{"id":30285,"date":"2016-06-11T01:24:33","date_gmt":"2016-06-11T06:24:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/%e2%80%8bvivir-compitiendo-que-cansancio\/"},"modified":"2016-06-11T01:24:33","modified_gmt":"2016-06-11T06:24:33","slug":"%e2%80%8bvivir-compitiendo-que-cansancio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/%e2%80%8bvivir-compitiendo-que-cansancio\/","title":{"rendered":"\u200bVivir compitiendo, \u00a1qu\u00e9&nbsp;cansancio!"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Me gustan las piedras de la iglesia de la adoraci&oacute;n de Schoenstatt en Alemania. Una iglesia inmensa, como un castillo, construida con piedras todas distintas. Son piedras que se elevan hacia lo alto.<br \/> &nbsp;<br \/> Son muros firmes que se aventuran en el cielo. <strong>Piedras distintas, cada una original, representando la pluralidad de los hombres, su diversidad. Piedras formando un mismo edificio, un mismo templo sagrado.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Las de abajo sostienen a las de arriba. Las de arriba miran mejor el cielo. No son mejores unas que otras. Como nosotros. Pero <strong>cada una tiene un lugar, un espacio, una misi&oacute;n.<\/strong> Yo creo en Dios que mira esas piedras y las ama.<br \/> &nbsp;<br \/> Porque as&iacute; <strong>nos mira a nosotros, todos distintos, y nos ama<\/strong>. Sabemos que el cielo est&aacute; lleno de estrellas de muchos colores y formas. Todas &uacute;nicas, todas amadas.<br \/> &nbsp;<br \/> Todas las piedras de esta iglesia tienen un lugar. Todas importan. Si falta una no es lo mismo. Cada piedra tiene un valor. No importan los &aacute;ngulos, ni el aspecto gris, taciturno, cansado, de cada piedra. No importa su aspereza, tampoco su dureza.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Para Dios todos somos iguales. No le importan los t&iacute;tulos, ni los logros, ni los m&eacute;ritos adquiridos por los a&ntilde;os. Se r&iacute;e cuando competimos<\/strong> los unos contra los otros buscando nuestro lugar. Cuando nos creemos mejores que otros y los criticamos, para que parezcan m&aacute;s peque&ntilde;os.<br \/> &nbsp;<br \/> Las piedras de la Iglesia no pueden entrar en competici&oacute;n, todo se caer&iacute;a. Conozco a personas que viven compitiendo, buscando de forma desesperada un lugar en el que sentirse bien. Pero no lo encuentran. Siempre miran el jard&iacute;n de enfrente y les gusta m&aacute;s. Y nunca est&aacute;n contentas con la vida que les toca vivir.<br \/> &nbsp;<br \/> Me sorprende que compitan tanto, que sufran tanto, que se llene su coraz&oacute;n de amargura. Puedo llegar a entender que no valoren sus logros, o que no se vean tan valiosos como los ve Dios. Eso lo entiendo porque es f&aacute;cil no ver las cosas como las ve Dios. Nuestra mirada es distinta, no es tan pura como la suya.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero <strong>vivir compitiendo siempre me sorprende. &iexcl;Qu&eacute; cansancio!<\/strong> Viven y se definen en relaci&oacute;n a otros. Como si su valor dependiera de los otros. Se comparan y critican. Juzgan y se sienten en lucha.<br \/> &nbsp;<br \/> Si alguien a su lado brilla m&aacute;s, piensan que ellos, por l&oacute;gica, brillar&aacute;n menos. Si alguien a su lado fracasa, ellos, como consecuencia, creen que triunfan. Es <strong>el absurdo de las comparaciones que no llevan a nada, que nos confunden, que nos llenan de rabia o rencor.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Dec&iacute;a san Benito: \u201cAs&iacute; como hay un celo malo, lleno de amargura, que separa de Dios, as&iacute; tambi&eacute;n hay un celo bueno, que separa de los vicios y lleva a Dios. &Eacute;ste es el celo que han de practicar con ferviente amor los monjes, estimando a los dem&aacute;s m&aacute;s que a uno mismo; soporten con una paciencia sin l&iacute;mites sus debilidades, tanto corporales como espirituales; pongan todo su empe&ntilde;o en obedecerse los unos a los otros\u201d.<br \/> &nbsp;<br \/> Un amor as&iacute; se parece al que Dios nos tiene. Un amor que admira al pr&oacute;jimo, lo pone por delante y lo valora m&aacute;s que a uno mismo.<br \/> &nbsp;<br \/> Por eso me gustan tanto esas piedras distintas que vuelan hasta el cielo en esta iglesia. No luchan entre s&iacute;. <strong>Se ayudan unas a otras para poder levantar al cielo ese castillo de Dios.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Tambi&eacute;n el otro d&iacute;a vi <strong>algunas piedras m&aacute;s ocultas. Me sorprendieron<\/strong>. Nunca antes me hab&iacute;a fijado. En la pared que sostiene una cruz inmensa en la que est&aacute; incrustado el sagrario de la iglesia, hay unas piedras que permanecen ocultas.<br \/> &nbsp;<br \/> Esa pared no es como cualquier pared. No es recta, uniforme. En la parte donde est&aacute; el sagrario, las piedras est&aacute;n como hundidas, formando una cueva. En esa cueva hecha en la pared, parece que cabe Jes&uacute;s.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Me gustan las piedras de la iglesia de la adoraci&oacute;n de Schoenstatt en Alemania. Una iglesia inmensa, como un castillo, construida con piedras todas distintas. 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