{"id":30051,"date":"2016-06-11T01:12:58","date_gmt":"2016-06-11T06:12:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/por-que-a-veces-dios-parece-no-escuchar-nuestras-oraciones\/"},"modified":"2016-06-11T01:12:58","modified_gmt":"2016-06-11T06:12:58","slug":"por-que-a-veces-dios-parece-no-escuchar-nuestras-oraciones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/por-que-a-veces-dios-parece-no-escuchar-nuestras-oraciones\/","title":{"rendered":"\u00bfPor qu\u00e9 a veces Dios parece no escuchar nuestras&nbsp;oraciones?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Julio de la Vega-Hazas<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>1. Es &eacute;sta una de las grandes cuestiones que se suscitan alrededor de la fe, y que se ha formulado desde el principio. A ella respondi&oacute; san Agust&iacute;n, uno de los grandes pilares del pensamiento cristiano.<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nComentando la primera Ep&iacute;stola de San Juan, san Agust&iacute;n se encuentra con la frase &ldquo;y recibiremos de &Eacute;l cuanto pidamos, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que es grato a sus ojos&rdquo; (1 Jn 3, 22). Y, sin embargo, menciona a San Pablo, cuando pide a Dios que le libere de &ldquo;ese aguij&oacute;n de la carne, &aacute;ngel de Satan&aacute;s, que me abofetea&rdquo;, pero expl&iacute;citamente no se le concede (cfr. 2 Cor 12, 7-9). Aqu&iacute; se plantea pregunta y respuesta: &ldquo;&iquest;Pero por qu&eacute;? Porque no le conven&iacute;a. Por eso fue escuchado en cuanto a la salvaci&oacute;n el que no fue escuchado en su voluntad. (&hellip;) Discernamos las atenciones de Dios. Encontramos quienes no son escuchados en su voluntad, pero lo son en su salvaci&oacute;n, y tambi&eacute;n quienes son escuchados en su voluntad y no en cuanto a su salvaci&oacute;n&rdquo;. El ejemplo que pone es muy significativo: el libro de Job. All&iacute; lo que se lee en un principio es que quien es atendido en sus peticiones no es Job, el hombre bueno por antonomasia, sino el diablo, el malo por excelencia.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEsto entra dentro de una cuesti&oacute;n a&uacute;n m&aacute;s general: la del sufrimiento del justo. En el Antiguo Testamento se aprecia la progresividad de la Revelaci&oacute;n. Al principio la promesa por la obediencia a Dios es temporal, la tierra prometida &ndash;que &ldquo;mana leche y miel&rdquo;- y la subsiguiente paz y prosperidad. El libro de Job se plantea el sufrimiento del justo en este contexto. No hay duda de que Job es bueno, pero sufre lo indecible. &iquest;Por qu&eacute;? La &uacute;nica respuesta que se da es que los designios de Dios son inescrutables: &Eacute;l sabe m&aacute;s. Desde luego, es cierto; y en creencias como el islam, esta es la respuesta previsible. Pero en la historia de la salvaci&oacute;n esto no queda as&iacute;. En uno de los &uacute;ltimos relatos del Antiguo Testamento, el martirio de los siete hermanos macabeos con su madre (2 Mac 7), se sigue hablando del castigo por los pecados, pero la perspectiva es ya la eternidad. El &uacute;ltimo hermano en morir le dice a Ant&iacute;oco que &ldquo;nosotros sufrimos por nuestros pecados, y si el Se&ntilde;or viviente se ha irritado con nosotros por un breve tiempo para castigarnos y corregirnos, de nuevo se reconciliar&aacute; con sus siervos&rdquo;. Su madre le hab&iacute;a pedido que aceptara la muerte &ldquo;para que, en el tiempo de la misericordia, te recupere con tus hermanos&rdquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>2. La respuesta definitiva llega con el Nuevo Testamento, y tiene nombre propio: Jesucristo.<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nJesucristo es el Justo por excelencia que nos deja el gran ejemplo de la oraci&oacute;n aparentemente no escuchada cuando pide en el huerto de los olivos que pase de &Eacute;l este c&aacute;liz (cfr. p.ej., Lc 22, 42). Que era nada menos que la Cruz. La Cruz, que aparece humanamente como un fracaso, pero que es el instrumento para la redenci&oacute;n y para la glorificaci&oacute;n de Cristo&hellip; y la nuestra. El cristiano es hijo, y como tal acompa&ntilde;a al hijo en la cruz para acompa&ntilde;arle tambi&eacute;n como triunfador en la gloria. Este es nuestro definitivo bien, aunque en este mundo sea en ocasiones nuestro doloroso bien.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nMuchas veces, cuando entramos en una iglesia y o&iacute;mos el himno cuya letra &ndash;tomada de San Pablo- dice &ldquo;si con &Eacute;l morimos, reinaremos con &Eacute;l&rdquo;, posiblemente no captamos en el momento en profundidad lo que significa. Pero se&ntilde;ala el sentido mismo de nuestra existencia, su final, y aquello respecto a lo que Dios escucha siempre. Ahora, su oraci&oacute;n ha servido y sirve para que pueda seguir el mismo camino con el mismo final.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Julio de la Vega-Hazas 1. Es &eacute;sta una de las grandes cuestiones que se suscitan alrededor de la fe, y que se ha formulado desde el principio. 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