{"id":30400,"date":"2016-06-11T01:27:35","date_gmt":"2016-06-11T06:27:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/como-contagiar-a-dios-en-el-mundo\/"},"modified":"2016-06-11T01:27:35","modified_gmt":"2016-06-11T06:27:35","slug":"como-contagiar-a-dios-en-el-mundo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/como-contagiar-a-dios-en-el-mundo\/","title":{"rendered":"\u00bfC\u00f3mo \u201ccontagiar\u201d a Dios en el&nbsp;mundo?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Ignacio Centenera Crespo<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Todo cristiano, por el mero hecho de serlo, debe tener un sentido sobrenatural de las cosas. En cada paso de su vida, en el trabajo y, por supuesto, en el amor. Ese sentimiento, esa sobredimensi&oacute;n de lo que hacemos, debe de ir dirigida a Dios.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Debemos ser esa llama que ilumina al mundo. Esa luz, como la misma que indica cu&aacute;ndo est&aacute; Cristo presente en el Sagrario de cada Iglesia. Cada uno llevamos, por intercesi&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo, a Cristo. Somos, pues, el nexo de uni&oacute;n con la calle.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Plante&eacute;moslo de otra manera. Cada vez que acudimos a participar de la Santa Misa y comulgamos, llevamos a Cristo en nosotros. Como la Virgen durante su embarazo. Somos, durante un tiempo limitado de tiempo, ese Sagrario que sale a la calle. Y esto no es un mandado Positivo, sino Divino, innato en la propia concepci&oacute;n del ser humano como hijo de Dios.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Pero, &iquest;C&oacute;mo ser ese servidor de Cristo? Bien, en las tareas cotidianas del d&iacute;a a d&iacute;a. No podemos dejar nuestra condici&oacute;n de cristianos anclada en la mesilla de noche o colgarlo nada m&aacute;s salimos de Misa. De ser as&iacute;, no tendr&iacute;a sentido alguno ser creyente.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Dios nos busca en cada momento. Desde que nos levantamos cada ma&ntilde;ana. Busca que nos convirtamos cada d&iacute;a. Si fallas a un ser querido, vas y le pides perd&oacute;n. &iquest;Por qu&eacute; no hacer lo propio con Dios, que cuenta las veces que nos ponemos en pie?<\/p>\n<p align=\"justify\"> Por ello, lleva a Cristo a la calle. No te pongas trabas, ni mucho menos pienses en si se reir&aacute;n de ti porque, lamentablemente, no sea \u201ccorriente\u201d ser fiel a tus creencias. Ya coment&eacute; en un art&iacute;culo anterior que vivir a lo grande no exime de seguir a Dios.<\/p>\n<p align=\"justify\"> El papa Francisco nos lo recuerda incansablemente cada d&iacute;a. Nuestra capilla, para aquellos que somos laicos, debe ser la calle, el trabajo, los amigos,\u2026 no sirve de nada que yo viva mi Fe si, el d&iacute;a de ma&ntilde;ana, no arrastro con mi ejemplo y mi oraci&oacute;n a la gente que me rodea.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Esta actitud es, al fin y al cabo, una muestra de amor y de cari&ntilde;o. Por ello, <em>possumus!<\/em> Pero siempre con pleno respeto a la libertad. Esa libertad que tanto trat&oacute; Santo Tom&aacute;s. Debemos crear un ambiente cristiano, moralmente bueno, a nuestro alrededor. Muchos te&oacute;logos definen esa proactividad como \u201cla ecolog&iacute;a de la santidad\u201d. Para ello tenemos al Esp&iacute;ritu Santo, ese gran olvidado y que no es m&aacute;s que el reflejo del amor bilateral del Padre y del Hijo. Llevar a Cristo cada d&iacute;a implica ser <em>a imagen y semejanza suya<\/em>.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Convertirse cada d&iacute;a no es una cuesti&oacute;n de persuasi&oacute;n, de que alguien me hable de Dios, sino de grandeza humana. Cuando dejamos que Cristo entre en nuestra alma, hace que espiritualmente seamos m&aacute;s d&oacute;ciles al mandato divino. Y es f&aacute;cil conseguir esa grandeza humana y espiritual, que tanto impacta en la sociedad: venciendo y superando nuestra peque&ntilde;ez, evitando pensar en m&iacute; mismo y preocup&aacute;ndome por los dem&aacute;s, algo que, curiosamente, se consigue pensando como un ni&ntilde;o, con ese amor incondicional y perpetuo.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Tener presente a Dios en cada momento del d&iacute;a nos es dif&iacute;cil, a pesar del ruido.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Y que, al llegar el final del d&iacute;a, nos hagamos esa pregunta que nos hac&iacute;a el Santo Padre: \u201c<em>&iquest;Qu&eacute; ha sucedido hoy en mi coraz&oacute;n?<\/em>\u201d. Debemos cuidar el coraz&oacute;n como se cuida una casa, con llave. Y vigilarlo como un centinela. Esto se consigue teniendo un sentido del pecado y reconociendo la Misericordia de Dios. Cristo, al encarnarse se compadece con el hombre, es decir, compadece con &eacute;l. Sufre por nuestros pecados. Por ello, se hace necesario cuidar y reflexionar sobre el sentido del pecado y lo que ello supone, sea venial o no.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Solo as&iacute;, seremos esa vela en el mundo que ilumina cada d&iacute;a. Como aquella que acompa&ntilde;a incansable a Jesucristo en el Sagrario.<br \/> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Ignacio Centenera Crespo Todo cristiano, por el mero hecho de serlo, debe tener un sentido sobrenatural de las cosas. En cada paso de su vida, en el trabajo y, por supuesto, en el amor. Ese sentimiento, esa sobredimensi&oacute;n de lo que hacemos, debe de ir dirigida a Dios. 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