{"id":30304,"date":"2016-06-11T01:25:03","date_gmt":"2016-06-11T06:25:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/emborrachate-del-espiritu\/"},"modified":"2016-06-11T01:25:03","modified_gmt":"2016-06-11T06:25:03","slug":"emborrachate-del-espiritu","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/emborrachate-del-espiritu\/","title":{"rendered":"Emborr\u00e1chate del Esp\u00edritu"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"> Muchas veces en la vida el coraz&oacute;n se cierra. Se construye una coraza para no sufrir, para no cambiar. \u201c&iquest;C&oacute;mo se rompen los muros que me impiden salir y confiar?\u201d.<br \/> &nbsp;<br \/> Una persona me lo preguntaba el otro d&iacute;a. Me dec&iacute;a que se enredaba en sus pensamientos y no lograba salir. El coraz&oacute;n por un lado y la cabeza por otro. Entend&iacute;a toda la teor&iacute;a. Pero no lograba cambiar. <strong>&iquest;C&oacute;mo se cambia?<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Es verdad que hay que abrir el coraz&oacute;n para que Dios entre. Pero no es tan f&aacute;cil. No siempre se logra. <strong>Dios quiere entrar. Pero no me rompe. &iquest;C&oacute;mo se hace? <\/strong>Ni entra ni le dejo entrar.<br \/> &nbsp;<br \/> Los ap&oacute;stoles esperaban encerrados en el Cen&aacute;culo. No ten&iacute;an abierta la puerta. Tal vez, eso s&iacute;, <strong>estaban juntos. Es una clave<\/strong>. Juntos podemos lograr el milagro. No estamos solos. En medio de la noche caminamos con otros, rezamos con otros, nos sostienen y sostenemos.<br \/> &nbsp;<br \/> Y entonces el Esp&iacute;ritu rompe las puertas. &iquest;C&oacute;mo se hace? &iquest;Qu&eacute; viene antes, la puerta abierta o la puerta rota? <strong>&iquest;Abrir o dejarse abrir? No es tan sencillo.<\/strong> El esp&iacute;ritu de Jes&uacute;s rompe las puertas cerradas del Cen&aacute;culo.<br \/> &nbsp;<br \/> \u201c<strong>Al llegar el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s, estaban todos reunidos en el mismo lugar<\/strong>\u201d. Muchas veces recuerdo las murallas de esa sala en Jerusal&eacute;n. Un lugar fr&iacute;o, donde no hay culto permanente. Pertenece a los jud&iacute;os. <strong>All&iacute; donde ocurri&oacute; lo m&aacute;s sagrado de nuestra historia, donde Jes&uacute;s se qued&oacute; en el pan y en el vino, all&iacute; donde las lenguas de fuego lo llenaron todo de vida<\/strong>. S&iacute;, en esa sala tan llena de Dios.<br \/> &nbsp;<br \/> All&iacute;, hoy, no se puede vivir el calor del Esp&iacute;ritu, la presencia de Jes&uacute;s. En la frialdad de sus paredes se respira una ausencia de Jes&uacute;s. <strong>S&oacute;lo un pel&iacute;cano tallado en una columna nos recuerda que Cristo vence dando la vida<\/strong>, abri&eacute;ndose el pecho para entrar en m&iacute;.<br \/> &nbsp;<br \/> Es la fuerza de su amor. Su presencia que todo lo transforma. Su invisibilidad que todo lo cambia. Esa presencia que nosotros conocemos. <strong>Jes&uacute;s rompe las barreras, no espera a que se abran las puertas. Penetra el alma<\/strong>. Su amor vence, su presencia lo transforma todo.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Quiero tocarlo tantas veces y me encuentro con la frialdad de un Cen&aacute;culo<\/strong>. Quiero retener su vida en la m&iacute;a, para que no se vaya. El amor asemeja, eso nos han dicho tantas veces. Pretendo que su amor cambie mi vida. Quiero caminar con sus pasos. Hablar con su voz.<br \/> &nbsp;<br \/> Tengo miedo de no abrir la puerta. <strong>Tal vez me falta la paciencia o la fe y no s&eacute; si &Eacute;l romper&aacute; el muro. &iquest;Y si me pierdo la fuerza de su Esp&iacute;ritu?<\/strong> &iquest;Y si paso de largo preocupado por tantas cosas?<br \/> &nbsp;<br \/> Quisi&eacute;ramos ser d&oacute;ciles a su Esp&iacute;ritu. No resulta tan f&aacute;cil. <strong>Me incomoda con frecuencia mi propia rigidez. <\/strong>Quiero ser d&oacute;cil y flexible. Abierto y simple. Enamorado de Dios. Dominado por el Esp&iacute;ritu. No s&eacute; c&oacute;mo voy a lograr llegar a las estrellas.<br \/> &nbsp;<br \/> Tengo que dejar mis miedos a un lado. Aprender a re&iacute;rme de m&iacute; mismo. Sin temor. Con mucha paz. <strong>Emborracharme del Esp&iacute;ritu<\/strong>. Como los ap&oacute;stoles aquel d&iacute;a que parec&iacute;an borrachos. Uno no quiere nunca parecer borracho. Vivir fuera de control. Sin tantas normas y seguros. Perder la imagen y la fama.<br \/> &nbsp;<br \/> La hondura del Esp&iacute;ritu que lo penetra todo sin quedarse en las barreras. As&iacute; es posible acoger la paz de Jes&uacute;s que todo lo penetra. Hay que estar, eso s&iacute;, reunido en el Cen&aacute;culo. Dejar que &Eacute;l venga y lo cambie todo y quite el miedo.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Pentecost&eacute;s es misi&oacute;n.<\/strong> Supone salir de uno mismo y entregar la vida. El Esp&iacute;ritu Santo rompe los miedos. Rompe ese miedo a salir que tanto nos paraliza. El miedo a dar la vida y perder seguridades.<br \/> &nbsp;<br \/> El miedo a perder lo que tanto amamos y creemos nuestro. El miedo al fracaso, como si la vida nos debiera algo. El miedo a no ser comprendido por nuestra forma de vivir y pensar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Muchas veces en la vida el coraz&oacute;n se cierra. 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