{"id":30120,"date":"2016-06-11T01:16:57","date_gmt":"2016-06-11T06:16:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/documento-guia-para-una-correcta-actuacion-de-los-catolicos-en-politica\/"},"modified":"2016-06-11T01:16:57","modified_gmt":"2016-06-11T06:16:57","slug":"documento-guia-para-una-correcta-actuacion-de-los-catolicos-en-politica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/documento-guia-para-una-correcta-actuacion-de-los-catolicos-en-politica\/","title":{"rendered":"DOCUMENTO: Gu\u00eda para una correcta actuaci\u00f3n de los cat\u00f3licos en&nbsp;politica"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: SIC<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"><em>El Arzobispo Em&eacute;rito de Pamplona y Tudela, Mons. Fernando Sebasti&aacute;n Aguilar, clausuraba el pasado 11 de septiembre en Madrid el XXI Curso de Doctrina Social de la Iglesia Fundaci&oacute;n Pablo VI. Lo hac&iacute;a con una ponencia final con el t&iacute;tulo &ldquo;El compromiso de los cat&oacute;licos en la Vida P&uacute;blica y en la regeneraci&oacute;n &eacute;tica&rdquo;.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\">Por su inter&eacute;s y actualidad, reproducimos a continuaci&oacute;n la exposici&oacute;n que elabor&oacute; monse&ntilde;or Fernando Sebasi&aacute;n.<br \/>\n&nbsp;<\/em><\/p>\n<p align=\"justify\">En pocos lugares de Espa&ntilde;a se puede hablar del compromiso de los cat&oacute;licos en la vida p&uacute;blica, como en esta Casa. El Fundador, D. Angel Herrera Oria, dedic&oacute; su vida a difundir este convencimiento en la Iglesia de Espa&ntilde;a y trat&oacute; de vivirlo activamente en las diferentes etapas de su vida. Esta fue sin duda una de sus preocupaciones dominantes tanto en su vida secular como en sus a&ntilde;os de ministerio episcopal.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nResulta tentador entrar ahora en un recorrido hist&oacute;rico para recuperar la memoria de lo que fueron las p&aacute;ginas&nbsp; de El Debate durante los a&ntilde;os de la II&ordf; Rep&uacute;blica, o los trabajos y actividades de la CEDA durante aquellos a&ntilde;os. Todo ello representa un ejemplo, no exclusivo pero s&iacute; significativo, de lo que pueden aportar los cat&oacute;licos a la vida p&uacute;blica.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPero no es hora de recrearse en los recuerdos, sino m&aacute;s bien hora de clarificar nuestras ideas y crear proyectos a la vez realistas e innovadores.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Clarificaciones doctrinales<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNo se puede hablar claramente del compromiso pol&iacute;tico de los cat&oacute;licos sin aclarar antes unas cuantas cuestiones doctrinales. En Espa&ntilde;a se ha impuesto un laicismo radical que excluye la influencia de las convicciones religiosas en la vida p&uacute;blica. La abstenci&oacute;n de cualquier referencia religiosa se considera indispensable para guardar la pureza democr&aacute;tica de cualquier actuaci&oacute;n pol&iacute;tica. Si esto fuera as&iacute; no tendr&iacute;a sentido hablar del compromiso espec&iacute;fico de los cat&oacute;licos en la vida p&uacute;blica ni se podr&iacute;a precisar ninguna aportaci&oacute;n de los pol&iacute;ticos cat&oacute;licos a la regeneraci&oacute;n &eacute;tica de la vida pol&iacute;tica. Para poder decir sobre este asunto una palabra de provecho tenemos que romper el cerco que nos tiene puesto el poder del laicismo dominante y contaminante.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPorque cuando hablamos del compromiso de los cat&oacute;licos en la vida p&uacute;blica, nos referimos a un compromiso espec&iacute;fico, un compromiso que proviene de la condici&oacute;n de cat&oacute;lico, propio de los cat&oacute;licos y que supone adem&aacute;s una influencia de la fe cat&oacute;lica en la actuaci&oacute;n y en las aportaciones de los cristianos a la vida p&uacute;blica.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPodr&iacute;amos apoyar nuestro punto de vista aduciendo testimonios del magisterio de la Iglesia y de los &uacute;ltimos Papas. Los hay muy abundantes. Las ense&ntilde;anzas del C. Vaticano II, sobre la vocaci&oacute;n cristiana, el&nbsp; apostolado seglar, los excelentes cap&iacute;tulos de la Constituci&oacute;n Gaudium et Spes, sobre la cultura y la vida pol&iacute;tica. Podriamos aducir las ense&ntilde;anzas constantes de los Papas, Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI, Papa Francisco en Lumen Dei. En algunos escritos importantes de los Obispos espa&ntilde;oles, como&nbsp; Cat&oacute;licos en la vida p&uacute;blica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNo lo vamos a hacer as&iacute;. Este procedimiento, en el mejor de los casos, podr&iacute;a valer al interior de la Iglesia; pero si nos proponemos hablar con los no cat&oacute;licos y aun con muchos que se consideran cat&oacute;licos, no vale de nada esgrimir las ense&ntilde;anzas de los Papas, pues su autoridad no es reconocida&nbsp; en estas materias y s&iacute; radicalmente impugnada. Tenemos, pues, que aducir razones aceptables por todos y f&aacute;cilmente comprensibles.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn esta perspectiva podemos decir que <strong>el compromiso de los cat&oacute;licos en la vida p&uacute;blica es posible, leg&iacute;timo, obligatorio y necesario.<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Posible<\/strong>. Porque la fe en Dios y en Jesucristo ilumina nuestra mente con conocimientos decisivos sobre el ser del hombre que condicionan y enriquecen la visi&oacute;n de la sociedad y de la convivencia humana. El valor absoluto de la persona humana, la igualdad de todos los hombres, la condici&oacute;n espiritual de las personas, son datos que la revelaci&oacute;n de Dios en Jesucristo nos descubre o nos confirma y que tienen repercusiones importantes en la comprensi&oacute;n y el ordenamiento de la vida social y pol&iacute;tica.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Leg&iacute;timo<\/strong>. Primero porque la luz de la fe no deforma la realidad ni nos saca de la esfera humana, sino que nos la ilumina, nos la acerca, nos la descubre en su ser completo y verdadero. Y en segundo lugar, Porque la atenci&oacute;n a las luces de la fe y los mandatos de la conciencia cristiana por parte de los pol&iacute;ticos cristianos no supone la injerencia de ninguna autoridad ni de ninguna instituci&oacute;n ajena al puro ordenamiento pol&iacute;tico. <strong>La influencia de la fe en la actuaci&oacute;n p&uacute;blica de los cristianos se hace presente a partir de la conciencia y de las determinaciones de los mismos cristianos que intervienen en la vida p&uacute;blica, sin interferencias de las autoridades ni de las instituciones eclesi&aacute;sticas de ning&uacute;n g&eacute;nero.<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Obligatorio<\/strong>. Por la unidad radical de la persona. El pol&iacute;tico cristiano no puede prescindir de su conciencia ni de sus convicciones religiosas en el momento de valorar una situaci&oacute;n o de tomar unas decisiones, sin traicionarse a s&iacute; mismo y traicionar su propia fe, que es lo mismo que traicionar a aquel en quien creemos. Para el creyente no es posible la abstenci&oacute;n religiosa, la suspensi&oacute;n de su fe en sus compromisos sociales y pol&iacute;ticos. Ser cristiano es creer en el amor como forma universal de vida, la fidelidad a esta convicci&oacute;n nos obliga a todos a colaborar con el bien universal del pr&oacute;jimo en general.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Necesario<\/strong>. La conciencia del hombre es irremediablemente limitada y d&eacute;bil a la hora de descubrir y cumplir las exigencias de la justicia. Los hombres necesitamos una sanaci&oacute;n interior para aceptar de forma clara y eficaz los derechos de los dem&aacute;s cuando suponen limitaci&oacute;n o correcci&oacute;n de nuestras propias apetencias. En este sentido, la presencia y la influencia de la vida teologal en quienes intervienen en la vida p&uacute;blica de una sociedad es necesaria para el bien de todos, como garant&iacute;a de la verdad, la justicia y la diligencia de las mil relaciones e interdependencias que constituyen la vida social.<strong> Sin el reconocimiento y la ayuda de Dios es hombre se pervierte sin remedio, y las perversiones interiores del hombre repercuten tambi&eacute;n en sus actuaciones p&uacute;blicas. La sociedad necesita la acci&oacute;n purificadora y sanante, el est&iacute;mulo y el impulso de la vida teologal de los hombres justos. <\/strong>La presencia de los cristianos en la vida p&uacute;blica tendr&iacute;a que ser iluminaci&oacute;n y justicia, defensa contra los errores posibles y garant&iacute;a contra las inevitables corrupciones, a favor de todos. Una riqueza y un bien para&nbsp; la sociedad entera.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEs evidente que cuando afirmamos la necesidad y el provecho de la presencia de los cat&oacute;licos en la vida p&uacute;blica no pretendo atribuir a los cristianos&nbsp; unos valores exclusivos que los dem&aacute;s no puedan tener, ni tampoco unos valores infalibles que los cristianos no puedan traicionar.&nbsp; Los no cristianos pueden y deben buscar sinceramente la justicia, pero la vida cristiana aporta al creyente un plus de clarividencia y de fortaleza que no tendr&iacute;a sin la riqueza de su vida teologal. Como es tambi&eacute;n evidente que<strong> el cristiano puede descuidar o traicionar su conciencia y actuar en la pr&aacute;ctica peor que un colega no creyente o no practicante. <\/strong>Pero hablamos de conductas concretas sino de lo que las cosas son en s&iacute; mismas, no de lo que son sino de lo que tendr&iacute;an que ser nuestros comportamientos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nComo complemento y aclaraci&oacute;n necesaria&nbsp; de esta primera parte quiero decir que<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n1&ordm;, <strong>No hay una pol&iacute;tica cat&oacute;lica, homog&eacute;nea, obligatoria, <\/strong>Porque en la elaboraci&oacute;n del juicio pr&aacute;ctico que rige la vida pol&iacute;tica no entran solo los principios morales comunes y obligatorios, sino la valoraci&oacute;n de muchas realidades diferentes, mudables, opinables, cuya mediaci&oacute;n puede dar lugar a decisiones diferentes aunque reconozcan la influencia de unos mismos principios. Con los mismos principios morales puede haber formas diferentes de interpretar una situaci&oacute;n determinada o de conseguir unos mismos objetivos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n2&ordm;, <strong>La inspiraci&oacute;n cristiana de la pol&iacute;tica no se opone a ning&uacute;n valor democr&aacute;tico sino que fortalece el respeto y la tutela de todos los derechos humanos<\/strong>, La norma suprema del obrar humano es el amor, amor gratuito, universal, efectivo; este amor ejercitado en el &aacute;mbito de la vida pol&iacute;tica se concreta en la justicia, en el servicio efectivo a la libertad y promoci&oacute;n de todas las personas en un contexto de compatibilidad, integridad y gratuidad. El ejercicio de la autoridad, entendida como servicio a la comunidad, no puede definirse por las ideas o las preferencias del gobernante, sino por las necesidades de los gobernados, por el bien de las personas y de las familias, en cada lugar, en cada momento, en cada circunstancia concreta.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>En la sociedad espa&ntilde;ola<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNo es f&aacute;cil explicar&nbsp; estos principios en el ambiente de la sociedad espa&ntilde;ola. Somos poco amigos de abstracciones y tendemos a entender las cosas a partir de la experiencia. Tenemos que reconocer que nuestra experiencia en estas materias no ha sido muy feliz. <strong>Pesan sobre nosotros no cuarenta a&ntilde;os, sino muchos siglos de &ldquo;nacionalcatolicismo&rdquo;, en los que la conciencia cristiana de los gobernantes ha sido legitimaci&oacute;n del autoritarismo y privaci&oacute;n de la libertad de conciencia y de actuaci&oacute;n de los ciudadanos no cristianos. Y por el lado cristiano el liberalismo y la modernidad se han confundido con un laicismo radical, impositivo, y en algunos casos excluyente y hasta persecutorio. <\/strong>Los espa&ntilde;oles, sin olvidar nuestra historia, para corregirla y superarla tenemos que hacer el esfuerzo de pensar y programar nuestro futuro en verdadera libertad, con un gran esfuerzo de objetividad, sin dejarnos dominar por los escarmientos del pasado.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nHoy no nos vale ni la uniformidad del viejo r&eacute;gimen, ni el sectarismo de la segunda rep&uacute;blica, ni el odio destructivo de los movimientos revolucionarios, ni el neo confesionalismo franquista, ni el laicismo condescendiente de la derecha liberal, ni el laicismo excluyente y represivo de nuestra izquierda socialista y radical. Todas ellas son posturas condicionadas por las experiencias pasadas, todas son actitudes parciales, desmesuradas, incapaces de fundar una convivencia verdadera y por tanto incapaces de fundamentar una sociedad s&oacute;lida, justa y din&aacute;mica.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Aportaciones actuales, posibles y necesarias<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSin embargo, s&iacute; es posible imaginar una pol&iacute;tica orientada o fecundada por la fe cristiana, s&iacute; es posible pensar en unas cuantas aportaciones importantes de la mentalidad cristiana a nuestra vida pol&iacute;tica actual, sin caer en nostalgias, ni en clericalismos, ni en adulteraciones de ninguna clase. Veamos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Una visi&oacute;n cristiana de la vida pol&iacute;tica tiene que comenzar por ser una visi&oacute;n realista de nuestra sociedad, de nuestra historia, de nuestra convivencia. <\/strong>Una visi&oacute;n cristiana de la realidad quiere decir unas visi&oacute;n objetiva, respetuosa, comprensiva y comprehensiva, sin falsificaciones, sin omisiones ni exaltaciones, sin particularismos&nbsp; ni menosprecios. Todos los miembros, todas las regiones, todos los ciudadanos que formamos la sociedad espa&ntilde;ola somos b&aacute;sicamente iguales, todos dependemos de todos, tenemos una historia y un patrimonio cultural com&uacute;n, las coincidencias son m&aacute;s que las diferencias,&nbsp; no hay razones objetivas para las divisiones ni las exclusiones ni las exaltaciones de ninguna clase.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Hoy en Espa&ntilde;a es importante que recuperemos el respeto a la primac&iacute;a del orden moral objetivo y de la recta conciencia tambi&eacute;n en la vida social y pol&iacute;tica.<\/strong> La pol&iacute;tica, cualquier actuaci&oacute;n en la vida p&uacute;blica, es un acto humano, consciente y libre, que repercute, a veces gravemente, en el bien o en el mal del pr&oacute;jimo. C&oacute;mo esta clase de actuaciones no va a estar sometida al imperativo moral de &ldquo;hacer el bien y evitar el mal&rdquo;? Los pol&iacute;ticos no pueden actuar en funci&oacute;n de sus propias conveniencias, ni de las conveniencias de su partido, ni de consideraciones electoralistas, el ejercicio de la autoridad es siempre una actividad moral, regida por la primac&iacute;a de la verdad y de la justicia, que en el&nbsp; caso de la pol&iacute;tica se concreta en el bien com&uacute;n, en la atenci&oacute;n a los leg&iacute;timos derechos de los ciudadanos, sin preferencias ni exclusiones de ninguna clase. El respeto a las exigencias objetivas de una actuaci&oacute;n moral no es s&oacute;lo una cuesti&oacute;n de responsabilidad social, sino que es tambi&eacute;n una cuesti&oacute;n de responsabilidad moral y religiosa, de la cual cada hombre tendr&aacute; que dar cuenta ante el juicio de Dios. Tambi&eacute;n en pol&iacute;tica, tambi&eacute;n en lo p&uacute;blico.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>El ejercicio moral y justo de la autoridad supondr&iacute;a la eliminaci&oacute;n de la corrupci&oacute;n, de la mentira, del robo, de las presiones sobre la justicia, de la discriminaci&oacute;n ni a favor ni en contra de nadie, a favor del respeto absoluto a&nbsp; la verdad,&nbsp; la justicia,&nbsp; la generosidad y&nbsp; la seguridad de todos y para todos.<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">Un planteamiento cristiano de la pol&iacute;tica supondr&iacute;a tambi&eacute;n el respeto y la protecci&oacute;n de los valores morales inherentes al bien integral de la persona, la recuperaci&oacute;n y el respeto al bien del ser humano en su integridad material y espiritual, el respeto a lo que se llamaba ley natural, o exigencias morales del bien integral de la persona, el respeto y la protecci&oacute;n de la vida humana desde su concepci&oacute;n hasta su muerte natural, el respeto y protecci&oacute;n a la familia fundada en un matrimonio estable entre var&oacute;n y mujer, el derecho a la sanidad, a la educaci&oacute;n y a la cultura, a la libertad. No s&oacute;lo el fraude econ&oacute;mico es malo para el hombre y para la sociedad, sino tambi&eacute;n las carencias o las deformaciones morales de la convivencia.<\/p>\n<p align=\"justify\">Y <strong>no vale esconderse en la nube del escepticismo o del relativismo, refugi&aacute;ndose en la pretendida imposibilidad de conocer o de distinguir el bien del mal. Es bueno lo que ayuda a ser, a vivir, a crecer en el orden de lo real; y es malo lo que niega, destruye o reprime el ser de la persona, lo que la persona es y lo que puede llegar a ser, en comuni&oacute;n de amor con todos los dem&aacute;s.<br \/>\n&nbsp;<\/strong><br \/>\nVisi&oacute;n y valoraci&oacute;n de la persona, de todas las personas, en su integridad radical, sin reducirlas a su condici&oacute;n de ciudadano, de&nbsp; consumidor, o de&nbsp; votante. Habr&iacute;a que reconocer efectivamente el bien integral de las personas como fin verdadero de todo el sistema pol&iacute;tico. Como justificaci&oacute;n moral de las decisiones y actuaciones pol&iacute;ticas. Sin partidismos, sin oportunismos, sin imposiciones ideol&oacute;gicas de ninguna clase. La atenci&oacute;n preferencial a los m&aacute;s d&eacute;biles y necesitados, el acceso de todos a los bienes materiales y culturales, el apoyo al crecimiento y desarrollo de las personas en sus aspiraciones leg&iacute;timas, se ve fundamentado y urgido por la fe cristiana. <strong>No podemos confundir una pol&iacute;tica cristiana con una pol&iacute;tica conservadora o de derechas. Conservar lo que no es justo no es cristiano.<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">La fe cristiana tendr&iacute;a que dar lugar a una serie de actitudes personales directamente derivadas de la justicia interior, tales como la&nbsp; sinceridad, la diligencia, la abnegaci&oacute;n, la generosidad,&nbsp; El hombre, en su vida p&uacute;blica, tiene que mantener tambi&eacute;n un comportamiento virtuoso, justo, coherente con el amor al pr&oacute;jimo asumido como norma fundamental de la vida en su integridad, en lo privado y en p&uacute;blico, en lo personal y en lo comunitario.<\/p>\n<p align=\"justify\">La presencia coherente de los cat&oacute;licos en las diversas instituciones de la vida p&uacute;blica tendr&iacute;a que favorecer el acercamiento y el di&aacute;logo leal entre ellas, la colaboraci&oacute;n de unas con otras a favor de objetivos comunes, el saneamiento de la opini&oacute;n p&uacute;blica, el respeto y la aceptaci&oacute;n de todos dentro del marco de los intereses comunes, la revisi&oacute;n y el perfeccionamiento constante de las instituciones y de los procedimientos a favor del bien com&uacute;n. La fe desemboca en el amor, y el amor, la caridad pol&iacute;tica es fuente de dinamismo, de mejoras constantes, de convergencias y sinergias que no se pueden producir cuando las motivaciones de la pol&iacute;tica son el ego&iacute;smo personal o partidista.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Un corolario arriesgado<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLlegados aqu&iacute; podr&iacute;amos preguntarnos si hoy en Espa&ntilde;a ser&iacute;a conveniente la existencia de un partido confesional. Un partido cristiano.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPara responder es preciso precisar antes el sentido de lo que preguntamos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSi entendemos por &ldquo;partido cristiano&rdquo; un partido que pretenda presentarse como el int&eacute;rprete &uacute;nico y obligatorio de la posible pol&iacute;tica cristiana, o de la posible influencia cristiana en la vida pol&iacute;tica, tenemos que decir clara y firmemente que no, no es conveniente, ni ser&iacute;a tampoco leg&iacute;timo.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPero si decimos un partido o una asociaci&oacute;n desde la cual puedan actuar los cristianos en la vida pol&iacute;tica de acuerdo con las exigencias de una conciencia cristiana de manera organizada y efectiva, es evidente que s&iacute; es posible. Tal instituci&oacute;n ser&iacute;a doctrinalmente correcta, pol&iacute;ticamente leg&iacute;tima. Otra cosa es si ser&iacute;a pol&iacute;ticamente oportuna y viable. Quede como una cuesti&oacute;n abierta. Puede ser que en estos momentos no lo fuese, pero tal situaci&oacute;n no es un adelanto sino seguramente una deficiencia democr&aacute;tica.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Conclusi&oacute;n<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nQuiero terminar con unas hermosas palabras de la reciente enc&iacute;clica sobre la fe del Papa Francisco. En el cap. IV dedicado a la construcci&oacute;n de la ciudad terrestre, el Papa dice<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n51. Precisamente por su conexi&oacute;n con el amor (cf. Ga 5,6), la luz de la fe se pone al servicio concreto de la justicia, del derecho y de la paz.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa fe nace del encuentro con el amor originario de Dios, en el que se manifiesta el sentido y la bondad de nuestra vida, que es iluminada en la medida en que entra en el dinamismo desplegado por este amor, en cuanto que se hace camino y ejercicio hacia la plenitud del amor.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa luz de la fe permite valorar la riqueza de las relaciones humanas, su capacidad de mantenerse, de ser fiables, de enriquecer la vida com&uacute;n.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa fe no aparta del mundo ni es ajena a los afanes concretos de los hombres de nuestro tiempo.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSin un amor fiable, nada podr&iacute;a mantener verdaderamente unidos a los hombres. La unidad entre ellos se podr&iacute;a concebir s&oacute;lo como fundada en la utilidad, en la suma de intereses, en el miedo, pero no en la bondad de vivir juntos, ni en la alegr&iacute;a que la sola presencia del otro puede suscitar.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa fe permite comprender la arquitectura de las relaciones humanas, porque capta su fundamento &uacute;ltimo y su destino definitivo en Dios, en su amor, y as&iacute; ilumina el arte de la edificaci&oacute;n, contribuyendo al bien com&uacute;n.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nS&iacute;, la fe es un bien para todos, es un bien com&uacute;n; su luz no luce s&oacute;lo dentro de la Iglesia ni sirve &uacute;nicamente para construir una ciudad eterna en el m&aacute;s all&aacute;; nos ayuda a edificar nuestras sociedades, para que avancen hacia el futuro con esperanza.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&nbsp;La Carta a los Hebreos pone un ejemplo de esto cuando nombra, junto a otros hombres de fe, a Samuel y David, a los cuales su fe les permiti&oacute; &laquo; administrar justicia &raquo; (Hb 11,33). Esta expresi&oacute;n se refiere aqu&iacute; a su justicia para gobernar, a esa sabidur&iacute;a que lleva paz al pueblo (cf. 1 S 12,3-5; 2 S 8,15).<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLas manos de la fe se alzan al cielo, pero a la vez edifican, en la caridad, una ciudad construida sobre relaciones, que tienen como fundamento el amor de Dios&rdquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa gran aportaci&oacute;n de los cat&oacute;licos a la vida p&uacute;blica consiste en edificar poco a poco una sociedad, desarrollar una convivencia que est&eacute; inspirada en un amor universal y verdadero, ese amor que viene de Dios y hace al hombre justo, el amor que nos libera del ego&iacute;smo y nos pone al servicio de la vida, del crecimiento y de la alegr&iacute;a de nuestro pr&oacute;jimo.<\/p>\n<p align=\"justify\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: SIC El Arzobispo Em&eacute;rito de Pamplona y Tudela, Mons. Fernando Sebasti&aacute;n Aguilar, clausuraba el pasado 11 de septiembre en Madrid el XXI Curso de Doctrina Social de la Iglesia Fundaci&oacute;n Pablo VI. 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