{"id":30220,"date":"2016-06-11T01:22:36","date_gmt":"2016-06-11T06:22:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/nuestra-verdadera-necesidad\/"},"modified":"2016-06-11T01:22:36","modified_gmt":"2016-06-11T06:22:36","slug":"nuestra-verdadera-necesidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/nuestra-verdadera-necesidad\/","title":{"rendered":"Nuestra verdadera necesidad"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"> Siempre me impresiona la escena del evangelio de hoy. Tiene lugar despu&eacute;s de la multiplicaci&oacute;n de los panes y los peces. De nuevo Jes&uacute;s se retir&oacute; despu&eacute;s del milagro a la monta&ntilde;a para estar solo y luego se fue con sus disc&iacute;pulos en la barca a descansar:<br \/> &nbsp;<br \/> \u201c<em>Cuando vio la gente que Jes&uacute;s no estaba all&iacute;, ni tampoco sus disc&iacute;pulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarna&uacute;m, en busca de Jes&uacute;s\u201d. Lo siguen por todas partes, lo sacan de su descanso. <\/em><br \/> &nbsp;<br \/> Dec&iacute;a el Papa Francisco<em>: \u201cNo le dejaban tiempo ni para comer. Pero <strong>el Se&ntilde;or no se hastiaba de estar con la gente. Al contrario, parec&iacute;a que se renovaba<\/strong><\/em><strong>\u201d.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Nosotros a veces nos cansamos, nos hastiamos de las demandas de los hombres. Nos escondemos. Nos protegemos. Nos falta ese coraz&oacute;n siempre renovado de Jes&uacute;s, siempre abierto, siempre misericordioso.<br \/> &nbsp;<br \/> Jes&uacute;s alzaba la mirada y contemplaba el sufrimiento de los hombres. Y esa necesidad le pon&iacute;a en camino. <strong>No se cansaba de amar<\/strong>. Esa tiene que ser mi propia vocaci&oacute;n. Al mirar al que necesita m&aacute;s que yo, mi necesidad parece pobre e insignificante. Mi descanso se vuelve superfluo.<br \/> &nbsp;<br \/> Dec&iacute;a el Papa Francisco: \u201c<em>El sufrimiento del otro constituye un llamado a la conversi&oacute;n, porque la necesidad del hermano me recuerda la fragilidad de mi vida, mi dependencia de Dios y de los hermanos<\/em>\u201d.<br \/> &nbsp;<br \/> Cuando veo el hambre de los hombres y su sed, me descentro. Dejo de perseguir tontamente todos mis deseos. <strong>Me vuelco en el m&aacute;s pobre, en el m&aacute;s d&eacute;bil, en el m&aacute;s herido. Y sufro menos. Son las paradojas del amor. Cuanto m&aacute;s doy, m&aacute;s recibo<\/strong>, m&aacute;s paz tengo.<br \/> &nbsp;<br \/> Jes&uacute;s vivi&oacute; as&iacute; en su vida. En estos momentos de &eacute;xito y despu&eacute;s en la pobreza del abandono. Porque llegar&aacute; un momento en su vida en que no le sigan tantos, en que ya no convenga estar tan cerca de &Eacute;l.<br \/> &nbsp;<br \/> Porque ser&aacute; un hombre sospechoso, peligroso, condenado a muerte. En ese momento nadie querr&aacute; ser su amigo. Y sus amigos negar&aacute;n serlo. En esa hora crucial le abandonar&aacute;n. Ya nadie querr&aacute; interrumpir su descanso. Ya no esperar&aacute;n milagros. Ni querr&aacute;n m&aacute;s pan de sus manos.<br \/> &nbsp;<br \/> En ese momento no tendr&aacute; amigos, ni ayuda, ni compa&ntilde;&iacute;a. S&oacute;lo algunas mujeres. Alg&uacute;n hombre. Pero <strong>&Eacute;l seguir&aacute; alzando la mirada y compadeci&eacute;ndose del que sufre.<\/strong> Lo har&aacute; desde la cruz, con las manos clavadas.<br \/> &nbsp;<br \/> Me impresiona siempre lo fugaz que es la fama y la necesidad. Son pasajeras. De la multitud a la soledad. De repente hay gente que lo busca sin reposo. Algo que quema en su alma. Pasa el tiempo y se olvidan. La fama y la necesidad pasan y vuelan.<br \/> &nbsp;<br \/> As&iacute; es en nuestra vida. Hoy somos requeridos. Importamos. Nos consultan. Nos toman en cuenta. Nos quieren. <strong>Puede que despu&eacute;s pasemos al olvido<\/strong>. Dejen de querernos. Es sencillo. De un milagro al olvido. De una necesidad a la falta de necesidad<strong>. Dejo de ser necesario, imprescindible, importante. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Tenemos que estar preparados para ello. <strong>Todo pasa. La santidad de vida se medir&aacute; en esos momentos.<\/strong> No cuando seamos importantes en el trabajo, o cuando a todos les interese ser nuestros amigos.<br \/> &nbsp;<br \/> No cuando sea yo tema de conversaci&oacute;n y todos hablen de lo bien que me va en la vida. No. En esos momentos la santidad se juega en tener paz, conservar la humildad y la vida sencilla.<br \/> &nbsp;<br \/> En esos momentos en los que nos buscan ser&aacute; necesario comprender que no soy yo, que es Dios el que me lo ha dado todo. En ese momento la santidad se dar&aacute; cuando soy capaz de descentrarme y amar al que me busca. Sin perder la paz y la humildad.<br \/> &nbsp;<br \/> Porque si dejo de ser ni&ntilde;o, <strong>si pierdo la humildad, puedo perder la conciencia de hijo, la sensaci&oacute;n de impotencia, la pobreza, la desnudez de mi vida<\/strong>. Y entonces a lo mejor no estoy preparado para los momentos peores.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Siempre me impresiona la escena del evangelio de hoy. Tiene lugar despu&eacute;s de la multiplicaci&oacute;n de los panes y los peces. 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