{"id":30399,"date":"2016-06-11T01:27:33","date_gmt":"2016-06-11T06:27:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/%e2%80%8bes-posible-mirar-sin-prejuicios\/"},"modified":"2016-06-11T01:27:33","modified_gmt":"2016-06-11T06:27:33","slug":"%e2%80%8bes-posible-mirar-sin-prejuicios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/%e2%80%8bes-posible-mirar-sin-prejuicios\/","title":{"rendered":"\u200b\u00bfEs posible mirar sin&nbsp;prejuicios?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Siempre me alegra ver a personas que tienen el alma grande e inmensa. Casi se desborda y les sale por los ojos. Para ellas nunca es bastante. Quieren amar sin medida. Siempre pueden dar m&aacute;s, no conocen sus l&iacute;mites. Cuando aman se entregan, sin c&aacute;lculos, sin pretensiones, sin medir.<br \/> &nbsp;<br \/> Cuando sirven no esperan que les agradezcan o que les sirvan de la misma manera. No llevan cuentas del bien que hacen, ni del mal que reciben. Tienen el alma grande, honda, llena. Eso me conmueve. Tal vez porque la tentaci&oacute;n habitual suele ser el ego&iacute;smo.<br \/> &nbsp;<br \/> El ego&iacute;smo que comienza en el yo, en ese peque&ntilde;o ser que vive en mi interior y determina todo lo que hago. Ese ego que cuestiona mis pasos y no quiere vivir sin recibir nada. Observa la realidad desde su perspectiva. Decide lo que hace de acuerdo a su conveniencia. Su mirada determina c&oacute;mo es la realidad. Acoge y rechaza. Acepta y renuncia. Sufre y se alegra.<br \/> &nbsp;<br \/> Dec&iacute;a el Dr. Mario Alonso Puig: &laquo;Seg&uacute;n c&oacute;mo nos hablamos a nosotros mismos moldeamos nuestras emociones, que cambian nuestras percepciones. <strong>La transformaci&oacute;n del observador (nosotros) altera el proceso observado<\/strong>. No vemos el mundo que es, vemos el mundo que somos&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> El mundo lo miramos bajo el tamiz de nuestros pensamientos. Y esos pensamientos, a veces deformados, producen hondos sentimientos que nos hieren, entristecen, desestabilizan. <strong>Juzgamos la realidad bajo el color del cristal por el que miramos<\/strong>. Un dicho espa&ntilde;ol lo refleja: &laquo;Piensa el ladr&oacute;n que todos son de su condici&oacute;n&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> Vemos la realidad como la pensamos en nuestro interior. Y creemos que todos ven lo mismo, de la misma forma. Por eso nos cuesta pensar que alguien pueda tener intenciones puras cuando nosotros no las tenemos.<br \/> &nbsp;<br \/> En la serie de Isabel la cat&oacute;lica, en uno de los cap&iacute;tulos, el cardenal Mendoza le dice al confesor de la reina, fray Hernando de Talavera: &laquo;No me f&iacute;o de vos. Sois tan virtuoso. A&uacute;n no s&eacute; qu&eacute; ambicion&aacute;is, pero lo averiguar&eacute;&raquo;. Y &eacute;l le contesta: &laquo;No todos los siervos del Se&ntilde;or estamos hechos de la misma madera&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Nuestra forma de mirar est&aacute; basada en el concepto que tenemos sobre la vida<\/strong>, sobre nosotros mismos, sobre los dem&aacute;s. <strong>Proyectamos hacia fuera el concepto sobre la realidad que tenemos grabado en nuestro interior.<\/strong> Nuestros deseos y ambiciones.<br \/> &nbsp;<br \/> &iexcl;Cu&aacute;nto nos cuesta cambiar la forma de mirar y de juzgar! <strong>&iexcl;Cu&aacute;nto nos cuesta cambiar los pensamientos que determinan nuestras emociones!<\/strong> Antes de saber qu&eacute; est&aacute; pasando a nuestro alrededor, ya tenemos un juicio formado.<br \/> &nbsp;<br \/> Nos cuesta entender que los dem&aacute;s no vean la realidad como nosotros la vemos. Siempre pienso, cuando hablo o escribo, que <strong>el que me escucha o lee lo hace desde sus categor&iacute;as<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> S&eacute; que muchas veces no leen lo que escribo y no escuchan lo que digo. Leen y escuchan las mismas palabras. Pero <strong>entienden de acuerdo a lo que han vivido en su coraz&oacute;n previamente<\/strong>. No pueden desprenderse del concepto grabado en su alma.<br \/> &nbsp;<br \/> Yo tampoco puedo. Yo tambi&eacute;n lo hago. Pienso por eso que muchos, cuando ve&iacute;an a Jes&uacute;s caminar por las calles, cuando o&iacute;an sus par&aacute;bolas y discursos, cuando miraban sus gestos y las personas con las que estaba<strong>, pensar&iacute;an que Jes&uacute;s tramaba algo, ambicionaba algo, querr&iacute;a poder y puestos importantes. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> No ver&iacute;an intenciones totalmente puras en sus gestos de amor. Pensar&iacute;an: &laquo;&iquest;Qu&eacute; ambiciona este hombre?&raquo;. Aplicar&iacute;an a su forma de amar su propia mirada, tal vez deformada. Jes&uacute;s no pod&iacute;a amar, pensar&iacute;an ellos, sin esperar nada.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>&iexcl;Cu&aacute;nto nos cuesta pensar bien de los dem&aacute;s<\/strong>, de los virtuosos, de los honestos! <strong>Aplicamos nuestros conceptos y deseamos encontrar segundas intenciones.<\/strong> Construimos sobre el molde, m&aacute;s o menos r&iacute;gido, que hemos ido cimentando en el alma. Salirnos de &eacute;l parece muy dif&iacute;cil. Pero no es imposible. Desmontar pensamientos enfermizos y construir pensamientos positivos para la vida, est&aacute; en nuestras manos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Siempre me alegra ver a personas que tienen el alma grande e inmensa. Casi se desborda y les sale por los ojos. Para ellas nunca es bastante. Quieren amar sin medida. Siempre pueden dar m&aacute;s, no conocen sus l&iacute;mites. 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