{"id":30278,"date":"2016-06-11T01:24:24","date_gmt":"2016-06-11T06:24:24","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/por-que-hay-que-dar-aunque-no-se-vean-los-resultados\/"},"modified":"2016-06-11T01:24:24","modified_gmt":"2016-06-11T06:24:24","slug":"por-que-hay-que-dar-aunque-no-se-vean-los-resultados","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/por-que-hay-que-dar-aunque-no-se-vean-los-resultados\/","title":{"rendered":"Por qu\u00e9 hay que dar aunque no se vean los&nbsp;resultados"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Al inicio del cap&iacute;tulo cuarto de Marcos vemos a Jes&uacute;s ense&ntilde;ando junto al mar. Hab&iacute;a tanta gente que subi&oacute; a una barca, y la gente se qued&oacute; en la orilla escuchando. Me encanta esa imagen, y siempre pienso en la atracci&oacute;n que tendr&iacute;a Jes&uacute;s para que tantos lo siguiesen.<br \/> &nbsp;<br \/> Jes&uacute;s habla mirando el mar y los campos. Habla de lo que todos conocen, de las cosas sencillas que son el d&iacute;a a d&iacute;a de toda esa gente. <strong>Comienza hablando de la par&aacute;bola del sembrador<\/strong>, que lanza su semilla a cualquier lado, sin escoger la mejor tierra.<br \/> &nbsp;<br \/> Se lo dice a tantos que lo escuchan, fariseos, pescadores, campesinos, enfermos. En el Evangelio que leemos hoy, Jes&uacute;s sigue profundizando en esa imagen que todos conocen de la tierra.<br \/> &nbsp;<br \/> Hoy Jes&uacute;s compara el poder del reino de Dios con el de <strong>una semilla<\/strong>. Ese reino que <strong>crece en el silencio. Sin que hagamos nada<\/strong>:<br \/> &nbsp;<br \/> \u201c<em>El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. &Eacute;l duerme de noche y se levanta de ma&ntilde;ana; la semilla germina y va creciendo, sin que &eacute;l sepa c&oacute;mo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, despu&eacute;s el grano. Cuando el grano est&aacute; a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega<\/em>\u201d.<br \/> &nbsp;<br \/> La semilla. La cosecha. El sembrador. El fruto. <strong>Jes&uacute;s siempre habla de lo cotidiano de un modo nuevo que nos lleva a plantearnos preguntas<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Hoy Jes&uacute;s nos dice que la semilla crece de noche, en el silencio. <strong>Crece sin que nadie la mire, oculta. Guardada. Tiene que madurar en su tiempo. Con paciencia<\/strong>. Esperando, sin hacer grandes cosas. Invisible.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>&iexcl;Cu&aacute;ntas veces amamos, nos entregamos y no vemos fruto!<\/strong> Nos cuesta creer sin ver. Cuando Jes&uacute;s nos dice que el reino de Dios crece sin que nos demos cuenta, nos desconcierta.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Pensamos que necesita nuestra entrega, y es cierto. Pero crece tambi&eacute;n cuando dormimos. Sin m&eacute;ritos, sin lucha<\/strong>, sin batalla. Esta mirada nos permite creer en la forma silenciosa en la que act&uacute;a el reino de Dios en nuestra propia vida.<br \/> &nbsp;<br \/> Es lo que hizo Jes&uacute;s, quien en su vida mortal \u201ctrata m&aacute;s bien de convencer a todos de que <strong>la llegada de Dios para imponer su justicia no es una intervenci&oacute;n terrible y espectacular, sino una fuerza liberadora, humilde pero eficaz, que est&aacute; ah&iacute;, en medio de la vida, al alcance<\/strong> de todos los que la acojan con fe<a name=\"14deec2d4ba9a508__ftnref4\">\u201d<\/a><a target=\"_blank\" href=\"https:\/\/mail.google.com\/mail\/u\/0\/#14deec2d4ba9a508__ftn4\" title=\"\">[4]<\/a>.<br \/> &nbsp;<br \/> Act&uacute;a silenciosamente, sin grandes fuegos artificiales, sin espect&aacute;culo, de forma callada. En la vida tal vez <strong>nos gustar&iacute;a m&aacute;s sentir y tocar<\/strong>. Ver a Jes&uacute;s hecho carne. Tocar ese amor que nos salva.<br \/> &nbsp;<br \/> Y tantas veces no lo tocamos en el silencio del coraz&oacute;n y no vemos su reino creciendo cuando nos levantamos. Tantas veces queremos tocarle y que nos toque. <strong>Queremos milagros extraordinarios<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> No s&eacute;, pienso que a veces somos muy simples y no miramos la vida en profundidad. <strong>Sembramos y queremos el fruto ya. Nos cuesta ocultarnos y dar gratis<\/strong>. Dar sin medir nos hace m&aacute;s humanos. Nos ayuda a vivir con generosidad, sin calibrar riesgos ni recompensas. Sembramos. <strong>Damos. Y el fruto es de Dios<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Me da paz pensar que la semilla crece de noche en la tierra. Es verdad, <strong>&iexcl;cu&aacute;ntas cosas crecen en la noche, en momentos de desierto<\/strong>, cuando hemos perdido el tim&oacute;n y no sabemos d&oacute;nde ir!<br \/> &nbsp;<br \/> Somos entonces vulnerables y la tierra rota es m&aacute;s f&aacute;cil de penetrar. Somos necesitados y peque&ntilde;os. <strong>La incertidumbre nos ayuda a confiar, a abandonarnos. Nos hace sencillos y nos ayuda<\/strong> a mirar a los otros con cari&ntilde;o, con cercan&iacute;a, sin juzgar cuando fallan, cuando caen, cuando pierden la honra y el honor.<br \/> &nbsp;<br \/> &iexcl;Qu&eacute; f&aacute;cilmente juzgamos a veces! <strong>Al final, s&oacute;lo cuenta lo que damos, lo que ponemos, no el &eacute;xito ni los aplausos. Cuenta el amor entregado, sembrado, enterrado.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Al inicio del cap&iacute;tulo cuarto de Marcos vemos a Jes&uacute;s ense&ntilde;ando junto al mar. Hab&iacute;a tanta gente que subi&oacute; a una barca, y la gente se qued&oacute; en la orilla escuchando. 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