es un superdotado que renueva el cine en cada una de sus propuestas. Propuestas que datan y reivindican la interacci&oacute;n cotidiana del Creador con la creatura, como en <em>El &aacute;rbol de la vida<\/em>, la m&aacute;s evidente, o en <em>D&iacute;as de cielo<\/em>, m&aacute;s simb&oacute;lica; disertan sobre el amor y su tipolog&iacute;a, en <em>To the wonder<\/em>; muestran la fragilidad de la condici&oacute;n humana, que llega a levantarse o a encharcarse en su crueldad, como sucede en <em>La delgada l&iacute;nea roja<\/em>; y se ense&ntilde;orea de la inconmensurable naturaleza que nos rodea, que deber&iacute;a hacer humilde al hombre, en <em>El nuevo mundo<\/em>.<\/p>\n<p align=\"justify\">Licenciado en filosof&iacute;a por Harvard y profesor de &eacute;sta en el MIT (Instituto Tecnol&oacute;gico de Massachussetts), ha traducido a Heiddeger, ejerci&oacute; espor&aacute;dicamente el periodismo y hace sus guiones o ha colaborado en otros en momentos de estrecheces, como el de <em>Harry el sucio<\/em>, de Clint Eastwood, entre otros. Numerosos trabajos que ha ido entrelazando con idas y venidas por distintas partes del mundo y vivido costumbres y experiencias en un buen n&uacute;mero de ciudades. Dispuesto a absorber vida por d&oacute;nde la hubiera, este hijo de cat&oacute;lico maronita liban&eacute;s y de madre norteamericana evang&eacute;lica ha realizado, desde su primera en 1969 (pasaron 20 a&ntilde;os entre dos de ellas)&nbsp; siete pel&iacute;culas hasta 2012 y para 2013 tiene otras tres en filmaci&oacute;n y posproducci&oacute;n. Obedece a su razonar y sentir a la hora de ponerse detr&aacute;s de la c&aacute;mara, cortar a quien sea en la mesa de montaje (lo ha hecho con Brad Pitt, Christian Bale o Sean Penn) y se desmarca de las directrices de las productoras, capaces de asumir sus proyectos al tiempo que realizan n&uacute;meros para compensar sus previsibles p&eacute;rdidas con otras producciones de Vin Diesel o Steven Segal, por ejemplo.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Reconocimiento del Creador<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">Proh&iacute;be tambi&eacute;n contractualmente que le hagan fotos, por lo que, de las escasas en Internet, le vemos demasiado joven con barba y sombrero vaquero. Ninguna en sus actuales 79 a&ntilde;os, que nos presente a quien en 2011 se atrevi&oacute; a presentar al mundo la creaci&oacute;n del mundo por Dios en <em>El &aacute;rbol de la vida<\/em>. <strong>Nadie lo hab&iacute;a hecho con tal potencia, belleza y desparpajo, implicando la Biblia en im&aacute;genes y en la historia de la familia O&rsquo;Brien, cuyo hijo Jack reclama explicaciones a Dios por la muerte de su hermano. Unidas sus iniciales Jack O&rsquo;Brien rememora a un moderno Job que clama por el doloroso sentido de la p&eacute;rdida de quien ha amado tanto. Malick perdi&oacute; tambi&eacute;n a dos de sus hermanos<\/strong>. El uno tras abrarsarse en un accidente de coche y con el suicidio del otro, tras cortarse las manos, por no poder desbordar su manantial de sentimientos a la guitarra (era disc&iacute;pulo de Andr&eacute;s Segovia).<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Como a Job, Dios le preguntar&aacute; al joven d&oacute;nde estaba &eacute;l cuando hacia la b&oacute;veda celeste, creaba las supernovas e iba ocup&aacute;ndose lentamente &ndash;seg&uacute;n las leyes que impuso a la naturaleza- del resto del universo. Recurrentemente impactantes, Malick parece filmar, durante m&aacute;s de veinte minutos, desde los ojos de Dios<\/strong>, la irrupci&oacute;n de la luz en el espacio sideral, el atronador sonido cuando se fractura y esparce la materia, el fuego incandescente que moldea los planetas y la aparici&oacute;n de la vida en la tierra (con la imagen del peque&ntilde;o dinosaurio aplastado por la planta de otro mayor) en la que el director norteamericano parece ejemplificar la dureza sempiterna de la vida.<\/p>\n<p align=\"justify\">Esta grandiosa sinfon&iacute;a de visiones primigenias, atm&oacute;sferas&nbsp; refulgentes y sonidos tel&uacute;ricos se mezclan con la cotidiana vida del matrimonio cat&oacute;lico O&rsquo;Brien y de sus hijos. El padre, un riguroso Brad Pitt que cincela inmisericordemente a sus hijos, quienes pueden aguantar el buril gracias a la dulzura y acogida de la madre, imagen de un Dios padre-madre a la vez. Antiguo y Nuevo Testamento unidos en una sobrecogedora met&aacute;fora f&iacute;lmica que tiene un precedente simb&oacute;lico en <em>D&iacute;as del cielo<\/em> (1978). En &eacute;sta, dos amantes que pasan como hermanos se enrolan en la cuadrilla de un terrateniente y elegir&aacute;n quedarse con &eacute;l porque les promete m&aacute;s y mejor vida en su compa&ntilde;&iacute;a, pero ese Ed&eacute;n tiene tambi&eacute;n su peaje. Por ambas, triunf&oacute; en el festival de Cannes. Por aquella la Palma de Oro y por &eacute;sta la Mejor Direcci&oacute;n gan&aacute;ndole a Coppola y a su <em>Apocalypsis now<\/em><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Amor y brutalidad, unidas<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">El universo de Malick est&aacute; conectado en sus filmes en un viaje de ida y vuelta en el tiempo. En el tiempo de Malick, en su b&uacute;squeda continua de respuestas; las que escudri&ntilde;a, se hace &ndash;nos hacemos- y se atreve a contestar, desoyendo los galimat&iacute;as est&eacute;ticos de la est&eacute;ril y agn&oacute;stica cultura dominante. En <em>To the wonder<\/em> somete al amor a un c&oacute;digo rojo. Malick, que se ha casado tres veces, nos plantea el sentido del amor: estamos obligados a amar como inexorable ley de la vida. <strong>Ejercerla, en uno u otro sentido, es consecuencia de la libertad, como en los elfos y orcos de Tolkien, ambos de la misma especie; y de la petici&oacute;n -muchas veces mendigante-, como la del padre Quintana (Javier Bardem), vac&iacute;o del amor que le ha llevado a su vocaci&oacute;n y que le ser&aacute; paulatinamente concretado por su continua petici&oacute;n<\/strong>. En el resto de personajes de <em>To the wonder<\/em>, palpamos la frustraci&oacute;n de un amor no correspondido, la del quien ha dejado de sentirlo (al que m&aacute;s acudimos actualmente para romper biograf&iacute;as en com&uacute;n) y la de quien lo saborea y quiere pero no est&aacute; en condiciones de abrazarlo.<\/p>\n<p align=\"justify\">Pero siempre hay una frontera, a veces imperceptible, en la que tenemos que decidir de qu&eacute; lado colocarnos, como recuerda Hannah Arendt cuando razona sobre la banalidad del mal, el que ejercemos con guante blanco, ocult&aacute;ndonos en cobardes obediencias. Es el mismo que el ejercido brutalmente que nos convierte conscientemente en bestias y con el que atravesamos <em>La delgada l&iacute;nea roja<\/em> (1999), otra de Malick, en s&iacute; misma un g&eacute;nero casi insuperable en filmes de guerra a la altura en crudo realismo de <em>Apocalypsis now<\/em> y <em>La chaqueta met&aacute;lica<\/em>, de Kubrick, pero m&aacute;s esperanzadora que ambas porque Malick es creyente. Creyente de Dios y, por eso, creyente del ser humano, con capacidad hasta su inmolaci&oacute;n de sumarse o no al horror.<\/p>\n<p align=\"justify\">Con el oscarizado Roberto Benigni por <em>La vida es bella<\/em>, esperamos que los nuevos trabajos que nos promete para este a&ntilde;o este genial y inclasificable hombre del sombrero tejano nos hagan mejores personas. Todos estamos invitados al fest&iacute;n.<\/p>\n<p align=\"justify\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Enrique Chuvieco Verbalmente herm&eacute;tico ante el mundo, s&oacute;lo comunica con sus intrincadas, po&eacute;ticas, geniales, contundentes, magn&eacute;ticas y metaf&iacute;sicas pel&iacute;culas. 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