{"id":30388,"date":"2016-06-11T01:27:15","date_gmt":"2016-06-11T06:27:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/de-donde-viene-el-soneto-a-cristo\/"},"modified":"2016-06-11T01:27:15","modified_gmt":"2016-06-11T06:27:15","slug":"de-donde-viene-el-soneto-a-cristo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/de-donde-viene-el-soneto-a-cristo\/","title":{"rendered":"\u00bfDe d\u00f3nde viene el \u201cSoneto a&nbsp;Cristo\u201d?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: franciscanos.org<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"> No me mueve, mi Dios, para quererte<br \/> el cielo que me tienes prometido,<br \/> ni me mueve el infierno tan temido<br \/> para dejar por eso de ofenderte.<br \/> &nbsp;<br \/> T&uacute; me mueves, Se&ntilde;or, mu&eacute;veme el verte<br \/> clavado en una cruz y escarnecido,<br \/> mu&eacute;veme ver tu cuerpo tan herido,<br \/> mu&eacute;venme tus afrentas y tu muerte.<br \/> &nbsp;<br \/> Mu&eacute;veme, en fin, tu amor, y en tal manera,<br \/> que aunque no hubiera cielo, yo te amara,<br \/> y aunque no hubiera infierno, te temiera.<br \/> &nbsp;<br \/> No me tienes que dar porque te quiera,<br \/> pues aunque lo que espero no esperara,<br \/> lo mismo que te quiero te quisiera.<br \/> &nbsp;<br \/> * * * * *<br \/> &nbsp;<br \/> Han sido muchos los intentos de atribuci&oacute;n de este soneto a uno u otro autor, sin que la cr&iacute;tica se haya sentido suficientemente comprometida a corroborar una autor&iacute;a, falta de argumentos probatorios suficientes.<\/p>\n<p align=\"justify\"> San Juan de la Cruz, santa Teresa, el P. Torres, capuchino, y el P. Antonio Panes, franciscano perteneciente a la Provincia de Valencia, figuran entre otros de probabilidad m&aacute;s dudosa.<\/p>\n<p align=\"justify\"> La atribuci&oacute;n a los dos carmelitas responde al tema del amor desinteresado, que anticipa la m&iacute;stica franciscana, de donde bebe santa Teresa, al menos. El estilo que muestra el soneto, rico en juegos formales, no nos recuerda la riqueza imaginativa que singulariza al de Fontiveros, ni el m&aacute;s simple y llano de la santa abulense.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Consta, adem&aacute;s, en cartas que conserva la Orden, que antes de las fechas en que vive el P. Torres, los misioneros franciscanos ense&ntilde;aban este soneto y el Bendita sea tu pureza, del P. Panes, a sus indios americanos, como oraciones cotidianas de la propia devoci&oacute;n ser&aacute;fica.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>El soneto, por su perfecta factura, figura como mod&eacute;lico en todas las antolog&iacute;as que se precien, desde que lo incluy&oacute; en la suya de las Cien Mejores Poes&iacute;as de la lengua castellana don Marcelino Men&eacute;ndez Pelayo.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/><strong>Nunca el amor a Cristo crucificado hab&iacute;a alcanzado tal grado de pureza e intensidad en la sensibilidad de la expresi&oacute;n po&eacute;tica.<\/strong> En fechas en que la superficialidad cifraba en el temor al destino dudoso del hombre en el m&aacute;s all&aacute;, la moci&oacute;n de la piedad popular, este poeta acierta a olvidar premios y castigos para suscitar un amor que, por verdadero, no necesita del acicate del correctivo interesado, sino que nace limpio y hondo de la dolorosa contemplaci&oacute;n del martirio con que Cristo rescata al hombre.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Esa es la &uacute;nica raz&oacute;n eficaz que puede mover a apartarse de la ingratitud del ultraje a quien llega a amarte de manera tan extrema.<br \/> &nbsp;<br \/> Concluido el desarrollo del tema en el espacio de los dos cuartetos, trazada la preceptiva l&iacute;nea de simetr&iacute;a armoniosa que distingue y define la bondad del soneto cl&aacute;sico, vuelven a retomar el desarrollo tem&aacute;tico las dos estrofas restantes, mediante cambios sint&aacute;cticos que encadenan sucesivas concesiones ponderativas, tendentes a reforzar de manera excluyente y convencida el prop&oacute;sito de amar a Cristo por encima de cualquiera otra consideraci&oacute;n esp&uacute;rea y cicatera.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>El estilo es directo, en&eacute;rgico, casi penitencial por lo desnudo de figuras y recursos ornamentales. No es la belleza imaginativa del lenguaje lo que define a este soneto, sino la fuerza con que se renuncia a todo lo que no sea amar a cuerpo descubierto a quien, por amor, dej&oacute; destrozar el suyo.<\/strong> El lenguaje, renunciando a los afeites del lenguaje figurado, se atiene y acopla, en admirable conjunci&oacute;n, desde la forma recia y musculosa, a la m&iacute;stica desnudez del contenido. (Fr. &Aacute;ngel Mart&iacute;n, o.f.m.)<br \/> &nbsp;<br \/><em><a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.franciscanos.org\/oracion\/nomemueve.html\"><strong>Art&iacute;culo <\/strong><\/a>originalmente publicado por franciscano.org<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: franciscanos.org No me mueve, mi Dios, para quererte el cielo que me tienes prometido, ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte. &nbsp; T&uacute; me mueves, Se&ntilde;or, mu&eacute;veme el verte clavado en una cruz y escarnecido, mu&eacute;veme ver tu cuerpo tan herido, mu&eacute;venme tus afrentas y tu muerte. &nbsp; &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/de-donde-viene-el-soneto-a-cristo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab\u00bfDe d\u00f3nde viene el \u201cSoneto a&nbsp;Cristo\u201d?\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-30388","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30388","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=30388"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30388\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=30388"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=30388"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=30388"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}