{"id":30228,"date":"2016-06-11T01:22:53","date_gmt":"2016-06-11T06:22:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/riete-un-poco-de-tus-agobios\/"},"modified":"2016-06-11T01:22:53","modified_gmt":"2016-06-11T06:22:53","slug":"riete-un-poco-de-tus-agobios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/riete-un-poco-de-tus-agobios\/","title":{"rendered":"R\u00edete un poco de tus&nbsp;agobios"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Muchas veces despierta en m&iacute; la compasi&oacute;n el dolor de los hombres, su hambre, su soledad. El ver perdidos a tantos. Tanta angustia, tanto dolor. &iquest;Qu&eacute; hago?<br \/> &nbsp;<br \/> No se puede ser sacerdote, ni cristiano, ni hombre siquiera, sin esa compasi&oacute;n. Cuando uno no tiene esa compasi&oacute;n en la vida, cuando el dolor del pobre no despierta un amor m&aacute;s hondo, sino s&oacute;lo desprecio, quiere decir que no hemos sido tocados por Dios en lo m&aacute;s profundo.<br \/> &nbsp;<br \/> Debe haber entonces un problema en nuestro coraz&oacute;n. Estaremos demasiado heridos, o demasiado endurecidos por la vida. Si no se despierta la compasi&oacute;n, tal vez quiere decir que todav&iacute;a no somos como Jes&uacute;s.<br \/> &nbsp;<br \/> Tenemos un coraz&oacute;n de piedra.&nbsp;<strong>Puede que hablemos de Dios, grandes discursos y homil&iacute;as, pero no tengamos dentro su amor<\/strong>, enraizado, hundido en el alma, grabado a fuego.<br \/> &nbsp;<br \/> Jes&uacute;s se conmov&iacute;a con todos, especialmente con los m&aacute;s d&eacute;biles. Y se pon&iacute;a en camino, se acercaba. Curaba, tocaba, bendec&iacute;a. Hoy se conmueve al ver a tantos hombres con hambre. Otras veces se conmueve con la enfermedad o con el pecado.<br \/> &nbsp;<br \/> Siempre se conmueven sus entra&ntilde;as. &iquest;Y las m&iacute;as tambi&eacute;n se conmueven? A veces me siento fr&aacute;gil e impotente.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Quiero tocar el cielo con las manos y atraer a la tierra todo el amor escondido en el coraz&oacute;n de Dios. Me gustar&iacute;a descargarlo como una lluvia inmensa que llenara tantos pozos vac&iacute;os de amor<\/strong>. Me gustar&iacute;a.<br \/> &nbsp;<br \/> Me compadezco. Sufro con el que sufre. Me siento tan impotente para aliviar el dolor de tantas personas que padecen.&nbsp;<strong>No alcanza con mi pan. Miro a Jes&uacute;s<\/strong>. Veo sus manos bendiciendo. Quiero que multiplique mi pan. Que valga mi vida para muchos.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero&nbsp;<strong>tambi&eacute;n quiere Jes&uacute;s que tenga compasi&oacute;n de m&iacute; mismo. Paciencia con mi debilidad<\/strong>. Quiere que me mire y no me condene. Que observe mi vida con paz y alegr&iacute;a. Que me r&iacute;a de mis agobios y descanse. Que disfrute de lo que tengo sin amargarme por lo que se me escapa.<br \/> &nbsp;<br \/> Quiere que tenga compasi&oacute;n de m&iacute;, pero no esa autocompasi&oacute;n que le&iacute;a el otro d&iacute;a:&nbsp;\u201c<em>Teresa me cuenta que tiene una amiga que se compadece de s&iacute; misma, se da pena, se cree una pobrecita y por tanto se trata como a una pobrecita. Emprende su vida cada d&iacute;a d&aacute;ndose pena e invierte en s&iacute; misma como una pusil&aacute;nime. La rentabilidad que recoge es la de una estima baja, pobre y penosa, inseguridad, intranquilidad y pesimismo<\/em>\u201d&nbsp;<a target=\"_blank\" href=\"https:\/\/mail.google.com\/mail\/u\/0\/#14ec3c738334a3f7__ftn1\" title=\"\">[1]<\/a>.<br \/> &nbsp;<br \/> Esa compasi&oacute;n no nos hace falta. Es una compasi&oacute;n que nos enferma. Dios no quiere que nos tomemos tan en serio. Quiere que no nos demos mucha importancia. <strong>Que nos riamos de nuestros agobios.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Dec&iacute;a el Padre Jos&eacute; Kentenich:&nbsp;\u201c<em>No darme importancia por mi trabajo. Tampoco debo darme importancia por mis debilidades.&nbsp;<strong>No debo darme importancia por mis miserias, por mis limitaciones.&nbsp;<\/strong>No debo hacer de ello mucho caudal. Debo considerarlo con naturalidad. Cualesquiera que fuesen los pecados que haya cometido en mi vida. No darme importancia<\/em>\u201d<a target=\"_blank\" href=\"https:\/\/mail.google.com\/mail\/u\/0\/#14ec3c738334a3f7__ftn2\" title=\"\">[2]<\/a>.<br \/> &nbsp;<br \/> Mirar mi vida con sencillez. Como las personas sencillas. Que no me tome demasiado en serio.&nbsp;<strong>Que no me agobie con la pobreza de mi vida<\/strong>.&nbsp;<strong>Compasi&oacute;n con los hombres. Compasi&oacute;n conmigo mismo<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Que me quiera en mi pobreza y acepte mi peque&ntilde;ez como camino de vida. Con la sencillez de los ni&ntilde;os.&nbsp;Que sonr&iacute;en con la vida. Que se alegran con lo que tienen.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Muchas veces despierta en m&iacute; la compasi&oacute;n el dolor de los hombres, su hambre, su soledad. El ver perdidos a tantos. Tanta angustia, tanto dolor. &iquest;Qu&eacute; hago? &nbsp; No se puede ser sacerdote, ni cristiano, ni hombre siquiera, sin esa compasi&oacute;n. 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