{"id":30257,"date":"2016-06-11T01:23:49","date_gmt":"2016-06-11T06:23:49","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-dialogo-es-mucho-mas-que-palabras\/"},"modified":"2016-06-11T01:23:49","modified_gmt":"2016-06-11T06:23:49","slug":"el-dialogo-es-mucho-mas-que-palabras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-dialogo-es-mucho-mas-que-palabras\/","title":{"rendered":"El di\u00e1logo es mucho m\u00e1s que&nbsp;palabras"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"> Hay momentos para contar y momentos para callar. No todos los momentos son buenos para decir lo que nos est&aacute; pasando. A veces basta el lenguaje no verbal. Suele ser el m&aacute;s importante.<br \/> &nbsp;<br \/> &iexcl;Cu&aacute;ntas veces nuestros gestos desdicen nuestras palabras! &iexcl;Cu&aacute;ntas veces bastan los gestos, los silencios, las miradas, las sonrisas, las caricias, los abrazos, las posturas, las muecas, los suspiros, para mostrar a los dem&aacute;s lo que estamos viviendo!<br \/> &nbsp;<br \/><strong>A menudo la comunicaci&oacute;n m&aacute;s importante es la que no tiene palabras<\/strong>, porque las palabras tantas veces nos confunden. Nos explicamos mal, decimos lo que no queremos decir. Por rabia, porque somos impulsivos. Herimos con palabras.<br \/> &nbsp;<br \/> En ciertas ocasiones no somos capaces de contar nada. Estamos bloqueados. Nos pesa el alma. Lo guardamos todo en el coraz&oacute;n y no nos sale plasmar en palabras todo lo que el coraz&oacute;n sufre o siente. No preguntamos. No pedimos. En esos momentos basta una mirada, una caricia, un abrazo. Basta con tocar la vida.<br \/> &nbsp;<br \/> &iexcl;Qu&eacute; dif&iacute;cil consolar con palabras al que sufre! &iexcl;Qu&eacute; complicado expresar con palabras lo que nos duele! &iexcl;Cu&aacute;nto nos cuesta pedir ayuda! Cuesta contar las cosas importantes, incluso a veces otras menos importantes. No lo s&eacute;. No es tan f&aacute;cil contar, para ser sinceros.<br \/> &nbsp;<br \/> La mujer hemorro&iacute;sa del Evangelio no pregunta, no pide, simplemente toca el manto de Jes&uacute;s:&nbsp;\u201cAcerc&aacute;ndose por detr&aacute;s, entre la gente, le toc&oacute; el manto, pensando que con s&oacute;lo tocarle el vestido curar&iacute;a\u201d.<br \/> &nbsp;<br \/> Quiso recibir sin dar. Quiso lograr su objetivo sin pedirlo. &iexcl;Cu&aacute;ntas veces antes habr&iacute;a contado su historia sin resultados!:&nbsp;\u201cHab&iacute;a una mujer que padec&iacute;a flujos de sangre desde hac&iacute;a doce a&ntilde;os\u201d.<br \/> &nbsp;<br \/> Doce a&ntilde;os visitando m&eacute;dicos sin frutos. Segu&iacute;a enferma. <strong>No pide, no grita, no pregunta. Simplemente toca su manto<\/strong>. No habla. No comunica su dolor. Se pone en camino, se acerca, toca. Es valiente. Entra en contacto con Jes&uacute;s sin que &Eacute;l llegue a verla.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Muchas personas no logran contar lo que les pasa y lo hacen con gestos<\/strong>, con sus actitudes. El dolor es tan fuerte que no pueden expresarlo en palabras. Tal vez esta mujer no era capaz de hablar del tema. Estaba cansada. Pero ten&iacute;a fe. Cre&iacute;a que el poder de Jes&uacute;s no estaba en sus palabras, sino en su cuerpo, en su manto.<br \/> &nbsp;<br \/> En la vida no todo son palabras. Son necesarias, claro. Pero <strong>importa sobre todo ese di&aacute;logo de coraz&oacute;n a coraz&oacute;n. Un di&aacute;logo lleno de silencios. La ternura, las caricias<\/strong>, los silencios hondos, las miradas profundas, el respeto ante lo sagrado, la intimidad que Dios nos regala. Las manos que tocan, los brazos que abrazan.<br \/> &nbsp;<br \/> S&iacute;, <strong>el di&aacute;logo es mucho m&aacute;s que palabras. Jes&uacute;s dijo muchas cosas, pero hizo muchas m&aacute;s<\/strong>. Sus discursos se han recogido en los Evangelios. Y tambi&eacute;n algunas de sus palabras m&aacute;s importantes.<br \/> &nbsp;<br \/> Hoy Jes&uacute;s se comunica sin palabras. Abre su alma y sale de &Eacute;l una fuerza cuando alguien lo toca con fe. Le dice sin palabras a esta mujer:&nbsp;\u201cNo temas, est&aacute;s curada! Se lo dice casi sin saberlo.&nbsp;Sorprendido pregunta. No sabe a qui&eacute;n ha curado.<br \/> &nbsp;<br \/> Le tocan, no le piden con palabras y &Eacute;l responde sin palabras. Su alma se abre y responde. Me conmueven los silencios de Jes&uacute;s. Me gusta cuando usa pocas palabras y muchos gestos.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Jes&uacute;s era un gran comunicador.<\/strong> Era un gran orador. Y <strong>sab&iacute;a adem&aacute;s establecer una intimidad &uacute;nica con aquellos que llegaban a &Eacute;l. Hablaba al coraz&oacute;n<\/strong>. Le bastaba con frecuencia s&oacute;lo una mirada. Tocaba y se dejaba tocar.<br \/> &nbsp;<br \/> Hoy tocan su manto. <strong>El lenguaje del tacto es fundamental.<\/strong> Pedimos muchas veces tocando. Una caricia, una palmada, un abrazo. Simplemente una mano tocando el manto. O su misma mano tocando a una ni&ntilde;a muerta.<br \/> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Hay momentos para contar y momentos para callar. No todos los momentos son buenos para decir lo que nos est&aacute; pasando. A veces basta el lenguaje no verbal. 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