{"id":30284,"date":"2016-06-11T01:24:32","date_gmt":"2016-06-11T06:24:32","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/es-posible-un-amor-sin-sacrificio\/"},"modified":"2016-06-11T01:24:32","modified_gmt":"2016-06-11T06:24:32","slug":"es-posible-un-amor-sin-sacrificio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/es-posible-un-amor-sin-sacrificio\/","title":{"rendered":"\u00bfEs posible un amor sin&nbsp;sacrificio?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Dicen que en los tres primeros a&ntilde;os de nuestra vida se graba en el alma profundamente la experiencia del amor. En esos a&ntilde;os todo el amor recibido nos capacita para la vida, para vincularnos, para amar bien.&nbsp;Cuando en esos a&ntilde;os hemos recibido desprecio, rechazo, desamor, la incapacidad del amor se instala en el alma.<br \/> &nbsp;<br \/> La percepci&oacute;n del amor es siempre subjetiva. Depende de m&iacute; que la haya guardado como un tesoro.&nbsp;<strong>La experiencia de sabernos amados nos cambia, nos capacita para amar bien<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>La incondicionalidad de nuestros amores nos mantiene seguros<\/strong>. Es lo que nos da estabilidad. Volver a casa y saber que el amor que nos tienen permanece intacto.<br \/> &nbsp;<br \/> Herir, hacer da&ntilde;o sin pretenderlo, no cumplir las expectativas que tienen sobre nosotros y saber que despu&eacute;s el amor que nos tienen permanece igual, firme y fiel. &iquest;Qui&eacute;n puede ser amado as&iacute;?<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Pecar, alejarnos de Dios y, al volver, notar la misma mirada de Dios, de Mar&iacute;a, que nos dicen que nos quieren, que nos estaban esperando y nos echaban de menos<\/strong>. &iexcl;Qu&eacute; misterio tan grande!<br \/> &nbsp;<br \/> Conozco personas que aman as&iacute;. Son pocas. Existen. Aman como Dios nos ama. Es el misterio que nos salva. Ese amor que Dios nos tiene es un amor a prueba de desprecios.<br \/> &nbsp;<br \/> No es un amor s&oacute;lo presente cuando act&uacute;o bien, cuando me comporto como era de esperar, cuando obedezco sus mandatos y no me alejo de mi camino. El amor incondicional de Dios me salva.<br \/> &nbsp;<br \/> El amor verdadero vive de la entrega. Dice el Padre Jos&eacute; Kentenich: \u201cPara quien conoce el mundo del amor, o para quien ya ha hecho de la alianza de amor con Mar&iacute;a el contenido de su vida, sabe que el amor vive del sacrificio y que <strong>el sacrificio alimenta el amor<\/strong>. Esta ha sido desde siempre una ley inalterable en el reino del amor\u201d. <strong>El amor verdadero se hace fuerte en la renuncia<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Jes&uacute;s no nos pide que ofrezcamos sacrificios propios de la antigua alianza: \u201cJes&uacute;s no pide a los campesinos que cumplan mejor su obligaci&oacute;n de pagar los diezmos y primicias, no se dirige a los sacerdotes para que observen con m&aacute;s pureza los sacrificios de expiaci&oacute;n en el templo, no anima a los escribas a que hagan cumplir la ley del s&aacute;bado y dem&aacute;s prescripciones con m&aacute;s fidelidad. El reino de Dios es otra cosa. Lo que le preocupa a Dios es liberar a las gentes de cuanto las deshumaniza y les hace sufrir\u201d.<br \/> &nbsp;<br \/> Dec&iacute;a el Padre Kentenich: \u201c<strong>Si amo a la Familia, lograr&eacute; <\/strong><strong style=\"line-height:18.909090042114px;\">renunciar a la satisfacci&oacute;n de deseos personales leg&iacute;timos<\/strong><strong>.<\/strong> No tener conciencia de familia es preguntarse qu&eacute; me puede dar la comunidad y no qu&eacute; puedo darle yo a la comunidad. La Familia no es en primer lugar una mesa de placeres, sino de sacrificios\u201d.<br \/> &nbsp;<br \/> A veces nos encontramos con nuestro ego&iacute;smo y comodidad. Vivimos pensando en lo que los dem&aacute;s nos deben, en lo que nos merecemos, en lo que es justo. Damos y calculamos. Esperamos con frecuencia m&aacute;s de lo que entregamos. Y la vida nos defrauda. Las expectativas quedan incumplidas.<br \/> &nbsp;<br \/> &iexcl;Cu&aacute;nto nos cuesta renunciar a lo que nos gusta, a lo que nos hace bien! <strong>Sacrificar nuestra voluntad a veces tan enferma.<\/strong> Esa voluntad da&ntilde;ada que s&oacute;lo piensa en la propia satisfacci&oacute;n de las necesidades. Nunca es bastante. Siempre queremos m&aacute;s.<br \/> &nbsp;<br \/> Sin embargo, cuando damos, siempre decimos que es bastante, que ya no podemos m&aacute;s, que nos merecemos el descanso. Y as&iacute; nos aburguesamos tan f&aacute;cilmente. <strong>El amor verdadero exige renuncia y sacrificio. Piensa en el bien del t&uacute;, no en el bien propio.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> El amor de los padres es as&iacute;. F&aacute;cilmente el padre y la madre renuncian sin echar en cara al hijo lo que hacen.<br \/> &nbsp;<br \/> Es verdad que a veces el amor conyugal est&aacute; lejos de ese ideal. Nos cuesta renunciar siempre, sacrificar siempre. Esperamos que haya una paridad. Y no es posible. Buscamos dar el cincuenta por ciento para que nos den en la misma medida.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Y el amor no es as&iacute;. Es asim&eacute;trico. Me doy por entero.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Dicen que en los tres primeros a&ntilde;os de nuestra vida se graba en el alma profundamente la experiencia del amor. 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